Colombia: una pandemia silenciada

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Por, Héctor H. Quintero Gómez |

Es interesante observar la mentalidad de los tomadores de decisiones en Colombia, que a menudo equivale a la mentalidad del ciudadano promedio. Dicho de otra forma, la de un aclamado nosotros que no deja de ser sorprendente cuando un poco de reflexión asalta la cabeza. Desde hace tres meses estaba claro que el COVID 19 llegaría al país. El flujo aéreo en el mundo es tan alto que sería muy difícil que un pequeño territorio que se esfuerza por ser visible en el ámbito internacional, no estuviera conectado con las corrientes de viajeros que llegan desde cualquier lugar de la tierra.

 

 

Inevitablemente el virus viajaría desde China a otros países, hasta llegar al nuestro. Sin embargo fuimos simples espectadores de algo que estaba pasando en otro lugar, sin que ello hubiera determinado la definición rápida de planes de emergencia para contar con un sistema de salud que tuviera la capacidad de responder de manera pertinente, coherente y suficiente a lo que estaba por llegar.

El ejemplo claro es la máquina del Instituto Nacional de Salud y el lento proceso de certificación de laboratorios regionales que hicieran eficiente el proceso de detección de la infección viral en la mayor cantidad de población. A la fecha se registran cerca de 1200 casos seropositivos; sin embargo el tamizaje realizado es insuficiente. El procedimiento mismo es complicado, confuso y genera serios traumas a quienes necesitan tener acceso a la prueba.

Un amigo fue avisado de la posibilidad de hacer parte de una cadena de contagio. Su sobrina había estado en una fiesta previo al inicio de toda la ráfaga informativa y las medidas escalonadas tomadas por el gobierno colombiano. Un día después de la fiesta ella visitó a mi amigo, quien estaba respondiendo a las indicaciones de aislamiento propuestas. Sin embargo era tan grande la cercanía y el supuesto cuidado mutuo que no había sospecha alguna de hacer parte de una cadena de contagio. Cuatro días después ella presentó un cuadro severo de resfriado, con tos fuerte, fiebre mayor de 40 grados centígrados, dolor de cabeza, escalofrío, malestar en los ojos y mucho desánimo. En ningún momento lo asoció con el COVID. Dos semanas después una de sus amigas la llamó para indicarle que ella era seropositiva y había presentado síntomas en casa.

 

 

En ese lapso de tiempo en la casa de mi amigo un hijo presentó síntomas de un resfriado fuerte; igual su esposa, los otros hijos y él estuvieron asintomáticos. Al ser avisado por su sobrina de lo sucedido, él llamó a las líneas habilitadas para solicitar la prueba. Para su sorpresa a la primera línea que llamó, le respondió una persona que dijo no tener teléfono oficial para recibir las llamadas. Lo estaba haciendo desde su teléfono personal. Adicionalmente la información brindada fue pobre y sin una sola orientación útil. La segunda llamada realizada implicó entregar una información donde desestimaron el hecho de ser parte de una cadena de contagio, planteándole que seguramente su esposa podría estar contagiada, y que para corroborar el caso debía llamar a la EPS. En la EPS la respuesta fue fulminante: debía pasar los síntomas en casa, si había alguna complicación debía asistir a un centro de atención. Con respecto al tamizaje, nada se resolvió; la EPS no tenía equipo para hacer tomas en domicilio. Lo absurdo es que la familia no debía salir del domicilio.

Total, cinco posibles casos adicionales de Coronavirus quedaron como parte del subregistro. Aún no hay una estrategia de tamizaje que abarque las cadenas de contagio, se está respondiendo de manera improvisada, por eso la única solución válida es el aislamiento para mitigar la cantidad de casos que pueden copar el sistema de salud. Nos queda esperar las dos siguientes semanas para ver que la magnitud de la pandemia en Colombia va a ser visible en las unidades de cuidados intensivos y las unidades de cuidados intermedios. Por ahora la desinformación, subregistro e inoperancia del sistema de información del sistema de salud nos ubica en una curva que es ficticia: en realidad desconocemos el panorama preciso de la situación.

 

dialoguemos.ec

 

Bueno, en general en Colombia no sabemos cómo vamos. Por eso mismo se inventan cifras, situaciones, hechos, realidades y enemigos.

*Médico y docente universitario

 


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