Espejismo

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Los estudiantes del profesor Franklin Molano Gaona pasaron de la entrevista a la ficción, este es el cuarto relato de cinco que publicamos, resultado de su trabajo académico durante la cuarentena.

“Hay quietud. Al parecer en cuarentena nada se mueve y el encierro agudiza el estar quietos. Una opción, asomarse a la ventana y así, con los ojos puestos hacia afuera, los estudiantes de Redacción del programa de Comunicación Audiovisual y Digital de la Fundación Universitaria del Área Andina, relataron lo que veían, contaban lo que sentían, escribían lo que escuchaban, hasta obtener estos textos para el deleite del lector.”

Franklin Molano

Un día más en este lugar, la verdad es tan difícil encontrarse obligada a permanecer en estas cuatro paredes, era momento de permanecer aquí para poder dar un aporte al mundo, pero es que hasta he llegado a sentir que la vida limita mis sueños, pero no es así: esto me ha servido demasiado para poder interiorizar, aprender de mí misma de las cosas que a veces no valoramos al poder ser libres en el mundo.

Recostada en la cama con los pies estirados y los brazos cruzados detrás en la nuca pienso una y otra vez en mí, haciéndome preguntas. ¿Quién soy en realidad? ¿Si he logrado mis objetivos?, mientras pienso en ello me pongo de pie frente al espejo y veo a alguien tan diferente a quien en realidad he querido ser, me culpo a mí misma, “¡qué estúpida e inconsciente!” me encontraba haciéndome daños emocionales yo misma y ni por enterada, después acusaba a mi familia (siempre me han dejado sola), acto seguido se lo achacaba a las malas amistades, a veces tan unidas y otras tan traicioneras, y solo al final, si no conseguía dormir, condenaba a Dios, por no hacerse cargo de mí en esta vida.

Paso las horas haciendo ejercicio, clases de pilates y yoga e incluso en técnica vocal; todo aquello que nos ofrecen estas cuatro paredes y libraba a la mente de momentos vacíos en los que se desea al no aguantar tener a mi mamá y su marido todo el tiempo en casa discutiendo. Conversé con los animales a mi alrededor e intercambié opiniones en torno a la vida (dirán que estoy loca).

Luego empecé de manera detallada a poner atención a los pocos sonidos que me rodeaban a diario, los grillos y las chicharras al principio me enloquecían porque cada día era más fuerte, pero con el tiempo se volvió grato poder escucharlos.

Estar en la cama, mientras escuchas como llueve es uno de los mayores placeres de la vida, luego miré por la ventana e identifiqué el movimiento del agua, el sonido al caer, y entendí que los días grises se ven de otra manera cuando tu actitud es positiva, recordé que sin lluvia las flores no florecen y es que me doy cuenta de que si no hago algo para empezar a florecer en mi vida, nunca va a florecer sin haber hecho algo para que así suceda.

Un interior incompleto que está en proceso en estos tiempos de aislamiento: la persona que saldrá después de esto no es la misma a la que entró en aquel entonces.

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