De vuelta al camino en 2019: cosas de romanos

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En el escrito de hoy, quisiera recordar una ciudad majestuosa, elevada a orillas del gran río europeo, el Rin.


 

El año anterior leyeron mis notas que daban cuenta del recorrido que hice el pasado verano por algunas ciudades de Suiza y Alemania.

En estos escritos estuve muy concentrada en la intención de darle un contexto a mi experiencia; quise indagar por las cuestiones históricas o urbanísticas, entre otros aspectos, para proporcionar un marco más amplio de comprensión sobre los lugares visitados.

Así, recorrí con ustedes el orden y la belleza incomparable de ciudades como Ginebra, Berna y Zúrich, en Suiza; también el dinamismo y el protagonismo histórico de ciudades como Múnich y Berlín.

Río Aar en Berna, Suiza. Foto por Martha Alzate. Clic en la imagen para leer hoja de viaje de Berna.
Gran Hotel Dolder, Zurich. Foto por Martha Alzate. Clic en la imagen para leer hoja de viaje.
Lago en Ginebra. Foto por Martha Alzate. Clic en la imagen para leer hoja de viaje de Ginebra.

Llegó el fin de año, y me fue obligado hacer una pausa, primero para dar cuenta, en el último de mis escritos del 2018, de la protesta social que mantiene en una azarosa inestabilidad a Francia, país en donde actualmente resido.

Todo plazo tiene su fin, han pasado ya las vacaciones. Empezamos un nuevo año, y los invito a acompañarme nuevamente en el recorrido por algunas de las ciudades más importantes de Europa, destinos que he tenido la fortuna de conocer durante mi estancia en este continente. Asimismo, los invito a hacer parte del viaje enviándome sus comentarios y observaciones a estas notas de viaje.

En el escrito de hoy, quisiera recordar una ciudad majestuosa, elevada a orillas del gran río europeo, el Rin.  Un antiguo enclave romano que obtuvo de ese imperio importantes concesiones por haber nacido en su territorio la emperatriz Agripina, esposa del emperador Claudio, y madre de Nerón, razón por la cual, además, esta ciudad en una época llevó su nombre: Ara Agrippinensium.

 

Río Rin. Foto por Martha Alzate

 

Se trata de Colonia, en alemán Köln, fundada en el año 38 a de C.

Para animar mi narración, recorro las fotografías que tomé en aquellos días cálidos, y no puedo reprimir un suspiro.

Además de su riqueza histórica, que puede contemplarse bien en el Museo Romano-Germánico, en el cual pueden observarse muchísimas piezas de cerámica que proceden de excavaciones y pertenecen al período de Colonia Claudia Ara Agrippinensium.

Es una urbe llena de belleza y encanto, el cual puede percibirse simplemente deambulando en un paseo tranquilo por sus calles, desde las más antiguas cargadas de historia, hasta los nuevos vecindarios construidos alrededor de un robusto urbanismo.

 

Calle de Colonia. Foto por Martha Alzate

 

Empecemos por el Museo. En él se exhibe el mosaico de Dionisio, que hace parte del yacimiento arqueológico donde hoy se elevan sus instalaciones, y que procede de los años 220 a 230.

Igualmente, puede observarse allí un altar, se trata de la tumba de Publicio, que fue reconstruida y que se expone actualmente en este recinto.

Recorriéndolo, pude además enterarme de algo que no tenía presente y que constituyó una novedad: el manejo de los romanos sobre la técnica de la producción de vidrio. Una larga colección de hermosos jarrones, copas, vasijas, todas plenas de traslúcida y centelleante belleza, que nos obsequian, además de sus diferentes colores, diversidad de acabados y decorados.

Largas secciones de estantes que albergan estas maravillas se me antojaron una muestra sobresaliente, además de una prueba de cómo las grandes culturas llegaron a esforzarse por incluir sus ambiciones estéticas, aún en los objetos de uso cotidiano.

Colonia tiene, además, como es ampliamente conocido, una catedral magnífica, que ostentó la gloria de ser el edificio más alto de Europa hasta finales del siglo XIX: la Kölner Dom.

Con sus 157 metros de altura, es la estampa más visible y el mayor tesoro de la ciudad.

Su construcción inició en el siglo XI, y finalizó en el  XIX, lo que la convierte en una suerte de proeza, similar a la que se afronta actualmente con diversas obras inconclusas del arquitecto catalán Antoni Gaudí. Entre ellas tal vez la más destacada la iglesia de La Sagrada Familia en Barcelona.

 

La Kölner Dom, Catedral de Colonia. Foto por Martha Alzate

 

Pero, alejémonos un poco de los monumentos más concurridos por los turistas, e intentemos recordar juntos cómo vieron mis ojos aquella ciudad el pasado verano.

El aspecto más relevante, a mi juicio, es el río, que la constituye y la define como el Garona a Bordeaux, o el Sena a Paris, poderosa fuente hídrica a cuyas orillas se desarrolló el incipiente poblado, convirtiéndose con el pasar de los años en una ciudad, protagonista en la formación y consolidación de la cultura occidental.

De él deriva su verdadera importancia, pues ha sido el intercambio comercial que ha fluido por sus aguas, el que le ha permitido forjarse a través de los siglos un lugar destacado en la economía, no solo de Alemania sino de toda Europa.

 

Río Rin. Foto por Martha Alzate

 

Por ejemplo, en la Edad Media llegó a ser la ciudad más importante de Alemania, debido al derecho de emporio que le permitió ser el centro del comercio entre los países bajos y el centro del país germano.

Y hoy día, aunque ha dejado de ser un destino para los grandes buques, debido a la construcción de numerosos puentes que impiden la navegabilidad en sus cercanías, y de haber abandonado en parte su vocación industrial, se ha posicionado como un centro mundial para las comunicaciones, proporcionando llamativas ventajas competitivas que han propiciado el establecimiento masivo de empresas relacionadas con el mundo digital.

Un paseo por el sendero peatonal que rodea sus orillas, y que hace parte de un espacio público de dimensiones importantes, constituye el punto de relación entre lo sólido del terreno y el líquido de sus corrientes. Mientras lo recorro, puedo contemplar al fondo la estampa de las dos torres de “su dama”, la catedral, imagen inolvidable que imprime una identidad peculiar a todo el conjunto.

 

El Rin. Al fondo sobresales los chapiteles de la Catedral Kölner Dom. Foto por Martha Alzate

 

Köln fue para mí, el verano que pasó, un argumento más en la conformación de la idea de la gran trascendencia que tiene el rescate y el privilegio de las fuentes hídricas en el desarrollo urbanístico, económico, y social de cualquier ciudad del mundo. 

Un aprendizaje que aún no incorporamos en nuestros países, demasiado tropicales, tal vez, en cuyos parajes la abundancia de agua apenas si se compadece con el abandono del que hemos hecho objeto a nuestros principales cuerpos de agua.

Ver galería de fotos de Colonia



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