Toulouse y Gardel: el día que me quieras

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“El día que me quieras
La rosa que engalana
Se vestirá de fiesta
Con su mejor color”
Gardel- Le Pera


 

He señalado anteriormente que los franceses consideran a Toulouse como una villa española, y es verdad que estos aires pueden sentirse con mucha fuerza en su plaza central, La Plaza del Capitolio, la cual recuerda a La Plaza Mayor de Madrid.

 

El edificio del Capitolio es la sede del ayuntamiento de Toulouse. Su construcción fue iniciada en 1190 con el objetivo de establecer una sede para el poder municipal y legislativo. Foto por Martha Alzate

 

Los edificios de baja altura, alineados contra los lados de este rectángulo, con sus comercios que se vierten hacia el centro del espacio, algunos de los cuales trascurren bajo arcadas características, y los colores rojizos del ladrillo, le dan un tono peculiar a este espacio público que refuerza el aspecto ibérico de la urbe.

En uno de estos pasajes, caminando debajo de sus grandes arcos, es posible contemplar una serie de pinturas de personajes, hechos históricos y ciertos acontecimientos relacionados con la ciudad, que fueron dibujados allí en los años noventa del siglo anterior por el pintor francés Raymond Moretti.

 

Pasaje de Toulouse. Foto por Martha Alzate

 

Entre las diferentes figuras se puede apreciar una muy particular, una que representa a Carlos Gardel.

El retrato del cantante porteño puesto en aquel emplazamiento es otra muestra de las idas y vueltas de la historia de la humanidad. Su avistamiento abre la inquietud al paseante quien, curioso, queda obligado a indagar sobre su posible relación con la villa tolosana.

 

Retrato de Gardel en uno de los pasajes de Toulouse. Foto por Martha Alzate

 

La duda así instaurada deriva en una pesquisa, y logra su recompensa con el descubrimiento de otra controversia regional, esta vez allende los océanos, en la que los involucrados se disputan el sitio de nacimiento del zorzal criollo.

Dicha diferencia, que se encuentra activa actualmente, se presenta entre las poblaciones de Toulouse, Francia, y Tacuarembó en Uruguay.

Para los uruguayos, Gardel nació en su suelo en algún momento entre los años 1883 y 1887.

Contrarios a la creencia de los suramericanos, los tolosanos están convencidos de que el intérprete más famoso del tango vio las primeras luces en su ciudad en el año de 1890.

 

Cuentan, que quien luego se convertiría en Carlos Gardel, había nacido en el Hospital de Saint Joseph de la Grave, yendo a vivir a la calle Du Canon d’Arcole llevado por su madre Marie Berthe Gardes, cuando ella fuera dada de alta. Foto por Martha Alzate

 

Pero, ¿de dónde procede esta polémica? El hecho que atiza las dudas acerca del lugar de origen del cantante, es la procedencia de su madre, Bertha Gardés, nacida en Toulouse en 1865. El debate se ha centrado en intentar esclarecer si Carlos Gardel es el mismo Charles Romuald Gardés, nacido en Toulouse en 1890 según los registros del Hospicio Saint Joseph de la Grave.

No obstante la dificultad de demostrar con certidumbre si Gardel es o no oriundo de la ciudad, la villa Rosa lo acogió como su hijo, y el año anterior el alcalde inauguró una estatua en su honor.

A un costado de los jardines de Compans Caffarelli puede verse la talla, obra del escultor francés Sébastian Langloÿs.

 

La escultura es una obra del artista local Sébastien Langloÿs y fue realizada gracias a donaciones de fanáticos del cantante. Fue inaugurada el 30 de junio de 2018. Foto por Martha Alzate

 

Vestido de traje, sosteniendo en una mano su tradicional sombrero, la figura extiende un brazo y sobre la palma abierta porta una pareja miniatura en pretendida actitud de baile, es decir, que los pequeños danzantes sobre su mano simulan moverse al ritmo de los acordes de este género musical.

Una melodía imaginaria anima la escena, en apariencia distante a los parajes franceses, aunque cabe recordar que la canción porteña hizo las delicias de quienes frecuentaban los salones de baile parisinos, en los tiempos en que la fama de Gardel iniciaba ya su ascenso irreversible.

 

La escultura de 1,90 metros de alto, tiene un intersticio, que dejó el artista, entre los dedos de la mano que sostienen el sombrero para que la gente pueda colocar un cigarrillo, un homenaje a la tradición que acompaña la estatua del cantante en el Cementerio de la Chacarita. Foto por Martha Alzate

 

Por todas estas razones, en Toulouse es posible encontrar un rastro bien nutrido del cantor de tangos, que incluye una placa plantada en la fachada de la pretendida casa natal ubicada en el número 4 de la rue du Canon d’Arcole.

Como corresponde a todo culto, a él se dedican con fervor muchos tolosanos, cuya profesión de fe discurre a lo largo y ancho de este territorio, y de manera privilegiada la ejercen congregados en L’Association Carlos Gardel Toulouse.

Sorprendentemente, este descubrimiento viene a unir a la villa de Tolosa con otra urbe, extraña al entorno europeo y remota geográficamente, Medellín, en donde por razones de su trágico fallecimiento en un accidente aéreo, ocurrido en la ciudad colombiana el 24 de junio de 1935, se propició también el desarrollo de un fuerte sentimiento de veneración a la personalidad y trayectoria de este cantor, incluso llegando a considerarlo, igualmente, como natural de estas tierras.

 

Gardel, el mayor representante del tango, murió en un accidente aéreo el 24 de junio de 1935 en Medellín, luego de que la aeronave en la que viajaba con miembros de su orquesta se estrellara durante las maniobras de despegue en el aeropuerto de Las Playas. Foto por Martha Alzate

 

Esta devoción en Medellín cuenta con múltiples manifestaciones, entre ellas, otra morada, La Casa Gardeliana, y hasta su propia estatua situada en el Barrio Manrique de esta capital.

Tal vez, el hallazgo derivado de esta visita a Toulouse no consista precisamente en conocer que muchos se disputan haber sido el lugar de su nacimiento, o en comprobar que aún hoy siguen abiertas las incógnitas que rodearon la muerte y el posterior traslado de su cadáver hacia el puerto de Buenaventura en Colombia, para ser repatriado por mar a la Argentina –acerca de estos hechos existen una novela y una película colombianas-.

Lo realmente llamativo resultaría comprobar que “El Morocho” sigue alentando fervores, aquí y allá, y que su gloria, atizada por las circunstancias de su trágica desaparición, palpita con fuerza tanto en el viejo como en el nuevo continente.

 

 

 

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