Sucesos sensacionales, periódico de crónica roja al servicio de la comunidad

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La crónica roja se fue volviendo una sección habitual de los diarios


 Texto extraído de: Biblioteca Piloto

Este diario matutino que circuló entre las décadas del 50 y mediados de los 70 llamó la atención de los lectores debido a la descripción de los detalles y los datos que el mismo reportero podía recoger de los sucesos diarios acontecidos en la Medellín de aquellos tiempos. La crónica que emplea un lenguaje sencillo, directo, muy personal, fue escuela para versados escritores del siglo XX entre los que se cuentan Truman Capote y el mismo Gabriel García Márquez, en sus primeros años en el periodismo en Colombia.

 

Imagen extraída de: ibliotecapiloto.gov.co

 

Los lectores se sorprendían al leer situaciones delictivas, crímenes y sucesos que salpicaban e involucraban a diversos grupos sociales de la sociedad antioqueña. Algunas de las veces las indagaciones del periodismo eran paralelas a las realizadas por las mismas autoridades cuando no eran abiertamente contradictorias con la misma. El estilo involucro a la ciudadanía a participar activamente en las situaciones y desenlaces de los sucesos investigados por las autoridades.

Para recrear esos acontecimientos era valiosas las imágenes de los sucesos registradas por los reporteros gráficos, quienes alimentaban el furor por resolver el crimen registrando con crudeza los elementos más notorios de la escena del crimen o los detalles más característicos del criminal.

Sucesos Sensacionales se imprimió inicialmente en los talleres del periódico El Colombiano, luego en el vespertino El Diario, hasta llegar a imprimir sus ejemplares en su propia rotativa.

Su fundador; Jairo Zea Rendón quien puso fin a su vida un 24 de noviembre de 1958 propinándose un disparo en el Bar “Palace” tras un cuadro depresivo. Tras la muerte trágica asumió la dirección Saúl Castrillo, quien murió en similares circunstancias. El último de sus Directores fue el reconocido Octavio Vásquez Uribe, un destacado periodista y locutor.

La crónica roja se fue volviendo una sección habitual de los diarios, escrita con ambiciones literarias, que encontraban en los hechos de violencia la oportunidad de describir la ciudad oculta, la no oficial, la de dar posibilidad de descubrir espacios marginales de la ciudad como: bares, sectores marginados, mujeres y hombres anónimos que cobraron renombre entre las líneas y las cuartillas de los sucesos del día.

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