El barrio del puente alto y del río ancho, que se mantiene entre recuerdos y anhelos.

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Algunas de las familias fundadoras se han mudado, vendieron después que el barrio, paradójicamente, en vez de subir de estrato, bajó. A pesar de los cambios aún puede considerarse una belleza ecológica y urbana, ya que contiene un amplio parque para la actividad deportiva y zonas verdes bien podadas y mantenidas.


 

Fotografías: Diego Val

 

 

 

El barrio Alcázares antes era el puente entre Pereira y Dosquebradas, paso obligado para ir de un municipio a otro. Después de construir el viaducto “Cesar Gaviria Trujillo”, que a propósito cumple 20 años de fundado en la ciudad, el barrio cambió paulatinamente, ese mismo que ha sido llamado popularmente Bavaria.

Cambió, y no precisamente para festejar por esos grandes arcos que sostienen una calzada que descongestionó de alguna forma la ciudad. La fábrica de cerveza que funcionó muchos años en el lugar, responsable de ese otro nombre del barrio, fue reemplazada por una de esas grandes superficies que de un tiempo para acá han llegado a Pereira con bastante paso acelerado.

 

 

Los primeros habitantes del barrio Alcázares recibieron sus primeros terrenos de casi 472 mts2 por medio de Telecom, la empresa de telecomunicaciones ahora extinta, y por el Instituto de Crédito Territorial (Inscredial). Y algunas otras fueron financiadas por Bavaria, la empresa que tenía muchos de sus trabajadores viviendo en el sector.

 

 

Era un lugar lleno de promesas, porque el río que queda al margen le daba mucha belleza al sector por su utilidad y su imponente anchura. Belleza que muchos moradores en agradecimiento ahora conservan: una piedra, sea el tamaño que sea, dentro de sus jardines como un recuerdo del terreno duro desde el cual se erigieron sus casas.

 

 

 

Era un barrio bueno, admirado por todos, y su ubicación lo posicionaba como un de los mejores para ser habitado. En una ocasión, cuando hubo sequía de agua en Pereira, por medio de un pozo abierto en el lugar se abasteció a los habitantes de barrios circundantes.

El vecindario también se sostuvo como un “fuerte” ante los terremotos que azotaron la ciudad en 1979, y 20 años después, en 1999. Las estructuras se mantuvieron unidas, igual que los moradores, en torno a las bondades del lugar escogido por ellos.

 

 

Ahora las familias fundadoras como los González, los Aguirre, los Arbeláez, y otros, se han mudado. Vendieron después que el barrio, paradójicamente, en vez de subir de estrato, bajó. Como afirma Carlos Gutiérrez, habitante aún del barrio, y cuyo único sustento es un bazar persa: lo único que no bajó fueron los impuestos”.

 

 

 

Es una voz que nos lleva a los orígenes del lugar, antigua por la edad pero nueva por su preocupación, y muy necesaria, porque es una de las pocas que se oye en el lugar, aunque pronto podría irse para otro sector más “concurrido”, como él mismo afirma.

Aunque en realidad todo se trata de perspectiva. Porque de arriba, desde el viaducto hacia abajo, solo se ven techos grises, patios traseros y carros que se mueven como diminutas hormigas.

 

 

 

 

Pero de abajo hacia arriba, o hacia los lados, el barrio, es una belleza ecológica y urbana, ya que contiene pistas de skate o patinaje, cancha de futbol, baloncesto, y las zonas verdes están bien podadas y mantenidas.

 

 

 

 

Lo único que los vecinos han querido, y que han solicitado a las administraciones municipales desde hace un buen tiempo, es un Centro de Atención Inmediata de policía, o C.A.I. porque algunas personas que desconocen el valor histórico del barrio, han aterrizado (y no desde arriba) a consumir alucinógenos, desvirtuando así, la imagen de uno de los barrios que en otro tiempo fuera paralelo en importancia, por ejemplo, a Los Álamos.

 

 

 

 

Sin embargo, la Sociedad de Mejoras de Pereira no ha despegado el ojo de este sector, pues recientemente han pintado las bases del Viaducto, arreglado las canchas, y decorado el lugar con figuras ecológicas y de concientización ambiental, entre ellas, la de un pequeño pez que levanta un cartel que reza “queremos volver”, como parte del proyecto La Acuavenida del Río, liderado por Edgar Velazco.

 

 

Con todo, la junta de acción comunal presidida por el señor Julián Iscabuze hace sus correctivos, o mantiene el orden, y se reúne con toda la comunidad para conversar y concientizar que no hay mejor seguridad, que la que deben tener entre ellos.

Por eso, como una forma de cuidar el viaducto, el vecino Fredy Hincapié Londoño y su familia que vive por la misma cuadra, avisan a las autoridades por si sucede alguna actividad sospechosa, están pendientes en todo momento.

 

 

El barrio Bavaria, antes una sola hilera de casas, ahora atravesado por un puente, se mantiene estructuralmente y en remembranza entre los vecinos.

Y aunque es una sorpresa para algunos saber que el viaducto cumple 20 años, es una certeza que decenas de sus habitantes llevan más de 50 años en el lugar, viendo carros, oyendo el sonido del río, y esperando que algún alcalde por fin cumpla las promesas electorales para mejorar el sector.

 

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