Ventanas para el encuentro

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Por, Héctor Hernando Quintero G.* |

Soy docente universitario en una Universidad Regional en Colombia. Y como miles o millones de docentes me encuentro en casa con el firme propósito de continuar con la labor docente. Es claro que las condiciones de accesibilidad a la red, las prácticas culturales, la resistencia al cambio, la demonización de los encuentros virtuales, la cotidianidad fracturada y otros tantos argumentos y sensaciones implican que muchos de mis estudiantes no puedan ingresar de manera cómoda, dispuesta y ensoñadora a plataformas digitales que permiten el encuentro.

De plano entiendo que estamos ante una situación inédita para el mundo, igual comprendo que en otros tiempos históricos la única posibilidad de actuación ante las pandemia era el encierro sin atenuantes y sin posibilidades de interacción con los otros que habitaban el territorio.

Esta red, por muchos amada y por otros tantos odiada, nos da hoy la posibilidad de estar viviendo otra pandemia con un encierro relativo, !podemos comunicarnos con aquellos que hacen parte de nuestra cotidianidad laboral¡ !Eso es maravilloso¡ Podemos interactuar en las ideas, en las preguntas, en las posturas ideológicas, en lo que hacemos estéticamente y lo que postulamos éticamente.

Con respecto a mi práctica docente entiendo de sobra que ante una inequidad social que cubre todos los aspectos de la vida humana, y el internet no es la excepción, mi postura en el acto docente tiene que cambiar drásticamente. En este momento los encuentros a través de la red deben superar las barreras mediadas por roles históricos de docente y estudiantes, nos encontramos en primera instancia para corroborar que estamos saludables y seguimos con deseo de vida. Escuchar las voces de aquellos que de alguna extraña manera queremos, en la distancia, en el traumático hecho del rol social, en el ir y venir de tensiones, desencuentros y a veces desafectos, es una oportunidad para sonreír y comprobar que estamos dispuestos a la emergencia de vínculos generados por el encuentro.

Dialogar desde autores, temáticas y contenidos es parte de la oportunidad de estar juntos, igual desde el juego de las palabras, el compartir imágenes, cortometrajes, obras de arte, rostros expectantes, tonos de voz que en otro momento eran menos escuchados. No estoy pensando en evaluación y menos en acreditaciones, quiero saber de sus familias, de sus situaciones concretas, de lo que están viviendo en momentos de encierro, angustia y zozobra.

Me interesa que trancemos pensamientos, emociones, ideas, intuiciones y fantasías, que podamos dialogar una o dos veces por semana cualificando la mirada sobre el mundo a través de la teoría y no para la teoría. Qué entendamos por fin que la teoría amplia la mirada, dándonos recursos para comprender que estos momentos de pandemia muestran con claridad que son las sociedades y los seres humanos.

NO puedo dejar de mencionar que estas situaciones son la evidencia de lo que hemos decantado como seres humanos, nuestro acumulado en la existencia individual y colectiva. Por eso vale la pena la introspección, el perdón, el alivianamiento del tiempo, el acercamiento a aquellos que amamos a pesar de las diferencias y la cicatrices.

Por todo lo dicho espero que mis estudiantes asistan a nuestros encuentros y nos den la oportunidad de saber que están vivos, con disposición para la supervivencia, el diálogo, la sonrisa, el gracejo, el compartir. Aquellos que no pueden llegar, les garantizo que haré todo lo posible para llegar a ellos, aunque sea en ecos digitales, espero que de alguna manera me escuchen y puedan agenciar algunas acciones que nos permitan mantener algún tipo de contacto educativo.

 

*Profesor universitario

Foto ilustrativa tomada de elpais.com

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