Siete intelectuales frente a un mundo en disolución, V de V

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Crisis y Crítica es un grupo de pensadores que desarrollan actividades en diversos campos de las ciencias humanas y desde diferentes lugares de América. Estamos publicando apartes de sus intervenciones en la Feria del Libro de Guadalajara 2019 a través de cinco entregas, ésta es la última publicación, al finalizar el texto encuentren un enlace a las anteriores.


 

 

LA BESTIA QUE SE DEVORA A SÍ MISMA

Continuando con las entregas sobre Crisis y Crítica, y el grupo de intelectuales reunidos por el escritor Eduardo Subirats bajo el nombre de Circuit Circus, presentamos ahora un ensayo escrito por Samuel Kruchin. Samuel es arquitecto, sus primeros trabajos datan de la década de los años ochenta del siglo anterior, y ha desarrollado diferentes proyectos de urbanismo y conservación arquitectónica; entre ellos recientemente una biblioteca para la Capobianco House en São Paulo.

 

 

Samuel Kruchin

 

En esta ocasión Samuel nos habla sobre la propuesta antropofágica de Oswald de Andrade, y su particular ser o no ser (Tupi, o no Tupi), y hace un recorrido por diferentes momentos del desarrollo de la intelectualidad brasileña en función de esta postura de la antropofagia, todo ello asociado a las etapas que ha ido siguiendo en este país la modernidad.

La conclusión nos deja enfrente a un escenario desconcertante, el de la autofagia. En este mundo contemporáneo de la sociedad del espectáculo y de la hiper individuación, la antropofagia se ha transformado en autofagia. No se trata ya de devorar al otro, ahora nos comportamos tal vez como aquella serpiente mitólogica, el ouroborus, ensimismados como estamos en la contemplación de nosotros mismos.

 

 (VI) 

AUTOFAGIA: DE LA DEVORACIÓN AL DELIRIO

Samuel Kruchin (São Paulo)

Manifiesto antropófago: una idea explosiva incendia la inteligencia moderna brasileña desde hace un siglo, la antropofagia. Un proyecto de emancipación, un legado crítico.

Antropófagos, siempre lo hemos sido, nueva la conciencia y el sentido: la deglución del otro, no de cualquier Otro, sino del que ejerce el poder de someter y establecerse como un lugar hegemónico, como también del que trae consigo un valor, un espíritu capaz de ganarse el mundo. Lo extraño que se entraña y se suma a nuestra propia fuerza, amplificándola.

 

Escena interpretada como canibalismo en el Códice Magliabechiano, folio 73r. El contenido de este códice, proveniente del siglo XVI, es fundamentalmente religioso, como se confirma con la deidad que acompaña a los participantes del ritual. WIKIPEDIA.

 

Cocinarlos, comerles la carne, conlleva una doble operación: incorporar la fuerza y alejarse de la sujeción en la constitución de una geografía interna, un reconocimiento, una identidad. Simultáneamente afirmación y negación.

“Tupi or not tupi, that is the question”. La paráfrasis de Oswald de Andrade presenta la cuestión de lo esencial, ser o no ser, refleja la encrucijada, la ruptura, la posibilidad de invención, de construirse como un proyecto. También indica la posibilidad del no ser, de permanecer sin forma. Por lo tanto, constituirse es producirse como una reinvención del otro, de las fuentes culturales de origen.

 

“Soy redondo… yo sé. Soy una redond-isla de las mujeres que besé. Por fallecer de amor, de las mujeres de mi-isla. Mi calavera reirá, pensando en la REDONDELA.” Oswald de Andrade, 1925. Gracias a Pablo Correa por esta intepretación en español.

 

De esta forma, utilizamos nuestras clavas para producir literatura, arquitectura, teatro y una arqueología de nuestra formación, lo que nos permitió reconocer al país desde el que derivase un proyecto. Y así se hizo.

Fundamos Brasilia con Lucio, Oscar, al sonido de Jobim y Villa Lobos ilustrados por Portinari en el “sertão” de Glauber Rocha.

Pero aún respirábamos los vapores del paraíso cuando las manzanas caídas indicaban años difíciles para una segunda modernidad, cuando se produjeron las desapariciones políticas, los disparos en los estadios se hicieron posibles y las aguas del Plata se llenaron de cuerpos arrojados desde aviones militares.

Las primeras huellas de otra devoración, otro canibalismo, comienzan a insinuarse.

 

Antropofagia (1929). Tarsila do Amaral.

 

Se instalan con las purgas de los intelectuales, los exilios políticos, el silenciar de la prensa, las canciones y lo que era la fuerza inventiva en el esqueleto de la cultura se fragmenta por la imposición de una fuerza represiva heredera de un positivismo tecno-militar, devoradora de la condición esencial de la invención en el ejercicio de la cisión y el miedo como una traducción del conflicto político intrínseco a la pregunta antropofágica: “¿Tupi or not Tupi?”

Instalación de un vacío universal dentro del cual no se avistan salidas, solo disolución, ruptura de una crítica orgánica a una totalidad histórica, ruptura entre la reinvención de la cultura y su poder político.

Un nuevo movimiento contamina la inteligencia contemporánea: la autofagia.

Disolución letárgica de sí mismo. Impotencia crítica. Muerte de la invención.

En medio de todo esto, el Oswaldiano Teatro Oficina de Zé Celso, el Tropicalismo de Caetano Veloso, relanzan en los años 60 la pregunta antropofágica en medio de una diferencia fundamental: ya no se trataba de construir una singularidad, sino de afirmarla frente al silencio, el vacío, la ausencia del destino.

 

Cartel publicitario de la exposición celebrada en MAM-RJ sobre el movimiento cultural Tropicália.

 

La antropofagia ahora se presentaba como resistencia, no como propuesta. Como un reconocimiento de sí mismo, no en el sentido de una revolución estética política, sino en un sentido más grave, en oposición al Otro inserido dentro de uno mismo. Al diluir su dimensión política, había perdido la cohesión y la fuerza de identidad y advertía la tensión irreconciliable en respuesta a la pregunta bipartita inaugural, “Tupi or not Tupi”: disolución y vacío, punto cero de nuestra autofagia.

Cocinamos la gallina de los huevos de oro.

Un escenario desertificado que atrae para sí mismo los fragmentos dispersos, residuos de inteligencia para convertirlos en masas oscuras, sin forma y sin crítica. El legado antropofágico crítico reemplaza un universo sin sustancia, sin voracidad para la deglución, para la constitución del espíritu.

Se explicita una dialéctica de la devoración.

Armando y desarmando, libertando y confinando los impulsos, concentrando y disolviendo las fuerzas activas de la cultura como producción original en el contexto de las marcas de una ideología política entendida como una amenaza a toda la tiranía.

Tal movimiento autofágico era apenas identificable como un proceso subyacente a las promesas paradisíacas impulsadas en nuevas metrópolis y los sistemas aún primarios de integración tecnológica a través de la televisión, ahora amplificados en centros digitales de control global. Se trataba de un espacio donde todas las matrices históricas de la cultura, incluida la antropofagia, parecían adormecerse para siempre bajo los placeres imaginarios del futuro.

 

Fiesta canibal Tupinamba

 

Este es el espacio de un tercer movimiento de la modernidad: a la autofagia se le sumaba el letargo, la ausencia de movimiento, la parálisis absoluta, la impotencia.

Así, presenciamos el gran incendio del Museo Nacional, los 60.000 asesinatos anuales, la degradación del Amazonas, el vaciamiento de los mares, los residuos urbanos habitados.

Es emblemático: los Cantos originales de Villa Lobos, realizados sobre los primeros audios de música ritual indígena ardieron con el Museo.

Tupi o no tupi es un diálogo inerte consigo mismo.

Estamos inmersos en un irracionalismo regresivo de irrupciones políticas prehistóricas, un resurgimiento de la predicación religiosa, una moral ancestral, un mesianismo acompañado de la impotencia crítica de los sectores más lúcidos de la sociedad, acompañado de una audiencia letárgica que solo observa el movimiento bajo el asombro indescriptible de lo patético, no se mueve, no se hace oír para enfrentar el oscurantismo e irracionalismo en el que se basan todos los fascismos.

No estamos ante un proyecto, estamos ante el futuro como virtualidad y delirio.

Este es el reino de Tupinambá, la tercera etapa antropofágica donde no se plantea la deglución del otro como fuente o resistencia emancipadora, sino la de sí misma como autofagia, la parálisis como instancia de impotencia y vacío y, por último, la universalización política de lo patético, la risa burlesca ante la banal imponderabilidad del mundo y de las formas acabadas de su teatro de lo absurdo.


La primera parte de estas entregas consúltala haciendo clic aquí

Segunda entrega clic aquí

Tercera entrega clic aquí

Cuarta entrega clic aquí

 


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