La ciencia como herramienta política en tiempos del coronavirus

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Por, Guillermo Ramírez Cattaneo |

Personalmente, como seguramente para muchos de ustedes, el hastío generado por las noticias y la información transmitida por ellas irrumpe en nuestros espacios de forma enceguecedora. Sobre todo, ahora con su personificada nueva herramienta partidista: la ciencia.

Los historiadores del periodismo como Willard Bleyer consideraban que una prensa politizada era algo malo. Bleyer creía fervientemente que los periódicos tenían la obligación de educar a la ciudadanía en asuntos de política pública. Sin embargo, advertía que un medio de noticias sesgado era nocivo para un pueblo autónomo. Contrariamente, Gerald Baldasty y otros argumentaban que los periódicos partidistas fomentaron la participación democrática al tratar a los lectores como ciudadanos y votantes, y no como observadores pasivos. Hoy por hoy, el reportaje es más interpretativo. Un análisis para un lector es para otro una opinión.

Roger Ailes entendió esto brillantemente cuando fundó Fox News en 1996. Ailes se anticipó a un argumento que Joseph Turow hizo un año después al afirmar que el modelo comercial de los medios estaba cambiando. Los anunciantes, que una vez habían presionado a los editores de periódicos para que ambicionaran una audiencia masiva, ahora estaban buscando audiencias de nicho. El exitoso emprendedor de medios, ya sea publicando una revista o creando un canal de cable, pretendió acercarse a subgrupos de lectores o televidentes. En el caso de Fox News, cultivar una audiencia de nicho de conservadores de sesenta y tantos años.

Roger Ailes, tomada de LANACION.COM

Como lo había mencionado en un artículo anterior en la Cebra que Habla (antes del hackeo), es de suponerse que la información dada por los medios debería ser afín con el lado racional u objetivo. Sin embargo, muy a nuestro pesar, como bien advierte Lee Drutman, esto representa simplemente una actitud nostálgica por los supuestos días de gloria cuando la prensa fue el héroe detrás de Watergate y los documentos del Pentágono, y cuando la integridad y la independencia eran importantes para los periodistas y editores.

Ya no es así.

Ahora usan la ciencia como su nuevo caballito de batalla cuando hablan de la pandemia. CNN, BBC, DW y otros muchos, en un coro clamoroso, repiten incesantemente los estribillos: “Los hechos importan”; “hay que escuchar a la ciencia”.

¿En serio?

Indiscutiblemente la ciencia es una empresa humana enormemente exitosa. Y detrás de ese éxito normalmente se señala al famoso método científico. Aquí usaré algunos conceptos tomados de la Stanford Encyclopedia of Philosophy en su artículo Scientific Method elaborado por Hanne Andersen y Brian Hepburn. Entre las actividades a menudo identificadas como características de la ciencia se encuentran la observación y experimentación sistemáticas, el razonamiento inductivo y deductivo, y la formación y prueba de hipótesis y teorías. La forma en que se llevan a cabo en detalle puede variar enormemente, pero características como estas se han considerado como una forma de demarcar la actividad científica de la no ciencia, donde solo las empresas que emplean alguna forma canónica de método o métodos científicos deben considerarse como tales.

Sin embargo, aquellos que usan el término indiscriminadamente, como sucede a menudo con los medios informativos mencionados, desconocen la existencia de debates al interior de la ciencia, los cuales examinan si existe algo así como un conjunto de herramientas inequívocas comunes en la ciencia y solo en la ciencia. Y estas discusiones han existido por siglos. La cuestión que más ha moldeado los debates sobre el método científico en el último medio siglo, por ejemplo, es la de cuán pluralistas debemos ser sobre el método. Los unificacionistas continúan defendiendo un método esencial para la ciencia. El nihilismo es una forma de pluralismo radical, que considera que la eficacia de cualquier prescripción metodológica es tan sensible al contexto como para que no sea explicativa por sí sola.

INDAGANDO.TV

Parece apropiado cierto grado de pluralismo con respecto a los métodos incorporados en la práctica científica. Pero los detalles de la práctica científica varían con el tiempo y el lugar, de una institución a otra, entre los científicos y sus sujetos de investigación. ¿Qué importancia tienen las variaciones para comprender la ciencia y su éxito? ¿Cuánto puede extraerse el método de la práctica?

A manera de ejemplo tenemos los enfoques de John Stuart Mill (1806-1873) y William Whewell (1794-1866) los cuales se han convertido en el debate metodológico canónico del siglo XIX. Aunque a menudo se caracteriza como un debate entre el inductivismo y el hipotético-deductivismo, el papel de los dos métodos en cada lado es en realidad más complejo. En el relato hipotético-deductivo, los científicos trabajan para elaborar hipótesis a partir de las cuales se puedan deducir verdaderas consecuencias observacionales, por lo tanto, hipotético-deductivo. Para Mill, la inducción es la búsqueda primero de regularidades entre eventos. Entre esas regularidades, algunas continuarán en espera de nuevas observaciones, y eventualmente obtendrán la condición de leyes. También se pueden buscar regularidades entre las leyes descubiertas en un dominio, es decir, una ley de leyes.

Qué “ley de ley” tendrá es dependiente del tiempo y la disciplina y debe mantenerse abierta a revisión.

Y es este precisamente el punto a resaltar cuando se habla de la “ciencia” detrás del coronavirus. ¿Cuál sería el método en este caso? La pregunta que nos debemos hacer cuando somos hostigados por los medios de comunicación es si existe alguna justificación para establecer una distinción fundamental entre la evidencia de los estudios epidemiológicos y las de laboratorio. Al responderse sobre esta cuestión, a menudo se distingue entre observación y experimento. Los críticos de la epidemiología enfatizan que hay límites a lo que se puede aprender de las observaciones de campo. En el laboratorio, el investigador puede alterar las condiciones de las observaciones, repetir el experimento en diferentes condiciones y comparar los resultados de varios ensayos.

En una inferencia deductiva, la conclusión se sigue necesariamente de las premisas, como en un argumento matemático en el que una conclusión se sigue de axiomas básicos. En una inferencia inductiva, como sería el caso que nos concierne, hay un “salto” o, mejor dicho, “una suposición” que debe hacerse, como cuando uno esboza una generalización amplia basada en algunas observaciones.

Y aquí justamente subyace el problema de lo que estamos viviendo.  Estas inferencias inductivas, en un momento en que todos necesitan una mejor información, desde los modeladores de enfermedades y los gobiernos hasta las personas en cuarentena o solo en distanciamiento social, no pueden por ahora considerarse como evidencia confiable, particularmente sobre cuántas personas han sido infectadas con SARS-CoV-2 o que continúan infectadas. Sin embargo, los medios de comunicación piensan que sí. O, mejor dicho, prefieren que así sea para poder justificar los señalamientos a los gobiernos de turno.

Como efectivamente lo señala el reconocido epidemiólogo y matemático John P. A. Ioannidis, los datos recopilados hasta ahora sobre cuántas personas están infectadas y cómo está evolucionando la epidemia son parcialmente confiables. Dadas las pruebas limitadas hasta la fecha, algunas muertes no son contabilizadas y probablemente la gran mayoría de las infecciones debidas al SARS-CoV-2. No sabemos si estamos logrando capturar infecciones por un factor de tres o 300.

John P. A. Ioannidis, tomada de IPROFESIONAL.COM

Tres meses después de que surgió el brote, la mayoría de los países, incluido EE. UU., no tienen la capacidad de evaluar a un gran número de personas y ningún país tiene datos confiables sobre la prevalencia del virus en una muestra aleatoria representativa de la población general. Y como ya mencioné, estas incertidumbres producto de inferencias inductivas también hacen parte del método científico. ¿Podemos culpar a la ciencia por ello? No. Es parte de su proceder. Se debe imputar a los medios por no entender, o más bien, no querer hacerlo, cuando usan a la ciencia como disfraz pretendiendo su infalibilidad y de esta manera justificar su agenda politizada.

Claramente los medios de comunicación no están considerando o teniendo en cuenta un enfoque más sensible al contexto de los métodos integrados en las prácticas científicas reales. Se cobijan bajo la suposición de que el método es uno, sus resultados son incontrovertibles y, además, para ellos la ciencia es demócrata o liberal y no republicana o conservadora.

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