Eutanasia en animales: ¿una decisión fácil?

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El procedimiento de muerte asistida en una mascota no es una labor fácil para los médicos veterinarios ni para los dueños del animal. Realmente quienes tengan una sensación diferente están en una  triste equivocación.


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Cuando un paciente animal presenta condiciones físicas o emocionales de difícil retorno a una muy buena calidad de vida, la eutanasia no se presenta a los propietarios o manejadores como una decisión veterinaria, es menester del profesional ofrecer a ese entorno humano que  acompaña a la mascota,  las alternativas que se pueden tener para actuar frente al caso en particular.   

Esta información dada por el profesional a los propietarios y familiares incluye el pro y los contras de las decisiones que se pueden tomar, entre ellas, y la más difícil de todas para quien que se ha preparado para aliviar las dolencias y malestares en sus pacientes: la opción de dar una muerte digna, sin dolor ni sufrimiento.  

Esta última se recomienda, pero no se determina como una ejecución per se, por parte del profesional.

 

 

Los médicos veterinarios somos seres humanos sensibles a las emociones de nuestros pacientes, y comprendemos y compartimos las reacciones de cualquier decisión que se tome  frente a la solución de una enfermedad o trauma de un animal, bien sea mascota o de granja o silvestre.

De ninguna manera es fácil exponer esta alternativa para un profesional de la medicina veterinaria, mucho menos cuando tenemos la responsabilidad de velar por la salud física y emocional de quienes llegan en busca de ayuda profesional.

 

 

Es además muy importante determinar que la última decisión para autorizar la eutanasia de un ejemplar animal no la toma el médico veterinario, es ante todo una decisión de sus propietarios quienes finalmente lo hacen con base en los argumentos que el profesional les expone.

Por tal motivo cuando se practica la eutanasia la expresión común es “el veterinario le aplicó la inyección”, cuando realmente, para una sanación emocional de sus propietarios y la realización de un verdadero duelo, deberíamos decir “yo o nosotros autorizamos la eutanasia” con base en los argumentos expuestos por los profesionales veterinarios que trataron al animal.

 

 

De esta manera nos conectamos con la realidad de un procedimiento doloroso que bajo ninguna circunstancia es fácil de realizar, tanto para el médico veterinario como para los propietarios.

Una eutanasia en medicina veterinaria, sin los argumentos suficientes, es una carga bioenergética o kármica para quien la realiza, y es algo que ningún profesional quiere llevar a cuestas, pues sería ir en contra de los principios éticos de la profesión y ciertamente violar las Leyes del Universo.

Al finalizar la vida de una mascota debemos agradecer y honrar su presencia y acompañamiento en  todo ese tiempo con nosotros. Ellas son fuente de amor y enseñanza para los seres humanos, especialmente del  amor incondicional y el desapego, debemos reconocer   que los hombres no somos dueños de nada, tan solo somos administradores de los regalos naturales de este planeta.

 

 

De tal forma, que antes de proceder a la práctica de la eutanasia debería hacerse una charla de sensibilización y desprendimiento con sus propietarios, y de alguna manera permitir un desenlace amoroso, menos doloroso y traumático de esa relación física entre amo – mascota.

Ellas se van en su forma tridimensional, y pasarán a existir en su propia dimensión como alma grupal de su especie.

En honor a ese momento crítico de la vida  es cuando se debe ayudar a la mascota a  pasar ese  túnel de la vida terrena hacia la luz de la vida eterna. Es lo menos después de ofrecer su libertad de especie canina para entregarse al servicio de sanar las emociones de sus amos.

 


 

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