Todos los caminos conducen al “Gaitán”

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Busto a  Jorge Eliécer Gaitán
Escultor: Alexandra Ariza
Formato: Bronce y cemento
Año: 1983
Ubicación: Parque Jorge Eliécer Gaitán


 

Así es como muchos le dicen al parque, abreviado y casi musitado: “El Gaitán”. La mayoría ignorando el legado que el líder y político le dejó al país.

Llegan, como en una especie de ritual, los fines de semana, justo después de las 3 de la mañana, cientos de personas al busto, en el centro del parque, a culminar la noche.

Unos compran café o comida, otro más licor en algunos de los sitios que circundan el parque. Todos, en busca de cuadrar el remate que los llevará hasta el amanecer antes de proseguir con la vida en un bús o encontrar el regreso a casa caminando.

 

Fotografía: La Cebra que Habla.

 

Y ahí está, Gaitán, como si fuese omnipresente, lo ve todo, lo escucha todo.

A la par que la mayoría de bustos que visten la ciudad, este Gaitán es casi un retrato del político en el que muchos colombianos veían una luz al final del túnel, eso, por ser un liberal “berraco”, que parecía ser el que le diera, por fin, justicia al país.

Pero no, Gaitán fue asesinado un 9 de abril 1948, el país entero sintió como propia esta muerte. Y en Pereira, casi 35 años después, se decide hacer un homenaje a su legado, a su lucha incesante y a la voz que aunque intentaron apagar, quedó replicada en la memoria de los viejos, los que ahora conocen y cuentan la historia.

 

Fotografía: La Cebra que Habla.

 

El busto está hecho en relieve, sus texturas predominan, como pedazos de grumos, azotados a mano limpia, saco y corbata sobresalen a primera vista. Es frontal y viste una sonrisa casi falsa, pero con una mirada fuerte y profunda, la misma que apuntaba cuando daba sus discursos en balcones hacia las plazas y parques repletas de público.

Tampoco hay una placa que lo identifique, en su lugar hay una dedicatoria sobre el pedestal, y generalmente, en los ladrillos que lo alzan, fragmentos de dedicatorias, nombres y declaratorias que la gente ha rayado en sus peregrinajes nocturnos en el parque.

Varios grandes árboles rodean al Gaitán, le dibujan una sombra pomposa, pero a pesar de las grandes ramas, sobre él recae un rayo de luz (la fuerza del sol), que hace que brille, que destelle una potencia visual que hasta puede joderle los ojos al que mire.

Fotografía: La Cebra que Habla.

 

Él, inmóvil e invencible, desde su centro vuelve a ser una voz para actuales generaciones -ahora por su luz- latente entre quienes lo ven, lo notan a su paso.

Ya muchos no lo recuerdan ni valoran como antes, el tiempo ha pasado, las memorias se fragmentan, y como muchos otros en nuestro país, pasan a ser olvido, tan solo un pedazo de concreto mudo expuesto a los desganos del tiempo y el clima.

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