Ruido de pelota

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Andrés Felipe Galeano tiene 13 años,  y es un destacado arquero en uno de los equipos de fútbol de Comfamiliar.  Y aunque no oye, gracias a su talento y constancia ya tiene dos vallas menos vencidas,  una cuadrilla de seguidores, y es uno de los de mayores reconocimientos.


 

Imaginen ustedes los ojos por ventanillas del Cristo Redentor en Río de Janeiro. Que allí  se pudiera, a través de una panorámica inconmensurable, divisar cada detalle que se antoje, que el sonido sea exiliado, y solo quede el deleite.

De esa forma ve a través de sus ventanas Andrés Felipe Galeano en Pereira, arquero de 13 años y que con tan poca edad ya tiene dos vallas menos vencidas y una cuadrilla de seguidores.

Viven en Galicia, es el segundo de 4 hermanos, juega en uno de los equipos de fútbol de Comfamiliar categoría 2005, y para los desentendidos, tiene una discapacidad: no oye.

 

Andrés Felipe Galeano

Lo que en verdad a su equipo, familia y a él poco les interesa. Pues cuando está en el terreno de juego, no solo es igual a sus compañeros cuando la pelota democratiza la sociedad, sino que es uno de los de mayores reconocimientos.

Aunque su equipo no ha quedado campeón cuenta con un tercer y segundo lugar en la Copa Ecogol y en la Baby Fútbol respectivamente.  Andrés ha ganado en dos ocasiones  la valla menos vencida, lo que se constituye en algo poco convencional, porque usualmente con este galardón se queda el equipo campeón

Solo bastó una “audición” a dos golpes de balón, para que su entrenador viera el portento de jugador que es: postura inquietante, reflejos serios, y un sueño por delante, ser un David Ospina. Por eso cuando salta al campo lo hace con el uniforme de su ídolo.

Equipo de fútbol categoría 2005

Con el fútbol por dispositivo escucha el mundo, lo entiende, lo planifica y lo pinta con emoción, como aquel sábado de semifinal: el equipo contrario, cuando era el ocaso del partido, se acerca por el andarivel derecho, cruce al centro, patada fortísima del delantero, sacada espectacular con pierna cambiada, y el milagro, la clasificación.

Así narra ya las proezas su padre, como si se tratará del mítico escorpión de Higuita en Wembley.

 

Un gran arquero, al lado un tal Oscar Córdoba.

 

Y es que el deporte de 22 testarudos que persiguen pelotas, le ha dado honra, reconocimiento como sujeto de habilidades, capacidades, en fin, una diversidad funcional que para nada le limita.

Su hermano de siete años que si oye, ya sabe que quiere ser: como Andrés Felipe, que cuando llega a la cancha ya incluso es referenciado por sus rivales: ¡Qué velocidad de achique!

 

Padres, Andres Felipe y Hermano

 

Ya por fuera de las canchas, las dificultades comunes: currículos descontextualizados, maestros que no están preparados, televisión para oyentes y lenguaje cargado de discriminación.

No cabe duda que la tal discapacidad en él no existe. Si tenemos en cuenta que el prefijo dis, sugiere una negación o contrariedad, dis-capacidad como negación de la capacidad.

 

Atuendos oficiales de sus seguidores fervientes.

En Pipe eso no pasa, gracias a Edier Galeano y Carmenza Gutiérrez, sus padres, su entrenador Eiber Nieto, Titi, ángel guardián de Recreación de Comfamiliar, el técnico Alexander Giraldo  y muchos más que entienden y valoran su virtud más allá del arco.

Que bella contrariedad: mientras él no oye, deja mudos a todos los que lo ven tapar.

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