Dibujo aespacial, exposición individual de Antonio Ledesma

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Texto curatorial:

Hablar de dibujo hoy no deja de ser una afrenta a cuestionamientos que transversalizan preocupaciones por la imagen, la disciplina-tiempo y el placer.

La imagen, al menos como tendremos la oportunidad de analizarla a través de la práctica del dibujo, nos presenta dos estados al momento de su digitación. Del dibujo tradicional realizado con un medio plástico acuoso sobre papel, se ha convertido en una imagen electrónica, dualidad de copia y archivo. En ese estado virtual se activa un desplazamiento del hacer del arte como una ejercitación directa sobre soporte físico único a la posibilidad de expansión en múltiples formatos, donde la imagen encuentra sus métodos de exhibición.

En cuanto a la disciplina-tiempo, el dibujo se convierte en un medio muy extraño, cargado de misterio por demás y exento de temporalidades porque dibujar representa una performatividad de tiempos-dinámicos; unas veces lo tenemos aquí con nosotros, otras veces huidizo, alejándose en lo posible de modas artísticas. Con el tiempo fugaz, contingente pero también situación indisoluble, el dibujo se nos ofrece con toda su carga de disciplina en estructuras, formas, delimitaciones, pero más allá, en panorama de meditación mental. Es como si entre la práctica y la teoría la función del dibujo viniera a pensar incisivamente y así activar la capacidad de movimiento constante. Con la disciplina del dibujo se da inicio al camino de producción de una ética estética a partir de la diferencia.

El placer permite alejarnos de cualquier imperativo estético, ya que nuestro dibujo representación del régimen escópico, no acepta otra cosa que no sea la diversión, esto debido a que el placer que produce el arte aporta a un renacimiento de la categoría de encantamiento sobre un mundo dividido por efectos de violencias.

El dibujo como acción placentera poetiza, romantiza y por ende estetiza todas las cosas que componen el mundo; de allí surge el interés por imaginarlo capsula de la intuición más que análisis, percepción antes que abstracción, retorno a la imagen antes que núcleo numérico.

Los dibujos del artista mexicano Antonio Ledesma pertenecen a la contemporaneidad de diferencia narrativa donde se exhala un hálito humanista a través de un arte aplicado a las tensiones de la belleza. Ese feísmo narrativo de sus figuras mezcladas en intrincadas hibridaciones antropozoomórficas confirman la relación del objeto con xenologías de centro histórico. Ledesma trabaja el imaginario convulso del exotismo dramático en la extrañeza, en mucho, tendencia simpática con una especie de negación del yo por destitución, capacidad en última de expectación.

Vivir hoy en compañía del dibujo implica poseer competencias artísticas basadas en abreacciones afincadas en antiguos atascamientos, los cuales uno a uno, exigen miradas de recorte, o bien información pisanélica, porque cada dibujo profundiza en búsquedas gráficas de desplazamiento.

Ledesma, con la sutileza del filo de un cuchillo, advierte con sinergia ambivalente la nueva cultura aespacial.

Oscar Salamanca (curador)

SOBRE EL ARTISTA

Francisco Antonio Ledesma López (CDMX, México, 1964)

Egresado de la UNAM después de haber cursado la maestría en Artes Visuales con orientación en grabado.

Desde 1990 ha colaborado en los diarios mexicanos; El Universal, Excélsior y hasta 2016 en Milenio Diario, lugar donde laboró 16 años haciendo ilustración y caricatura  exclusivamente en secciones y suplementos culturales.

En el grabado en metal y el dibujo ha experimentado y creado numerosas imágenes con temas casi siempre negros, incómodos, con características mórbidas e hirientes, donde desmenuza la muerte, la locura y la enfermedad constantemente; exorcizando sus pesadillas constantes y de toda la vida.

En 1999 y 2005 viajó a Europa para realizar diversas actividades artísticas, entre ellas cursos y exposiciones. La segunda vez fue invitado por la Comunidad Europea.

Obtuvo el premio nacional de grabado José Guadalupe Posada en 1997 y la beca Jóvenes Creadores 1999. Tiene 6 exposiciones individuales y 74 colectivas.

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