lunes, abril 27, 2026
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Crónicas de un pueblo multicolor

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Crónicas e historias en torno a Pueblo Rico, su gente y diversidad


Un proyecto de:

 


 

Tardeando turismo en Pueblo Rico

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Lugares para conocer y disfrutar en Pueblo Rico, Risaralda.


 

Un proyecto de:


Tardeando en Pueblo Rico: Vargas Coffee


Tardeando en Pueblo Rico: Coordinador de la Casa de la Cultura

Nos vemos en mi pueblo: Pueblo Rico

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Video sobre Pueblo Rico, Risaralda.


 

Un proyecto de:


 

Galería del crisol triétnico

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Imágenes de Pueblo Rico


 

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Polo, el vecino del barrio

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Foto por: Jess Ar

La ciudad se refleja en cada uno de nosotros a través de una rica gama de correlaciones


 

Polo salía tempranero con ojo alerta y corazón tibio. Movía su mirada al paso de los colibrís que buscan las bromelias en solares y flores de sietecueros a la orilla de la ciudad, la rivera vecina a Dosquebradas. Conocía sonidos de mirlos o gavilanes. Saludaba a la pava caucana que se detenía en el árbol laurel de la casa de Matilde y percibía el sonido de flauta traversa que entona el cucarachero flautista, o la emisión sonora de la tórtola frentiblanca  y otros pájaros en la orilla del Otún. Él se detenía en sus comederos a las seis de la mañana, esos lugares donde crecen el llantén, la verdolaga, el diente de león, la lengua de vaca y las que comen a las seis de la mañana.

Polo podía leer la corriente, aunque estuviese turbia. En el tono azufrado del agua intuía el estado del volcán, señalaba el cielo. Con el dedo al cielo media la velocidad de las nubes, viento o calor de sol y auscultaba el clima. Con esa información tenía una palabra nueva para llevarle vida a la primera señora del barrio que encontrara, o al primer señor, y ahí él era ya reconocido; después, no tenía desaliento al treparse la loma de la trece, la calle más parada de Pereira.

Iba a un paso afanoso a comprar arepas donde Isolina, o subía la falda de la quince para comprar leche y pandebonos, por ahí los otros  sudaban la gota gorda, él no. Polo, aunque no era el personaje de los mandados, hacía muchos favores a las mamás o las señoras de sus amigos, porque era íntimo de la casa, sabía todo lo de todos. El primero en un saludo de cumpleaños, lo más necesario y urgente en el caso de un enfermo, adivinaba el día de las quinceañeras y todo acontecimiento con celebraciones entre familias y amigos.

Polo era un vago buen vecino del barrio América que no terminó el bachillerato porque alucinaba y a ratos se vestía de mujer. Lo recordé ese día. El mago de una tractomula  volteó para bajar por la loma de la calle trece desde la esquina de la carrera cuarta hacia la avenida del río, maroma que le supo a cacho. Ahí no estaba Polo. Ni en la esquina supieron para atajarlo, se precipitó en bajada, se le torcía y le jalaba, frenó echando humo con olor de caucho quemado y alguien le puso una tranca. Llamaron una grúa porque de ahí ni para delante ni para atrás.

 

Foto por: Jess Ar

 

Polo estaba chupando gladiolo en el cementerio de Circasia, porque dicen que era ateo y un fanático lo mandó a matar, también porque le pareció marica; simplemente, él no se sentía mal andando con su primo cuando se vestía de mujer, ¿por qué?  si era su primo, y, además de eso, era buena gente y necesitaba andar con el mismo atuendo para acompañarlo y reconocer de eso modo la otra forma de la vida fragmentada en la ciudad, y desde otra cara tan desconocida como la cara que mira hacia los ríos.

Una tarde en la misma esquina de la trece, Polo me explicaba mientras miraba fluir carros en el viaducto: Pereira es una ciudad que se mueve a más de trece ritmos que no se corresponden con sus horas, el sol sale y las calles lo saben sentir. La lluvia cae y las calles saben que su humedad es cada vez distinta. La gente circula en la calle y cada persona sabe sentir a la otra, hasta sus apodos y sus nombres, los de la plaza de Bolívar tienen su propio vocabulario y en los barrios del río, en Cuba  o la Circunvalar.

Octubre se siente diferente a diciembre. En marzo es distinto el bullicio de la octava, y en cada día y cada lugar de la ciudad, la persona en cada hora distinta, fluye y se deleita con ritmo propio y carga su propio sufrimiento. Pero es un ritmo cambiante que destila como el caos de la indeterminación. Cada momento de la existencia en esta ciudad, está ligado a una inteligencia fragmentada y colectiva, y a la memoria sobre huellas de su historia. Si miras la cara de la gente y sus fachadas y pasas con esa lectura cinco veces, lo sabrás entender, como aquel arquitecto que leía exhibiciones de la mercancía puesta en la calle como una instalación.

A veces los ladrillos son bellos y en otras reclaman a sus dueños que han olvidado embellecer sus fachadas. Cada parque podría ser distinto si lográramos ser nosotros mediante un acuerdo rítmico para que la ciudad vaya en nosotros de distinta manera.  Me siento feliz cuando siento que he vivido mi ciudad y eso lo siento cuando saludo a mis vecinos. No se si en estas calles viviré mi vejez o si ellas la vivirán por mí.

 

Foto por: Jess Ar

 

Polo era un buen pato, aunque se perdiera en el momento de hacer vaca para costear las fiestas donde no faltaba. No era de esos que se beben todo el guaro, porque no tomaba, solo untaba la lengua en la copa de aguardiente y repetía el gesto que le conoció a su abuelo, pero si era una máquina despulpadora a la hora de comer; aún más, cuando era en la casa de otro y la comida estaba exquisita.

Como aquel día cuando los de la junta de acción comunal invitaron a un alcalde al que llamaban “Vaca Brava” a un agasajo. Polo ya estaba ahí, cachaco y corbatudo, había invitado a todos casa a casa, y como ese día usaba una peluca, la señora de la casa anfitriona lo confundió con el alcalde, lo sentó en el puesto principal de la mesa, le puso la mejor presa de la gallina en el mejor plato y cuando se tomó la primera copa de vino de consagrar que había traído el cura, alguien le advirtió:

—Usted está equivocada doña Teresa, ese no es el alcalde. ¿No ve que ese es Polo, el pato del barrio?

Polo lo notó y rápidamente resolvió el asunto a su favor, le metió su mordisco a la presa, saboreó el plato y todo quedo arreglado, lo cambiaron de puesto y comió como el mejor.

Al velorio de Polo acudieron sus vecinos, gente que siempre lo quería por chistoso: —tan gracioso y acomedido— dijo una—. Culto y buen conversador—, dijo otra, conocía las historias más antiguas de las familias de Pereira y tenía un cuaderno con los mapas de los senderos que recorría por el río, con nombres de pájaros y las plantas de sus comederos. La maestra del barrio Otún recordó cuando invitaba a los vecinos a sembrar esas plantas en sus solares para que los pobladores, cuando escucharan sus cantos y los vieran comer en sus solares y en la orilla, soñaran con la floresta y el paisaje de esos sitios desde donde llegaron desplazados.

 

Foto por: Jess Ar

 

El tesorero de la junta recordó aquellos días cuando llegó un gringo investigador de una universidad inglesa al barrio para buscar a Polo. Necesitaba un guía que lo llevara por toda la cuenca del Otún donde haría una observación de aves. Después salieron con el cuento de que era un gringo cacorro y que el pájaro que más le gustó fue el pichoncito de Polo. Le hablaban de esto y se enfurecía, pero cuando se veía perdido, le agregaba detalles al asunto y se burlaba de sí mismo, era quien más se reía.

En los barrios en la orilla del río hacen falta personajes como Polo, me decía una vecina en el velorio de mi prima Matilde. El vecindario parecía otra cosa sin Polo porque él dejó sus sueños colgados de las ramas de los guaduales del río Otún. Esperaba morir de viejo y caminar sus últimos días por esa orilla sin casas que le dieran la espalda al río, con un parque lineal al lado de un malecón, con la música del agua y cantos de pájaros, con lagos de agua estancada y canoas para hacer carreras por los raudales del agua y con un sistema de alcantarillados que devolvieran el agua limpia al río. Esta mañana echamos las cenizas de sus cosas al río y se perdieron con su memoria en una carrera eterna hasta donde el mar las diluya.

Dowolf: un restaurante 100% natural para perros en Pereira

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Restaurante para perros


Información del lugar: Dirección, Horario y Atención al público

Lugar: Restaurante DoWolf
¿Qué es?: Alimentación saludable, deliciosa y nutritiva para caninos.
¿Dónde?: Avenida Circunvalar #11-44

¿Cuándo?: De lunes a lunes de de 8:00 am a 7:00 pm
¿Por qué ir?: Por la agradable atención de los propietarios quienes rebosan de amor por las mascotas. Por los productos elaborados con la mejor calidad en el mercado. Y por ser un lugar adecuado para que los perros se sientan como en casa, o como en un restaurante de primera.

Producto estrella:  Las pizzas, donuts y brownies para perros.

 

De paseo por la ciudad encontramos este restaurante para perros. Un lugar preparado exclusivamente para ellos, los peludos que nos roban el corazón por su ternura, y los que merecen lo mejor de lo mejor, porque muchos, sin saberlo, ya son parte de nuestra familia.  Conversamos con sus propietarios, quienes con su agradable atención y con propiedad en el negocio, nos dejaron en claro que son los perros, las mascotas,  las que al igual que los humanos,  merecen alimentación saludable y atención de primera. A propósito, también tienen Dogmicilio. Conoce y comparte este tardeando. Somos otras formas de mirarnos.

 

Bienvenidos


 

 

 

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La estufita bajo las aguas

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La Cebra que Habla les comparte algunas imágenes un día después de las inundaciones en este sector, hace ya una semana.


 

El pasado 20 de octubre el municipio de Dosquebradas sufrió una de las más grandes inundaciones de su historia reciente. Y aunque los reportes sobre damnificados o víctimas no fueron  mayúsculos, el hecho deja en evidencia un peligro para la composición geográfica del municipio, debido a la a construcción irresponsable de conjuntos habitacionales sobre los humedales, el desviamiento del cauce de los ríos y las basuras que se arrojan  indiscriminadamente a las quebradas

Otros medios reportaron 17 zonas críticas entre las cuales se encuentra La Playita, La Pradera y  Comuneros, donde la pequeña comunidad de la Estufita fue la más afectada, con derrumbes que obstaculizan el ingreso al sector y a la misma comuna de Frailes que impedían el acceso de los estudiantes de la institución educativa Enrique Milán Rubio.

La Cebra que Habla les comparte algunas imágenes un día después de las inundaciones en este sector, hace ya una semana.

Bienvenidos


 

 

El crisol triétnico de Colombia

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Así al existir tres culturas distintas allí, hay tres visiones diferentes de concebir la vida.


 

Tres horas de viaje en carro desde Pereira hacia el noroccidente de Risaralda nos confirma que estamos en Pueblo Rico. Uno de los municipios más extensos, verdes y diversos del departamento.

Llegamos a la plaza principal que vista desde lo alto parece un símbolo masón y tiene un busto imperial del libertador Simón Bolívar, pintado, según se observa, por témperas de colores escolares.

Alrededor de este monumento patrio hay varias mujeres y niños Embera correteando, comiendo o simplemente oreándose al viento.  Hay negros conversando con mestizos, haciendo negocios, charlando sobre el día. Y en el otro lado, en las bancas periféricas, se ven mestizos hablando entre ellos seguramente de política, porque se acercan tiempos elecciones locales. Todos están allí a esa hora de la mañana como si nada más importara, como si esa máxima de que “el tiempo es oro” no tuviera validez alguna.

Sin embargo, esta socialización tiene una razón de ser. Para cada uno de ellos la vida no pasa, es decir, no tienen el concepto de tiempo tan marcado como lo tenemos los de la ciudad y de igual forma vivir en la parte rural es aceptar tomarlo todo con calma. Así al existir tres culturas distintas allí, hay tres visiones diferentes de concebir la vida.

 

Foto por: Felipe Ospina

 

Los negros, como lo aseguran los otros, se dan la buena vida, es decir, trabajan toda una mañana en el río para obtener un castellano de oro, luego dejan todo y salen a venderlo y así comprar licor, bailar, dormir hasta tarde o hasta que se les acaba el dinero. Al otro día regresan religiosamente a sus labores.

Los mestizos poseen más esa naturaleza española, o antioqueña de la avaricia, pues al encontrar oro, no lo venden, ni lo disfrutan, sino que lo acumulan, o lo que llaman en lenguaje probo, lo invierten.  De igual forma al hacer negocios buscan la mejor parte, sin que, claro, agravien a nadie, solo haciendo uso de la llamada “viveza criolla”.

Y según los Embera Chamí, ellos son los verdaderos dueños de la tierra y de todo lo que sea tangible, el aire, el agua, los animales. Los Chamí son tradicionalmente de tierra, es decir, viven en el interior de la montaña, y los Katío son los que habitan a orilla del río. La diferenciación se torna confusa, especialmente a raíz del conflicto armado, el desplazamiento y otros factores que obligaron a que estas comunidades cambiaran su forma de vivir.

Nadie los molesta, ni a ellos, ni a los negros, ni a los mestizos, apostados en el parque, porque todos juntos hacen parte del llamado “Crisol triétnico de Colombia”, una frase que denota el gran patrimonio que tenemos en el departamento de Risaralda.

 

Foto por: Diego Val

 

El pueblo a esta hora de la mañana conserva sus 18 grados de temperatura  y un abrigo blanco de niebla lo cubre todo, impidiéndonos ver el paisaje circundante, o las últimas imponentes montañas antes de descolgar en dirección a Santa Cecilia, buscando los contornos del Chocó y la vía al océano pacífico.

El origen de este municipio desde su conformación ha sido motivo de polémica, pues se aseguró un tiempo que no era ni “pueblo” ni “rico”, “ni de Risaralda” pasando a ser conocido como el pueblo de las tres mentiras. Inicialmente perteneció al Chocó, y ante la imposibilidad de Quibdó de administrarlo políticamente, se lo regaló a Risaralda. Y así pasó de mano en mano ya que nadie quería tenerlo por ser muy selvático, húmedo y alejado.

Así entonces era normal hasta hace un tiempo, que la gente naciera en el Chocó, creciera en el viejo Caldas, y muriera en Risaralda, sin nunca haber salido del pueblo.  Hecho que hizo que se afianzara este “Crisol triétnico de Colombia”, pues conviven sin que se crucen de ninguna forma, además que están geográficamente bien localizados.

Los afro, o negros, como les gusta que los llaman directamente, viven en la parte baja o caliente, Santa Cecilia, Guarato y otras locaciones; los indígenas Embera Chamí están asentados en las laderas del río San Juan, Santa Rita; y los mestizos se localizan en la urbe, o en el poblado, la parte central.  La historia de cómo han sobrevivido juntos, pero no revueltos, es demasiado curiosa. Pero lo cierto es que este trío cultural ha aprendido a amalgamarse en la convivencia cotidiana.

 

Foto por: Diego Val

Y así termina la ruta en uno los municipios que reúne unas condiciones excepcionales para ser visitado. Pueblo Rico, un pueblo, rico en toda la extensión de la palabra.

Naciones Unidas ha fracasado en su objetivo principal de preservar la paz

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Ignacio Ramonet, director de ‘Le Monde Diplomatique’ en español, critica el “disfuncionamiento” de la ONU, pero defiende que es una institución indispensable


Extraído de: El País.España

Por: María José Carmona

 

El compromiso se plasmó en la primera línea de su carta fundacional. Recién salidos de la Segunda Guerra Mundial, se quería dejar bien claro en el preámbulo:

“Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a preservar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra (…)”.

Hoy, 72 años después, Naciones Unidas resulta incapaz de evitar el flagelo de la guerra, pero también de socorrer a sus víctimas y a sus millones de refugiados. “Naciones Unidas ha fracasado en su objetivo principal: preservar la paz”, afirmó Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique en español durante la clausura del curso de verano en El Escorial organizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y titulado Naciones Unidas en el siglo XXI, retos y oportunidades.

Basta recordar solo algunos de los principales conflictos y sus estadísticas insoportables. Siria, con casi 5 millones de refugiados y otros 6,6 millones de desplazados; República Centroafricana, con unas 500.000 personas desplazadas por la violencia; Sudan del Sur, con casi 2 millones de refugiados; Yemen, con más de 2,5 millones de personas obligadas a huir.

 

Imagen extraída de: voanews.com

 

Para Ramonet, Naciones Unidas es “una institución indispensable”, pero ha llegado el momento de reflexionar sobre su disfuncionamiento: “Es obvio que no responde a las exigencias que teníamos puestas en ella”.

Ramonet aludió a varios conflictos históricamente enconados como el de India y Pakistán por la región de Cachemira o el de Israel y Palestina. Este último es, según el periodista, el gran asunto pendiente de la ONU y de él se deriva buena parte de la inestabilidad que vive actualmente toda esa región.

“Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Oriente Próximo se ha convertido en el foco perturbador del mundo. El 90% de los enfrentamientos bélicos ocurren aquí. Es una consecuencia indirecta del conflicto no resuelto entre Israel y Palestina”,

explicó.

El rodillo del Consejo de Seguridad

 

Imagen extraída de: static.iris.net.co

 

La razón de esta ineficacia se escenifica cada mes de septiembre en Nueva York durante la celebración de la Asamblea General de la ONU, donde el rodillo de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Rusia, China, EE UU, Reino Unido y Francia), todos con derecho a veto, bloquea continuamente la toma de decisiones.

Países como Japón, Alemania, India o Brasil ya pidieron en 2016 una reforma del Consejo para que sea “más representativo, legítimo y efectivo”. En la misma línea habló el pasado septiembre de 2017 Ban Ki-moon durante su última sesión como secretario general, tras acusar a los representantes de las principales potencias de seguir “alimentando la maquinaria de guerra”.

Por ejemplo, en el caso de Siria donde EE UU y Rusia siguen enzarzados en una lucha de vetos cruzados. “Los países se neutralizan unos a otros a través de vetos. Por eso muchos hoy en día consideran que Naciones Unidas no funciona. Piensan que es un teatro, una vitrina”, advirtió Ramonet.

Entonces, ¿cómo justificar la continuidad de la ONU si ya no se confía en ella? Según Ramonet, porque es insustituible. “Han surgido tentativas de sustituir parcialmente a Naciones Unidas como el G8 o el G20, pero siguen sin ser representativos. Hoy la ONU es la única en el mundo que funciona como un foro planetario”, defendió el director de Le Monde diplomatique en español.

Imagen extraída de: unitednations

El conflicto climático

Desde 1945 las guerras han cambiado. Los enfrentamientos ya no se dan entre Estados diferentes. Ahora ocurren dentro de un mismo país entre el Gobierno y organizaciones armadas no estatales. Pero también hay conflictos que trascienden todas las fronteras. “La principal crisis que afrontamos hoy es la climática”, insistió Ramonet. Y en esto sí que hace falta unidad sin excepciones.

En ese sentido, el periodista se mostró escéptico ante las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de abandonar los acuerdos de la Cumbre del Clima.

“Todas las tecnologías del mañana estarán relacionadas con el cambio climático, la gran transformación tecnológica pasa por la sustitución de las energías carbonadas por las renovables. Si Trump rechaza los Acuerdos de París, rechaza la modernización tecnológica. Hay que ser muy bruto para no darse cuenta de eso”.

Archivo negro de un carbón

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En el aparataje suntuario de la arepa, un carboncillo rebelde escapa


 

Cada mañana, mientras los borrachos descansan en la paz de sus catres, y los trabajadores comienzan la temible jornada en los caminos mojados, soñolientos y dejados del centro, que a esa hora se asemejan bastante a los pueblitos más olvidados en el tiempo, la dama rigurosa que se repite cada tres cuadras en ciertos sectores de la ciudad, sale inflexible, pese a la lluvia apabullante o a la azarosa brizna que desafía las calles, victoriosa en la soledad de las noches que alegremente muere ante el mojado desafío que ya no se atreve a contestar.

Es una lucha ciega, sin víctimas, incontestada, que se repite cada día y en el que las gotas alebrestadas son incapaces de abatir la tranquilidad de la noche, impasible y que ya no desea un diálogo con nada ni con nadie.

 

Foto por: Diego Val

 

A esa hora, la rigurosa señora, sombrero blanco que se asemeja a la lejana figura de un chef francés, rostro pálido, incapaz de una sonrisa, imbatible a mitad de cuadra de cualquier cuadra de esta ciudad, posee un itinerario fácil de aprender: levantar una sombrilla ruinosa para ocultarse del sol que llegara en instantes, o que cobijará a los madrugadores visitantes, con sus chanclas y miseria que quieren endulzar con chocolate y queso, a la espera de esta masa salada que se denomina arepa.

Es el primer objeto suntuario de aparataje que exige la venta de este producto: carbón, sombrilla rota, parrilla, una mesa adornada con mantel plástico y figuras de sandías, dos sillas, de las cuáles una tiene que estar debidamente rota, como prediciendo el border line de la fatalidad que se anuncia a todo aquel que atreva a sentarse allí; una china, pajiza, artesanal, incolora, que decora las manos adustas de la mujer, cuyo protocolo la ubica entre los 40 y 60 años, manos gruesas que contrastan con la fina delicadeza del acto de achinar el carbón para dar forma a la apreciada arepa.

 

Foto extraída de: las2orillas

 

En la esquina de aquellas cuadras se ubica siempre el mismo sujeto: hombre viejo de barriga prominente o en promesa de ello, barba descuidada de tres o cuatro días, mirada vigilante pese al lento movimiento que le obligan los años, chaquetas vetustas caídas en desgracias y que parecen acomodarse sobre la espalda y la barriga del gordete personaje, como una suerte de acumulación de telas en las que ya no es posible distinguir entre el cuerpo y los trapos que lo cubren.

Se podría tratar –nadie lo ha pensado aún- de una estrategia de aumento artificial de tamaño para intimidar a los ladroncillos y recogedores de basura que ocasionalmente se atreven a pasar por delante de su mirada vigilante, que no lo pierde de vista hasta que los rigores de la edad se lo impiden, entonces los personajillos se le confunden con tinieblas, nieblas, o no los pueden diferenciar de un buen y amable poste.

 

Foto por: Giomar Lucia Guerra Bonilla

 

Al otro lado de la calle, en el aparataje suntuario de la arepa, un carboncillo rebelde escapa, pero tiene un rumbo definido, se acerca a la esquina del vigilante, se deja seducir por el viento benevolente, como acariciando la calle en formas imaginarias inexplicables, bordea el cuerpo regordete, y finalmente se acomoda, rebelde desde el principio, en la barba malograda del inflexible hombre.

El hombre, fiel a su deber, no se inmuta por el carbón impertinente, no lo amerita, no lo merece. Difícilmente, y eso sin que el carbón se percate, es digno de un rápido movimiento de nariz que estremece sus cachetes por un instante, y el carbón, sin tiempo de reaccionar, cae inflexible al lúgubre suelo, destino final de una rebeldía de la que nadie sabe, pero que se repite todos los días como la lluvia, la mañana, la señora, la sombrilla y el vigilante.