Tardeando turismo en Pueblo Rico
Lugares para conocer y disfrutar en Pueblo Rico, Risaralda.
Un proyecto de:


Tardeando en Pueblo Rico: Vargas Coffee
Tardeando en Pueblo Rico: Coordinador de la Casa de la Cultura
Dowolf: un restaurante 100% natural para perros en Pereira
Restaurante para perros
Lugar: Restaurante DoWolf
¿Qué es?: Alimentación saludable, deliciosa y nutritiva para caninos.
¿Dónde?: Avenida Circunvalar #11-44
¿Cuándo?: De lunes a lunes de de 8:00 am a 7:00 pm
¿Por qué ir?: Por la agradable atención de los propietarios quienes rebosan de amor por las mascotas. Por los productos elaborados con la mejor calidad en el mercado. Y por ser un lugar adecuado para que los perros se sientan como en casa, o como en un restaurante de primera.
Producto estrella: Las pizzas, donuts y brownies para perros.
De paseo por la ciudad encontramos este restaurante para perros. Un lugar preparado exclusivamente para ellos, los peludos que nos roban el corazón por su ternura, y los que merecen lo mejor de lo mejor, porque muchos, sin saberlo, ya son parte de nuestra familia. Conversamos con sus propietarios, quienes con su agradable atención y con propiedad en el negocio, nos dejaron en claro que son los perros, las mascotas, las que al igual que los humanos, merecen alimentación saludable y atención de primera. A propósito, también tienen Dogmicilio. Conoce y comparte este tardeando. Somos otras formas de mirarnos.
Bienvenidos

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La estufita bajo las aguas
La Cebra que Habla les comparte algunas imágenes un día después de las inundaciones en este sector, hace ya una semana.
El pasado 20 de octubre el municipio de Dosquebradas sufrió una de las más grandes inundaciones de su historia reciente. Y aunque los reportes sobre damnificados o víctimas no fueron mayúsculos, el hecho deja en evidencia un peligro para la composición geográfica del municipio, debido a la a construcción irresponsable de conjuntos habitacionales sobre los humedales, el desviamiento del cauce de los ríos y las basuras que se arrojan indiscriminadamente a las quebradas
Otros medios reportaron 17 zonas críticas entre las cuales se encuentra La Playita, La Pradera y Comuneros, donde la pequeña comunidad de la Estufita fue la más afectada, con derrumbes que obstaculizan el ingreso al sector y a la misma comuna de Frailes que impedían el acceso de los estudiantes de la institución educativa Enrique Milán Rubio.
La Cebra que Habla les comparte algunas imágenes un día después de las inundaciones en este sector, hace ya una semana.
Bienvenidos
El crisol triétnico de Colombia
Así al existir tres culturas distintas allí, hay tres visiones diferentes de concebir la vida.
Tres horas de viaje en carro desde Pereira hacia el noroccidente de Risaralda nos confirma que estamos en Pueblo Rico. Uno de los municipios más extensos, verdes y diversos del departamento.
Llegamos a la plaza principal que vista desde lo alto parece un símbolo masón y tiene un busto imperial del libertador Simón Bolívar, pintado, según se observa, por témperas de colores escolares.
Alrededor de este monumento patrio hay varias mujeres y niños Embera correteando, comiendo o simplemente oreándose al viento. Hay negros conversando con mestizos, haciendo negocios, charlando sobre el día. Y en el otro lado, en las bancas periféricas, se ven mestizos hablando entre ellos seguramente de política, porque se acercan tiempos elecciones locales. Todos están allí a esa hora de la mañana como si nada más importara, como si esa máxima de que “el tiempo es oro” no tuviera validez alguna.
Sin embargo, esta socialización tiene una razón de ser. Para cada uno de ellos la vida no pasa, es decir, no tienen el concepto de tiempo tan marcado como lo tenemos los de la ciudad y de igual forma vivir en la parte rural es aceptar tomarlo todo con calma. Así al existir tres culturas distintas allí, hay tres visiones diferentes de concebir la vida.

Los negros, como lo aseguran los otros, se dan la buena vida, es decir, trabajan toda una mañana en el río para obtener un castellano de oro, luego dejan todo y salen a venderlo y así comprar licor, bailar, dormir hasta tarde o hasta que se les acaba el dinero. Al otro día regresan religiosamente a sus labores.
Los mestizos poseen más esa naturaleza española, o antioqueña de la avaricia, pues al encontrar oro, no lo venden, ni lo disfrutan, sino que lo acumulan, o lo que llaman en lenguaje probo, lo invierten. De igual forma al hacer negocios buscan la mejor parte, sin que, claro, agravien a nadie, solo haciendo uso de la llamada “viveza criolla”.
Y según los Embera Chamí, ellos son los verdaderos dueños de la tierra y de todo lo que sea tangible, el aire, el agua, los animales. Los Chamí son tradicionalmente de tierra, es decir, viven en el interior de la montaña, y los Katío son los que habitan a orilla del río. La diferenciación se torna confusa, especialmente a raíz del conflicto armado, el desplazamiento y otros factores que obligaron a que estas comunidades cambiaran su forma de vivir.
Nadie los molesta, ni a ellos, ni a los negros, ni a los mestizos, apostados en el parque, porque todos juntos hacen parte del llamado “Crisol triétnico de Colombia”, una frase que denota el gran patrimonio que tenemos en el departamento de Risaralda.

El pueblo a esta hora de la mañana conserva sus 18 grados de temperatura y un abrigo blanco de niebla lo cubre todo, impidiéndonos ver el paisaje circundante, o las últimas imponentes montañas antes de descolgar en dirección a Santa Cecilia, buscando los contornos del Chocó y la vía al océano pacífico.
El origen de este municipio desde su conformación ha sido motivo de polémica, pues se aseguró un tiempo que no era ni “pueblo” ni “rico”, “ni de Risaralda” pasando a ser conocido como el pueblo de las tres mentiras. Inicialmente perteneció al Chocó, y ante la imposibilidad de Quibdó de administrarlo políticamente, se lo regaló a Risaralda. Y así pasó de mano en mano ya que nadie quería tenerlo por ser muy selvático, húmedo y alejado.
Así entonces era normal hasta hace un tiempo, que la gente naciera en el Chocó, creciera en el viejo Caldas, y muriera en Risaralda, sin nunca haber salido del pueblo. Hecho que hizo que se afianzara este “Crisol triétnico de Colombia”, pues conviven sin que se crucen de ninguna forma, además que están geográficamente bien localizados.
Los afro, o negros, como les gusta que los llaman directamente, viven en la parte baja o caliente, Santa Cecilia, Guarato y otras locaciones; los indígenas Embera Chamí están asentados en las laderas del río San Juan, Santa Rita; y los mestizos se localizan en la urbe, o en el poblado, la parte central. La historia de cómo han sobrevivido juntos, pero no revueltos, es demasiado curiosa. Pero lo cierto es que este trío cultural ha aprendido a amalgamarse en la convivencia cotidiana.

Y así termina la ruta en uno los municipios que reúne unas condiciones excepcionales para ser visitado. Pueblo Rico, un pueblo, rico en toda la extensión de la palabra.
Naciones Unidas ha fracasado en su objetivo principal de preservar la paz
Ignacio Ramonet, director de ‘Le Monde Diplomatique’ en español, critica el “disfuncionamiento” de la ONU, pero defiende que es una institución indispensable
Extraído de: El País.España
Por: María José Carmona
El compromiso se plasmó en la primera línea de su carta fundacional. Recién salidos de la Segunda Guerra Mundial, se quería dejar bien claro en el preámbulo:
“Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a preservar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra (…)”.
Hoy, 72 años después, Naciones Unidas resulta incapaz de evitar el flagelo de la guerra, pero también de socorrer a sus víctimas y a sus millones de refugiados. “Naciones Unidas ha fracasado en su objetivo principal: preservar la paz”, afirmó Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique en español durante la clausura del curso de verano en El Escorial organizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y titulado Naciones Unidas en el siglo XXI, retos y oportunidades.
Basta recordar solo algunos de los principales conflictos y sus estadísticas insoportables. Siria, con casi 5 millones de refugiados y otros 6,6 millones de desplazados; República Centroafricana, con unas 500.000 personas desplazadas por la violencia; Sudan del Sur, con casi 2 millones de refugiados; Yemen, con más de 2,5 millones de personas obligadas a huir.

Para Ramonet, Naciones Unidas es “una institución indispensable”, pero ha llegado el momento de reflexionar sobre su disfuncionamiento: “Es obvio que no responde a las exigencias que teníamos puestas en ella”.
Ramonet aludió a varios conflictos históricamente enconados como el de India y Pakistán por la región de Cachemira o el de Israel y Palestina. Este último es, según el periodista, el gran asunto pendiente de la ONU y de él se deriva buena parte de la inestabilidad que vive actualmente toda esa región.
“Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Oriente Próximo se ha convertido en el foco perturbador del mundo. El 90% de los enfrentamientos bélicos ocurren aquí. Es una consecuencia indirecta del conflicto no resuelto entre Israel y Palestina”,
explicó.
El rodillo del Consejo de Seguridad

La razón de esta ineficacia se escenifica cada mes de septiembre en Nueva York durante la celebración de la Asamblea General de la ONU, donde el rodillo de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Rusia, China, EE UU, Reino Unido y Francia), todos con derecho a veto, bloquea continuamente la toma de decisiones.
Países como Japón, Alemania, India o Brasil ya pidieron en 2016 una reforma del Consejo para que sea “más representativo, legítimo y efectivo”. En la misma línea habló el pasado septiembre de 2017 Ban Ki-moon durante su última sesión como secretario general, tras acusar a los representantes de las principales potencias de seguir “alimentando la maquinaria de guerra”.
Por ejemplo, en el caso de Siria donde EE UU y Rusia siguen enzarzados en una lucha de vetos cruzados. “Los países se neutralizan unos a otros a través de vetos. Por eso muchos hoy en día consideran que Naciones Unidas no funciona. Piensan que es un teatro, una vitrina”, advirtió Ramonet.
Entonces, ¿cómo justificar la continuidad de la ONU si ya no se confía en ella? Según Ramonet, porque es insustituible. “Han surgido tentativas de sustituir parcialmente a Naciones Unidas como el G8 o el G20, pero siguen sin ser representativos. Hoy la ONU es la única en el mundo que funciona como un foro planetario”, defendió el director de Le Monde diplomatique en español.

El conflicto climático
Desde 1945 las guerras han cambiado. Los enfrentamientos ya no se dan entre Estados diferentes. Ahora ocurren dentro de un mismo país entre el Gobierno y organizaciones armadas no estatales. Pero también hay conflictos que trascienden todas las fronteras. “La principal crisis que afrontamos hoy es la climática”, insistió Ramonet. Y en esto sí que hace falta unidad sin excepciones.
En ese sentido, el periodista se mostró escéptico ante las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de abandonar los acuerdos de la Cumbre del Clima.
“Todas las tecnologías del mañana estarán relacionadas con el cambio climático, la gran transformación tecnológica pasa por la sustitución de las energías carbonadas por las renovables. Si Trump rechaza los Acuerdos de París, rechaza la modernización tecnológica. Hay que ser muy bruto para no darse cuenta de eso”.
Archivo negro de un carbón
En el aparataje suntuario de la arepa, un carboncillo rebelde escapa
Cada mañana, mientras los borrachos descansan en la paz de sus catres, y los trabajadores comienzan la temible jornada en los caminos mojados, soñolientos y dejados del centro, que a esa hora se asemejan bastante a los pueblitos más olvidados en el tiempo, la dama rigurosa que se repite cada tres cuadras en ciertos sectores de la ciudad, sale inflexible, pese a la lluvia apabullante o a la azarosa brizna que desafía las calles, victoriosa en la soledad de las noches que alegremente muere ante el mojado desafío que ya no se atreve a contestar.
Es una lucha ciega, sin víctimas, incontestada, que se repite cada día y en el que las gotas alebrestadas son incapaces de abatir la tranquilidad de la noche, impasible y que ya no desea un diálogo con nada ni con nadie.

A esa hora, la rigurosa señora, sombrero blanco que se asemeja a la lejana figura de un chef francés, rostro pálido, incapaz de una sonrisa, imbatible a mitad de cuadra de cualquier cuadra de esta ciudad, posee un itinerario fácil de aprender: levantar una sombrilla ruinosa para ocultarse del sol que llegara en instantes, o que cobijará a los madrugadores visitantes, con sus chanclas y miseria que quieren endulzar con chocolate y queso, a la espera de esta masa salada que se denomina arepa.
Es el primer objeto suntuario de aparataje que exige la venta de este producto: carbón, sombrilla rota, parrilla, una mesa adornada con mantel plástico y figuras de sandías, dos sillas, de las cuáles una tiene que estar debidamente rota, como prediciendo el border line de la fatalidad que se anuncia a todo aquel que atreva a sentarse allí; una china, pajiza, artesanal, incolora, que decora las manos adustas de la mujer, cuyo protocolo la ubica entre los 40 y 60 años, manos gruesas que contrastan con la fina delicadeza del acto de achinar el carbón para dar forma a la apreciada arepa.

En la esquina de aquellas cuadras se ubica siempre el mismo sujeto: hombre viejo de barriga prominente o en promesa de ello, barba descuidada de tres o cuatro días, mirada vigilante pese al lento movimiento que le obligan los años, chaquetas vetustas caídas en desgracias y que parecen acomodarse sobre la espalda y la barriga del gordete personaje, como una suerte de acumulación de telas en las que ya no es posible distinguir entre el cuerpo y los trapos que lo cubren.
Se podría tratar –nadie lo ha pensado aún- de una estrategia de aumento artificial de tamaño para intimidar a los ladroncillos y recogedores de basura que ocasionalmente se atreven a pasar por delante de su mirada vigilante, que no lo pierde de vista hasta que los rigores de la edad se lo impiden, entonces los personajillos se le confunden con tinieblas, nieblas, o no los pueden diferenciar de un buen y amable poste.

Al otro lado de la calle, en el aparataje suntuario de la arepa, un carboncillo rebelde escapa, pero tiene un rumbo definido, se acerca a la esquina del vigilante, se deja seducir por el viento benevolente, como acariciando la calle en formas imaginarias inexplicables, bordea el cuerpo regordete, y finalmente se acomoda, rebelde desde el principio, en la barba malograda del inflexible hombre.
El hombre, fiel a su deber, no se inmuta por el carbón impertinente, no lo amerita, no lo merece. Difícilmente, y eso sin que el carbón se percate, es digno de un rápido movimiento de nariz que estremece sus cachetes por un instante, y el carbón, sin tiempo de reaccionar, cae inflexible al lúgubre suelo, destino final de una rebeldía de la que nadie sabe, pero que se repite todos los días como la lluvia, la mañana, la señora, la sombrilla y el vigilante.





























