La tuberculosis en tiempos del coronavirus

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ESPECIAL. Día Mundial de la Tuberculosis 2020. Fotos Edison Cano |

Pereira y Dosquebradas eran dos ciudades fantasmas al atardecer del 24 de marzo. Aún faltaban seis horas para la hora cero de la cuarentena oficial pero ya la población, temerosa y asustada, había vaciado las calles. Patrullas de soldados con tapabocas y el fusil al hombro desfilaban por las plazas. El fusil, omnipresente en nuestra historia reciente, no sirve para atacar el virus. Pero sí puede disuadir las turbas de mendigos, pobres y trabajadores informales desesperados que han comenzado a formar motines espontáneos coreando una consigna antigua, anterior a cualquier discurso político: “¡Comida! ¡Comida!”.

En tiempos de aislamiento hay una población especialmente vulnerable que será la primera víctima de la pandemia: los habitantes de la calle y consumidores de sustancias piscoactivas que no tienen ni medios económicos ni defensas en su cuerpo para enfrentar el temporal.

“Una trabajadora sexual del Parque de la Libertad me contó que lleva cuatro días sin poder pagar la pieza: ya la sacaron” cuenta Angélica Jiménez, de la Coorporación Teméride, una ONG que los últimos diez años ha atendido a población vulnerable usuaria de drogas y además ha gestionado recursos de un fondo global de la Naciones Unidas para combatir el VIH, la tuberculosis y la malaria.

La emergencia del COVID-19 ha hecho que otros problemas de salud pública que ya estaban ahí pasen a un segundo plano y desaparezcan de la agenda, pero pocos se preguntan cómo terminarán entrecruzándose ambos fenómenos. El 24 de marzo, justo en la fecha de inicio para la cuarentena, se conmemoraba en todo el mundo el día de lucha contra la tuberculosis, una infección respiratoria causada por el bacilo de Koch que estaba prácticamente desterrada del país hace unos años, pero ahora anda de regreso. “La ley 100 acabó con los programas públicos de prevención que había en el país y que eran muy buenos” asegura Douglas Montañez, un médico que por estos días está encargado de realizar pruebas domiciliarias a pacientes infectados con COVID-19 y sus familiares.

Las cifras de la secretaría de salud en Pereira son preocupantes al respecto. En el último lustro los casos anuales de tuberculosis siempre fueron superiores a trescientos (362 en 2017, 324 en 2018) y el porcentaje de mortalidad ronda el 10%. Pereira se ubica entre las seis ciudades del país con un mayor número de contagios por tuberculosis, la tasa es de 75 por cada 100 mil habitantes. El hacinamiento, la desnutrición y el consumo de drogas son factores que favorecen la propagación de esta enfermedad.

Poblaciones especialmente vulnerables y propensas a la tuberculosis son los habitantes de calle y los usuarios de drogas como heroína y basuco, puesto que su sistema inmunológico es débil y suelen asociarse a otras enfermedades como el VIH/Sida. Son, además, las poblaciones que más van a sufrir durante el periodo de cuarentena, sin garantías de vivienda y alimentación.

“En Guadualito la gente nos cuenta que se han muerto personas de tuberculosis. Los vecinos han ido hasta la secretaría de salud pero no les ponen mucho cuidado” explica Angélica Jiménez, de la Coorporación Teméride. Guadualito es un barrio de Dosquebradas que se ha convertido en el principal expendio y sitio de consumo de heroína en el área metropolitana.

Guadualito también ha sido uno de los epicentros de programas de reducción del daño como la entrega gratuita de jeringas a los consumidores, que buscan precisamente evitar la transmisión del VIH y proteger la salud de los adictos. Este programa ha sido financiado a través del FONADE con recursos internacionales del Fondo de las Naciones Unidas para la prevención de la malaria, el VIH y la tuberculosis, sin embargo, durante todo el 2020 ha estado parado por trabas burocráticas “programa de atención este año no ha habido” explica Jiménez, “nosotros hemos estado repartiendo unos kits de jeringas que quedaron guardados del año pasado, pero lo hicimos a título individual, más como una labor humanitaria”. En años anteriores el foco ha sido la atención y prevención del VIH, no en la tuberculosis.

No obstante, la relación entre ambas enfermedades es clara: una cuarta parte de los casos reportados de tuberculosis son también VIH positivos. Eso explica por qué Pereira y su área metropolitana, que ya tienen un problema crónico de salud pública con el consumo de drogas inyectables, se sitúa también entre las ciudades con más alta prevalencia de tuberculosis.

“La secretaría de salud ha implementado estrategias positivas o afirmativas en prevención de nuevos contagios por tuberculosis” asegura Jhonatan Restrepo, un funcionario de la alcaldía de Pereira que antes ha trabajado en programas con población en riesgo de VIH como trabajadoras sexuales y usuarios de drogas. Según Restrepo, desde la administración municipal se han implantado tres acciones  que son “la detección oportuna, la educación permanente en cuanto a los mecanismos de transmisión la importancia de la adherencia a los tratamientos y la canalización de usuarios”. No obstante, Restrepo admite que frente a la actual coyuntura del COVID-19 los pacientes con tuberculosis serán especialmente vulnerables por su debilidad inmunológica.

La reflexión y el debate que ha suscitado la crisis actual del coronavirus debe servir para entablar un debate y un balance de los retos frente a la salud pública que no hemos afrontado correctamente como sociedad.

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