El verde más que un color II

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Verde

 


¿Qué  posibilidad tienen los pereiranos  para  recorrer su ciudad peatonalmente?  Me di cuenta que son pocas o nulas las opciones de hacer estos recorridos por paseos agradables, descontaminados o con una sensación de disfrute, y no de lucha con el tránsito exasperante de los vehículos y el sonido estridentes de los pitos. 


El recorrer, es la acción básica de reconocimiento de nuestro entorno, llámese ciudad o campo. Es así como llenamos de significado el territorio que nos rodea. Con base en dicha acción,  los arquitectos y urbanistas nos han trazado formas de vivir la ciudad, ya sea bajo la concepción de corredores o cinturones.

En inicio han tratado de dejar un intersticio en que la naturaleza entre, o mejor, permanezca presente en los espacios urbanos, y por ello, estos lugares se vuelven a señalar en las tonalidades verdes de los planificadores.

Pero en realidad lo que se traza desde la fría mesa de dibujo es el lugar en que la heterogénea mezcla de especies animales y  vegetales es posible; por ello se prefiere las zonas aledañas a los ríos como  los corredores ambientales por excelencia: el Otún y el Consota que circundan, “limitan” y separan lo urbano y lo rural de Pereira, han sido designados como tal.    

 

Río Otún 

Pero resulta que no hemos tomado en cuenta que dentro de las especies, los humanos, en su papel de ciudadanos y en su experiencia de recorrido, fijan valores territoriales y usos que pueden contribuir a que los corredores no sean un simple color en el mapa del municipio.

Es decir, que esos espacios no se vean como los que limitan el crecimiento de la ciudad o como los que separan lo construido del campo, sino como un lugar donde nuestras vivencias pueden ser placenteras.

 

Vereda La Cima, Dosquebradas. / Teatro en el Campo / Fotografía Jess Ar
                               Vereda La Cima, Dosquebradas. / Teatro en el Campo / Fotografía Jess Ar

 

En julio de 2017, Nature Journal publicó “Large-scale physical activity data reveal worldwide activity inequality” que algunos diarios nacionales recogieron como los recorridos peatonales que los ciudadanos de las grandes ciudades daban en promedio.

Aunque la investigación está fundada bajo un análisis de la actividad física frente a la amenaza que representa el sobrepeso actualmente, para mí fue la oportunidad para interrogarme acerca de la posibilidad dada a las personas para recorrer su ciudad peatonalmente.

Me pregunté cómo podía llegar a mi trabajo, a la universidad, a los teatros o a los hospitales sin usar medios de locomoción, lo hice con varias ciudades donde transcurre mi vida, pero en especial para Pereira y mi experiencia en ella.

 Fotografía Jess Ar

 

Y me di cuenta que son pocas o nulas las opciones de hacer estos recorridos por paseos agradables, descontaminados o con una sensación de disfrute y no de lucha con el tránsito exasperante de los vehículos y el sonido estridentes de los pitos. 

Al ver la poca oferta de espacios centrales para los recorridos peatonales amenos, decidí irme a los corredores ambientales del Otún y del Consota para realizarlos , y me percaté que estos espacios – como están concebidos – no contemplan recorridos urbanos para los ciudadanos, son más bien un espacio para la naturaleza indómita que no han sido apropiados ni acondicionados.

Es imposible recorrer la bellísima quebrada La Dulcera, Boston, o tan siquiera el recuerdo de Egoyá a través del espacio urbano. Aunque hay que reconocer los esfuerzos en propiciar el encuentro con el río Otún desde Pimpollo hasta la vereda La Florida.

La Florida / Fotografía: Jorge Henán Arcila 

 

Con todo esto llegamos a la segunda conclusión del que el verde es más que un color, porque en este caso me hace posible la conexión peatonal de espacios urbanos, lo cual puede contribuir al bienestar físico de los ciudadanos y a  la mitigación del cambio climático a partir del bajo  consumo  de combustibles en la movilidad urbana. Y  además contar con espacios que me permitan hacer de manera placentera los recorridos peatonales entre las zonas de uso masivo de la ciudad o entre los barrios residenciales.

 

 

 

Fuente: Tim Althoff, Rok Sosič, Jennifer L. Hicks, Abby C. King, Scott L. Delp & Jure Leskovec. Stanford University. 2017.

 

También, y como referencia a la salud física, son conclusiones sacadas a la ligera calificar a los habitantes de las ciudades como perezosos o adictos al automóvil cuando se les proporcionan tan pocas posibilidades de desplazamientos peatonales divertidos e interesantes.

Así como pensar que en Colombia se puede incentivar un mayor uso de medios peatonales o alternativos de transporte (bicicletas, monociclo, entre otros), eludiendo el desafío de pensar nuestras ciudades en balance desde las vías clásicas carreteables y los corredores ambientales para todas las especies, incluido el hombre.

Vía Activa / Fotografía Jess Ar
                                                                                      Vía Activa / Fotografía Jess Ar

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