Una novela feliz

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Cipriano, de la escritora Marta Orrantia contrario a lo que sugiere la portada y el tono melancólico del libro, me pareció una historia feliz. Narra los avatares de un hombre de casi ochenta años, viudo huraño y solitario que se la pasa buena parte del día resolviendo crucigramas y sudokus, cuya rutina se ve interrumpida por una trágica noticia: un avión en el que iba montada su hija, se accidentó. Pero el asunto no termina allí, pues además de la muerte de Juana, los de la aerolínea le dicen que encontraron los restos de otro señor que resulta ser hijo suyo. El protagonista cree que todo se trata de una equivocación, sin embargo, las repetidas pruebas de ADN resultan ser inobjetables.

Orrantia M, 2020. Cipriano. Bogotá Colombia. Literatura Random House.

Cipriano, que no sabe quién es la mamá del muchacho, se mete de lleno, junto a Néstor su hermano, a buscar rastros de la vida de quien fue su hijo y a tratar de dar con el paradero de la madre natural. Sin embargo, el asunto no es tan sencillo, porque las candidatas son varias ya que aquel viejo en otras épocas fue un Don Juan. De hecho, su hija hace años no le habla, pues lo sorprendió en una infidelidad. Aquí hay que aclarar que la autora no romantiza la faceta de mujeriego del protagonista, al contrario, muestra como por cuenta de su promiscuidad, ha lastimado a muchas personas.

¿Y dónde queda la felicidad? se preguntarán. Pues en que Cipriano se reencuentra a lo largo de la búsqueda de su pasado, con su presente. Casi en sus narices, en el aquí y el ahora, se encuentra la alegría más profunda, aquella que se manifiesta en forma de cotidianidad, en tonos claros y sin mucha pirotecnia. Aquel hombre, a una edad avanzada, comienza a comprender lo que el lector, probablemente menor de ochenta años, está a tiempo de entender: que a la vida le sobran fantasmas y que si nos dedicamos tantas horas a contemplarlos, puede que nos perdamos de compartir buenos momentos con las personas de carne y hueso que envejecen a nuestro lado y que es en nuestra realidad, tal vez modesta, pero concreta, en donde deberíamos invertir la mayor parte de nuestros esfuerzos. 

Al final, Cipriano mediante un acto sutil, se despedirá de sus fantasmas, los dejará descansar de una buena vez. Se imagina uno que frecuentará menos los lugares y personas de su pasado que, en el presente, lucen muy distintos a cómo se recuerdan, casi siempre romantizados. El poeta Félix Grande seguro lo explica mejor que yo: “Donde fuiste feliz alguna vez/no debieras volver jamás: el tiempo/habrá hecho sus destrozos, levantado/su muro fronterizo/contra el que la ilusión chocará estupefacta”. Mientras escribo esto, caigo en la cuenta de que pocas cosas hay más melancólicas que las fiestas de egresados. 

Sea pues esta la ocasión para recomendar una muy buena e interesante novela que nos hará reencontrar con el aquí y el ahora, con la realidad, un sitio que, aunque pueda ser odioso, es el único en el que, en palabras de Woody Allen, podremos disfrutar de un buen filete.

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