Razonamientos o “Paralogismos” urbanos

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Pereira… posee grandes problemas sociales e institucionales que repercuten en el espacio público, no podemos supeditar el desarrollo urbano y el futuro de nuestras ciudades, basados en un conocimiento limitado.


 

Un paralogismo es un argumento o razonamiento erróneo que se plantea sin mala intención. A diferencia de un sofisma, que pretende engañar, así finja parecer un razonamiento correcto, el paralogismo se debe a un error o una distorsión de razonamiento. En mis 20 años de experiencia, en proyectos de espacio público en la ciudad, he tenido la oportunidad de escuchar una amplia gama de lo que he querido denominar “Paralogismos Urbanos”; razonamientos como los que expondré a continuación:

“Si se amplían los andenes se van a llenar de vendedores”; “Para qué poner bancas, para que duerman los locos?”; “Es mejor no hacer fuentes, para que no se bañen los gamines”; “Para qué hacer más parques si se van a llenar de marihuaneros”; “Para qué están haciendo ciclorutas si casi no se usan”; “Los parques crean inseguridad”; “A quién se le ocurrió quitarle dos carriles a la Avenida 30 de Agosto para meter el Megabus?. La mayor parte del tiempo están vacíos”.

Por mencionar algunos razonamientos que infortunadamente se han vuelto populares.

 

Foto: La Cebra que Habla.

 

Si bien no se puede ocultar que Pereira, y Colombia en general, posee grandes problemas sociales e institucionales que repercuten en el espacio público, no podemos supeditar el desarrollo urbano y el futuro de nuestras ciudades, basados en un conocimiento limitado, una percepción inmediatista y una visión retrospectiva. Muchas ciudades del mundo están evolucionando, o tienen la intención de evolucionar, hacia un cambio de paradigma. Se ha tomado consciencia, por ejemplo, que las ciudades no pueden ser diseñadas en función de los vehículos particulares.

Cada vez recupera mayor protagonismo el peatón como el usuario natural y prioritario de la ciudad, que merece el mayor respeto. Así mismo cobran más importancia los sistemas de movilidad alternativos, de bajo impacto ambiental, como las bicicletas y el transporte público. Es necesario cambiar el chip, como se dice coloquialmente. Para empezar, es pertinente separar las ideas. Las fuentes, las bancas, los andenes, las ciclorutas o los propios parques, no representan un problema en sí mismos, a menos que tengan desaciertos de diseño. Estos elementos hacen parte esencial del espacio público; están diseñados para mejorar la calidad de vida de nuestras ciudades, la vida pública, esa que se desarrolla de puertas para afuera de nuestros hogares y conjuntos cerrados; la que es accesible y gratuita para todos los ciudadanos, hasta los más desposeídos.

Hay dos aspectos, complementarios al espacio público como infraestructura física, que se deben considerar: Administración y Apropiación. Respecto a la Administración, que incluye el control, es evidente la dificultad de la Alcaldía, como ente administrador, para regular todas las situaciones que se presentan en el espacio público. Temas como los vendedores informales, el estacionamiento no autorizado, la invasión de los andenes, la inseguridad o la falta de mantenimiento, hacen parte del desgaste diario de todos los ciudadanos, que crea un gran desprestigio del espacio público y una constante crítica a su regulación.

 

Foto: La Cebra que Habla.

 

Por otra parte está la Apropiación, que es esa voluntad, o si se prefiere conciencia, de los ciudadanos para usar de manera frecuente y educada el espacio público. En este sentido aparecen otras problemáticas como el vandalismo, el robo de elementos de mobiliario urbano o el desinterés en el espacio público producto del sedentarismo. Es importante entender que estos dos conceptos, Administración y Apropiación, están estrechamente ligados. Si un parque está diseñado de forma adecuada, es funcional y atractivo, se esperaría que sea utilizado y aprovechado con mucha frecuencia; esto generaría una fuerte presencia de ciudadanía en él, que de manera inmediata garantizaría una parte de la seguridad.

Un delincuente o un vándalo, no podrá actuar con libertad en un espacio que tenga una fuerte apropiación. Se genera un control social. Si bien esto es deseable e ideal, no exime a la Alcaldía de ejercer sus funciones de control y vigilancia. Bajo estas premisas es importante comprender que el éxito del espacio público termina siendo una acción conjunta: diseño adecuado y administración eficiente, por parte del Municipio, y, no menos importante, apropiación por parte de la comunidad.  Cuando se logre esta simbiosis entre Estado y ciudadanía, el resultado será altamente positivo y sobre todo sostenible.

Empecemos a cambiar estos Paralogismos Urbanos por razonamientos más constructivos y optimistas, asumiendo nuestra cuota de responsabilidad como usuarios del espacio público y gestores del futuro de nuestras ciudades.

 

Foto: La Cebra que Habla.

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