La ventana: Un recuerdo de libertad

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Los estudiantes del profesor Franklin Molano Gaona pasaron de la entrevista a la ficción. Este es el segundo relato de cinco que publicaremos bajo el nombre La ventana, resultado de su trabajo académico durante la cuarentena.

“Hay quietud. Al parecer en cuarentena nada se mueve y el encierro agudiza el estar quietos. Una opción, asomarse a la ventana y así, con los ojos puestos hacia afuera, los estudiantes de Redacción del programa de Comunicación Audiovisual y Digital de la Fundación Universitaria del Área Andina, relataron lo que veían, contaban lo que sentían, escribían lo que escuchaban, hasta obtener estos textos para el deleite del lector.”

Franklin Molano

Valeria Luna Ramírez:

Me sentía agobiada, quería salir de mi casa lo más pronto posible, volver a sentir el aire puro, quería ver a mis abuelos, ir a su casa y pasar el día con ellos, escuchar las locas historias de mi abuelo, oír las absurdas bromas de mi abuela referentes a lo que según ella era mi inexistente nariz, pero no podía. Hacerlo traía consigo ciertas consecuencias tanto para mí como para ellos, así que lo mejor era quedarme aquí, extrañándolos y conociendo lo que es el aburrimiento, en todo sentido de la palabra.

Dudas como ¿cuándo acabará esta tortura?, o ¿cuándo podré salir? rondaban por mi mente, mientras estaba acostada en mi cama viendo el techo. Mis pensamientos se vieron interrumpidos por unos ladridos, los cuales ahora centraban toda mi atención.

Así que se me ocurrió que sería una buena idea ir y ver a través de la ventana, pues no encontraba algo qué hacer; pensé que tal vez ayudaría quedarme unos minutos allí tratando de hacer más ameno este horrible encierro, aunque también existía esa pequeña posibilidad de que ocurriera todo lo contrarío y solo empeorara mi situación.

Me levanté de la cama, y me dirigí a la ventana, podía ver desde allí, uno que otro bus o auto pasando por la calle, y el viejo parque. Una suave brisa contra mi rostro me hizo sentir un poco más relajada, llevándose mi frustración y ansiedad, y trayendo consigo recuerdos de cuando era pequeña. Aún podía escuchar a esos viejos amigos, llamándonos a mi hermano y a mí, para que saliéramos a jugar hasta altas horas de la noche, corriendo de un lado a otro por ese parque, disfrutando de lo que antes era un castillo, una fortaleza, o cualquier cosa que nuestra infantil imaginación quisiera que fuese. Darme cuenta de lo que era en la actualidad, rompió un poco mi corazón, ver ese espacio donde antes había un columpio rojo que siempre rechinaba al balancearse, lo que solía ser un tobogán amarillo y esa enorme estructura que lo conectaba todo, ahora no eran más que trozos de madera podrida cayéndose día tras día.

La nostalgia me invadió haciéndome lamentar no haber aprovechado el tiempo, tampoco pude evitar esa sensación de querer volver en el tiempo y ser esa niña despreocupada, ajena al mundo, gozando de una enorme imaginación, ser feliz una vez más, quería volver a ser yo.

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