Los Campos Elíseos: cuando arde París es mejor irse a vivir al bosque

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“Es la calle más linda de Francia”, me ha dicho mi vecina de Bordeaux, refiriéndose a Los Campos Elíseos, dolida por los ataques que ha venido recibiendo esta avenida de Francia y del mundo, por cuenta del movimiento social auto denominado Gilets Jaunes o Chalecos Amarillos


 

Foto por Martha Alzate

 

Ella, como todos los franceses, exhibe un orgullo poco disimulado en relación a París y las maravillas que alberga.

Seguramente hubiera querido decir, “es la calle más linda del mundo”, pero se abstuvo, porque a la vez que orgullosos, los franceses son educados, y se relacionan con los extraños apelando al uso de fórmulas preconcebidas, manteniendo una firme distancia expectante.

 

Foto por Martha Alzate

 

Para franquear esta barrera se necesita del paso lento del tiempo, único medio para adquirir las suficientes certezas y entrar en intimidad.

Les Champs Èlyseés -que se conectan con el Museo del Louvre a través de los Jardines de las Tullerías y La Plaza de la Concordia-, se extienden hasta el Arco del Triunfo.

Allí tienen asiento las principales marcas del mundo occidental, expresiones tangibles del capitalismo internacional, y muy especialmente aquellas relacionadas con la muy rentable industria de la moda, cuyo epicentro vibra alternativamente en las ciudades de París, Londres, Milán y New York.

 

Foto por Martha Alzate

 

La capital de Francia es una ciudad elitista, que expulsa a quién no esté en posibilidades de pagar por ella, sometiendo a multitudes a condiciones de vida precarias. Son muchos los que estudian o trabajan en la capital francesa habitando pequeños espacios, demasiado estrechos para posibilitar calidad de vida a un ser humano.

Me contaba también mi vecina, que otros viajan de las regiones apartadas del país para beneficiarse de la oferta de empleos y mejores ingresos, permaneciendo en la capital de lunes a viernes, y usando como dormitorio los parques y bosques cercanos, en los cuales se instalan en sus carros casas, vehículos corrientes, o tiendas de campaña.

El espacio público se presenta como una alternativa a los costosos arrendamientos, una forma de ahorro que les permite regresar a sus familias, instaladas en provincia, con la mayor cantidad de dinero posible.

 

Foto por Martha Alzate

 

Es un fenómeno con diversos matices, que se ha dado a conocer al público a través de los reportajes realizados a las comunidades que regularmente ocupan estas reservas forestales, como el Bosque de Boulogne o el Bosque de Vincennes.

Acerca de este último, ubicado al oriente de la capital, en un reportaje publicado en el periódico francés Le Monde, el 1 de noviembre de 2016, que se titula “Dans le bois de Vincennes, les sans-abris que cache la forêt”, se puede leer el recuento de las condiciones de vida de unas 200 personas que estaban establecidas allí, para la época de esta reseña, de manera permanente.

En el mismo escrito, los “residentes” consultados dijeron sentirse mejor en medio de la espesura que en  un albergue temporal, que sería la otra alternativa, ya que rentar un inmueble no es una posibilidad. En todo caso, habitar el bosque es mejor que amanecer cada día sobre un andén. A ese respecto se puede leer en el mismo documento el testimonio de Lucas, de 24 años:

Es mejor que la calle. En París, uno es perseguido cada mañana al amanecer. Está reventando. Incluso ponen productos desinfectantes para evitar que regresemos.

Esta realidad da cuenta del fenómeno de una demanda inmobiliaria muy superior a la oferta, lo que ocasiona que los precios se incrementen cada vez más hasta hacer inalcanzables incluso los espacios precarios.

En esta locura de transacciones inmobiliarias exorbitantes, los Campos Elíseos no tienen parangón.

 

Foto por Martha Alzate

 

Según el artículo “Los Campos Elíseos, la avenida más cara de Europa”, publicado en el diario catalán La Vanguardia en septiembre de 2018, los precios de locales alcanzaban los 100.000 euros/m2 para la venta, y hasta los 23.000 euros/m2 en alquiler. Los valores más altos se cobran del lado par de la nomenclatura, costado soleado y preferido por los paseantes.

Así es el mundo de la especulación: asido a la máquina poderosa del capital que ha buscado asiento desde años atrás en esta zona.

Sin embargo, en los últimos tiempos el sector ha sufrido un cierto deterioro, con la aparición de la prostitución, las salas de juego y la inseguridad. Ello ha obligado a tomar medidas, como emprender recientemente la renovación de viejos establecimientos que habían venido quedando obsoletos o cuyo perfil comercial se vio disminuido frente a otros mejor posicionados como Apple o Nike.

Es tal el ansia por ocupar una plaza en este sector, que incluso se ha llegado a pagar costosas indemnizaciones para forzar la terminación unilateral de contratos pactados a largo plazo: tan oneroso es el canon que pagará el nuevo inquilino, que el propietario se puede dar el lujo de indemnizar a su viejo ocupante.

 

 

A pesar de las iniciativas renovadoras, la tendencia al deterioro está en riesgo de acentuarse, en razón a las protestas que asolan a Francia, y en especial a esta gran vía todos los sábados desde el pasado noviembre, y que aún hoy, 23 de febrero, no se detienen.

Es precisamente porque los Elíseos son un símbolo, que ellos han sido el escenario seleccionados por el movimiento de los Gilets Jaunes para llamar la atención del gobierno y de la ciudadanía del país en general.

Durante las manifestaciones, tanto el mobiliario urbano como los negocios se han visto atacados, principalmente aquellas marcas reconocibles y asociadas al capitalismo financiero internacional, al igual que los bancos: Starbucks o Publicis Drugstore, establecimientos bancarios y sus cajeros electrónicos, los objetivos preferidos, entre otros.

Múltiples destrozos y batallas campales libradas entre las fuerzas del orden y los que marchan: la nueva escena que amenaza con llevar al declive al vecindario de la elegancia y los altos precios, Los Elíseos. Una verdadera disputa entre el esplendor del sistema económico representado en sus productos de alto costo y sus vitrinas rutilantes y la modesta opacidad, ahora encolerizada, de los marginados.

 

Foto por Olivier Ortelpa

 

Unos 8.000 manifestantes se reunieron el pasado 24 de noviembre para desfilar por la avenida intentando alcanzar el Palacio del Elíseo, sede del gobierno. A su paso, iban retirando el adoquinado de las calles para disponer de elementos con los cuales enfrentarse a la policía, rompiendo vidrieras, saqueando almacenes, quemando vehículos, entre otras acciones vandálicas.

Y aunque muchos de los que protestan abogaron por el cese de la violencia, y denunciaron a los casseurs (los dañinos) como los responsables de los disturbios, en la actualidad y de acuerdo a cómo se han venido sucediendo los hechos, es prácticamente imposible separar una cosa de la otra.

En un reciente artículo de Le Parisien, publicado el pasado 10 de febrero (Acte 13 Gilets Jaunes: itinéraire d’un casseur dans les rues de Paris), se hace un recuento del perfil de estos individuos destructivos, señalando que ya se contabilizan en decenas de miles de euros los perjuicios ocasionados por sus acciones.

 

Foto por Olivier Ortelpa

 

Aunque los principales voceros del movimiento han denunciado estos hechos como infiltraciones que pretenden desacreditarlos, lo cierto es que, a partir del inicio de estas jornadas, todos los sábados Los Campos Elíseos arden.

Las pérdidas son incalculables, no solo debido a los destrozos, sino a los cierres obligados de los locales, y amenazan con echar por tierra los planes de renovación urbana y actualización de marcas emprendidos por la asociación de Les Champs Èlysés.

Jean-Noël Reinhardt, presidente del gremio que los agrupa, había denunciado ya en los medios de comunicación el pasado diciembre que las marchas de los gilets jaunes eran “catastróficas” para los comerciantes del centro de Paris, y anunciaba que las ventas en el sector se vendrían abajo, y regresarían a los tiempos de su más reciente y grave caída, ocurrida después de los atentados terroristas de Paris del 2015.

Sin que nadie pareciera haberlo previsto, se ha configurado un escenario en exceso complejo para “la calle más linda del mundo”, que se siente amenazada en su integridad y prosperidad, y que tiembla cada nuevo fin de semana, desde el pasado 17 de noviembre.


Galería de los Campos Elíseos y Arco del Triunfo

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