Dos Iglesias en Berlín que nos cuentan historias entre lo eterno y lo efímero

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Las dos iglesias se parecen más en su instante  de abatimiento


Dos grandes construcciones de origen religioso marcan la experiencia del visitante a esta capital.

Una de ellas es, por supuesto, la catedral de Berlín o Berliner Dom.  La otra es la iglesia en memoria del Kaiser Guillermo, la Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche.

Objeto de demoliciones y reconstrucciones, la emblemática catedral también tuvo un tiempo en que su diseño procedía de Friedrich Schinkel, el arquitecto del imperio prusiano. 

El edificio había sido antes una catedral barroca, y tras la decisión del Kaiser Guillermo de echar abajo la remodelación realizada por Schinkel, se emplazó tal y como se conserva hoy, con un estilo entre renacentista y barroco.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Resultando gravemente dañada a raíz de los bombardeos sobre Berlín, a finales de la Segunda Guerra Mundial, se emprendió su reconstrucción, la cual culminó cerca de veinte años más tarde.  En una decisión muy característica de la mentalidad berlinesa, se ideó como un aposento de grandes dimensiones, con el objeto explícito de competir con la imagen de otra gran catedral: la Basílica de San Pedro en la ciudad del Vaticano.

Nuevamente, encontramos un gesto que denota una necesidad de reconocimiento, o si se quiere, la búsqueda de una superioridad. 

La Catedral de Berlín, en sus actuales instalaciones, se muestra majestuosa, pues hace parte de un conjunto urbanístico que se complementa con el Museo Antiguo (Altes Museum), y el Lustgarten, un espacio público que da orden y estructura a todo este sector.

Al frente, cruzando la calle están el Palacio de Berlín,hoy en reconstrucción, y el Humboldt Forum. 

 

Foto por: Martha Alzate

 

En su interior sorprende la distribución circular típica de las iglesias protestantes: nuestra cultura está muchísimo más relacionada con el diseño rectangular de los templos católicos, que concluyen en un altar dispuesto siempre como telón de fondo. Igualmente, la relevancia dada a las figuras de tamaño considerable, representaciones escultóricas de los máximos exponentes del protestantismo: Lutero, Melanchthon, Zuinglio y otros.

Todo ello en contraposición a las figuras de Jesús y la Virgen María, que corrientemente se observan en los recintos sagrados de la religión católica. 

Un gran órgano se encuentra dispuesto en otro de los segmentos del edificio circular, y semeja un altar en sí mismo. Órgano y Altar Mayor están ubicados en nichos que son, a su vez, círculos más pequeños, alturas libres sostenidas por columnas que rematan en cúpulas ricamente decoradas.

En general, toda la ornamentación es abundante, resaltando los contrastes entre la piedra, una mezcla de mármoles de colores pálidos y oscuros, y las decoraciones de tonalidad dorada.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Un aire romano, inevitable evocación del extinto  Sacro Imperio Romano Germánico, acompaña la imagen de las dos iglesias.

La otra, aquella que fue construida por órdenes del mismo emperador, el Káiser Guillermo II, en memoria de su abuelo, el Káiser Guillermo I, permanece como un testigo elocuente del horror de la guerra. Su cúpula, mutilada por la acción de las bombas arrojadas copiosamente sobre esta capital, no fue reconstruida, lo cual la inutilizó en su sentido cotidiano. No obstante, esta decisión la ha encumbrado como un ícono, piadoso igualmente, de aquellos que anhelan siempre la paz.

A su costado, se levantó un inmueble particular, un hexágono recubierto por cristales que superan las veinte mil unidades. Sus tonos azulados invitan a una profunda introspección, y tanto su forma como los materiales que lo componen, contrastan fuertemente con las del antiguo templo, dando un aspecto de instalación artística a todo el conjunto.  Este se conoce con el nombre de Iglesia Nueva, y vino a reemplazar en su función de sede de los oficios religiosos a los escombros contiguos que antaño fueron un templo.

Las dos iglesias se parecen más en su instante  de abatimiento.

 

Imagen extraída de: Losviajesdedomi

 

Revisando las fotografías de la Berliner Dom, la catedral, con sus cúpulas derruidas en razón a los bombardeos que asolaron a Berlín al final de la Segunda Guerra Mundial, puede trazarse un hilo conductor, una hermandad, entre ambas edificaciones.

Ellas han sido objeto de decisiones contrarias: La Berliner Dom se empezó a reconstruir en la década del 70. Su arquitectura original sufrió algunos recortes y modificaciones, pero hoy se muestra vigorosa, plena de esa riqueza exuberante que quiso imprimir en ella el Káiser Guillermo II.

La otra permanece detenida en el momento de su quiebre. En estricto sentido podría decirse que son unos despojos, aunque del tipo de los que contienen un mensaje fuerte que transmitir. Su apariencia desmantelada no le resta importancia y, más bien, llama aún más a la curiosidad de  quienes la contemplan, que no pueden pasarla por alto sin preguntarse las razones de su actual estado.

En este sentido, comparten y permiten una continuidad entre pasado y presente. Ellas hacen parte de un relato integral que involucra a la fe y al poder, con su arrogante pretensión de inmortalidad.

Al mismo tiempo, son pruebas sobresalientes de la fragilidad y lo efímero de las ambiciones humanas.

 

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