Entre lo local y lo planetario: los retos de nuestra supervivencia

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Guillermo Gamba reflexiona sobre los retos planetarios de acuerdo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 y se pregunta por la agenda ambiental de Risaralda con miras a lograr lo que le toca al departamento como parte del planeta.


 

He visto la tierra desde la luna, pequeña y hermosa, redonda y azul en el universo donde flota”.

Así describió Neil Armstrong a nuestro planeta cuando lo observó desde la superficie de la luna el 21 de julio de 1969.

 

Tierra desde la luna – Imagen tomada por la NASA

 

Aquí y ahora, pienso en mi planeta que, como a nuestro cuerpo, lo hemos descubierto y dado nombres con palabras míticas, como el tendón de Aquiles o el valle del Cocora. También en los siglos hemos deteriorado el entorno al que pertenece nuestro cuerpo. Somos tierra del cuerpo con mente delirante y placeres.

La Convención de Naciones Unidas sobre la diversidad biológica, nos recuerda que la humanidad no alcanzó a cumplir la mayoría de los objetivos acordados para conservar recursos genéticos, especies y ecosistemas, como “una preocupación común de la humanidad” para salvar la biodiversidades desde el año 2010 hacia el año 2020.

Ahora las amenazas son ascendentes.

Tenemos gobiernos cuyas obligaciones deben ser mayores, por su responsabilidad directa para la sostenibilidad de sus territorios vulnerables.

Es el caso de la Amazonía de Brasil y Colombia. El Chocó, donde la selva y la riqueza natural son violentadas, lo mismo que esas zonas del África, hogares de elefantes e hipopótamos, distinguidos en los mapas como territorios de gran caza, con consecuencias que socaban la supervivencia.

 

Mapa de Infoamazonía

 

A quienes están al frente, les distrae la política de las pequeñas cosas, asuntos de agendas por violencia y proyectos que generen oportunidades de ganar y enriquecer a quienes los han llevado al poder.

Y en el trasfondo, los países más contaminantes, las potencias económicas, los mayormente poblados, y en ellos y todo lugar donde existen empresas cuyas tecnologías son obsoletas, vehículos que deberían dejar de circular, negocios explotadores del trabajo, minerías agresivas de la vida, esclavistas, negociantes de la fauna y la vida amenazada, consumidores ignorantes, servicios de salud transformados en negocios de farmacéuticos, y una lista más larga.

Ahora, cuando la Convención de Naciones Unidas para la Diversidad Biológica traza los objetivos hacia 2030, tendremos diez años para mejorar la sostenibilidad de la biodiversidad de la tierra; diez años para otorgar más protección para la fauna terrestre y marina amenazada, para reducir la contaminación por biocidas, desechos plásticos, excesos de nutrientes en los suelos, manipulación de vacunos y animales que crecen y engordan con anabólicos esteroides que generan alteración genética en el cuerpo de quienes comen su carne; diez años para recuperar la población de abejas y especies que movilizan la vida en los corredores de la biodiversidad cuando polinizan en todos lados.

 

Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030

 

Diez años, en fin, para aplicar controles más estrictos y sanciones ejemplares por la tala de los bosques, la contaminación de los ríos, el comercio de fauna silvestre, la producción y corrosión humana y moral del narcotráfico.

La corrupción que impulsa todos los males.

Los datos son más ilustrativos: un millón de las ocho millones de especies existentes en el mundo están en el sendero de la extinción, y ocultas en esa realidad están comunidades de pobladores primitivos que habitan y sostienen la selva. Sus hábitats disminuyen y los invasores deforestan: los humanos hemos alterado el 66% de la tierra y el 66% de los ecosistemas marinos.

Los habitantes que marca el reloj mundial de población suben más allá de 7767 millones, lo cual quiere decir que aumenta a razón de 119.500 personas cada día y llegará a 8.000 millones en diciembre de 2022; así crecerá la demanda de recursos, alimentos, infraestructura, el uso de la tierra.

Las organizaciones sociales, los gobiernos, la economía, deberán ajustarse para atender a ese crecimiento y al mismo tiempo mejorar y superar el atraso, la miseria y la pobreza, reducir la contaminación, y lograr mejores condiciones de vida para la libertad y la supervivencia en un mundo sostenible.

Ignoro y me interrogo, si el Gobernador de Risaralda, los alcaldes y personajes responsables de la Junta de La Carder, y todas las instancias obligadas para la agenda ambiental de la región, tienen pensamientos y propósitos con miras a lograr lo que nos toca como parte del planeta. Las noticias me dicen que los afanes burocráticos para proveer los cargos que no ha sido posible nombrar, los tienen distraídos.

Debe ser el monto de presupuestos y contratos lo que los encandila.

La biodiversidad, que ha sido nuestro patrimonio más valioso y los beneficios que nos proporciona son esenciales para el bienestar humano y el planeta saludable.

 

La Florida, corregimiento de Pereira. Foto: Diana L. Ortega

 

Cada persona, cada familia, cada empresa y cada escenario donde convivimos y trabajamos, deberán tener presentes los cambios de conducta y las tareas que tendremos que cumplir para salvarnos y supervivir en este planeta amenazado.

 

Río Otún a la altura del corregimiento de La Florida. Foto: Diana L. Ortega

 

 


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