Visitantes. Crónica 3 de 4, estudiantes de Expresión Escrita

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Aquellas crónicas que se alojan en la memoria:

Resulta interesante ver cómo después de realizar varias lecturas, de hablar, de resolver dudas, de lanzar varias preguntas y de dialogar alrededor de los alcances y las bondades de la crónica, los estudiantes afinan su pluma y se lanzan a contar historias.

Esta vez fueron los estudiantes del Taller de Expresión Escrita de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP), que después de buscar una idea, desarrollarla, llevarla al papel, corregirla, hasta dejarla en limpio, entregan hoy relatos que considero merecen ser leídos. Sigan. 

Franklyn Molano


Por, Juri Valentina Tusarma Batero. Jurivalentina.tusarma@utp.edu.co

Todo empezó en 1986. Cerca de las altas montañas del oriente de Risaralda se encuentra el municipio Marsella, es aquí donde se haya el cementerio de los muertos ajenos y los remansos, testigos de la masacre de Trujillo. Los cuerpos inertes fueron arrastrados por la corriente furiosa que desataba el río Cauca hasta llegar a Beltrán, una vereda de Marsella, desde donde eran dirigidos al cementerio Jesús María Estrada. El sepulturero don Narcés se encargaría de prepáralos para el viaje del cual nadie ha vuelto, fue así como se dio inicio de lo que sería rutina diaria para este cementerio.

En la vereda Beltrán son reconocidos dos remansos: remanso La coneja y El chocho, era aquí donde se encontraba la mayoría de los NN provenientes del valle. Marsella fue aquel municipio que acogió a estas personas que no tenían rumbo fijo ya que los cuerpos quedaban en las orillas o remansos pertenecientes al pueblo. Sin embargo, no solo fue allí donde quedaban estancados, la estación Pereira y la Miranda también fueron testigos de aquella guerra que se desató en el Valle, especialmente en tres municipios: Trujillo, Bolívar y Riofrío, produciendo varias desapariciones y masacres. En aquella línea de tiempo se convirtió pan de cada día ver bolsas tubulares colgadas en guadua que pasaban por el municipio, bolsas que portaban personas que vieron por última vez el verdadero terror pasar por el frente suyo, producido por personas que les arrebataron el derecho a vivir de una manera salvaje, como si estos seres no sintieran dolor ni tuvieran seres queridos que se preocuparan por ellos.

Los viajeros inertes eran encontrados con diferentes características. Se recogían cuerpos como si fuesen un rompe cabezas que necesitaban ser armados, atados de una manera dolorosa, rodeando sus partes exteriores con un fino hilo que contenía púas de metal, cuerpos que parecían ser sacados de un libro de mitos y leyendas, puesto que algunos tenían un parecido a aquel ser que algunos conocen como la parca, pero no por ser un esqueleto si no por la ausencia de algunas partes del rostro, otros con la cabeza esquelética, con la piel movida como si fuese una máscara, con perforaciones en su centro provocadas por pequeños artefactos provenientes de un arma, o incluso con el vientre abierto que ya se encontraba sin sus intestinos puesto que eran las aves carroñeras quienes se encargaban de producir tan aberrante situación: era así como se marcaba la diferencia de la muerte de personas que eran llevadas con vida por la furiosa corriente del río hasta dejarlos sin signos vitales, y los asesinatos que los capos querían ocultar.

Era frecuente tener semanas con varios entierros de cadáveres ajenos al pueblo. Según el recuerdo de Julio Ernesto García, uno de los bomberos encargado de embolsar los cadáveres, en cuatro días se subieron 25 cuerpos para que fueran enterrados en el cementerio Jesús María Estrada; este campo santo guarda entre sus tierras personas sin importar el genero o edad,  ¿a las que se les fue arrebatada la luz de la vida.

Gracias a las minutas del cuerpo de bomberos, el trabajo de la necropsia de la doctora Luz María Salazar, el auxiliar forense Carlos Arturo Ramírez y el sepulturero Narcés algunos cuerpos fueron llevados por sus familiares, puesto que tenían bases de datos con las vestiduras con las que llegaron, la carta dental, marcas de sus cuerpos producidas por heridas sanadas o elaboradas por tinta, marcas de intervenciones quirúrgicas o marcas de nacimiento, puesto que el estado gelatinoso de los cuerpos hacia imposible el reconocimiento facial; de esta manera los familiares podían reconocer fácilmente quienes eran sus parientes, para poder ser sepultados en compañía de sus seres queridos.

Aquellos familiares que tenían la oportunidad de llevar los cuerpos tenían que preparar una cama sobre el ataúd con cisco, aserrín de madera y cal, todo esto para poder cubrir un poco los líquidos que emanaban los cuerpos. Por encima y por debajo de ellos se hacía esta capa, además se agregaban 10 libras de café sello rojo el cual servía para ocultar el olor, putrefacto; aun así solo unos pocos tuvieron esta suerte, otros simplemente fueron echados al olvido y pasaron a ser parte de la historia de los NN del cementerio municipal. Debido a la cantidad de personas enterradas por la masacre de Trujillo existen sepulturas en los que puede haber de tres a cuatro personas. Anteriormente en las tumbas se encontraban datos como la fecha de los entierros, pocos datos que por cuestiones de la vida fueron eliminados producto de la remodelación del cementerio en 1998, ya que las tumbas fueron pintadas de blanco perdiendo la poca indicación que había; es por ello que cuando visitan el cementerio Jesús María Estrada se encuentran tumbas que solo inspiran tristeza, donde están los visitantes de la muerte, esperando ser exhumados y entregados a sus familiares.

Algunos de los cuerpos rescatados en el río Cauca no tuvieron la suerte de recibir una sepultura, ya que los habitantes de Beltrán recibieron amenazas de desconocidos, lo que provocó pánico. Corre el rumor de que que cuando los pescadores ven un cadáver, ellos solo ayudan a seguir su viaje río abajo empujándolo con la ayuda de los remos.

Esta masacre terminó en el 2006, entregando un total de 638 NN enterrados en tierras marsellesas, de los cuales unos pocos fueron reclamados. Es por ello que al pasar por el lado derecho del cementerio se siente un ambiente desolador, como si las personas allí enterradas pidieran ser sepultadas en sus tierras para no ser una parte más de los NN de la masacre de Trujillo.

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