Todo lo que soñamos, es posible.

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Nos han llegado múltiples comentarios acerca de nuestras últimas editoriales sobre “Las Ciudades Que Queremos”, parte I y II.

Son muchas las voces que solicitan un cambio de perspectiva en la administración y las proyecciones de las ciudades, conscientes del gran impacto que las actividades que se desarrollan en ellas y el tipo de energía que se usa para su funcionamiento, generan los más importantes aportes al calentamiento global.

El mensaje es claro, vivimos una emergencia planetaria, y en donde mejor y de manera más eficaz podemos actuar es en las ciudades.

Como el porcentaje más alto de humanos habita en ciudades, está en nuestras manos cambiar el destino catastrófico al que nos empuja la crisis climática, provocada por nosotros mismos.

Un cambio de paradigma es pues necesario. No es tan difícil, los automóviles propulsados por combustibles fósiles no existían apenas hace dos siglos, y el internet nos proporciona nuevas posibilidades a la hora de habitar y trabajar.

Resulta que varios de los lectores de las propuestas que se hicieron en esas editoriales nos han comentado de otras iniciativas que se han ventilado ya, buscando alcanzar los mismos objetivos. Al alcalde actual de Pereira, el doctor Carlos Maya, se le presentó en algún momento la posibilidad de utilizar el carril dedicado al transporte masivo Megabús para instalar en él un tren suspendido en el aire, o de levitación magnética.

En los editoriales citados se hablaba de algo similar, pero con la idea de que fuera un tranvía eléctrico.

En todo caso, lo que se vislumbra es que la tecnología nos proporciona nuevas formas de adaptarnos a los desafíos de la humanidad en cada época. Si antes el automóvil propulsado con combustibles fósiles, al igual que la iluminación artificial y otras innovaciones, proporcionaron la base para el crecimiento de las ciudades y el consecuente proceso de urbanización del planeta, hoy la tecnología nos dará las respuestas que necesitamos para detener la degradación de las condiciones medioambientales, y proporcionar a los habitantes de nuestras ciudades nuevas formas de movilidad, mejor calidad del aire, y la disminución de los tiempos muertos que hoy se desperdician en trancones y atascos.

Por otro lado, se trata de una combinación de nuevas tecnologías con medidas ancestrales que hemos echado al olvido y que nos están costando el re-calentamiento de la tierra. Bajar la temperatura en las ciudades es otro objetivo que no podemos olvidar, y para ello podemos echar mano de prácticas tan antiguas como el plantar árboles en todas las manzanas, o comenzar a conformar sendos espacios públicos arborizados que ayuden a capturar CO2 al tiempo que permiten el disfrute de los ciudadanos, contribuyendo al re-poblamiento de las ciudades de las especies que las circundan en las áreas rurales.

Debemos también reconsiderar la integración de manzanas, creando unas macro manzanas que garanticen un desplazamiento peatonal exclusivo y seguro, con la correspondiente provisión de nuevos espacios públicos verdes.

Todas estas medidas las vienen implementando ciudades en las cuáles los efectos del cambio climático comienzan a ser devastadores, como Barcelona y Paris, entre muchas otras capitales y ciudades intermedias.

Hay que recordar que todo lo que vivimos como realidad alguna vez fue solo una idea, y que lo que el hombre sueña puede ser, no solo posible, sino largamente deseable.

Contamos historias desde otras formas de mirarnos.

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