The Rolling Stones y Los Rolling Ruanas, el mismo perro con diferente guasca

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Todo eso sucedió el pasado miércoles en el corazón de quienes amamos la biblioteca de esta ciudad


 

–Buenas ¿Aquí se reclaman las boletas para el concierto de los Rolling Stones? fue la pregunta que sorprendió a los funcionarios de la Biblioteca Pública la semana pasada.

–Se refiere a las boletas de Los Rolling Ruanas, corregían los funcionarios en su desconcierto.

–La misma cosa da, esos que anunciaron por la radio.

Suena insólito y a la vez gracioso que algunos pereiranos pudieran llegar a creer que la legendaria banda londinense se presentara en nuestro modesto Santiago Londoño, pero en el fondo este disparate tiene su lógica y no sólo está relacionada con que el grupo bogotano, parodie sus canciones y remede la mitad de su nombre, sino con algo que a todos los que asistimos al concierto nos quedó claro, la noche del 22 de agosto y fue que el rock británico que se canta en un inglés estilizado, tiene la misma raíz campesina y rebelde que nuestra música carranguera.

Así es, el rock and roll no es otra cosa que la mezcla entre el blues de los negros sureños de los Estados Unidos y la música country de los blancos rurales. La misma cosa da, como dijo la señora extraviada pero sensata.

 

Foto por: Erin Donaldson.

 

Por eso no fue raro escuchar “Satisfaction” de Mick Jagger, inmediatamente después de “Al son que me toquen bailo” o “Paint it black” después de “Sangre Caliente”. La misma cosa dio la noche del pasado miércoles de agosto, donde aprendimos que nosotros, los montañeros tecnicolor de ruana y tiple, estamos tan lejos pero tan cerca del Londres psicodélico, de Europa, del viejo mundo y de la alta cultura.

A la larga es el mismo perro con diferente guasca. Pero eso no lo hubiéramos podido entender si el pasado miércoles 22 no hubiéramos vivido una experiencia de lectura. Ese fue el regalo de la Biblioteca Pública en su octogésimo aniversario, pues Carolina Toro, su directora, siempre ha querido entender la lectura desde un sentido más amplio que no se encasille únicamente en las barreras de un objeto físico, o un lugar determinado, sino que trascienda en una zona de abierta rebeldía que cautive espíritus libres y curiosos.

Comprender que el mundo se puede leer también a través de la música, la cultura popular, las tradiciones ancestrales y los formatos audiovisuales, es un paso muy grande que ha dado la nueva administración de la biblioteca pública de Pereira.

Su apuesta por la apropiación de la historia local maravilló a los asistentes del teatro con un video pedagógico que reconstruye el episodio de Don Clotario Sánchez, el primer bibliotecario de la aldea de Cañarte, quien a finales del siglo XIX ya alquilaba libros en las inmediaciones de la plaza de los mangos.

 

Foto por: Erin Donaldson.

 

También nos explicó el video, que nuestra biblioteca se llama así en homenaje a la donación de los libros que los hijos de Ramón Correa Mejía, realizaron al municipio al fallecer su padre. Vimos con asombro y ternura la imagen de la nieta de Ramón Correa, Lucía Correa, recorriendo las actuales instalaciones y rememorando las vivencias literarias de su familia.

Ella, heredera de la vena lectora de su abuelo y de la pasión periodística de su padre, Emilio Correa, a pesar de su avanzada edad, hizo presencia en el auditorio, quizás, me atrevo a pensar, animada por la deseo de ver cara a cara, los rostros de todos los pereiranos que se han beneficiado de la filantrópica idea que tuvo un día su familia, de compartir el conocimiento con los demás.

A su familia muchas gracias, porque por más que lo intuyan o lo hayan intuido, sé que no se alcanzaron a imaginar la herencia espiritual que nos dejaron.

Todo eso sucedió el pasado miércoles en el corazón de quienes amamos la biblioteca de esta ciudad, quienes de una u otra manera nos sentimos albaceas de ese legado, que hoy es más inmaterial que material y que se ha fortalecido  gracias a las actividades y acciones que día a día emprenden con entusiasmo quienes tienen el privilegio de trabajar allí.

 

Foto por: Erin Donaldson.

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