En Galicia 250 familias se rebuscan la vida con el reciclaje.

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Además cumplen  un papel vital. Ayudan a disminuir la contaminación generada por la disposición final de residuos en los rellenos sanitarios, alargan la vida de materiales y objetos, y favorecen la reutilización de recursos para reducir la presión que ejercemos los humanos sobre la naturaleza.

Su vida parece, a simple vista, sucia, puesto que viven rodeadas de sobras. Pero es un  trabajo decidido y paciente.


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Fotografía Erika Valencia
Fotografía Erika Valencia

 

 

Con nuestro proyecto #LaCebraEnTuBarrio visitamos el corregimiento de Cerritos, más exactamente los barrios Galicia y Galicia Baja.

La actividad de gran parte de sus habitantes es el reciclaje, que además de darles el sustento de cada día, muchos lo utilizan para decorar sus propias casas al extraer materiales para tal fin.

 

Fotografía Erika Valencia
Fotografía Erika Valencia


Son  250 familias  sobreviviendo a punta de la recuperación de objetos encontrados en la basura, sea realizando abonos, vendiendo materiales o transformando los objetos  para uso decorativo, entre otras actividades, manifestadas en el camino.

Y es  mucho más que un simple oficio familiar para ganarse el pan de cada día.

 

Fotografía Erika Valencia
Fotografía Erika Valencia

 

Una de las líderes de este proceso es  Beatriz Ceballos, fundadora de la Cooperativa Precooemsol, asociación que reúne a grupos de diversas edades que trabajan aspectos sociales en esta comunidad.

Ha hecho de la sala de  su casa un amplio salón donde se reúnen  periódicamente, son unos bajos que apenas están transformando para ese uso (recientemente pusieron el piso,  y ahora están reubicando la cocina para tener más espacio). Hoy alberga equipos de cómputo, instrumentos musicales y otros insumos que requieren para desarrollar sus iniciativas.

Además del reciclaje, la creación de elementos  para decoración y el abono hecho  a partir del compostaje (separación de residuos orgánicos en una fuente) hay otros procesos y  productos como  resultado del trabajo cooperativo: artesanías, comestibles, programas de capacitación  en  arreglo de uñas o peluquería, talleres, entre otros.   En esa especie de  salón comunitario  intercambian, venden y producen de manera colectiva.

Fotografía Erika Valencia
Fotografía Erika Valencia

 

También existen  pequeños emprendimientos como aquellas  que producen cholao y raspao para vender a la entrada del Parque Ukumarí

Es notoria la mayoría de mujeres en estos espacios, que empieza a parecer una constante en los barrios que vamos visitando.  

Pero entre todas esas maneras de subsistir, la que más ha representado algo para sus vidas es esa labor de  recuperadores de materiales de desecho con potencial de volver a ser utilizados.  Es también la actividad más organizada y constituida.

 

Fotografía Jess Ar
Fotografía Jess Ar

Y entre esas llegamos a la casa de Cielo y su familia, para contar su historia.

 

Fotografía Erika Valencia
Fotografía Erika Valencia

 

Bodega y vivienda a la vez

Bicicletas despachurradas. Llantas por todas partes. Pilas de cartones. Latas. Repuestos inútiles.

Y  óxido. Mucho óxido.

Fotografía Erika Valencia
Fotografía Erika Valencia


Es como transitar un sendero ocupado por lo inservible. O al menos inservible para otros.

Es la casa de Cielo, que como otras del sector, son bodega y vivienda a la vez. Es más: mujeres como ellas  utilizan  parte del material reciclable para decorar su propio hogar, darle ese toque.

 

La cebra en tu barrio Galicia
Fotografía Jess Ar

 

O para crear verdaderas  obras de artesanía. Alguien más  dirá al mirarlas de cerca que guardan una belleza particular, digno de las obras de arte.

 

Fotografía Jess Ar
Fotografía Jess Ar


Es una mujer alta, bonita y con una presentación personal muy adornada
, que nos invitó a visitar su casa. Queríamos conocer el proceso de separación de residuos orgánicos  en la fuente que conduce a la producción del compostaje, materia prima del abono orgánico que distribuyen.  .

Al arribar al sitio  nos encontramos con algo distinto a lo que fuimos a ver.

 

Fotografía Jess Ar
Fotografía Jess Ar

 

Las joyas de Cielo

Su esposo, Vladimir Zapata, tiene allí un taller de reparación de bicicletas. Al ingresar, pueden verse dispuestos los elementos que se requieren para este oficio: tuercas, gusanillos, neumáticos y pegas, adornando estantes y paredes, todo puesto con una lógica particular, creada por ellos mismos.

 

Fotografía Erika Valencia
Fotografía Erika Valencia


Todo un mundo en el que la mirada se pierde, evocando un sentimiento muy humano: la admiración, siempre presente, por los vehículos y las herramientas.

Recorriendo un pasadizo abarrotado de artículos de todo tipo  se llega a la sala de estar de la familia, que incluye  el comedor y la cocina. Y  por allí mismo  se cruza otro corredor hacia las bodegas.

 

La cebra en tu barrio Galicia
Fotografía Jess Ar

La antigua vivienda está hoy complementada por dos enramadas, que permiten el almacenamiento de todo lo recuperado por esta pareja y sus dos hijos.

Para hacerlo, Cielo se desplaza a los condominios que han sido construidos en vecindad de Galicia. Portal del Campo, por ejemplo, es uno de ellos.  Allí, ya sea en las casas o en el edificio que hace parte del conjunto, recoge todo aquello que los habitantes del sector descartan como residuo.

 

Fotografía Jess Ar
Fotografía Jess Ar


Algunos vecinos son conscientes y depositan sus desechos en la basura, tomando la precaución de separar lo orgánico de lo inorgánico. Otros, descuidados, arrojan lo que consideran inútil, completamente revuelto.  

Pero, ese no es problema para Cielo. Sus manos han desarrollado una gran sensibilidad.

Cuando le pregunto  por los vidrios,  si no existe el constante riesgo de llegar a lastimarse, desplegando  una gran sonrisa  contesta: con solo levantar una bolsa mis manos ya saben qué contiene”.

Y es que  Cielo conoce su oficio y lo aprecia.  Sabe que de ahí proviene el sustento de la familia, de su hogar.

 

Fotografía Jess Ar
Fotografía Jess Ar

 

 

Un día en la vida

El trabajo de recuperación lo hace Cielo en las mañanas. Cuando termina la recolección transporta, junto con su esposo,  el producto de la jornada  en una moto adaptada para tales fines.

 

Fotografía Jess Ar
Fotografía Jess Ar


Al llegar a la casa, la primera estación es la bodega, que está ubicada entre las áreas de habitación y el sector acondicionado para la separación.  
Allí se pre selecciona  y se va pasando a la bodega del fondo. En ella, Cielo tiene un asiento, un televisor, una biblioteca, una estantería, y bolsas, muchas bolsas y empaques grandes tipo sacos,  en los que va depositando el producto separado por sus manos.

 

Fotografía Jess Ar
Fotografía Jess Ar


Es un ejercicio de paciencia y, por eso, a veces prende el televisor para ver novelas mientras va reuniendo y clasificando  piezas hechas de materias similares.

Entonces cuando le interrogo sobre el procedimiento, me enseña la manera cómo lo hace: “aquí  el papel blanco, allí  el cartón simple, más allá el cartón plastificado, en este otro las latas, y en estas  las anillas de las latas con las que se hacen los cierres…”

Fotografía Jess Ar
Fotografía Jess Ar

 

En la tarea de separar y juntar iguales, ella encuentra muchas “joyas”.

Según me relató, una vez encontró oro. Una cadena, un dije y un anillo.  Los vendí, me dijo. A mí no me ha gustado el oro, además, qué se va a quedar uno con oro cuando es pobre y está lleno de necesidades.  Ese día, me hice trescientos tres mil pesos”.

 

Fotografía Jess Ar
Fotografía Jess Ar


Y de sus dientes que se exhiben como muestra de satisfacción, se irradia una luz que aclara la estancia, ese espacio de piso de tierra, paredes de esterilla y latas de zinc en el techo.

Es el sitio de Cielo.  

Y cierra, diciendo con convicción:“¡reciclar paga!”.

 

Fotografía Jess Ar
Fotografía Jess Ar

 


¡Reciclar paga!

Esa frase se quedó en mí, y ya no me abandonará, al igual que la presencia de Cielo, su dignidad y su esfuerzo.

Ella y su familia se ganan la vida haciendo un trabajo duro, que muy pocos consideran.

En nuestra vida diaria arrojamos los sobrantes, creyendo que un “genio invisible” se va a llevar lo que ansiamos desaparecer, pues ha perdido el sentido para nosotros. Ya sea porque se ha vuelto obsoleto, porque se ha desgastado o porque empieza a descomponerse.

 

Fotografía Jess Ar
Fotografía Jess Ar

 

Lo que antes fue producto se convierte en desperdicio.  Y el despojo es algo indeseado que, entre más rápido y fácil desaparezca de nuestra vista, mejor.

Ayudan a disminuir la contaminación generada por la disposición final de residuos en los rellenos sanitarios,  alargan la vida de materiales y objetos, y favorecen la reutilización de recursos para reducir la presión que ejercemos los humanos sobre la naturaleza.

 

Fotografía Jess Ar
Fotografía Jess Ar


Su vida parece, a simple vista, sucia, puesto que viven rodeados de sobras. Pero su trabajo es decidido y paciente, y tiene la virtud de ver valor en lo que para otros ha dejado de tenerlo.

Pero  los objetos no desaparecen así porque sí. Los restos tampoco.  Hay todo un ciclo de transformación que viven las cosas después de que las desechamos.  En él, las personas como Cielo y su familia cumplen un papel vital.

 

Galicia La Cebra en tu barrio
Fotografía Jess Ar

 

 


 

 

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