Práctica deportiva: salud, disciplina y mística.

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Su situación ha desmejorado con el paso de los años. Las ligas son apenas de nombre, y existe una sensación generalizada de    abandono por parte del Estado; tanto de los procesos como de las instalaciones deportivas.


Todo padre quiere que sus hijos sean saludables. Por ello, la mayoría de ellos se encuentran siempre preocupados por estimular la práctica de algún deporte, considerándolo vital en la formación de los niños.

Cuando era pequeña, mi hermana me inició en la práctica del baloncesto.

 

 

 

Primero fui del equipo del colegio, y después luché para ser seleccionada en la liga del departamento.

En la liga risaraldense de baloncesto el trabajo era duro. El entrenador nos estimulaba, nos trataba con cariño, pero también nos exigía.

Su nombre era Humberto y fue central en mi formación, porque la práctica de un deporte a edad temprana se vuelve una rutina que se adquiere y nunca se olvida, da un sentido del logro colectivo, vacuna contra la frustración, y ayuda a  estructurar una vida orientada a metas y objetivos.  

 

 

En mis recuerdos, el baloncesto en Risaralda era un deporte en ascenso: se instaló una cancha de madera (supongo de última tecnología) y teníamos un equipo profesional.

Hasta asistimos a un torneo suramericano. Debería buscar una foto que conservo en algún lugar: una emocionada niña de 11 años haciendo barra a su selección.

También existía la liga de voleibol. Nuestros amigos de colegio practicaban en el coliseo Menor, y allí íbamos a animarlos, pero, sobre todo, a hacer amigos.

 

 

La verdad es que nunca tuvimos la sensación que comparten las familias y los niños de hoy, en relación a la práctica del deporte en el Departamento, de abandono por parte del Estado, tanto de los procesos como de las instalaciones deportivas.

Hoy día, las ligas son apenas de nombre. No parecen tener un interés especial en apoyar y patrocinar a los deportistas, y, sobre todo, se ha perdido la mística; ese sentido de ser seleccionado.   

Se trata, en principio, de cosas sencillas: dar buenos uniformes, pagarle a un entrenador que ame su trabajo, incorporar un apoyo sicológico, acompañar en torneos y programar eventos para mejorar el desempeño en la competencia.

 

 

Muchos de ellos son actos simbólicos que cuestan poco dinero, pero dependen del entusiasmo y compromiso de los gobernantes y sus funcionarios respectivos.

Por otro lado, los escenarios deportivos en Pereira se encuentran muy deteriorados.

En los coliseos Menor y Mayor, en el estadio, en las piscinas olímpicas o en el velódromo, los baños son imposibles de usar. En general, hay un estado ruinoso en todas las construcciones.

Invertir en su mantenimiento cuesta dinero, pero, ya los tenemos. Nos valdría muchísimo más volverlos  a  construir.

 

 

Es un asunto  complejo de abordar, pero, para empezar, propongo a los deportistas y sus familias que le pidamos una cita al Gobernador.

Si mi propuesta tiene eco, y recibo un buen número de comunicaciones, me comprometo a gestionarla.  

Sería realmente útil que quienes practican los diferentes deportes pudieran contarle de primera mano al Gobernador las carencias y dificultades que viven día a día.

Estoy segura que él está dispuesto a escuchar y a mejorar.

 

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