Buga y sus encantos en una tarde de recorrido

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Esta tradicional ciudad del Valle del Cauca, atravesada por las aguas del río Guadalajara, cuenta a su haber con 448 años de existencia.


 

Largos años en los que el agua de su río la ha visto conformarse como una típica ciudad española, con ese trazado en damero de calles largas que se visualizan perfectamente de inicio a fin.  Pero Buga, es mucho más que eso.

Su centro, sector antiguo de casas coloniales, patios de los que brotan frescuras, baldosas coloridas y ventanas que evocan viejos romanticismos, fue declarado Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural Nacional en el año 2010.

 

Foto: Martha Alzate

 

En la Resolución del Ministerio de Cultura que contiene esta declaratoria se puede leer: Sector Antiguo de Buga y su Zona de influencia conforman un conjunto urbano caracterizado por un trazado en retícula regular, derivado del crecimiento del núcleo fundacional erigido en 1575, el cual sigue el modelo español de ciudad colonial determinado en las Ordenanzas Reales de 1512 y 1572. Esta estructura se consolida alrededor de una plaza central, hoy Parque José María Cabal y está definida por manzanas cuyas cuadras tienen entre 92 y 93 m de longitud. En los cuatro costados de la plaza se conservan las edificaciones que dan cuenta de diferentes periodos en la historia de la ciudad. Entre estas se destacan, sobre la esquina suroriental de la plaza, la Catedral de San Pedro, construida en 1776; sobre la carrera 14 predominan austeras construcciones coloniales y tres edificios republicanos dominan el recorrido de la calle 7, con el Palacio de Justicia, y la carrera 14, con el Edificio Los Portales”.

En Buga existe un buen número de iglesias. De ellas, la más antigua hace parte de lo que antiguamente fue un colegio jesuita.  Se llama la iglesia de San Francisco. También allí una construcción que fue, antiguamente, el colegio Académico, y hoy alberga los programas de humanidades de la Universidad del Valle.

 

Foto: Martha Alzate

 

Hay también en esta ciudad un teatro, construcción que recuerda al Colón de Bogotá, aunque de tamaño mucho menor.  De estilo arquitectónico Neoclásico, este fue inaugurado (según versiones) en 1922. Tuvo su época de esplendor en la primera mitad del siglo XX, quedando después en el abandono. Su reconstrucción inició en el 2006, y fue re inaugurado en el año 2011.  Actualmente, su estado es bueno y según nos comentó el Secretario de Cultura de la ciudad, Johnny Fernández, se espera brindar una oferta continua de espectáculos culturales como teatro, musicales, entre otras actividades.

Otro de los activos culturales de Buga es la Academia de Historia Leonardo Tascón, que realiza actividades en pro de la conservación de la historia de la ciudad desde 1962.  Ella cuenta con varios fondos en los que se conservan diferentes tipos de documentos.

 

Foto: Martha Alzate

 

Así mismo, visitamos la Casa de la Cultura, una hermosa edificación de estilo republicano, en donde se ofrecen diversas actividades en las que participan niños jóvenes que encuentran allí una opción para su formación cultural.

Otro de los lugares recomendados es el tradicional Hotel Guadalajara. Construido en las márgenes del río del mismo nombre, su estilo arquitectónico es colonial californiano o neocolonial, y ha sido declarado inmueble patrimonial del departamento del Valle del Cauca.  Se caracteriza por sus amplios y frescos corredores, enmarcados por los arcos que dan cuerpo a la estructura. Su amplio restaurante tiene vistas y salidas a un patio central, en el cual se halla una fuente.  El trabajo de madera en los techos, ventanales y muebles del lobby de acceso, es llamativo.  Al igual que los pisos, y la decoración, que conservan un estilo armónico, evocador de tiempos pasados en buen estado de preservación.  Cuenta con una piscina generosa, amplios jardines y cómodas habitaciones, algunas de las cuales están orientadas al caudal del río.  Su otra fachada se proyecta sobre la Calle 1ª, amplia vía en la cual es posible observar interesantes construcciones de residencia, cuya arquitectura se relaciona con el estilo moderno. 

 

Foto: Martha Alzate

 

Entre otros aspectos interesantes de Guadalajara de Buga está su tradición masónica.  De ella quedan algunos vestigios, como el faro construido en cercanías al hotel Guadalajara y del cual se dice que significó un gesto de rebeldía de los bugueños en épocas en que la clase dirigente de Cali se negaba a construir la carretera al mar (puerto de Buenaventura) con conexiones a Buga.  El Faro fue, entonces, un símbolo y una señal de la visión de progreso de los naturales de esta región.

En contraste, es bastante conocida la importancia que tiene para esta ciudad la basílica del Señor de los Milagroso de Buga.  No nos detuvimos en este lugar de peregrinación, del cual destaca su amplia plazoleta que sirve de lugar de encuentro y de celebración de multitudinarios eventos. Cuenta igualmente con un Museo que es deseable visitar. Esperamos hacerlo en una próxima visita.

 

Foto: Martha Alzate

 

En el parque principal, José María Cabal, se encuentran animales que habitan la espesa vegetación del lugar.

Enmarcado por edificios de arquitectura representativa como el Palacio de Justicia (que lleva el nombre del único presidente de Colombia de origen bugueño, Manuel Antonio Sanclemente, al que le tocó, entre otras dificultades, dirigir el país en durante la guerra de Los Mil Días), la zona fundacional rodea al parque con varias edificaciones de valor arquitectónico y patrimonial.

 

Foto: Martha Alzate

 

Ya para finalizar esta jornada de recorrido, en medio del calor y llevando siempre al sol de la tarde como compañero, nos dispusimos a comer algo típico y a tomar un refresco.  En la panadería de Doña Stella se pueden encontrar los típicos amasijos bugueños y una buena variedad de panadería fina. La casona que ocupa tiene un agradable patio central en el que es posible sentarse a tomar onces y algos.  Igualmente, visitamos el restaurante bar Holy Water Ale. El dueño e impulsor de este lugar, de origen alemán, ofrece variedades de cerveza de fabricación artesanal y diferentes bebidas y comidas de buena preparación y sabor.  Allí probamos, entre otras cosas, el agua de Jamaica, muy refrescante. Una compensación necesaria a las altas temperaturas que acompañaron nuestra visita aquella tarde por las calles de la ciudad señora.

Prometemos volver pronto, pues son muchos los lugares que nos faltaron por visitar. Igualmente, sería una maravilla poder conocer las tradicionales casonas en su interior. De lo poco que pudimos ver, nos asombraron esos patios interiores, con toda su frescura, vegetación, y algunos que tienen animales como canarios, que viven sueltos en el interior de las residencias.  Buga nos sorprendió gratamente, y sus encantos, que apenas alcanzamos a vislumbrar, nos invitan a realizar una visita más prolongada. ¡Que así sea!

 

Foto: Martha Alzate

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