En San Fernando Cuba, el arte ha sido vital para sacar el barrio adelante.

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Por el Teatro Taller Creativo y Lúdico pasan muchos jóvenes y  nuevos líderes que encuentran un sentido a sus cosas y crean un proyecto de vida. Han hecho de su comunidad  y de su parque un sitio en común, un lugar que inspira tranquilidad, pero  sobre todo, acogida entre los habitantes.  


Fotografía: Erika Valencia

El parque de San Fernando Cuba inspira a través de los sonidos,  los instrumentos musicales y el movimiento leve de las hojas de un árbol, o de las  de papel, que se pueden contemplar desde aquel lugar. Las personas o  habitantes del barrio van transitando, o se van quedando en el lugar.

Con el trascurso de los años se han construido todo un espacio para despertar, pintar, jugar y crear. Y al parecer el arte ha trasformado a toda una comunidad.

Encubarte-Teatro Taller Creativo y Lúdico, es una organización sin ánimo de lucro que nace a finales del año  1999 gracias a su fundador Diego Restrepo. Hoy en día este lugar hace parte del parque San Fernando,  ayuda a enriquecer o a darle vida a las zonas verdes del lugar, invita a los jóvenes y habitantes a descubrir o potencializar sus habilidades, y especialmente genera toda una dinámica que busca a través del arte el buen uso del tiempo libre de niños y jóvenes del sector.

 

 

 

 

John Didier Delgado Herrera, voluntario de Encubarte,  ejerce como profesor de artes plásticas, es uno de los encargados de darle color a las ideas y proyectos de las personas que vienen a estos encuentros en compañía de 17 profesores más, que trabajan con un promedio de 350 personas que al día de hoy  hacen parte  del proceso.  

 

 

 

 

John Didier viene de una familia grande: 13 hermanos que nacieron con habilidades en el arte y las artesanías.  Uno de ellos es paisajista, y él, un empírico de las artes, especialmente de la pintura. “Mi mamá dibujaba un poquito y siempre nos enseñaba, y de esas rayitas o dibujitos que me enseñaba ella ya se me pegó algo. Y siempre he tenido la habilidad para hacerlo” comenta Didier entre hermosos elogios y admiración.

 

 

 

 

Desde los cinco años despertó su amor por las artes y una gran sensibilidad o contemplación por el mundo y la belleza. Una de las cosas que más lo animó fue un concurso Departamental del Quindío a sus 14 años de edad, 450 niños estaban participando y él ocupó el primer lugar. Después de esto él empezó a explorar más las técnicas.

Sus proyectos iniciales  fueron como escenógrafo en grupos de teatro, comparsas y eventos, luego llegaron más horas y tiempo para la pintura, y su universo se expandió cuando llevó  la presentación de sus obras a universidades, espacios de la ciudad  y otros países. Es así que el arte lo ha conducido por diferentes rutas.

 

 

 

 

Pero desde hace 18 años no ha dejado de trabajar con Encubarte, son esos  jóvenes que quieren aprender  una de sus grandes motivaciones para ser voluntario.

“Uno ve unos niños loqueando,  se acercan acá, y uno los recibe. Empiezan a crecer, y luego cuentan sus experiencias de las cosas malas que van dejando, es así que encuentran su proyecto de vida”, comenta John Didier con tono esperanzador, mientras a al lugar van llegando jóvenes que transitan pasillos y sonríen, se apoderan de instrumentos y salas, exploran voces y movimientos; algunos en teatro y otros en música, por lo cual el lugar cobra vida en cada piso.

 

Algunos jóvenes que han entrado a la escuela de baile se han convertido en bailarines profesionales y han viajado a otras ciudades o países para seguir y progresar.

Con el arte las personas no solo encuentran un refugio, también una manera de crecer y expandir sus habilidades desde el Hacer y el Ser. Una manera alternativa y creativa que resignifica sus vidas para llenarlas de color, música, movimiento, esperanza y vida. Son espacios gratuitos de enseñanza y valores.

 

 

 

 

Yoga, danza, pintura, dibujo, música, violín, teatro juvenil, pre juvenil y adultos, son algunos de los programas que  ofrece  Encubarte   desde las  tres de la tarde hasta las nueve de la noche a toda su comunidad. Han hecho de su barrio  y de su parque un sitio en común, un lugar que inspira tranquilidad y arte, pero sobre todo, acogida entre los habitantes.  

Por el Teatro Taller Creativo y Lúdico pasan muchos jóvenes y  nuevos líderes que encuentran un sentido a sus cosas y crean un proyecto de vida. Una de las situaciones por las que John Didier reflexiona o da una visión muy general sobre los líderes en el mundo: “muchos líderes se queman, y esto es porque lo quieren hacer cobrando”.

 

 

 

 

Finalmente se despide con un llamado a todas las comunidades, en el que los procesos sociales requieren un riesgo y una fuerza más grande que beneficie a toda una comunidad e inspire a las personas a ser mejores.

También  a sentir que sus vidas al igual que sus tiempos libres son bien invertidos.  

 

 


 

 

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