Té blanco y rojo… dos tonos de una misma raíz (Camellia Sinensis)

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Descubre sus procesos, propiedades y beneficios para la salud. ¿Cuáles son los secretos  de esta bebida milenaria qué tanto nos gusta?


Té Blanco

 

Esta variedad de té es probablemente la más interesante de todas, ya que es la menos procesada. Está integrada por cogollos y hojas seleccionadas que se secan para obtener el producto final.

Como se ha oxidado levemente, la calidad nutricional es superior en muchos casos al té verde y rojo.

Los cultivos del té blanco se realizan especialmente en regiones cálidas, para que pueda crecer durante todo el año. Su origen reside en Oriente, concretamente en China. De hecho, era el favorito de la Dinastía Tang, con un coste elevado y difícilmente accesible.

 

 

El té blanco proviene de los brotes y hojas del varietal “Da Bai”, de la planta Camellia sinensis. Las hojas y brotes se dejan marchitar ligeramente antes de procesarlas brevemente para prevenir la oxidación durante la elaboración del té.

 

 

El nombre “té blanco” deriva de los hilillos blanco plateados de las hojas en la planta, dándole una apariencia de color blanquecino. El té blanco infusionado tiene un color de amarillo pálido a naranja,  pálido dependiendo del tipo y de la antigüedad.

 

 

El té blanco se ha empleado como medicina natural desde la antigüedad China. Hoy en día cuenta con  los beneficios más mencionados y conocidos  gracias a que es un té sin proceso, lo que garantiza que sus propiedades se mantengan al 100%.

Nos ayuda a combatir radicales libres (responsables del proceso de envejecimiento celular), capacidad para ayudar a bajar de peso a quien lo consume. Lógicamente, no bajas de peso milagrosamente, debes poner de tu parte mejorando tu alimentación y practicando algún ejercicio semanalmente.

Acelera  el metabolismo, por lo tanto, contribuye a quemar calorías más rápido. También ayuda a nivelar la presión arterial, proteger el corazón y reducir el riesgo de infartos al miocardio.

 

 

Té Puerh (Mal llamado Té rojo)

 

 

Le llaman El Té de los Emperadores, ya que su bebida se toma desde hace siglos, y forma parte de rituales milenarios y tradiciones orientales. Se trata de un té inusual, y proviene de la región de Pu’er de Yunnan, China, es el mayor productor de este  té en el mundo.

 

 

El proceso de fermentación de esta variedad de Camellia sinensis puede durar de 2 a 60 años en barricas de bambú, lo que hace que las hojas alcancen un color cobre y, por lo tanto, también la infusión.

 

 

El té pu-erh se adquiere en bolas compactas, “pasteles o tortas”, “nidos” y “ladrillos de té” que se deshacen para su preparación.

 

 

Este tipo de Té además de tener más de 8000 variedades, según su método de producción, lo podemos encontrar en dos presentaciones:  Puerh Raw (crudo) y Puerh Ripe (cocido), ambos con tonos de licor diferente y sabores característicos.

 

 

El puerh crudo o raw es fermentado de forma natural,  utiliza técnicas de producción totalmente tradicionales que datan de la dinastía Tang.

 

 

Tiene un color marrón-verdoso, incluso puede ser verde claro, con algunas yemas de color blanco, y es bastante duro.

Con los años va cambiando a un color marrón-cobrizo.

 

 

El Puerh cocido o Ripe también es fermentado en forma natural, pero en vez de cocerse  al vapor, se le pulveriza con agua, y se apila  en un recinto con temperatura y humedad controladas para inducir la fermentación de una manera más  rápida, y así obtener los resultados esperados en calidad de licor, color de la hebra y aroma.

 

 

Tiene un color marrón oscuro, suele ser más blando y con los años no cambia de color.

Dentro de las propiedades de este té están: su capacidad de ayudar a quemar grasa, estimula las funciones gástricas, y es un hepatoprotector (cuida el hígado), además de  prevenir infecciones.

 

 

En nuestra próxima nota aprenderemos más acerca del Té Oolon o té azul, y la poderosa aromática de Sudáfrica, Rooibos.

 

 


 

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