De triunfos y derrotas: la puerta y su cuadriga que han visto la historia pasar por Berlín

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Durante la Segunda Guerra Mundial la cuadriga fue prácticamente destruida, y sólo hasta 1957 pudo ser restaurada


 

La puerta de Brandeburgo es un símbolo de la capital alemana y de la historia de los últimos dos siglos en el país germánico.

Construida como un portal de acceso a Berlín, entre 1788 y 1791, ella vino a sustituir una de las dieciocho puertas que daban acceso a la antigua ciudad amurallada.

Bajo el concepto de propileo, como vestíbulo o antesala a la nueva ciudad, siguiendo el modelo de la puerta de acceso a la Acrópolis de Atenas, la gran estructura conformada por cinco zonas de paso, de las cuales la central es la más grande, está rematada por una escultura en bronce:  un carro romano tirado por cuatro caballos en línea.

La escultura, concebida por el artista alemán  Johann Gottfried Schadow, y en particular su cuadriga, no es ajena al significado que ha sido atribuido al conjunto ya desde tiempos del Imperio romano: la victoria. Este tipo de carros fueron usados por los antiguos generales para ingresar victoriosos a las ciudades conquistadas y sometidas a su voluntad. Al mando de la cuadriga de Berlín se encuentra la diosa griega Irene (o Eirene), aquella que representa la paz y la riqueza.

¡Ay! Si esta deidad pudiera hablar,  nos narraría las peripecias que solo se viven cuando se han acumulado una buena cantidad de años y se ha visto girar la rueda de la historia.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Nos contaría de las profanaciones a las que ha sido sometida su figura, y cómo su mirada ha atestiguado, bajo la sombra de la gran puerta, la pobreza, la ruina y la desgracia moral que trajeron las guerras.

En los primeros tiempos  fue trofeo de guerra reclamado por Napoleón, fruto de su  victoria sobre  Prusia y su conquista de Berlín. El General galo la sustrajo de su lugar original y la condujo a Paris,  no sin antes, encargar al pintor francés Charles Meynier el registro del evento más simbólico de esta gesta: “Entrada de Napoleón a Berlín, 27 de octubre de 1806”.

Esta pintura, que actualmente forma parte de las colecciones consignadas en el Palacio de Versalles, registra el momento en el que el emperador de los franceses cruza victorioso, o más bien penetra la pulcra imagen de la puerta y la corporeidad de la diosa que la corona.

La puerta era vista ya desde aquellos tiempos con una carga simbólica tal, que el solo paso a través de ella venía a refrendar la posesión más sagrada a la que todo poderoso puede aspirar: la del espíritu de un pueblo.

Lastimosamente para Napoleón, su derrocamiento sobrevino antes de que el trofeo lograra refrendar sus conquistas, y la escultura retornó a Berlín en el año 1814.

 

Foto por: Martha Alzate

 

A su regreso fue restaurada, pero, también, fue adornada con los símbolos de los nuevos tiempos: el grupo de diosa y corceles  complementado con un águila y una cruz de hierro, esta última diseñada por Karl Friedrich Schinkel, gran arquitecto del neoclasicismo alemán, a quién se atribuyen numerosos edificios de la Berlín del periodo prusiano.

La Cruz de Hierro fue una condecoración militar del Reino de Prusia, y posteriormente concedida por actos de valentía o por méritos en el mando de tropas. Ella era, originalmente, la cruz negra, símbolo de los Caballeros Teutones, y su diseño ha sido símbolo de las fuerzas armadas alemanas.

Una nueva contrariedad para Irene, al verse obligada a portar como estandarte el símbolo mismo de la guerra.

Pero, este sería apenas el comienzo de sus múltiples tribulaciones.

Irene presenció, impotente, la proclamación de Hitler como canciller de Alemania, y el desfile subsiguiente de los hombres de las camisas pardas del social-nacionalismo alemán en compañía de los miembros del grupo paramilitar S.S., aquellos que habrían de convertirse en la central de inteligencia y terror de la Alemania y la Europa ocupadas por los nazis.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Aquella tarde del 30 de enero de 1933, en un número cercano a 15.000, desfilaron con antorchas, pasando por la puerta que antaño cruzara Napoleón.

Durante la Segunda Guerra Mundial la cuadriga fue prácticamente destruida, y sólo hasta 1957 pudo ser restaurada, en medio de las fuertes tensiones por la división de la ciudad. En esa oportunidad, las autoridades de Berlín Oriental decidieron retirar la cruz y el águila, por considerarlas símbolos del militarismo alemán.

Con la construcción del muro que dividiría a la ciudad, la Puerta de Brandeburgo quedó en “tierra de nadie”, y su acceso fue  sometido a esporádicas autorizaciones emitidas por la República Democrática Alemana.

A partir de la reunificación alemana, la puerta ha sido escenario de numerosos actos simbólicos, y fue punto de encuentro de quienes pudieron cruzar y reunirse de ambos lados de la ciudad dividida, aquella noche del 9 al 10 de noviembre de 1989.

Al grito de ¡El muro está abierto! los berlineses acudieron por miles a los puntos fronterizos, y dada su masiva afluencia, y la desinformación de los guardias, la presión ciudadana hizo insostenibles las restricciones de paso.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Nuevamente, Irene pudo contemplar cómo berlineses, habitantes del este y el oeste, se abrazaban eufóricos después de franquear la división de hormigón que durante cerca de veintiocho años puso un límite, físico y sicológico entre dos franjas de territorio que se identificaron siempre como una sola ciudad y una única nación.

Allí mismo, como punto de encuentro, miles de ciudadanos se dieron cita para iniciar, por sus propios medios,  la demolición del muro de la vergüenza.

A propósito de ese episodio, se pueden encontrar en Internet muchas fotografías del  momento de la caída, con la Puerta de Brandeburgo al fondo.

Asimismo, en uno de los tantos videos que circulan desde entonces, se ve a un habitante de Berlín declarar con  evidente emoción: “No puedo creerlo. Acabo de cruzar  la frontera. No es más que una línea”.

También en aquella “tierra de nadie”, en la llamada “faja de la muerte”, en cercanías a la puerta, Roger Waters, en julio de 1990, impulsó la realización del inolvidable concierto de la Caída del Muro (The Wall, Live in Berlín).

 

Foto por: Martha Alzate

 

¿El objetivo?, conmemorar la unidad de Alemania y de paso refrendar el mensaje antifascista consignado en la mítica película The Wall, basada en el álbum del mismo nombre, cuya realización a cargo de la banda de Waters, Pink Floyd, es uno de los trabajos musicales más aclamados del rock en todos los tiempos.

La Puerta de Brandeburgo y su cuadriga, con Irene alzándose sobre  la composición, han visto pasar el hilo de la historia; han padecido emociones de tristeza, extrañeza, protesta y reconciliación.

Actualmente, la puerta sigue conservando su majestuosidad, más aún con la restauración de las edificaciones circundantes, en el curso de la Avenida Unter den Linden, entre las cuales destaca y se impone la estructura del legendario hotel Adlon Kempinski.

Tal vez Irene espere, paciente, los nuevos acontecimientos de la historia. ¿Qué nuevas vicisitudes tendrá que padecer la deidad de la paz? ¿Será posible que los recientes y álgidos acontecimientos de un fortalecido nacionalismo alemán vengan a inquietar nuevamente su divino sosiego?

Sólo el tiempo lo dirá. Mientras tanto, el significado atribuido a esta diosa, en relación con la riqueza, parece ser el aspecto dominante en los días que corren, y bajo su égida la ciudad se desarrolla, se unifica, y renace cada día.

NOTA: compartimos enlaces a sitios que nos permiten ampliar la perspectiva sobre los asuntos abordados en esta Hoja de Viaje.

 Imágenes de la puerta de Brandenburgo y la caída del muro de Berlín

¿Qué motivó la construcción y la caída del Muro de Berlín?

 

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