Una mañana de viernes de febrero en el bioparque Ukumarí

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Ese día éramos pocos, tal vez no más de veinte personas, quienes recorríamos el parque. De esta manera tuvimos la oportunidad de tomarnos todo el tiempo para detallar las diferentes exhibiciones.


 

El Acceso

Eran las diez de la mañana cuando iniciamos, mis hijos, mi hermana y yo, a recorrer el Bioparque Ukumarí, ubicado en el Eje Cafetero, más exactamente en la zona occidental de Pereira.

De todos, la única que no lo conocía era mi hermana.

Al ingresar al parqueadero fueron pocos los carros que encontramos, muy pocos.  Ya en la taquilla me sorprendió la respuesta que el encargado da a una persona interesada en comprar pases de ingreso para hacer una atención corporativa: respondieron que no tenían pases, solo le podían dar un recibo.

Al acceder al parque entramos por un gran edificio de estructura de madera y piso de tablón.  Este edificio es arquitectónicamente bien logrado, y brinda la sensación de un ingreso solemne, muy fresco para el clima en el que se encuentra el lugar y bien dispuesto con algunas tiendas de comidas y suvenires.

 

Fuente: Martha Alzate.

 

En el proyecto, que cuando esté terminado deberá contar con cinco bio-regiones, sólo se encuentran habilitadas, para recorrido del público, dos: Bosques Andinos y África.

 

 Primera Bioregión: Bosques Andinos

A la primera Bioregión, que fue con la que se inauguró oficialmente el parque, ya habíamos asistido.  En ella se encuentra una mezcla entre unos buenos hábitats para los animales (aunque el oso de anteojos parece desfallecer en el calor del corregimiento de Cerritos –lugar de Pereira donde se encuentra ubicado el parque), un urbanismo muy bien hecho con unos acabados de primer orden (hay que recordar que en su diseño y construcción fueron involucradas firmas internacionales expertas en tematización y ambientación de este tipo de proyectos), una vegetación local muy atrayente, recorridos bien organizados y una muestra de animales (mamíferos, aves, etc.) bastante variada.

Este recorrido cuenta con detalles en su ambientación muy destacados desde el punto de vista estético. Me refiero al trabajo de las puertas y las contrapuertas que dan acceso a los hábitats (son necesarios puesto que los animales se encuentran sueltos en esos hábitats y esta forma de contra portón es una seguridad para evitar que se escapen), de los decorados que simulan flores y vegetación hechos en hierro. Así como los pisos, los techos, las réplicas de piedras, etc. todas realizadas como parte del trabajo de escenografía de esta primera Bioregión.

 

Foto: Martha Alzate.

 

Ese día éramos pocos, tal vez no más de veinte personas, quienes recorríamos el parque. De esta manera tuvimos la oportunidad de tomarnos todo el tiempo para detallar las diferentes exhibiciones. También contamos con la suerte de tener un guía en un momento del recorrido, que nos presentó a “Tuki”, un tucán que fue rescatado de la domesticación.  Este animal silvestre estaba sometido a ser la mascota de una familia. Luego de su incautación “Tuki” fue a vivir al Bioparque Ukumarí. Por esa razón, nos explicaba el guía, él es tan manso, se deja acercar la mano y muerde suavemente con su pico acerrado a quién se le acerca, sin mostrar ningún temor.

El guía dio una corta charla muy didáctica a mis hijos, sobre las funciones de los animales en los ecosistemas. Y respondió amable y solventemente todas las preguntas que ellos le hicieron, razón por la cual estuvieron encantados del recorrido y de la conversación que pudieron tener con el guía.

 

 Rumbo A La Bioregión De África

 

Fuente: Martha Alzate.

 

Al salir de la zona de Bosques Andinos, tomamos rumbo a la Bioregión de África.  Descendimos por un sendero peatonal pavimentado que se abre entre una amplia zona de guaduales. Muy lindo el recorrido. Desde allí, se alza imponente otra de las edificaciones del parque. Creo recordar que esa edificación estaba pensada en el proyecto original para albergar los restaurantes. Sin embargo, la vimos desocupada, apenas ambientada con algunos elementos que hacían presumir que sus áreas amplias están siendo usadas para hacer reuniones, dar charlas o celebrar algún tipo de congreso.

Los restaurantes los habíamos dejado atrás, pues las bioregiones conectan a una plazoleta central en donde están ubicados unos camiones de comida que tienen alguna oferta. En general, no se percibe de la misma calidad que la Bioregión de bosques Andinos, y parece algo improvisado.  De todas maneras, hay que considerar que puede ser difícil convencer a cadenas de comidas o empresarios del sector de restaurantes que hagan una gran inversión en el lugar, puesto que podría ser que el nivel de visitantes no alcance para amortizar tales inversiones.

Una vez en África, después de recorrer el sendero peatonal que es algo extenso y con un nivel de pendiente relativamente fuerte a su llegada, encontramos otra plazoleta. Está, precedida por un letrero de ingreso en el que se lee “Sabana Africana”, está ambientada con una especie de chozas o casas de paja, al estilo africano. En el interior de una de ellas pudimos contemplar una simpática tienda de objetos relacionados con la temática del lugar. Mis hijos adoraron los silbatos que imitan sonidos de animales, por lo que les compramos dos de ellos.  También había carteras, objetos de decoración, joyería y bisutería y todo tipo de suvenir, muy bien ambientados en ese pequeño espacio. La persona que atendía era muy amable y brindó a los niños una cálida experiencia.

 

Foto: Martha Alzate.

 

Continuamos el recorrido por otro sendero peatonal que se proyecta hacia dos grandes árboles artificiales que semejan a los baobabs.  Como se sabe estos árboles tienen un simbolismo sagrado para las tradiciones de muchos países africanos, quienes lo consideran un enlace entre el mundo de los vivos y el inframundo (o mundo de los muertos).  En la adaptación religiones africanas durante su proceso de esclavización en América, el baobab fue sustituido por la ceiba, a la cual se trasladaron los significados mágicos atribuidos originalmente a este.

 

Ver enlace.

 

Al final del recorrido que culmina a los pies de los baobabs, se transita por una especie de pontón decorado con máscaras africanas. Así, se accede al área en donde están los hábitats de los leones, los rinocerontes blancos (espléndidos ejemplares de esta especie), los suricatos, y finalmente, después de un largo recorrido, se llega a los elefantes.

Esta región se nota algo más sencilla, no guarda la misma consistencia en acabados y tematización que la cuidada región de bosques andinos, y particularmente los elefantes me dieron una sensación de tristeza. Aclaro, por supuesto, que desconozco las especificaciones del proyecto en cuanto a los acabados de cada Bioregión, y obviamente no tengo elementos científicos para sustentar la tristeza de un elefante. Es solo una impresión desprevenida que me vino al observarlos un buen rato, en la soledad del parque, que estaba casi para nosotros solos.

 

Foto: Martha Alzate.

 

Allí termina el recorrido de lo que hoy está disponible para visitar en el Bioparque Ukumarí.

 

Conclusiones De La Visita Al Bioparque Ukumarí

Sensaciones aparte, debo decir que este sigue siendo un gran proyecto de región. Me sorprendió que mi hermana, siendo tan pereirana como yo, no lo conociera. Ella misma estaba asombrada de la belleza del parque e inmediatamente se propuso volver en compañía de algunas amigas.

El parque se ve cuidado, se nota el esmero puesto en cada una de sus labores de mantenimiento, pero también, para un buen observador, no pasa desapercibido el esfuerzo.  Lo que está costando mantenerlo se nota: en la precariedad de algunos servicios (en la calidad y variedad de la oferta de comidas, o en la ausencia de los tiquetes de acceso impresos), en los acabados de la Bioregión de África (que se nota hecha con baja inversión), y hasta en los pocos guías disponibles.

 

Foto: Martha Alzate.

 

Sin embargo, el estado general del lugar es muy bueno. Todo funciona en los recorridos y la experiencia de mis hijos fue mejor que la primera vez (la primera vez que fuimos no estaba disponible la Bioregión de África), y en el estado general de los animales, en los cuales se percibe bienestar. Para los detractores de este tipo de proyectos que exhiben animales vivos es muy importante aclarar que los que allí se muestran al público son animales incautados, o que vivieron su vida bajo cautiverio, razón por la cual solo pueden vivir en este tipo de lugares, ya que perdieron sus habilidades para la vida silvestre.

Debido al bajo público que nos acompañó ese día (hay que aclarar que era un viernes a medio día de comienzos de febrero, seguro un mes muy bajo en visitas a este tipo de establecimientos) pareciera importante que quienes administran el parque revisaran la comercialización que hacen del mismo.

Ahora que ya lograron abrir la segunda Bioregión, y que conocen en profundidad la operación y sus costos, podría funcionarles un socio que les ayudara a masificar las visitas, diversificar los ingresos (para un parque de este tipo en Estados Unidos, la taquilla no supera el 30% del total de sus ingresos), y gestionar alianzas. Alguna vez se inspeccionó la posibilidad de aliarse con el Parque del Café, la Fundación Palmarito y Conservación Internacional. Sobre todo, una entidad como esta última brindaría grandes beneficios en materia de mercadeo y de investigación. No hay que olvidar que el Bioparque Ukumarí tiene una gran clínica veterinaria que podría ser el soporte para muchas actividades de conservación a nivel regional.

 

Foto: Martha Alzate.

 

Para terminar, considero que toda persona, familia, colegio, entre otros, que esté cerca al bioparque Ukumarí, debe visitarlo. No solo porque es responsabilidad de todos conocerlo, apoyarlo, difundir lo que está haciendo, y lo que tiene para ofrecer; sino que este es un lugar muy bien concebido y un proyecto ejecutado en sus etapas iniciales con altos estándares en lo que se refiere a este tipo de atracciones a nivel internacional.

Igualmente, las empresas, entidades e instituciones, deberían vincularlo como una opción para realizar allí sus convenciones, reuniones, festejos, y todo tipo de actividades corporativas. El parque tiene la infraestructura, la oferta natural y la belleza que requieren este tipo de eventos.

El Bioparque Ukumarí es un atractivo turístico regional, ha costado mucho esfuerzo, y realmente vale la pena visitarlo. Con el manejo adecuado, estaría muy cerca de lograr el objetivo para el que fue concebido: posicionarse como un atractivo turístico local, enlazado con la oferta que ya está consolidada en el Eje Cafetero.

 

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