sábado, mayo 2, 2026
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Contra el poder. Alberto Donadío y el periodismo de investigación

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El  libro del que compartimos un fragmento hoy, fue ganador del Premio al Libro Periodístico: Premio Nacional de Periodismo Simón Bolivar. Contra el poder. Alberto Donadío y el periodismo de investigación de Juan Serrano


Contra el poder. Alberto Donadío y el periodismo de investigación
Juan Serrano
Sílaba Editores y Ceper Uniandes
Páginas: 260
2019
Prólogo de María Teresa Ronderos

Ganador del Premio al Libro Periodístico

Premio Nacional de Periodismo Simón Bolivar

Para el jurado, este reportaje biográfico de un joven periodista y abogado sobre un veterano periodista y abogado que da sabias lecciones sobre el oficio de investigar merece el máximo reconocimiento por varias virtudes. Primera, su prosa de gran precisión y riqueza verbal, apuntes irónicos y aciertos metafóricos que facilitan al lector la comprensión de áridos casos judiciales, los cuales narra con sostenida tensión.

Segunda, el valor a la hora de hacer revelaciones que pueden incomodar a algunos poderosos, lo que muestra a Juan Serrano como un periodista tan independiente como su biografiado. Tercera, la ingente y rigurosa labor investigativa que lo llevó a desandar caminos de reportería del propio Donadío para luego tomarse el trabajo de contrastar las voces con los documentos.

Y cuarta, porque como biógrafo, Serrano hace un retrato psicológico lleno de matices del personaje, y manteniendo el respeto y la admiración por él, no cae en el elogio fácil ni en el panegírico.

Juan Serrano en la entrega del Premio. Imagen tomada de El Tiempo

Este libro recoge la trayectoria de uno de los pioneros del periodismo investigativo en Colombia y permitirá que las nuevas generaciones conozcan su legado y reconozcan su independencia y espíritu crítico, valores cada vez más escasos en el medio.

En Colombia, donde hay déficit de biografías y memorias periodísticas, Contra el poder resulta imprescindible, más aun por ocuparse de quien recibió el Vida y Obra de este Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2018 en una afortunada casualidad que no quisimos castigar, puesto que este libro ya estaba en impresión cuando se otorgó el reconocimiento a Donadío.

El robo a El Tiempo  

Fragmento

A comienzos de 1987, poco antes de retirarse del periódico El Tiempo, Alberto Donadío se llevó a escondidas el archivo de la Unidad Investigativa. Tarde en la noche, con la redacción desierta, fue vaciando a cuentagotas los archivadores de la oficina de la Unidad y sacando en maletas los cientos de carpetas y sobres que había acumulado durante más de diez años de dedicarse, con un par de cómplices, a investigar y destapar ollas podridas de corrupción.

Fotos, recortes de prensa, expedientes judiciales, transcripciones de entrevistas, cheques, memorandos internos y hojas de apuntes: todo el material que alguna vez había servido para provocar renuncias, capturas, juicios; ganar premios de periodismo y crearle dolores de cabeza a los directivos del periódico.

Técnicamente, estaba robando propiedad de El Tiempo. Pero Donadío temía que al día siguiente de su salida aquella montaña de papeles fuera destinada sin más al tacho de basura y su asalto le parecía un necesario acto de salvación.

Los términos en los que se producía su renuncia al periódico estaban lejos de ser los mejores. La revista Semana reportó en su sección de Confidenciales que el retiro de Donadío de la Unidad Investigativa se daba por cuanto quería “dedicarse a escribir un libro”.

Eso era solo parte de la verdad.

En efecto, su salida de alguna forma le allanaba el camino para emplearse de lleno en un trabajo que desde hacía cuatro años venía haciendo durante horas extras y robándole a destajo tiempo al periódico.

Para ese momento se había embarcado en la investigación de la biografía de Gustavo Rojas Pinilla, el segundo libro que escribiría a cuatro manos con la periodista santandereana Silvia Galvis.

Libro: El jefe supremo. Rojas Pinilla en la violencia y el poder

El nuevo proyecto era más ambicioso que el primero y requería de unos meses para sumergirse entre documentos históricos, las más de mil fotocopias sobre el dictador que junto con Silvia habían conseguido en el Archivo Nacional de Washington y en oficinas públicas locales.

Donadío habló con Juan Manuel Santos, subdirector de El Tiempo en aquel entonces, le pidió una licencia por medio año. Pero le fue negada: ya no tenía derecho a más licencias. Para el futuro presidente de Colombia estaba claro que Donadío estaba menos interesado en seguir en el periódico que en trabajar en sus libros, y por eso no tenía mayor sentido seguir dilatando un desenlace que se veía inevitable.

La negativa del subdirector precipitó la renuncia del reportero, pero lo cierto es que en su decisión de marcharse pesó también su desgano para continuar allí, resultado de varios años de mantener una tirante relación con Hernando y Enrique Santos Castillo, los dos hermanos que manejaban los hilos del principal periódico del país.

El ambiente de hostilidad que reinaba entre ellos y Donadío había tenido un nuevo pico algunos meses atrás, en septiembre de 1986. Silvia y él acababan de publicar su primer libro juntos, Colombia nazi, sobre los coletazos y repercusiones de la Segunda Guerra Mundial en el país.

Libro: Colombia Nazi. Tercera edición

En Washington habían hallado una serie de comunicaciones del Departamento de Estado, de acuerdo con las cuales dos expresidentes, Eduardo Santos y Alfonso López Pumarejo, habían otorgado su visto bueno a la presencia de tropas norteamericanas en territorio colombiano en el eventual caso de una amenaza nazi en la región.

Aquello no habría tenido nada de inusual, un simple acto de colaboración bélica entre dos países aliados, de no haber sido porque los términos del beneplácito presidencial ignoraban el procedimiento constitucional que pone en cabeza del Senado de la República la potestad de autorizar el desembarco de tropas extranjeras.

Era una chiva periodística de bajo impacto. Al fin y al cabo, habían pasado más de cuarenta años desde el fin de la guerra, y el que dos mandatarios colombianos ya fallecidos hubieran aceptado brincarse la Constitución no pasaba de ser un mero detalle histórico, una simple curiosidad solo apreciable entre entendidos que recordaran los ribetes antiamericanistas del discurso de López Pumarejo y la reputación de hombre apegado a la ley de Santos Montejo.

Hernando Santos no lo vio de esa forma. Le pareció inaceptable que un reportero de su periódico hubiera ido a hurgar en archivos extranjeros para luego escribir cosas que distorsionaban la imagen de dos estadistas liberales.

El 2 de septiembre reconvino a Donadío en su oficina y delante suyo despotricó sobre el libro. Lo calificó de antiliberalantisantos, antilópez, antinorteamericano y pronazi.

Sin haber sacudido del todo su malestar con la reprimenda, a los seis días dedicó el editorial para criticar la mala fe –según él– de Donadío y Galvis.

La pareja de investigadores, escribió, cegados por sus “sentimientos políticos íntimos”, quisieron, “hábil y mañosamente”, desdibujar a dos personas que “la historia ya consagró y el país y el liberalismo colocaron en el pedestal de los colombianos ilustres”. “Alberto Donadío y Silvia Galvis –sigue el editorial del 8 de septiembre– olvidaron el tema y desfogaron su antipatía, antiliberal y antiamericana. Los lectores del libro acaban pensando, según lo afirmado por los periodistas, cuánto mejor hubiera sido el triunfo del nazismo y no la victoria aliada. Quienes vivieron esa época, cuando la dignidad colombiana alcanzó grandes alturas, piensan en lo equivocado de ciertas investigaciones si ellas se hacen con tan mala leche”.

Alberto Donadío y Silvia Galvis. Archivo personal A. Donadío. Tomada de El Espectador

Choques de ese tipo eran habituales allí adentro. Los tres integrantes de la Unidad Investigativa –Gerardo Reyes, Daniel Samper y Alberto Donadío– se comportaban como ruedas sueltas dentro de la redacción, que si bien les representaban premios y le otorgaban prestigio al periódico dentro de los lectores, eran un quebradero de nervios constante para los hermanos Santos Castillo.

Las visiones de unos y otros diferían sin remedio. Imbuidos por completo en el espíritu del Watergate, el trío de investigadores creía que no debía haber fronteras prohibidas ni personas intocables en su labor.

Para sus jefes, en cambio, el país no estaba preparado para ejercer el periodismo a la usanza gringa. Sus denuncias, por documentadas y sólidas que fueran, debían siempre analizarse bajo el parámetro de lo que resultara más conveniente para el país. La influencia que ejercía El Tiempo sobre la sociedad colombiana era inmensa, pensaban, al punto de que se había convertido en una especie de guardián de la institucionalidad; en un fusible esencial de la estabilidad nacional donde todo cuanto se publique debe estar supeditado al bien supremo de proteger las instituciones y evitar que el país se desmande.

A Donadío la actitud de sus jefes le resultaba inadmisible, de una obsecuencia con los poderosos incompatible con el periodismo.

En algunas ocasiones había hecho públicos sus malestares en cartas que enviaba al buzón del lector de El Espectador, un acto de franca insubordinación que irritaba a los Santos y que ponía bajo amenaza su frágil equilibrio laboral.

Para comienzos de 1987, luego de más de diez años de laborar en El Tiempo, el desgaste era notorio. Donadío trataba de ausentarse de la redacción lo más que pudiera y, cuando iba, lo hacía por lo general en horas de la noche. También comenzó a llevar a máquina un inventario de agravios, a consignar en cuartillas los detalles de todos los tropiezos que sufrían él y sus compañeros en su trabajo, por si algún día se decidía a contarlos.

No le faltaba razón a Juan Manuel Santos cuando notó que Donadío estaba volcado hacia sus libros.

Resignado, había encontrado en ellos una válvula de escape a sus frustraciones, una con la cual había podido experimentar la libertad de escribir lo que quisiera sin tener que cargar a cuestas el peso de la concordia nacional.

“Yo creo que Alberto se indignaba más con los Santos que con los funcionarios públicos –me dijo Gerardo Reyes en octubre de 2016–. Me imagino que era por ese sentimiento de impotencia, la autocensura que es indescriptible, cuando uno está entusiasmado con una investigación y viene alguien y dice: ‘Mire, esto no nos conviene en este momento’. O como llegaban ellos: ‘¡Están locos si creen que vamos a hacer esto!’, que era más al estilo de los Santos. Ahí sí perdía un poco la compostura. Y Daniel ni se diga. Él tuvo que dar muchas batallas incómodas por eso”.

Alberto Donadío (derecha) y Juan Serrano (centro) hablando del libro Contra el poder

La vida es el arte: el Raya-Jam en Pereira, un proyecto de comunidad a través del arte urbano

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Imágenes, cortesía de YK Garzón y tomadas del perfil de facebook https://www.facebook.com/Elrayajam/


“El devenir de Pereira es un acumulado de representaciones históricas en permanente construcción”

Álvaro Acevedo Tarazona, Pereira al reencuentro de su historia. CREDENCIAL HISTORIA NO. 236 del 2009, Banco de la República.

Pereira está tejida por procesos migratorios, gentes que se han movido de un lado a otro y han encontrado en este valle un terreno fértil para construir comunidad.

La ciudad sin puertas ha sido testigo y artífice de comunidades solidarias y cívicas, donde se han albergado diferentes formas de pensar y posibilitado la libre expresión.

No me malinterpreten, no desconozco las injusticias y las diferencias de clase que la religión, la política y los sistemas hegemónicos de poder sostienen en la ciudad. Pero siendo esta una urbe mediana con una preponderancia religiosa cristiana, es aquí un espacio donde muchos han llegado a formar comunidad y hacer su vida, porque encuentran en el corazón de los pereiranos acogida para aportar a la construcción de sociedad y refugio para el desarrollo de la vida familiar.

En el caso de la cultura, hay diferentes ejemplos de colectivos y actividades que responden a las necesidades de expresión que tienen los pereiranos. Ejemplo de ello es el Raya-Jam, un proyecto de pintura en acción que buscaba traducir a través del arte, el significado de la vida.

Arte para el mayor número de gente

El Raya-Jam se gestó en el 2010 durante cinco años, iniciativa de un profesor y una alumna universitaria a la que se sumaron artistas e instituciones que vieron en esta propuesta un dispositivo para hablar de arte para la gente.

Jam es una palabra que hace alusión a un lugar de encuentro para la improvisación; sus inicios son con la música en los Jam Sessions, músicos reunidos de manera informal para improvisar y experimentar sonidos en vivo.

Esta expresión se ha trasladado a otro tipo de artes en escena como es el dibujo. De ahí viene el Raya-Jam en Pereira, un lugar de encuentro, por iniciativa de Jaime Pazos, músico e ilustrador pereirano que se formó en Manizales, una mente curiosa que encontró en el arte el focalizador para hacer muchas cosas en su existencia.

Jaime era profesor de la Fundación del Área Andina y un día, después de regresar de un viaje de trabajo en Buenos Aires, le propuso a una de sus estudiantes, YK Garzón, crear un espacio para dibujar de manera libre; la propuesta era tener papel y música, convocar público que llegara con materiales para pintar e interviniera el lugar.

Al centro YK y Jaime, los acompañan Julián y Juan Carlos (Q.E.P.D). Museo de Arte de Pereira-2011

YK, una mujer creativa, amante de la ilustración y convencida de que el arte es una posibilidad para “dejar expresar el ser” inmediatamente le dijo que sí. Sin mucho más que añadir se hizo el primer Raya-Jam en noviembre de 2010 en el estudio privado de la artista Adriana Arenas. Otra ciudadana que también creyó en el proyecto y apoyó la iniciativa desde el principio, primero como artista y luego como curadora del Museo de Arte de Pereira.

Cuentan sus gestores que el primer Raya -Jam fue todo un éxito. Llegaron niños, adultos, artistas y no artistas, personas que estaban buscando estos espacios de esparcimiento en la ciudad, donde ellos pudieran ser protagonistas y elegir de manera libre si querían intervenir el espacio pintando o simplemente estar, para luego animarse a coger un pincel, un marcador o cualquier elemento que les motivara a rayar los rollos de papel extendidos sobre las paredes.

Recuerda Adriana que fue tan buena la acogida del público que el papel no alcanzaba porque llegaban y llegaban personas a graffitear. La gente feliz, con ese sentido de comunidad y el gusto por hacer algo en colectivo.

Crear algo opuesto a la queja de que la ciudad no ofrece nada para hacer

Por impulso, inquietud y las ganas de hacer cosas en grupo, se dio forma a este proyecto que contagió de manera positiva a la gente. Una demostración de que para hacer algo serio el dinero no es lo primordial; se requiere, claro, pero antes de eso, se necesita el colectivo, la entrega y el compromiso para sacar adelante la idea.

Jaime y YK asumieron el compromiso. Adriana se unió, atraída por la confluencia de diferentes manifestaciones artísticas que invitaba a un público joven a ser parte de la co- creación cultural.

Dice Adriana: “El arte le permite a uno entender la realidad automáticamente y es como la herramienta más transformadora que existe, y atraer a la gente joven y que se sientan incluidos en la cultura y que son parte de esa co- creación colectiva es muy enriquecedor e importante.”.

Los Raya-Jam se hacían uno o dos cada año, los que más recuerdan sus creadores son el primero, por razones ya expuestas. Los del Museo de Arte de Pereira, porque allí se tomaron los espacios de exposiciones y el jardín del Museo, se empapelaron las paredes, se invitó a colectivos de artistas callejeros de diferentes partes de la región, hubo DJ’S invitados, ilustración digital en vivo, la gente asistió para unirse al encuentro de cultura urbana, compartiendo en un recinto que dejaba de ser el lugar sacro del arte formal para ofrecer otras posibilidades de acercamiento a la institución y al arte como vida.

Otro realizado en Cartago, en un hogar infantil donde estaban pasando dificultades económicas para darles de comer a los niños. El hogar les dio unas paredes al proyecto y los artistas a cambio llevaban alimentos no perecederos.

RAYA JAM del día del niño:

ESTE 27 DE ABRIL EN CARTAGO – estos niños los esperan a ustedes, señores artistas gráficos:

Posted by Raya-Jam on Thursday, April 11, 2013
11:55 pm ¡y seguían coloreando!

Y el último Raya Jam en el 2015, realizado en el marco del movimiento 100 en un día (100 acciones en un día para resignificar los espacios de ciudad), un proyecto que nació en Bogotá. Para esta actividad la Raya-Jam convocó a la ciudadanía para pintar mandalas en la plazoleta donde hoy se ubica Kafé del Alma, al lado del puente peatonal de Ciudad Victoria, la actividad se extendió hasta la noche.

Intervención de espacio con pintura y música, un parche alternativo para jóvenes, trabajo en equipo, arte callejero y libre expresión por medio del dibujo, fueron lo que conjugaron el éxito de este proyecto al que la gente fue receptiva a través de Facebook.

El arte en vivo, más allá del encuentro improvisado

Paralelamente salieron productos, permitiendo que este territorio de encuentros heterogéneos y de diálogo entre música y pintura siguiera su continua definición. Más allá de la acción de pintar en vivo, armaron conversatorios, socialización de arte urbano con artistas locales y crearon dos publicaciones, una impresa y otra digital, trabajos que engloban todo el proceso que dio pie a ese acontecimiento efímero, si se quiere, pero también generador de significado para la construcción de memoria de la gráfica en Pereira.

Una de las publicaciones fue un cómic impreso financiado por la Fundación Universitaria del Área Andina. Este proyecto recogía obras de autor de los estudiantes de la institución, algunos los vendieron, otros los regalaron. En un material de video consultado para el desarrollo de esta entrada, sale YK en entrevista promocionando la revista: cómic estudiantil a cuatro mil pesos o cinco stickers, dos postales y el cómic por cinco mil. Los interesados escribían al Facebook para adquirirlo.

Se hizo una edición, quien la tenga, guarda un importante trozo de esta historia: Raya Jam Cómics de aquí y de allá, así recuerda Jaime que se llamaba el proyecto.

“El señor David Lloyd, co-creador de “V de vendeta”, ya tiene su copia de Raya Jam Comics….gracias por visitarnos y compartir su conocimiento Mr Lloyd.” Octubre 2012. Pereira

La otra publicación fue una revista digital de la que también hicieron un número: Raya Jam “¡Gas que pa´ dentro vas!” la pueden ver en este link: https://issuu.com/rayajam/docs/rayajam_gas

Este número se hizo con el colectivo Guácala de Cali y se dedicó a la pubertad, participaron artistas en formación y ya graduados, quienes se interesaron en representar el tema propuesto.

Por cuestiones de financiación y proyectos personales que fueron asumiendo Jaime y YK el Raya-Jam en Pereira llegó hasta el 2015.

Desprendimiento, generosidad y la fuerza de la colonización

Cuando uno lee reseñas sobre la historia de la ciudad, se destacan los valores de generosidad, empuje, fuerza y civismo de los pereiranos. La gente aquí tiene un espíritu de libertad y desprendimiento. No por nada los pereiranos se van a otras tierras, a explorar otras expresiones de cultura y regresan agradecidos con la ciudad, nostálgicos y entusiastas para seguir aportando a la construcción del imaginario.

YK Garzón, se fue de Pereira tiempo después del último Raya-Jam, estuvo en Bogotá y luego viajó a New York, lugar donde residía hace algunos días cuando la contacté a través de las redes para esta nota, ya a punto de soltar ese espacio que la ha impulsado en su trabajo como artista y seguir su camino a Puerto Rico.

Trabajo de Jaime Pazos

Jaime Pazos, también se fue de Colombia, primero llegó a New York, luego a Barcelona y ahora vive en Alemania, allá trabaja como productor musical y es DJ. Lleva los sonidos del pacífico colombiano a la estética de la música electrónica. A él también “lo conocí” por WhatsApp para esta nota, e iba rumbo a su casa en Alemania después de haber pasado la cuarentena en Colombia, lugar al que no venía hace 7 años. Me dijo que le prometió a su familia regresar más seguido y aspira a hacer conexiones culturales entre Colombia y Alemania. Y no lo dudo, será cuestión de tiempo para que YK y Jaime regresen con proyectos de intercambio entre naciones, disciplinas y sobre todo para Pereira. Porque hay un arraigo a este pedazo en la tierra y debe ser porque es una ciudad que no amarra, deja que uno se vaya y en los regresos recibe con calidez.

Nota: El Raya-Jam se mudó a New York y quizás sepamos de él en Puerto Rico o en cualquier otro lugar al que vaya YK, porque dice que no lo suelta, quiere ver hasta dónde llega. Y de esa experiencia en Pereira se contagia el trabajo del Festival Pereira Querendona y la Corporación Khuyay como muestra del arte urbano en la perla del Otún… Otra historia para seguir tejiendo memoria.

Y la ñapa…

#CiudadaníaActiva: Emprendimientos y tips en tiempos de Covid-19 | 3 de 6

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Distintos expertos en el mundo coinciden en afirmar que la historia se aceleró bajo el impacto del Covid-19. Una de esas manifestaciones es el trabajo en casa. La otra son los negocios en internet. Por considerarlo de interés público, en La cebra que habla empezamos a reproducir una serie de recomendaciones de Marketing Digital de Melina Nogales, publicadas en principio en su blog https://eldigitalpreneur.com/

Adapta tu negocio físico a un entorno online

Luego de definir tu buyer persona (publicación de la semana anterior), sigue una acción representativa y es llevar tu empresa al contexto digital. No es una obligación la creación de una tienda virtual, pero si está dentro de tus posibilidades en este momento ¡házlo!.

Empresas con alguna presencia digital, donde encuentran la mayoría de sus lead y público objetivo como es el caso de Pure, un restaurante en Reino Unido que tuvo que adaptar su negocio a las circunstancias para seguir proveyendo a sus consumidores y mantenerse vivo, es un ejemplo perfecto para este caso.

Ellos cambiaron su enfoque basado en la entrega a domicilio, donde el cliente elige el menú que se pueden pedir por un box disponible a través de su página web y su aplicación.

Sabiendo que su equipo no tendría tiempo para un largo proceso de investigación, su CEO creó un grupo en WhatsApp para determinar si los clientes claves estarían interesados en este nuevo servicio y cuánto estarían dispuestos a pagar.

Innovación rápida en tiempos de crisis, ¿no? Eso lo hizo también la Fábrica de Licores de Antioquia acá en Colombia, focalizó su producción al alcohol etílico a bajo costo, comercializado en almacenes de cadena.

Ahora bien, si tu empresa tiene los recursos para ofrecer canales de compra diferentes a las redes sociales, mi sugerencia es activar este canal.

Fortalecer o crear un comercio electrónico o usar recursos como Facebook Live e Instagram Live, muy popular ahora en la cuarentena, te permitirá difundir, promover y consolidar una nueva forma de ventas.

Foto por formulario PxHere

También puedes usar la Tienda de Facebook para mostrar tus productos y organizar un catálogo. La naturaleza de interacción de estas redes sociales, te permite una comunicación directa, presencia online y personalización. Puesto que los usuarios se sentirán acompañados y su percepción será que hay personas detrás con las cuales identificarse, una empatía más profunda dadas las circunstancias.

¿Qué te parecieron estos tips de Marketing Digital? ¿Los vas a emplear en tu negocio?

¿Cómo estás sorteando con esta situación del Coronavirus?

Puedes dejar todos tus comentarios en la caja de descripción de abajo. Asimismo si tienes dudas, ¡no dude en hacérmelo saber!

LA CEBRA QUE RAYA: El papel de los colectivos en la vida cultural de Pereira

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“Los colectivos son totalmente necesarios y dan la continuidad a nuestra oferta cultural, porque siempre están trabajando y haciendo su oferta independientemente que tengan o no tengan presupuesto. Obviamente que es mejor tenerlo pero si no lo hay, igual se produce.”. Adriana Arenas

En una entrevista informal realizada a Adriana Arenas para hacer una nota sobre el Raya-Jam en Pereira, le preguntamos su opinión sobre el panorama de la actividad artística en la ciudad y el papel de los colectivos. Rescatamos la cita anterior para presentar la agenda de la semana porque los eventos que vienen son un ejemplo del trabajo en colectivo por pasión al arte como expresión de vida.

La Jam de dibujo | 3 de julio, 4:00 pm | en vivo por Google Meet: https://meet.google.com/jtk-ieoc-cab

Para la sesión 37 el artista invitado es Martín Bonadeo (Argentina) él trabaja en proyectos relacionados con la ciencia, los saberes esotéricos y las tecnologías. La mayoría de sus obras son específicas para el sitio y utiliza varios tipos de tecnologías sensoriales expresivas.
Se formó como director de arte (1995), en publicidad (1998), es doctor (Magna Cum Laude) en comunicación olfativa (2003) y realizó un post-doc en vínculos arte-ciencia-tecnología en la University of California at Los Angeles (2004).
En el año 2000 comenzó su formación como artista plástico en los talleres de Fabiana Barreda y Mónica Giron y desde entonces ha desarrollado más de cincuenta muestras, instalaciones, intervenciones urbanas y proyectos para diversos espacios culturales en más de veinte ciudades alrededor del mundo.
Su trabajo como artista ha sido premiado nacional e internacionalmente y se encuentra referenciado en numerosas reseñas periodísticas y en libros. Pueden ver su obra en esta dirección: www.martinbonadeo.com.ar 


Urban Sketchers Pereira | Reto de dibujo, enviar trabajos antes del 4 de julio a las 9:00 pm

El reto para este sábado es hacer un ejercicio de memoria, recurrir a la nostalgia, a los momentos vividos en ciertos espacios y reconstruirlos en la mente para plasmar en papel la plaza principal de la ciudad de residencia. Un buen ejercicio de conexión con los lugares y los significados que les damos.

Tropa Teatro. Tiempo y renovación del arte dramático

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Uno va al teatro a gozar la presencia de los actores, en medio de la oscuridad y del silencio, del recogimiento colectivo del público, del milagro de ese silencio de masas, de esa masa que pareciese que asistiera a la muerte de algún dios… y por alguna razón se siente uno solo, con los actores que a su vez hacen girar el dispositivo endemoniado del accionar colectivo, la exactitud del gesto y la voz o las voces que animan todo lo fantasmal que pueda haber en el espíritu… Voy con frecuencia al teatro y con gusto pasaría a la tras escena a hacer las veces de tramoyista.

¡Qué misterio este de la vida que se le presta al personaje! El actor encarna, ¡hace vivir!, en minucias, el universo inagotable de referencias y gustos que forman eso que llamamos personalidad, palabra cuyo origen se remonta a personae o personaje o actor de tragedia y comedia. Un actor es entonces un músico, un bailarín, un cantor. En la fábrica del teatro se crean pues los caracteres del mundo. 

Gozar de la escena implicará siempre el deseo de volver a apreciar su complejidad que es la complejidad de cualquier sensación o sentimiento. El actor templa y afina los nervios del espectador. Por ello es necesario el teatro, el teatro consuela, alivia las penas.

La comedia del arte surgió en un contexto muy parecido al que estamos viviendo en la actualidad. La peste asoló Europa y las artes se vieron forzadas a reiventarse o a perecer. El teatro se volvió aún más peregrino y divulgó de una mejor manera el conocimiento entre las culturas.

Ahora una agrupación como Tropa Teatro invita a los espectadores a vivir con ellos un momento singular en la historia de los espectáculos de las artes escénicas en Colombia. A la par de otras agrupaciones, Tropa Teatro nos invita a contemplar la calidad plástica y escultórica de sus montajes, a deconstruir con ellos el Quijote, a recrear el espacio cotidiano y posible de Pinocho, a interactuar con el personaje; se aprovecha entonces la virtualidad y las plataformas de la comunicación y la difusión para revelar el mundo insospechado del arte dramático, esto al interior de una agrupación versátil y sagaz que llega a un estadio renovador del teatro, con talleres de formación en música, canto, apreciación de las diferentes técnicas implementadas en sus montajes, la variedad y calidad de las obras que a lo largo de 16 años de creación así lo permiten.

Tropa Teatro responde a los fatalistas y soñadores de la destrucción con la esperanza: El teatro ha de volver renovado a las salas, ya con una experiencia rica en detalles y sensaciones, puesto que habremos participado con todos ellos en la conmoción del nuevo teatro. El teatro habrá cambiado y con él el compromiso del espectador, cuyo amor y afinidad con el arte será mayor.

Imágenes de tropateatro.com


Mira la programación virtual que tiene Tropa Teatro en julio. Clic al número 2 ↓

Caricatura de opinión: ¿Cuándo saldrá del closet?

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Don Barbarias un personaje de Don Fingo

El periodismo y la Historia: La poesía de la vida cotidiana

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La  escena es bien conocida por la mayoría de herederos de la tradición cultural de occidente, forjada en la cuenca  del mar Mediterráneo: una legión de hebreos sometidos durante años al yugo del Faraón, se apresta a seguir a su líder, una suerte de sacerdote y gobernante que los conducirá a través de las aguas del Mar rojo, partidas milagrosamente en dos mitades que dejan abierto un sendero por el que lograrán escapar de sus perseguidores. 

Cuando estos  inician la caza de los fugitivos, el mar vuelve a su condición natural, arrojándolos al fondo del abismo como prueba de la inclinación divina hacia su pueblo elegido. El relato está narrado por una voz que parece haber sido testigo directo de los acontecimientos, pues a la fuerza poética de las imágenes se suma una descripción minuciosa de la multitud, del vocinglerío de seres que parecen hablar en mil lenguas a la vez y de la fuerza divina materializada en esas aguas que en cuestión de segundos salvan y condenan.

Estamos pues, como bien lo han reconocido historiadores y exégetas, ante una crónica escrita por alguien que conocía el oficio, más allá de cualquier intento de legitimar la que estaba en trance de convertirse en religión oficial.

Esa imagen de Moisés conduciendo a su gente hacia la libertad, al igual que muchas otras del Antiguo Testamento, es para no pocos estudiosos una de las piedras fundacionales de la literatura universal, de cuyas vertientes habrían de nacer géneros tan importantes para entender el mundo como el periodismo y la Historia, que muy temprano aparecen  vinculados por un lazo tan sólido como ambiguo, en la medida en que las ortodoxias de cada lado se dedican de manera periódica a forjar argumentos para probar que uno no tiene nada que ver con la otra.

La Biblia. Foto por formulario PxHere

Pero más allá de esas discusiones, que sin duda enriquecen y amplían la dimensión de los ámbitos académicos y gremiales, el periodismo estaba en el mundo mucho antes de que se crearan los medios de comunicación formales, pues la raíz misma de la expresión inglesa Journal es una alusión directa a la voluntad de recuperar a partir de la palabra no sólo las cosas esenciales, sino los aspectos anecdóticos y triviales de los quehaceres de cada día.

Gracias a esa necesidad de contar con minuciosidad los eventos que dan cuenta del transcurrir de los segundos, los años y los siglos, los hombres de este tiempo tenemos oportunidad de intuír con qué misterios insondables se entronca la costumbre de consagrar ciertos días del año al consumo de pan ácimo o el rito de exhibir una sábana manchada con la sangre de la virgen, la mañana siguiente a la consumación de las bodas.

“Todo lo sólido se desvanece en el aire” nos recuerda Marshall Berman que escribió en el siglo XIX un Karl Marx atónito ante los cambios vertiginosos que experimentaba la Europa de la Revolución Industrial. Ese carácter inasible de la realidad, se hizo más intenso y dramático a medida que las conquistas de la ciencia, de las que la penicilina y la máquina de vapor son apenas una muestra, dinamitaban las bases mismas de unas estructuras sociales, que como las de todo tiempo y lugar, se creían inamovibles por los siglos de los siglos.

Periodista él mismo, el pensador alemán dedicó buena parte de su tiempo a recrear con la pluma los espacios donde se hacían visibles los resultados de los cambios que recorrían Europa: las fábricas donde se trabajaba en jornadas de hasta dieciséis horas, las minas de carbón que engullían cuerpos de niños de siete y ocho años y, sobre todo, las calles recorridas por esas hordas de miserables que tan bien supo recrear Charles Dickens en sus cuentos y novelas.

De esas visiones de un mundo que se desintegraba ante los ojos de quienes lo gozaban o padecían, tomaría Marx la materia prima con la que estructuró sus teorías que permitían vislumbrar un mundo determinado por la racionalidad del capital y las tecnologías y en el que los seres humanos serían apenas una cifra más en los dígitos de la producción en serie.

Porta del disco Animals, Pink Floyd. Tomado de https://liveforlivemusic.com/

El periodismo entonces, vuelve a ser herramienta de primera mano para indagar en las pulsiones de los seres humanos y, sobre todo, para interpretar las señales que sus acciones dejan en la piel del tiempo. Y aunque de hecho el autor de El Capital no estaba descubriendo algo nuevo, si es de resaltar su aporte decisivo para que los relatos vistos por tantos eruditos como breviarios de chismes y anécdotas sin importancia, recuperaran su condición de documento y testimonio en tanto importaban una recreación más o menos aproximada de la existencia de los individuos y grupos sociales.

Siguiendo ese camino, algunos investigadores empezaron a ver en obras como el “Diario del año de la peste”, el siempre vigente relato de Daniel Deffoe sobre la epidemia que asoló a Londres en el siglo XVII algo más que una descripción  enriquecida con recursos literarios de la pesadilla sufrida por los habitantes de una ciudad.

Por eso supieron leer al fondo los cambios sociales y económicos, así como las costumbres y estructuras de poder sobre las que gravitaba la tragedia. Caminando en esa dirección, no hacían otra cosa que desandar los pasos de hombres como Polibio o Heródoto, para no hablar de los tantas veces mencionados Cronistas de Indias, como precursores de los modernos historiadores, mal que les pese a ciertas formas de fundamentalismo, empeñadas en ver la historia como una ciencia libre de impurezas coloquiales o literarias.

Llegada de Cristóbal Colón y los españoles a América. tomada de https://conlosojosdecervantes.wordpress.com/

Con el avance de las tecnologías de impresión, grabación y difusión, el siglo XX  fue testigo de una sucesión de acontecimientos que superaron en mucho la percepción de que todo lo sólido se desvanecía ante los ojos de unos ciudadanos cada vez más desintegrados en la anomia de las grandes urbes, huérfanos de mitos fundacionales y carentes de un lenguaje  capaz de dar cuenta de su presencia en el mundo.

Esa sensación de irrealidad fue captada con dispares niveles de fortuna por directores de cine como Fritz Lang, músicos de la estirpe de Louis Amstrong y novelistas como John Dos Passos y Ernest Hemingway, pero es el periodismo el llamado a  atestiguar desde sus diversos géneros, sobre la forma como el rostro y el alma del planeta se modificaban al ritmo de los saltos y destellos de la técnica. Dos guerras mundiales, grandes quiebras financieras, innumerables conflictos regionales   alentados por los grandes centros de poder y la entronización del consumo masivo como único sentido de la vida, demandaban mentes lúcidas, capaces de mostrar al mundo la dimensión exacta de las fuerzas que se agitaban detrás de las apariencias.

Fueron los periodistas quienes descubrieron y les contaron a sus contemporáneos y a la posteridad que mientras los ciudadanos padecían los estragos de la guerra, multinacionales norteamericanas de las comunicaciones como ITT o del sector automotriz como la casa General Motors le vendían bajo cuerda sus avances tecnológicos al régimen de Hitler, en una prueba más de la exactitud del precepto aquél de Donde está tu tesoro, está tu corazón.

Dos décadas más tarde les tocó el turno a los corresponsales de guerra, que desde los arrozales de las antípodas desnudaron los horrores del combate desigual entre la primera potencia de la tierra y un pequeño país que, contra todos los pronósticos y parapetado en el coraje y  su sentido milenario del honor, acabó expulsando al enemigo de su territorio, ante la mirada de quienes ni siquiera sospechaban lo que allí estaba sucediendo.

Esos mismos profesionales de la prensa, curtidos en el tratamiento de las facetas más oscuras y terribles de la condición humana, hicieron gala de la paciencia adquirida en los campos de batalla- aunque algunos no hubiesen estado allí de cuerpo presente- para desentrañar la urdimbre de intereses, chantajes y traiciones de los juegos del poder, que el mundo conoció con el nombre de Watergate.

El escándalo de Watergate encabezado por el ex presidente estadounidense Richard Nixon. Tomado de https://historia.nationalgeographic.com.es/

Como prueba de ello nos quedan los reportajes de Tom Wolffe, Hunter Thompson, Gay Talesse o Michael  Herr, auténticos artistas a la hora de separar el grano de la cizaña, que siempre se nos presentan mezclados cuando se arroja una primera mirada a los acontecimientos.

Las sagas de la mafia italiana o irlandesa en territorio estadounidense; los delirios y verdades entremezclados en la subcultura de la droga, el juego y el sexo; las pesadillas del combate o el glamour bajo el que se oculta el carácter implacable de los enroques financieros, aparecen ante nosotros bajo una luz distinta, aportada por el acopio de recursos estilísticos e investigativos de unos hombres, que con sobrada razón, le dieron carta de nacimiento a una corriente conocida desde entonces con el calificativo de Periodismo Literario, cuyas resonancias han influenciado el ejercicio de la profesión en el mundo entero, factor al que no ha sido ajeno el periodismo colombiano, de por sí heredero de una fuerte tradición que echa sus raíces en los tiempos de la colonia, con producciones tan significativas como El Carnero, la colección de relatos que Rodríguez Freyle escribiera sobre la vida cotidiana en Santafé de Bogotá.

Inmerso desde sus comienzos en una sucesión hasta ahora interminable de guerras civiles, depositario de un acervo de recursos naturales que lo convirtieron muy pronto en objeto de todas las miradas, habitado por hombres creativos y sagaces, quizá como producto inevitable de la confluencia de razas, el colombiano ha sido un territorio asaz fértil para el florecimiento de las más diversas expresiones de la materia y el espíritu, que de manera parádojica se diluyen en medio de la indolencia y el despilfarro.

Tal vez como una respuesta a esas circunstancias, sus expresiones artísticas y con ellas algunas formas de interpretar y ejercer el periodismo se han ocupado de auscultar las señales de esa realidad que a veces abruma con su exuberancia y en otras paraliza toda intención creadora con el tamaño de sus imprevisibles potencias aniquiladoras.

Imagen del libro El Carnero de Juan Rodríguez Freyle. Tomada de http://archivobogota.secretariageneral.gov.co/

Vistas así las cosas, no es de extrañar que el periodismo en Colombia haya dado desde sus comienzos muestras de una vigorosa capacidad para hacer del lenguaje un lente que nos aproxime a la urdimbre intrincada y confusa de nuestra realidad. Es en ese sentido donde la palabra se revela en su condición de espejo que le permite a los seres humanos mirarse de cuerpo entero como creadores y a la vez productos de esa suma de causas y azares que se conoce con el nombre de Historia.

Acontecimientos como la Guerra de los míl días, que dejó tras de si, además de la desolación y el dolor una estela de personajes cuasi mitológicos del talante del general Rafael Uribe Uribe; la rápida transformación de las ciudades en centros industriales que desgarraron de una vez y para siempre la fantasía bucólica tan celebrada por la literatura costumbrista; el nacimiento de las economías surgidas al amparo del contrabando y el tráfico de drogas, que sembraron en buena parte de sus habitantes la ilusión de pertenecer a la órbita del llamado mundo desarrollado; la ancestral filiación corrupta de sus políticos y dirigentes; la arrogancia e indiferencia de las élites frente a lo que no pertenezca a sus circuitos de intereses, todo ello envuelto en una bruma de relatos legendarios heredados de la tradición que España había recibido a su vez del mundo árabe, dio como resultado un pueblo de narradores, hábiles en el arte de refundar el mundo a partir de la palabra hablada y escrita.

Ese fue el paisaje al que se enfrentaron los escritores y periodistas colombianos, a quienes no les quedaba otra salida que remitirse a lo mejor de los fundamentos estéticos y técnicos de la tradición, para emprender la tarea de reconstruír, desde el coro de voces y el caleidoscopio de rostros de  su país, los momentos de fiesta y de luto, las manifestaciones de grandeza e infamia, así como los aciertos y yerros que sumados nos dan el esbozo del tránsito de la especie humana sobre la faz de la tierra.

El maestro Luis Tejada y su mirada tierna e irónica a la vez sobre la precaria condición de los sueños labrados por sus compatriotas. Alberto Lleras Camargo intentando conciliar universos tan difíciles como los de la creación y la política;  Fernando González, el de Envigado, dejando destilar la acidez de su alma sobre los fetiches de la patria boba; Jorge y Eduardo Zalamea en su tentativa e darle dimensión estética a la realidad de un país que se les antojaba habitado por aventureros y embaucadores, son apenas algunos de los hombres que abrieron el camino para la llegada de periodistas que desde su disciplina particular hicieron de sus  facultades creativas una morada para recrear el torrente de contradicciones, milagros y catástrofes que componen los quinientos treinta años de Historia de Colombia.

Sólo en ese sentido es posible darle su verdadera dimensión al trabajo de cronistas como Ximenez, enfrascado en una batalla por descifrar desde el lenguaje las claves de la violencia y el desarraigo propios de los habitantes de ciudades en expansión; o el empecinamiento de Alfredo Molano y Germán Castro Caicedo en explicarnos las raíces de nuestras múltiples violencias y de modo más reciente, la tarea de un Alonso Salazar, hijo de inmigrantes que busca en las laderas de los barrios populares de Medellín los signos visibles de los poderes recónditos que empujan a los muchachos a convertirse en asesinos a sueldo, cuando ni siquiera han traspasado los límites de la pubertad.

El político y periodista Alonso Salazar. Tomada de https://www.eltiempo.com/

En una de las paginas de su libro “ Fama  y oscuridad” el escritor  norteamericano Gay Talesse nos muestra a un Frank Sinatra abandonado de repente por su ángel de la gloria, irascible y frágil, del todo ajeno a la criatura de oropel que encandilaba con su sola presencia a los tahures de Las Vegas. Sin intromisiones del narrador y sin notas a pie de página, ese maestro del periodismo nos obsequia una visión más completa sobre el mundo del poder, que muchos tratados sobre la vida de césares y príncipes.

Con distintos lenguajes e idénticos propósitos Gabriel García Márquez reconstruye paso a paso, uno de los momentos más difíciles de la reciente Historia colombiana a través de las páginas de ese relato, reportaje y documento titulado “Noticia de un  secuestro”, mientras un joven de nombre Alirio Bustos nos lleva de la mano hasta lo más profundo de la manigua, para mostrarnos las andanzas de una exguerrillera que se pasó a las filas paramiliatares para comprobar que el odio y la muerte son idénticos en todas partes o para dejarnos perplejos ante el ingenio de los traficantes, que convierten los orines de cerdo en insumo para la producción de cocaína.

Desandando la ruta propuesta, podríamos volver a los evangelistas otorgándole forma y fondo a las andanzas de un contradictorio profeta judío- Dios y hombre al fin y al cabo. A Bernal Diaz del Castillo o Pedro Cieza de León reconstruyendo  para los reyes de España los mil rostros y un rostro de un continente indómito y feraz o a Jonathan Swift burlándose, con un verbo que no conoció la piedad ni el perdón, de las flaquezas de princesas y mendigos.

Las posibilidades son infinitas y el resultado nos conducirá siempre al descubrimiento, con diversos nombres, del periodismo como forma de aproximarse al destino de los seres y los pueblos, de una manera que sólo es posible cuando se transita por las fronteras inciertas que parecen- sólo parecen- separar el mundo de los hechos y el de la poesía.

Las alas rotas de El Halcón Maltés

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En el año de 1530 los Caballeros de la Orden de Malta le regalan al emperador Carlos V una estatuilla con forma de halcón que, según la leyenda, contenía en su interior una o varias piedras preciosas.

Igual que hoy, así se jugaba al poder político en esos tiempos.

Cuatro siglos después, en la soleada San Francisco, el detective Sam Spade le sigue el rastro a una banda de forajidos que a su vez persiguen la pista de la joya.

Como bien sabemos, El Halcón Maltés es la más celebrada novela del escritor norteamericano Dashiell Hammet. La obra fue llevada al cine por John Houston en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial.

El poderoso efectismo del cine hizo que desde entonces asociemos a Sam Spade con el rostro inteligente, duro y cínico del actor Humphrey Bogart.

Pero Sam Spade es mucho más que eso: es el símbolo de una época en la que las ilusiones de progreso incesante, gestadas desde el Renacimiento y apuntaladas por la Revolución Industrial se venían abajo.

Entre una guerra mundial y otra se produjo el desastre económico de los años treinta y se abrieron las puertas para que a la alegre y despreocupada década del veinte le sucediera un encadenamiento de pesadillas que ya no tendría fin.

El sueño americano resultaría ser tan seductor, elusivo y frágil como el Halcón Maltés.

Pero ¿Quién fue este Dashiell Hammet?

A revelarnos sus múltiples rostros dedica la escritora Diane Johnson las cuatrocientas páginas de su libro Dashiell Hammet, Biografía, publicado en español por Seix Barral en 1985.

Autora a su vez de cinco novelas, Johnson se consagró a escudriñar en la vida y obra de Hammet con agudeza y paciencia dignas del mismo Spade.

Desde los días de infancia del escritor, los conflictos con su padre y su permanente persecución de un algo que siempre se le escapa de las manos, Diane Johnson teje una trama que muy pronto trasciende los modelos de la biografía convencional para adentrarse en un universo que es a la vez el de la mente de Hammet, lúcida y atormentada, y el estado de conciencia de un país poseído por la corrupción y asediado por el fantasma del comunismo.

El mismo fantasma que anunciaran Marx y Engels en su célebre Manifiesto Comunista.

Como Spade, Dashiell Hammet fue un hombre convencido de que se debe vivir como se piensa o no pensar en absoluto.

Por eso, su biógrafa nos lo muestra paladeando las delicias de su éxito como escritor y guionista de cine, al tiempo que se enfrenta sin miedo a la cacería de brujas desatada por el Comité Nacional para las Actividades Antiamericanas, que acabaría llevándolo a la cárcel durante una temporada.

Eran los días más duros del maccarthysmo.

Algunos personajes de sus novelas y cuentos dejan ver esa característica de la personalidad de Hammet: su irrenunciable vocación de ser coherente, sus convicciones políticas y su voluntad de   mantenerse honrado en un mundo que olía a podrido por todas partes.

Para documentarse a fondo, Diane Johnson habló con la ex esposa del autor, con sus hijas, colegas, antiguos compañeros de Hollywood, camaradas de luchas políticas y vecinos.

Consultó además antiguos archivos, sobre todo los de los juicios que se le siguieron y eso le permitió aproximarse a los sentimientos del americano promedio durante esos días de paranoia en los que, como en cualquier Estado totalitario, el vecino que compartía la cena con uno la noche anterior era capaz de denunciarlo ante el todopoderoso FBI a la mañana siguiente.

De sus tiempos tempranos como detective de la agencia Pinkerton, Hammet aprendió dos cosas que ya no lo abandonarían: que frente a los embates del poder la vida humana vale menos que nada y que detrás de las vidas en apariencia exitosas alienta siempre esa clase de sordidez que es la expresión más humana del sinsentido de todo.

Es decir, la misma clase de certezas que deja entrever un autor como Albert Camus en todas sus obras.

Esa desconfianza en el mundo hizo que a Hammet no le importaran ni el dinero ni la gloria.

Foto por formulario PxHere

Por eso, cuando los alcanzó, los dilapidó a manos llenas hasta volver a la pobreza y el anonimato iniciales.

Para él esa vuelta al camino constituía la única forma posible de redención.

Nunca le importó si ese viaje implicaba ahogarse en litros de alcohol o perderse en el mundo sin ilusiones y por eso mismo tan sincero de las putas.

Al final el libro de Diane Jonhson nos muestra a Hammet agonizando en su cama de hospital, mientras la leal y estoica Lillian Hellman, escritora, amante y amiga del novelista lo ve contemplar con horror el rostro de la nada.

Con las alas ya del todo rotas, El halcón maltés alcanzaba finalmente un instante de sosiego.