La obra romana del escritor de Támesis

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Lo hermoso se halla siempre en la orilla opuesta

Otto Neubert


 

Información Bibliográfica del libro
 

Título: Itinerario de afinidades. Perfiles

Autor: Mario Escobar Velásquez

Editorial: Sílaba Editores. Medellín.

Colección: Tierra de Palabras

Género: Ensayo

Año: 2015

Pág. 300

 

Si como reza la frase, el hombre trabaja para no morir, el escritor antioqueño Mario Escobar Velázquez alcanzó de alguna forma la inmortalidad: desde pequeño y hasta el final de sus días escribió como un poseso, incluso dejando obras inéditas y apuntes que jamás alcanzó a usar en vida.

Pasión lectora y escritural que caracterizó al narrador de Támesis, no solo confirmado por el cargo de editor de la revista “Lanzadera” en Medellín, o el oficio de maestro en San Joaquín, Pereira, o ser merecedor del premio Nacional de Literatura Vivencias de Cali en 1979, sino por el nuevo libro “Itinerario de afinidades. Perfiles” (2015) presentado por Sílaba editores de Medellín, con el cual este escritor tuvo que trabajar más que otro mortal.

Tanto así, que me arriesgo a decir que trabajó parecido al filósofo Immanuel Kant:  alejado de todo, retraído en su lectura de autores muertos, lejos del ruido de la ciudad, de la cultura como espectáculo, de las editoriales de su momento, rellenando libreta tras libreta para construir su monumental edificio literario.

Así es que se forma este itinerario, estos perfiles, esta ruta o lugar que contiene treinta y un biografías escritas en diferentes periodos de su vida, para diversos medios, y en muchos momentos de su acontecer literario, que demuestran la obra de un autor que cultivó múltiples géneros literarios, desde reportajes y crónicas, hasta cuentos y novelas, y que a lo Ernest Hemingway, aquellos solo fueron la punta de iceberg de toda su narrativa.

 

Foto por: Diego Val

 

Un compilado magistral traído gracias al esfuerzo de Sílaba Editores, que desde hace años está a cargo, junto a dos editoriales más (Fondo Editorial Eafit e Hilo de Plata Editores),  de la Biblioteca personal del autor y todo su nuevo contenido, de cara al público.

Ya lo dijo Stevenson, que un libro de estos, lleno de biografías interesantes, es un mensaje dirigido a los amigos. ¿y por qué razón? Porque las biografías son inclasificables dentro de un género literario como tal. Ellas se escriben para arrojar detalles de ciertos personajes y por ello muchas veces este arte se asemeja más a una necrología, que a un ensayo sobre la vida de un autor o personaje.

Es más, Mario Escobar Velázquez mismo puede ser hilatura de un perfil literario, ya que dejó de existir en el año 2007 y su vida contiene todos los elementos para realizarla.

Trabajo que esperamos que su amigo y casi discípulo José Hoyos pueda retomar un día y así contarnos la vida integral de este tamesino, del que nos antoja previamente con una pregunta enigmática: “¿Usted sabe que Mario Escobar fue cazador?”.

 

Foto por: Diego Val

 

Aunque en un adelanto (y aquí va una pista bibliográfica sobre el autor) no hay que olvidar esa obra Canto Rodado también emitida por Sílaba que contiene apartes autobiográficos del antioqueño, y donde se puede leer esta obsesión por escribir, reescribir, anotar y tachonar, en esencia, trabajar para no morir.  Obra esta mencionada, y por ahí derecho, recomendada y que se puede adquirir en la misma casa editorial de Medellín.

Este libro en mis manos, y en las suyas si lo adquiere, es lo que en lenguaje clásico llamaríamos una “obra romana”.  Una recopilación deliciosa, como ya se dijo, de perfiles, de personajes criollos como Porfirio Barba Jacob, José Asunción Siva, Adel López; y autores más universales como el Homero de América, Jorge Luis Borges, la poetisa de la tragedia, Alfonsina Storni, o el hombre aplastado por el puño de Dios, César Vallejo y otros.

Todo esto junto nos trae a la memoria ese mismo arte encontrado en el libro “Autobiografía de todo el mundo”  de la compleja Gertrude Stein, o los perfiles literarios de Umberto Eco, y no tan lejos, las reseñas biográficas de José Gercs, el colombiano.

Nadie, o muy pocos sabrán a cabalidad, cuánto le costó al autor escribir aquello, que nosotros leemos y disfrutamos en un par de horas.

 

Foto por: Diego Val

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