Dulce Guayaba

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“A partir de los años 60 las dietas a través del mundo han conseguido un nivel elevado de homogenización. Aseguran un éxito comercial al adaptarse a diferentes regiones y ecosistemas con rendimientos productivos altos”


 

Hay días que un olor te lleva a la niñez, es por ello que me empeñé en comprar algunas guayabas para hacer un dulce que siempre me recuerda a mi abuela.

Ese aroma irremediablemente me lleva al corredor con chambrana, donde veo el “solar” lleno de aguacates y veraneras, allí en las tardes degustaba el dulce recién hecho.  

Pero para mi sorpresa fue imposible encontrar esa fruta de rosadas entrañas que abundaba en los solares y potreros de las fincas risaraldenses. Sólo me ofrecían una fruta descolorida e insípida a la que llaman guayaba pera, por su forma.

Esa dificultad, la de conseguir un fruto tan abundante, me llevó desde hace unos quince años a la tarea de comprender cómo esto es posible en la región.

 

 

Y encontré una investigación publicada en The Royal Society Publishing, en la cual un grupo de agrónomos y biólogos internacionales estudiaron  cuáles son los cultivos que sostienen la dieta humana en la actualidad, de dónde son originarias esas plantas y cómo se distribuyen sus cultivos en la Tierra.

En este trabajo, que tiene conclusiones muy interesantes, se demostró cómo a partir de los años 60 las dietas a través del mundo han conseguido un nivel elevado de homogenización, es decir, productos como las papas, el trigo, la soya, el arroz, la caña de azúcar, los tomates, los bananos y los aceites de palma, han tenido éxito comercial al adaptarse a diferentes regiones y ecosistemas con rendimientos productivos altos.

Y  esto les ha permitido formar parte de la dieta de todos los continentes.

Tal y como era de esperarse, son las regiones tropicales y subtropicales el origen de la gran mayoría de cultivos alimenticios (cacao, arroz, soya, maíz, café, entre otros) , pero es Asia la región de donde proceden la mayoría de frutos que tienen aportes calóricos en la dieta mundial , y  es el continente que sigue consumiendo gran parte de sus propios  alimentos, los  que  originan.

En el caso de Centro y Suramérica la variedad de especies nativas comestibles no ha impedido la homogenización de la dieta, y por el contrario, cultivos foráneos sostienen la alimentación y son los que ocupan la mayor extensión cultivada.

 


Fuente: Khoury CK; Achicanoy HA; Bjorkman AD; Navarro-Racines C; Guarino L; Flores Palacios X; Engels JMM; Wiersema JH; Dempewolf H; Sotelo, S; Ramírez-Villegas J; Castañeda-Álvarez NP; Fowler C; Jarvis A; Rieseberg LH; Struik PC. 2016. Origins and primary regions of diversity of agricultural crops. CIAT Infographic. Cali, Colombia: International Center for Tropical Agriculture (CIAT). 1 p.


 

Mi abuela Ana estaba lejos de imaginarse que sustituiríamos las sopas tradicionales por carnes y ensaladas, estaba aún más lejana de saber que habíamos superado la catástrofe Malthusiana pronosticada para 1880 o que las técnicas de cultivo y transporte nos permitiría tener productos venidos de la lejana Asía , y  maravillarnos con el sushi.

Pero lo que si sabía y nos enseñaba era su maestría en el arte de amar a través de la cocina, escoger los ingredientes de cosecha para aprovecharlos al máximo y evitar cualquier desperdicio.

Al unir mi recuerdo sobre la cocina de mi abuela y entender porque frutos tan comunes han desaparecido de los mercados por no ser parte de una dieta que tiende a volverse homogénea y que privilegia la productividad de cultivos sobre la variedad de especies y sabores, me he dado a la tarea de descubrir nuevos frutos en mi mesa y renunciar a la salida rápida de comer alimentos empaquetados, pre cocidos e  industrializados.

He podido  así construir nuevos recuerdos de aromas entrañables cada semana:  ¡Buenos días! chalupa, carambolo, arracacha, níspero, guama, granadilla, tomate de árbol y miles más.

 

guayaba.

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