Emerger

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El reciente récord mundial de  Sofía Gómez Uribe, encarna unos elementos que se suman a la singular forma de promover el deporte nacional. Los medios sedientos, hicieron creer que la apnea es un deporte que está a la oferta en las villas olímpicas. Resultamos expertos, en tanto creemos que la deportista nos pertenece y reclamamos derechos sobre ella.


 

Poco se ha dicho sobre el impacto mediático que sugiere la representación triunfal de aquellos deportistas que han sobresalido en algunas disciplinas, a mi juicio, nada conocidas.

Pero así mismo, aquellos deportistas se han visto sometidos a la exclusión de las únicas, por no decir  limitadas,  instituciones que apoyan o deberían hacerlo.

Una vez logran superar los límites de la disciplina que han decido ejercer, se ven enfrentados con el exiguo interés que ofrecen las políticas estatales al deporte en general.

No obstante, la figura no puede entenderse de manera general.

 

                                                                   Yuri Alvear  – Foto tomada de El Espectador

 

Es sabido que la individualización ofrece: la representación singular de la disciplina como la máxima expresión de lo humano, mercantilización de los deportistas, advenimiento de las dinámicas en todo lo que asevere la cercanía al mundo del consumo.

La medida es simple: sobresalir,  figurar, destacar, emerger…

En el medio, en cualquier medio social, sobresalir constituye cierta garantía material, y eso es quizá, lo que empañe la figura misma del deportista.

Ese halo de especulación mísera sobre la vida misma se convierte en la meta máxima, en degeneración de los principios de la competencia deportiva.

En este sentido, pensar en las motivaciones de un deportista naciente, es casi asegurar su miseria material. Su verdadero tesón no es la virtud de la disciplina, sino su doble condición de necesidad.

Nairo Quintana – Foto tomada de Movistar Team

 

Cualquier deporte que se desarrolle en estas condiciones, es equivalente a multiplicar la necesidad al exponente de escasez.

Podríamos sugerir, que si un deportista logra figurar en el medio deportivo gracias a haber sobrepasado la miseria, tiene el valor concedido de ser un verdadero luchador, una excelencia en su disciplina.

Son las formas arbitrarias en que se impone la manera de hacer deporte en un país. (caso de Antonio Cervantes – Kid Pambelé).

 

 

Ahora bien, la deportista de 25 años, Sofía Gómez Uribe, destacada por marcar un increíble récord mundial al bajar a  una profundidad de 84 m en el mar Caribe, en Dominica, sin usar ningún tipo de respirador artificial, en la disciplina apnea dinámica en la modalidad peso constante con bialetas, encarna  unos elementos que se suman a la  singular forma de promover el deporte nacional.

Uno: los diarios resaltaron el origen de Sofía (pereirana), y reluce además, el colegio donde estudió. Sin embargo ella expresa que se siente antioqueña.

Esto se hace bajo el aura de reclamar el producto que ha cosechado una tierra, cafetera por demás, si esto constituyera una verdadera impronta.

Dos: los logros alcanzados no están dinamizados por un verdadero estimulo nacional a la disciplina que ella desempeña. Su abnegación, el buen respaldo de sus entrenadores, y vale decir, su capacidad económica para sobrellevar el desarrollo de sus capacidades deportivas, le valieron el triunfo.

Foto por Camilo Díaz

 

A la oportunidad, los medios sedientos, hicieron creer que la apnea es un deporte que está a la oferta en las villas olímpicas. Resultamos expertos, en tanto creemos que  Sofía nos pertenece y reclamamos derechos sobre ella.

Tres: Gómez nos demuestra el desconocimiento del sin número de deportes y deportistas que batallan por subir a la cumbre de la visibilidad social.

Nos permite alzar  la vista y ver,  en la ausencia de escenarios deportivos, en la baja o nula oferta de nuevas disciplinas  y en el presupuesto irrisorio para el deporte nacional,  una forma más de la muerte colectiva.

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