En el punto de mira

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La flora y la fauna colombiana también son  víctimas del conflicto armado. Y aunque el Consejo de Estado exigió la inclusión de los derechos al medio ambiente en el tratado de paz de La Habana, el dimensionamiento de los daños causados por la acción armada en los ecosistemas no ha sido cuantificado.


 

 

Hoy que son tan usuales los vocablos de víctimas y reparación, vemos aparecer en el panorama nacional asociaciones, corporaciones y colectivos que agrupan a las personas que han visto vulnerados sus derechos por parte de los actores del conflicto armado. Aunque puede ser difícil diferenciar quién ha sido afectado de manera directa y a quién, las condiciones de violencia, le han limitado la locomoción, la educación o el trabajo.

 

 

Pero en general, se entiende como víctima del conflicto armado colombiano a las personas que registran vulnerados sus derechos por: secuestros, atentados, desapariciones forzadas, desplazamientos, reclutamiento ilícito o campos minados.

Las víctimas de la guerra se cuentan en vidas humanas. Pero ¿qué pasa con los seres vivos que no reclaman sus derechos a través de la institucionalidad gubernamental?, ¿cuál es la restitución de los ecosistemas dinamitados, destruidos o contaminados?, ¿quién vela por los derechos de los animales a los que se les destruyeron sus condiciones de vida, por la acción de tala indiscriminada o por el derrame de hidrocarburos?

 

 Gráfica 1 Proporción de superficie cubierta por bosque natural en Colombia. Fuente: IDEAM. 2015.
Gráfica 1 Proporción de superficie cubierta por bosque natural en Colombia. Fuente: IDEAM. 2015.

 

 

Aunque el Consejo de Estado exigió la inclusión de los derechos al medio ambiente en el tratado de paz de La Habana, el dimensionamiento de los daños causados por la acción armada en los ecosistemas no ha sido cuantificado.

 

 

Los principales daños ambientales son causados por el aumento en la siembra de cultivos ilícitos y la deforestación vinculada a ello, los impactos de la minería ilegal que financia el conflicto bélico y por los atentados a los oleoductos que han vertido grandes cantidades de crudo, que destruye las fuentes de agua y la vegetación.

Con respecto a este último, la Fiscalía General de la Nación hizo un aproximado de 1.317 atentados a oleoductos y 95 atentados terroristas a municipios.

 

 

Aunque las cifras sean todavía una incógnita, la afectación es innegable.  Es por ello, que pueden surgir propuestas de recuperación ambiental para zonas como el Pacífico, la Orinoquía o la Amazonía Colombiana. Propuestas, que recuperen los ecosistemas y que rememoren esas víctimas, a veces invisibles: la flora y la fauna colombiana.

 

 

Un homenaje a este territorio mega diverso y a los 27.023 secuestrados, a las 23.161 personas que perdieron la vida en asesinatos selectivos, y a las 11.751 víctimas de las masacres.

 

 

Un tributo a través de la siembra de árboles en las zonas deforestadas, porque las verdaderas estatuas de los héroes no sólo se hacen de bronce y mármol, se hacen también  de vida que celebre la paz y dé testimonio de la esperanza que mueve a un país hacia el cuidado y recuperación de su bien más preciado: la posibilidad de renacer por medio de la naturaleza.

 


 

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