Colectivos independientes han desarrollado un gran cluster cultural en el barrio Los Naranjos, en Dosquebradas.

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Allí desarrollan sus actividades diversas agrupaciones y colectivos  enfocados al teatro, la danza, la música y la producción audiovisual.
Todo un ejemplo a seguir para otras comunidades, e incluso, ciudades.


 

 

Al llegar a este barrio,  ubicado en el costado occidental de la Avenida Simón Bolívar, en el municipio de Dosquebradas, Risaralda, la primera impresión es la de estar ingresando a un lugar tranquilo, de viviendas de uno y dos pisos, en su mayoría, conectado a través de un entramado urbano bien diseñado y configurado (andenes, vías, espacios públicos, etc.).

 

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En el barrio Los Naranjos, destacan cuatro equipamientos: el colegio Juan Manuel González (institución pública), la fábrica Cartones y Papeles de Risaralda, la iglesia Ortodoxa y la casa denominada IDM.

Particularmente en esta casa (en donde se inició la historia de Dosquebradas como municipio, porque fue allí en donde funcionó la primera sede de la Alcaldía), y alrededor de ella, se genera una dinámica cultural muy llamativa.  

 

 

Allí desarrollan sus actividades diversas agrupaciones y colectivos  enfocados al teatro, la danza, la música y la producción audiovisual.

Tropa Teatro, Black Angels, Luna Nueva, La Ciudadela del Arte, Big Band Company, entre otras, están dedicados a impartir formación artística a los habitantes del sector y a realizar el montaje de espectáculos con muy buenos resultados.  

 

 

El proceso que lleva más tiempo se denomina ahora Sala Alcaraván Teatro.

Ellos empezaron con el grupo Pa Lo Que Sea, en Pereira, y después muchos migraron hacia Dosquebradas y encontraron en esta sede un lugar para desarrollar sus actividades.

 

 

Llama la atención ver cómo los procesos están articulados.

Algunos trabajan en formación artística general de la población infantil (semilleros), y se van especializando en la medida en que los alumnos van creciendo, y orientándose a las diferentes áreas artísticas.

 

 

Entre ellos, para los montajes, se vinculan, para darle a los espectáculos que presentan la integralidad de la danza, el teatro y la música.

Es un fenómeno particular, único en el municipio, y muy significativo en la región.

Y todo parte del compromiso de quienes impulsan y trabajan incansablemente por el arte en estos sectores populares.

 

 

Tuvimos una conversación muy animada con los representantes de estos grupos. Ellos señalan que la continuidad de lo que han hecho es vital para ir fomentando un aprecio por la cultura y el folclore entre los vecinos, no solo del barrio, sino de todo el municipio, y las ciudades vecinas como Pereira.  

 

 

Particularmente, Tropa Teatro sale frecuentemente de gira por diferentes festivales nacionales e internacionales, presentan proyectos a entidades del nivel nacional como el Ministerio de Cultura, producen piezas para diferentes instituciones con el ánimo de poner este tipo de lenguaje lúdico al servicio de la comunicación de las empresas (públicas y privadas), realizan talleres para gestión del recurso humano, han participado en la producción de series web, y tienen la intención de ofrecer permanentemente una temporada de teatro.

 

 

De alguna manera, directa o indirectamente, toda esta movida está en relación con procesos formativos académicos.

Algunos de ellos han estudiado carreras profesionales en áreas relacionadas, y otros han recibido capacitaciones en los programas que ofrece el Instituto (hoy Secretaría) de Cultura de Pereira.

No obstante, se hace evidente que sería muy positivo contar con un proyecto de escuela, en la Universidad Tecnológica, por ejemplo.

 

 

Ello permitiría articular esta práctica a una reflexión teórica, y fomentar intercambios con otras entidades, académicas o no, que estén desarrollando acciones similares en el país y en el mundo.

Además de una propuesta estrictamente artística, hay todo un empeño por la recuperación de la memoria, la tradición oral  y la subjetividad del barrio, como procesos sociales a debatir en pos de la construcción de identidad, ciudadanía y convivencia colectiva.

Mientras hablábamos, fue inevitable pensar en todo lo que puede generar un espacio.

 

 

El IDM no es el ideal, tiene limitaciones en términos de alturas, para los temas de acrobacias que hacen parte de las puestas en escena, por ejemplo, de Big Band Company (quien a decir de sus integrantes maneja más lenguaje de circo), pero, indiscutiblemente, el solo hecho de tener acceso a un lugar con esta vocación, ha propiciado que alrededor de él se genere todo un cluster cultural.

 

 

Este debería ser retomado, fomentado y acompañado, para trascender en términos de la formación masiva de públicos, de la comercialización de los diferentes montajes, e, incluso, de llegar a generar una oferta comercial artística similar a Delirio, show permanente que hoy funciona con gran éxito en la ciudad de Cali.

Finalmente, me tomé el atrevimiento de indagar por su vida cotidiana, no la de los artistas sino la  personal. Cómo son sus posibilidades, sus proyectos familiares, y su economía.

 

 

Me encantó comprobar que no hay lamentaciones ni quejas en estos jóvenes. Hay un amor profundo por su labor, un convencimiento decidido, y una forma de asumirse totalmente desprovista de falsas posiciones ascéticas.

Están en la vida, tienen ambiciones, viven dignamente de su trabajo, pero, muchos (no todos) han descartado tener descendencia.  

 

 

Está claro para ellos que los hijos limitan sus posibilidades de crecimiento profesional.  Y sus ambiciones de viajar, recorrer, llenarse de vida, no parecen ser compatibles con el proyecto de la paternidad o la maternidad.

Recordé, entonces, inevitablemente, el debate abierto por el documental Amazona, sobre la autonomía y la individualidad, en relación a las obligaciones que imponen los hijos.

 

Historia de su interes:

 

Las renuncias personales a las que se ven sometidos aquellos quienes se deciden, más o menos conscientemente, por procrear.

Y me llamó la atención la claridad de objetivos y de propósitos que demuestran estos agentes culturales, actores y autores de un proceso muy interesante, positivo y propositivo, que es real y sucede aquí, en la vecindad del barrio Los Naranjos.

 


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