No todo tiempo pasado fue mejor

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Mentes sin cuarentena, una nueva serie de publicaciones estudiantiles en La cebra. Son 4 crónicas hechas por los estudiantes del Taller de Expresión Escrita de la Universidad Tecnológica de Pereira, orientados por el profesor Franklin Molano. Les compartimos la tercera entrada.

“La Crónica Vive. Los estudiantes del Taller de Expresión Escrita de la Universidad Tecnológica de Pereira, se dieron a la tarea de buscar historias propias, auténticas y con un ángulo novedoso. Luego de lecturas de crónicas, debates en el aula, ajustes en los párrafos, de nuevo lecturas… y aquí el resultado para el disfrute de los lectores. Sigan.”

Franklin Molano

Solemos escuchar muy a menudo que todo tiempo pasado fue mejor, que el mundo y la sociedad están en involución, que todo actualmente sería muy distinto si fuera como antes. Eso dicen, que sería mucho mejor. Yo en realidad no lo creo así. Me di cuenta que todo es muy relativo y que depende de las experiencias que haya vivido cada quién.

Viernes siete de marzo del 2020, se publica por diferentes medios una nota donde se evidencian unas cifras alarmantes. Este año se han presentado más de 15.000 casos de violencia intrafamiliar, y de esos casos, más de 11.800 han sido agresiones físicas y psicológicas contra la mujer. Me perturba. Me inquieta. Me indigna. Quisiera poder cambiar el mundo, pero ni siquiera puedo cambiar el de la persona que más me hubiese gustado salvar.

Imaginen, una charla después del almuerzo, un excelente almuerzo preparado por las más mágicas manos. Solo hay tres personas en el comedor. Aquella sensación de calidez familiar a pesar de ser pocos. Anécdotas, sonrisas, nostalgia. Buenos recuerdos. Y en un momento, sin pensarlo, esa mujer a la que más admiras, comienza a contar algo que nunca imaginas escuchar de su boca. Creía firmemente que la vida de aquella mujer era solo lo que yo conocía en mis pocos años de vida. Pero no, obviamente tenía un pasado. Uno muy tormentoso.

Esta es la historia de una mujer que, como muchas otras, se enfrenta siempre al reflejo que da su espejo. Moretones. Sangre. Ojos hinchados. Sus labios reventados. Incluso, mirarse al espejo y verse de nuevo, cuando creía haber estado respirando por última vez. Con vida, de pie, dispuesta a la lucha. Todo a causa de un mal hombre que ha elegido como pareja. Esa mujer de quien les hablo, vivió una infancia llena de maltratos por parte de su madre, elige un hombre que parece ser bueno, ve en él su tabla de salvación, tan solo con 16 años decide casarse. Pensó que su vida iba a cambiar, era lo que le pasaba a todas las de su familia, pero ella no contó con tan bonita suerte. Solo cambió de sitio, pero no de vida, no se libró de los golpes y de los insultos. De los repetitivos intentos de homicidio, incluso sin importar si ella se encontraba en embarazo.

Sé que lo que acabo de narrar, es para muchas mujeres una situación bastante familiar, la han sufrido en carne propia, y saben lo que es temerle al sonido de la puerta que anuncia el regreso de su marido, quizás borracho, y dispuesto a atacar sin piedad alguna, que no se compadece al ver a sus hijas suplicar por la vida de su madre. Una violencia sin fin, que hacía del hogar un infierno conocido, rutinario y desalentador. “¿Para qué nací, si no vine a este mundo sino a sufrir? Eso no es vida”. 

Con esas palabras termina aquella mujer las terribles anécdotas que le ha dejado su pasado. No puedo evitar sentir esas terribles ganas infinitas de llorar. Intento controlar el ardor en mis ojos que me pide a gritos dejar salir todo lo que estaba sintiendo. Odio y más odio. Creo que el alma se encuentra ligada a nuestro corazón, porque puedo jurar que lo que siento al recordar eso, es un dolor tan profundo que siento que mi corazón se paraliza. Las vendas de mis ojos se cayeron ese día, en esa charla de almuerzo.

Es lo que siento al saber que muchísimas mujeres han pasado y pasan aún por esto. Y me duele saber que otro hombre la hizo sufrir tanto, y agradezco a la vida que ese hombre por el que solo podría sentir desprecio, no es mi padre. No pude hacer nada por Marina, una guerrera de 57 años de edad, de los cuales 35 años fueron solo de sufrimiento, su única motivación eran sus tres pequeñas hijas.

Esta es la historia de millones de mujeres. Es la historia de Marina, una mujer cuya vida cambió después de tantos años de maltrato. Es la historia de mi madre, de mi gran heroína, de una mujer firmemente convencida, de que no todo tiempo pasado fue mejor.


Flor Marina Ramírez

Por: Daniela Sánchez Ramírez

daniela.sanchez1@utp.edu.co

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