De ateísmo y otra sales minerales

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Es sabido, como dijo Marguerite Yourcenar, que siempre es peligroso detentar con exclusividad una verdad, un dios, o una ausencia de dios.


 

Estuve el pasado fin de semana en el evento “Filosofía del ateísmo”. Una charla donde se leyeron páginas escogidas del libro “Dios no existe” del escritor Christopher Hitchens y que se realizó por medio de la asociación Ateos del Eje en el Uno Hotle Gastro Bar.

Es increíble el interés que suscita una reunión de este tipo. Aunque sorprende más, el hecho, de que ninguno tuviera el aspecto turbio, fanático, libertino, o pesimista, que se piensa encontrar en la gente que va a un evento así.  En realidad los asistentes eran  jóvenes de corte universitario, adultos, pienso, jubilados, y jovencitas que asistieron con sus parejas y estaban atentas como escolares en su primer día de clases.

Los organizadores, como es lógico, se apostaron en la parte delantera y hablaban entre ellos. ¿Sobre qué? Seguro no de Dios, pero sí de su conferenciante estrella, que al llegar se acomodó en la plataforma, donde igual que un púlpito cristiano, había una mesa encima de la tarima del lugar y una botella, no con agua, sino suero oral para hidratarse.

El hombre, sin duda, era el exsacerdote José Carlos Molina, hombre respetado dentro de la comunidad atea por haber apostatado de su fe y ser una eminencia académica al enseñar en 7 universidades. Su rostro reflejaba, especialmente en sus ojos, la tragedia de haber perdida la santidad, (o el haber caído de la gracia, lo cual es el equivalente). Un aspecto que detallé, y que solo pude equiparar a la mirada de una mujer cuando ha conocido la carnalidad por primera vez.

No asistí a ese evento por casualidad, porque para los ateos no parece existir el azar. Las redes sociales hicieron lo suyo y así llegué antes de la hora programada, 3:00 p.m, pero ya los puestos estaban en su mayoría ocupados por los asistentes, interesados y curiosos. Busqué un lugar, mientras escuchaba al presentador hablar de Christopher Hitchens como si de una autoridad en el ateísmo se tratara.

 

Fotografía tomada por: Diego Firmiano.

 

Ahí sentado, en la ágora del Uno Hotel Gastro Bar (Cra 9 Nº 16-22), un sábado lluvioso, y cuya luz mortecina del salón me ayudaba a permanecer reservado, me preguntaba si acaso el conferenciante, José Carlos Molina Hurtado, el exsacerdote que colgó sus hábitos para descreer, se tomaría la molestia de leer “Hitch-22”, “Cartas a un joven disidente” o “Inmortalidad” del mismo autor, quien como un “canto de cisne” parece haber cambiado de creencias a último momento igual que Jean Paul Sartre, igual que el conde Tolstói, igual que C.S Lewis y otros.

Bueno, eso me cuestionaba ahí sentado porque decir aquello a toda voz en una reunión de esas es un suicidio epistemológico y los tiempos de morir en el templo, como los profetas, ya pasaron. Me relajé mientras tomaba nota y, sí, y ¿qué más podía hacer? estaba en un nido de ateos y había que estar allí con prudencia y por ello postergué mis preguntas para al final.

Así fue como uno joven entusiasta antes de comenzar la conferencia ironizó: ¡hermanos! hagamos una oración para comenzar. Tomémonos de las manos. Y un silencio eterno llenó el aire, una solemnidad solo semejante a un funeral de domingo que preparó la atmósfera para el inicio de la charla.

En esto del ateísmo hay que meterse de lleno en el cuento. 24 horas al día, porque hay varios tipos de ateísmo. Rezumaba el orador, para continuar explicando qué tipos de no-creencia existían. Ateísmo emocional, Ateísmo escéptico, “Agnosticismo y la corriente con la cual, a voz unánime, se identificaban los que estaban ahí: “Ateísmo materialista”.

Una corriente que, a mi parecer, se perdió en el laberinto del sofisma: Dios no es material, luego no existe (Sic) la contradicción de:  Las ideas existen sin la materia,   pensamiento que los acerca más a Platón que a Bakunin, por ejemplo.  Y el    ¿Dios existe?, no, existe la idea de Dios.   Fenomenología en estado puro.

 

Fotografía tomada por: Diego Firmiano

 

Hubiese sido más interesante, y con más autoridad, el haber desglosado al atomista Demócrito, al poeta Lucrecio, o al filósofo Karl Marx, pero dejaron en claro que si las religiones parten de la adoración de  “Un libro” (judíos: Toráh; musulmanes: Corán; y católicos: La Biblia), ellos eran el pueblo de los libros. Así que se citaron obras de un lado para otro, autores, ideas dispersas, y por eso en el mismo juego literario y como parte de una altura de ideas, quise compartir una reflexión al respecto.

Es sabido, como dijo Marguerite Yourcenar, que siempre es peligroso detentar con exclusividad una verdad, un dios, o una ausencia de dios. Pensamiento que fue un “¡Eureka!” porque en esa mencionada charla no paraban de citar a Friedrich Nietzsche, Michael Onfray, Emma Goldman, Mijaíl Bakunin, Antonio Vélez y otros con la intención de hacerlos decir con sus  libros, teorías, dogmas filosóficos, resentimientos existenciales y argumentos, que Dios no existe.

Julian Marías, en su obra “El problema de la libertad intelectual” acusó:

“De la renuncia de los intelectuales a tratar pulcra y rigurosamente las cuestiones delicadas viene el que las manoseen y palpen toscamente otros dedos torpes, utilitarios, apresurados, violentos o aviesos”.

Y ahí es donde se vienen a la mente términos como “Libre Pensamiento”, “Libertad”, “Autonomía”, y otras categorías más, kantianas y románticas, tan eufemísticamente manipulados.

 

Christopher Eric Hitchens (Portsmouth, Reino Unido, 13 de abril de 1949 – Houston, Texas, EE. UU., 15 de diciembre de 2011)1​2​ fue un escritor, periodista, ensayista, orador, crítico literario y polemista angloestadounidense. Fotografía extraída de: Macleans.

 

Ernest Hemingway también puso su cuota (y esperemos que no estuviera ebrio) al decir que:

Todos los hombres que piensan son ateos”.

Una máxima, que parece apócrifa, especialmente dictada por el escritor que lo entendió todo al revés, aunque no todo, lo cual es un gran alivio, pues aquel pensamiento voltariano de que la verdadera religión consistía en hacer fortuna, lo llevó a casarse, sin pensarlo mucho, con Pauline Pfeiffer, una católica acaudalada.

Pero hay que dejar al viejo quieto, aunque los ateos lo reclamen para sí como un autor de culto dentro de sus filas, lo que ya es de por sí una tontería. Y mucha más tontería cuando se conoce que el autor del “Viejo y el mar” rezaba para tener erecciones.

Que la verdad sea dicha, Christopher Hitchens, del cual hablaron sin parar en el evento “Filosofía del Ateísmo”, y de quien he leído y escrito sobre sus obras, fue un ateo mediático cuyas ideas tambalearon al final de su vida. Asunto no esclarecido y ocultado por sus seguidores, con la misma intención que Simone de Beauvoir, calló la declaración teísta de Jean Paul Sartre antes de morir.

Al final, en ese evento promovido por los Ateos del Eje (antes Asociación Ateístas de Pereira), subió al estrado el peruano Ricardo Alonso Zavala que promocionó dos libros, al mejor estilo de un vendedor de biblias: “Cristianismo: la estafa más grande” y “Jesús nunca existió”.  Y se cerró el protocolo con autógrafos de Víctor Escobar Navarro, un ateo de viejo cuño que ha impreso libros como “Homo Genuflexus” y “Santa Atea de Calcuta” y que no resiste un debate de ideas coherente.

Antes de salir pude notar que un hombre, aparentemente cristiano, se acercó a esas “autoridades” en la “no-creencia” solicitando una asesoría sobre cómo disipar sus dudas en materia de religión, pero salió más aturdido, que cuando entro al evento ese día sábado.

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