Paz Colombia: historia de un hombre que por esta causa hasta cambió su nombre.

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Este andariego de 59 años recorre el país convencido de que es posible alcanzar la reconciliación entre los colombianos. Es tal su convicción, que no teme pregonarla por cuanto pueblo, vereda, barrio o ciudad recorre. Siempre a pie.


Fotografías: Elizabeth Pérez Pérez

 


Su cuerpo parece una bandera que ondea con cada uno de sus movimientos. Caminante empedernido, Paz Colombia Duque Giraldo desde hace 28 años decidió vestirse con los colores patrios.

En sus inicios, por la afición al futbol. Sin embargo, el secuestro de su hermano Pompilio Duque, hace 17 años, lo llevó a ‘enarbolar’ en su propio cuerpo la bandera de la paz.

Una mañana de diciembre de 2013 lo conocí. El tricolor nacional caminaba en cada uno de sus atavíos. 

 

 

Desde el sombrero, la corbata, hasta la sombrilla, la montura de sus lentes; por supuesto el carriel montañero, distintivo casi en extinción de la estirpe paisa, y unos mocasines de cómodo caminar, los lucía en amarillo, azul y rojo, en proporciones idénticas al pabellón nacional.

El contraste era evidente sobre el traje de impecable blanco.  

Paseaba de un lado a otro frente a la entrada del Hotel Nutibara, emblemática edificación ubicada en el centro de Medellín, capital antioqueña, cerca al Parque Berrío. Sonreía.

No se veía impaciente, pero sí seguro de que su vestimenta y la enorme cédula que portaba entre sus manos llamaban la atención.

 

Fotografía tomada de investigaction.net

 

“Yo me llamo Paz Colombia Duque Giraldo”. No es un chiste, ni una triquiñuela en alusión al sonado concurso del Canal Caracol. No. Es su manera de llamar la atención frente a lo que para él es la única solución al conflicto armado que desangra al país desde hace más de 50 años.

Y es que Paz Colombia Duque Giraldo tomó tan en serio la causa de la paz, que hasta se cambió su nombre de ‘pila’. Puede que le suene a tomadura de pelo, pero tenga la certeza de que no le está ‘mamando gallo’.

Este ciudadano, nacido el 5 de julio de 1958 en San Carlos, Antioquia, y ungido en la pila bautismal con el nombre de Luis Hernando, decidió cambiarse el nombre.

 


La Registraduría Nacional del Estado Civil le expidió su nueva cédula en julio de 2013. A partir de ese día, se llama Paz Colombia Duque Giraldo.

Para él no se trata de una locura. Es una muestra fehaciente de la causa a la que ahora dedica por entero su vida: lograr la paz en Colombia. Es tal su convicción, que no teme pregonarla por cuanto pueblo, vereda, barrio o ciudad recorre. Siempre a pie.

Para sus recorridos lleva la cédula en el tamaño real. La misma que recibe cada ciudadano colombiano con su nombre y apellidos; lugar y fecha de nacimiento; fecha de expedición; con entramado para evitar falsificaciones, y con su firma, que ratifica que se trata de usted, no de otro, y que además, cabe en la billetera o el bolsillo.

 

 

Paz Colombia Duque Giraldo porta su nuevo documento con orgullo. Lo exhibe como símbolo de su lucha por contribuir a la construcción de una patria donde sea posible vivir sin violencia, sin agresiones…, en paz.

Una paz que para él es “más un proceso personal” que masivo. Por eso en sus recorridos dedica su tiempo a “promover valores humanos”.

“Desde que aprendí a dejar de odiar, de maldecir. Desde que asumí esta actitud como una filosofía de vida, comprendí que la paz es personal. Puedo guiar a las personas hacia ese proceso, es lo que hago”.

Fotografía tomada de El Espectador

 


Durante ese trasegar también comprendió que la paz está relacionada con el perdón, que entiende como el hecho de
“recordar sin rencor”. Es decir, lograr que en el espíritu y el alma de los colombianos no continúe anidándose la venganza, el deseo de revancha, de ‘cobrar deudas’.

Si entre la multitud de personajes que a diario aparecen por las calles de ciudades y pueblos del territorio nacional, en cualquier momento se encuentra con Paz Colombia Duque Giraldo, como un gesto de paz, estréchele la mano.

Será una forma de decirle: “estoy con usted, Paz Colombia”.

 

Fotografía tomada de La Opinión

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