miércoles, abril 29, 2026
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Como en el viejo mito del Ave Fénix, Berlín resurgió de sus propias cenizas

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Por las arterias principales circula el tranvía, que se desplaza mayoritariamente por los sectores del Este, con escasas conexiones hacia el Oeste


 

Recorriendo las calles de esta ciudad, se encuentra el visitante con estímulos contradictorios. Por un lado, está la alusión recurrente a los días de la devastación: lo derruido, lo reconstruido: aquello por integrar, repoblar, o urbanizar.

Es una constante inevitable, debido a que un alto porcentaje de las obras edificadas antes de la Segunda Guerra Mundial no sobrevivieron a la política de tierra arrasada y cedieron, sobre todo, ante el acoso definitivo: la toma de Berlín, que fue la última gran batalla de la Segunda Guerra Mundial y en la cual el ejército soviético asaltó la ciudad hasta la rendición de los nazis.

No obstante este hecho dramático, del cual se cumplieron 73 años el pasado mayo, la ciudad se ha restaurado, superando en parte la separación forzosa que padeció a expensas del muro que la partió en dos durante veintiocho años.

Recorriéndola, se pueden hallar en esta nueva Berlín, si podemos denominarla así, gestos que van más allá de simples hechos físicos. Sus andenes, avenidas, y alamedas; sus calles y circulaciones, puentes y parques, aunque construidas de piedras y cemento, son ante todo símbolos de una forma de habitar el territorio, y de una ciudad que quiere proporcionar una buena calidad de vida a sus residentes.

En las calles del barrio Mitte (barrio central), por ejemplo, hoy es posible disfrutar de frondosas arboledas que dan sombra a amplios recorridos peatonales. No obstante, estos espacios también son aprovechados para estacionamientos, sin que los diversos usos parezcan alterarse. Por allí transcurren, igualmente, los recorridos reservados para aquellos que deciden desplazarse en bicicleta, una forma de movilidad ampliamente utilizada en la capital alemana.

 

Foto por: Martha Alzate

 

La ciudad cuenta con holgadas avenidas vehiculares, cuyos senderos para peatones son generosos. En ocasiones, en ellos coinciden marchantes y ciclistas, lo cual tiende a ser problemático, y, sin embargo, parece que estos modos de desplazarse por el espacio urbano conviven, aunque se trate de lugares tan concurridos como la avenida comercial Ku’damm.

La bicicleta es un medio de transporte de uso masivo en esta urbe, y es posible encontrarlas en muchos sectores, tanto públicas como privadas o de alquiler, a través de diferentes plataformas como Deezer, Donkey o Nextbike. Para ellas, el urbanismo de Berlín ha contemplado ochaves más anchos en las intersecciones de las principales avenidas, de tal suerte que los andenes allí se amplían, formando espacio para el parqueo de estos vehículos que pueden ser rentados, desbloqueados, y retornados en muchos lugares similares a lo largo y ancho de la ciudad.

Cotidianamente, los berlineses usan la bicicleta como medio de transporte: en ellas van de la casa al trabajo y de allí a las compras o los lugares de diversión y esparcimiento como restaurantes o bares. En ello, Berlín funciona como una pequeña villa, sobre todo en los lugares más céntricos, en los que los distritos se desenvuelven de manera autónoma, de tal suerte que es posible afrontar los recorridos de estas distancias, por lo general no muy extensas, usando la propia fuerza, ya sea subidos a un biciclo o marchando por su red de aceras.

Adicionalmente, es frecuente observar a muchos que se desplazan en patines, monopatines, patinetas, y todo tipo de artefactos con ruedas.

Haciendo gala de ciertas dotes de malabarismo, estos “homus urbanus” parecen dominar las claves del territorio edificado.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Por las arterias principales circula el tranvía, que se desplaza mayoritariamente por los sectores del Este, con escasas conexiones hacia el Oeste: un rezago de los días de la ciudad dividida que aún no se integra completamente.

Berlín cuenta también con metro subterráneo, menos agradable de frecuentar que el tranvía, pero bien conectado a estaciones muy importantes como la Friedrichstraße, alrededor de la cual se despliega un gran centro comercial.

En general, las estaciones, como en muchas otras ciudades de Europa, son verdaderos ejes de comercio, y así, es posible absolver las necesidades cotidianas de alimentos, medicinas y comidas rápidas, a la vez que se realizan los desplazamientos hacia o desde el lugar de residencia.

Otro aspecto sobresaliente es cómo se ha incorporado el río Spree, que la atraviesa, para conjugarlo con diversos elementos del desarrollo urbano: muelles, senderos peatonales, puentes, edificios institucionales, parques, museos. Varias de las construcciones más emblemáticas de esta capital están ubicados sobre el Spree. Tal es el caso del Reichstag y la Catedral de Berlín.

Antes de la segunda guerra el río era un punto de reunión y vida social para los berlineses, que, con la construcción del muro, pasó a ser visto como otra frontera. Sin embargo, después de la reunificación se ha trabajado intensamente en la recuperación del significado histórico que el río ha tenido para los residentes de Berlín.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Un ejemplo de ello es el puente Oberbaum, que se considera un ejemplo de la arquitectura local y un símbolo de la nueva vinculación alemana.

Una atracción turística destacada es el recorrido en bote por el trayecto urbano del río Spree. Desde allí, es posible observar las nuevas construcciones que están destinadas a copar lo que la guerra arrasó.

También es posible toparse con esculturas en el espacio público, como el popular Oso Buddy (el oso azul), que fue una creación de los artistas Eva y Klaus Herlitz en el 2001, y de la cual se han reproducido y pintado singularmente más de 300 ejemplares dispuestos en calles y plazas principales en la zona central de la ciudad.

En el año 2002 esta iniciativa fue incorporada a una campaña de las Naciones Unidas por la tolerancia, la comprensión entre los pueblos y la paz entre las naciones del mundo.

Bajo el lema “Tenemos que llegar a conocernos mejor los unos a los otros, hacer que nos comprendamos mejor, confiar más el uno en el otro, y vivir juntos con más paz y armonía”, esta propuesta ha hecho de los osos azules el eje de los United Buddy Bears, considerados desde entonces como una muestra de la creatividad de artistas de diversas naciones del mundo, mensajeros de la paz y la armonía mundial.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Por todas estas razones es de resaltar que, a pesar de haber sufrido una ruina casi completa hace apenas siete décadas, la capital alemana se esté reinventando como un modelo de desarrollo urbano, ejemplo en diversos aspectos para las ciudades contemporáneas: más y mejor espacio público; zonas para el desarrollo del arte y para la recreación; rescate y predominio de las riberas de sus fuentes hídricas.

Y, ante todo, movilidad alternativa amigable con el medio ambiente, entre muchos otros aspectos que la consolidan como una potente urbe en pleno desarrollo que se ocupa con especial celo de ofrecer una gran calidad de vida a quienes la habitan y visitan.

 


Si desea escribirle a la directora del portal web, puede hacerlo comentando directamente en esta entrada al final de la página.


 

Luz Edna Villada: una trabajadora social que lucha para que el VIH no sea sinónimo de muerte

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El problema reside en que la información sobre el Sida ya no vende en los medios de comunicación


 

Más grandes que el amor

Cuando Luz  Edna Villada leyó  Más grandes que el amor, el libro donde Dominique Lapierre recrea la lucha de médicos, familias y pacientes frente al drama del VIH, entendió la enorme dimensión de un problema que , hasta entonces, solo había sido abordado desde las limitaciones clínicas, cuando no desde los prejuicios de orden moral y religioso.

Menuda, dicharachera y gran lectora, recrea lo que descubrió  en las páginas de ese libro:

“La  historia está ubicada  a comienzos de los ochenta, cuando el Sida se hizo visible  y  empezó a hablarse de él con el tono que antes se utilizaba  para referirse  a la peste. Es decir, en un lenguaje apocalíptico que insinuaba un castigo divino por la supuesta depravación en que hemos caído los humanos.

“En ese momento entendí que se  necesitaban miradas donde la exploración del universo privado de las personas  afectadas ayudara  a iniciar tanto el diagnóstico como el tratamiento. Pues bien: el libro  de Dominique Lapierre me permitió ampliar esas miradas.”

 

Días de miedo

Cada 1° de diciembre, el mundo conmemora el Día Internacional de Lucha contra el VIH.  Sin embargo, como sucede con todos los fenómenos mediáticos, el Sida ya no forma  parte de la agenda, a pesar de que las cifras resulten abrumadoras: según estudios de la ONU, en este momento hay más de cuarenta millones de seres humanos afectados. Para 2020 se estima que hayan muerto setenta millones de personas.

A resultas de ese panorama, la esperanza de vida en África subsahariana ha bajado de sesenta y dos años a cuarenta y siete.

Con un agravante: el 95% de las personas afectadas por el virus se han contagiado por sostener relaciones sexuales sin protección.

El problema reside en que la información sobre el Sida ya no vende en los medios de comunicación, como en los días en que se  desplegaron páginas y horas de emisión para registrar los detalles de la muerte de  Fredy Mercury, la estrella de rock  vocalista y líder de la banda británica Queen.

 

Foto por: Diego Val

 

Lejos están los años  cuando se dijo de todo: en un tono más bíblico que clínico, se aseguró que el VIH era el resultado de la cópula contranatura entre los humanos y los gorilas de ciertas zonas de África.  Luego se aseguró que los negros de Haití, no contentos con propagar el vudú, se habían dedicado a hacer lo propio con el Sida. Otros juraban que la responsabilidad- y con ella la ira divina- caía sobre los homosexuales, los sodomitas y los drogadictos.  Todos ellos fueron sometidos a cuarentenas cuyos únicos resultados visibles fueron el estigma y la consiguiente discriminación.

Y luego, como sucede con todas las acometidas de la furia divina, se hizo el silencio.

 

Tocando a las puertas del corazón

Para  Luz  Edna Villada esos no son motivos para desanimarse.  Desde sus días de estudiante en la Universidad de Caldas supo que su profesión demandaba una gran dosis de paciencia y, ante todo, un hondo conocimiento de la condición humana.  La palabra y el ejemplo de algunos maestros, y las letras de sus amadas canciones de salsa le  ayudaron a definir el rumbo.

“Recuerdo el primer caso que atendimos en el área de Trabajo Social de Comfamiliar Risaralda, hace dieciséis años.

“Se trataba de una  paciente en una situación durísima. Su esposo acababa de morir, y  solo en ese momento supo que el señor estaba  enfermo de Sida. Por  lo tanto, el riesgo de que ella estuviera contagiada era altísimo. Y en efecto, unas rápidas pruebas clínicas  lo confirmaron.

“Aparte de  eso, la  paciente en cuestión vivía en una condición de pobreza extrema. Tanto, que nos tocó ayudar a conseguir recursos para el entierro.

“De modo que la señora se vio enfrentada a dos duelos: el de la muerte  del esposo y la certeza de su propia enfermedad.

“Por eso digo, y eso se lo aprendí a la doctora Gloria Inés Ruíz,  que lo primero que uno debe tocar son las puertas del corazón de  los pacientes. Si se abren, las cosas se facilitan un poco, porque uno puede tener una mirada en perspectiva del ámbito familiar, de la condición socioeconómica  y de las preferencias y hábitos sexuales de las personas. En ese punto la comunicación se vuelve clave, porque de la capacidad  para asumir el reto dependen en gran  parte los resultados positivos del tratamiento que, no lo olvidemos, es de control, no de curación.”

 

Foto por: Diego Val

 

La gran pregunta

“Doctor: ¿Cuánto me queda de vida?”  Era  la primera pregunta de las personas diagnosticadas como portadoras del virus.

Ese era el panorama en los  ochenta y noventa. El  registro detallado de la vida, padecimiento  y muerte de personajes como el actor Rod Hudson no ayudaban mucho a tener una percepción distinta de las cosas.

“No podemos  olvidar que en sus primeros tiempos el Sida fue calificado como  “La furia de Dios”. Eso dice mucho de  su asociación con las viejas plagas, concebidas como un castigo divino por el mal comportamiento de los humanos. Y ya sabemos lo que sucede cuando la moral se entromete en asuntos que no son de su competencia.

“En ese momento en  Comfamiliar nos pusimos manos a la obra. Lo primero  era decirles a  los pacientes y sus familias que el VIH no es sinónimo de muerte. Y allí el papel de parientes y amigos resulta esencial, porque ellos constituyen lo que llamamos un bastón. Son los que animan al paciente y los que uno puede  contactar cuando la persona no ha vuelto a la consulta o no ha respondido a las llamadas.

“En esos contactos uno debe ser muy sutil, porque  a menudo se presentan situaciones complejas y difíciles como esta: un paciente homosexual nos dice que su mamá pertenece a una religión  y lo presiona para que vaya a la iglesia para que le pida perdón a Dios por su “pecado”.

“¿Cómo se maneja eso?”

“De un  lado están las creencias religiosas de las personas: algo delicado por donde se le mire. Por el otro está la relación madre-hijo, tan entrañable y conflictiva a la vez.

“En el medio  se ubican los métodos científicos y el criterio de los médicos. Conseguir que esas miradas no choquen se vuelve a veces un asunto de magos.  Mientras eso se resuelve, el virus no para de avanzar y el paciente vive al filo de contagiar a otros.”

 

Foto por: Diego Val

 

Un código  para la vida

A esa altura del camino, los profesionales deben acudir  a otros recursos. Uno de ellos es la ley. Para eso se cuenta con el decreto 1543, que establece los derechos  y los deberes de las personas   portadoras del virus.

El derecho fundamental es la confidencialidad. La  trabajadora social se compromete a  no  revelar su situación, ni siquiera a los familiares a no ser que el paciente lo disponga. Eso resulta vital en un medio marcado  por los temores, el  estigma y el riesgo  permanente del aislamiento en el ámbito social y laboral.

A su vez, el deber central del paciente es de índole ética: debe comprometerse a utilizar todos los medios a su alcance  para no contagiar a nadie más. Eso implica contarle su situación a toda posible  pareja y, por encima de todo, utilizar el condón en cada relación sexual.

Dada la índole de los humanos, para  Luz Edna Villada el desafío resulta descomunal.

“Insisto en que lo primero es cuidarse y de paso cuidar a las otras personas. El  paciente no tiene por qué renunciar a los besos, las caricias y los abrazos que todos  los seres necesitamos  para vivir. Lo importante es que a la hora del sexo utilice protección. En mis conversaciones con más de cuatrocientos pacientes confirmo una y otra  vez  que lo más difícil es  revelarle al otro la propia situación: siempre está  presente el miedo al abandono y, en efecto, muchas personas huyen despavoridas.

“Pero  hay que ser muy valiente a la hora de afrontar ese riesgo”.

Luz Edna tiene muy presente  la historia de una pareja de campesinos caldenses. El hombre frecuentaba  prostitutas en el municipio de Chinchiná y en una de sus   visitas a los burdeles contrajo el virus. Contárselo a su mujer demandó un ejercicio de voluntad en el que pugnaban el miedo y la necesidad de ser sincero por una vez en la vida.  Asediado por el remordimiento, y como no lo había hecho nunca invitó  a su mujer a salir de la casa y le confesó que era portador de  “La enfermedad esa”.

Solo en ese momento pudieron enfrentarse a lo que no tiene nombre.

 

Foto por: Diego Val

 

“Uno aprende a manejar de todo: cuadros de angustia, agresividad, depresiones, sentimientos de culpa. Todo.  Y  a eso súmele el juicio de la sociedad, que no es poca cosa. En la actualidad  tenemos  dos pacientes provenientes de otros municipios, que prefieren hacerse  sus controles en Pereira, con tal de no pasar por la humillación de ver a sus paisanos haciendo conjeturas del tipo: allí va el apestado.  Nunca como en este caso resulta  tan precisa la sentencia aquella de  Pueblo chiquito, infierno grande.”

Con todo y los avances, el  diagnóstico y tratamiento de la enfermedad siguen  cruzados por ideas del tipo: los portadores del virus son personas promiscuas o pertenecen a la comunidad  homosexual, rezagos de juicios de índole moral y religiosa, desvirtuados hace tiempo por estudios que demuestran lo contrario: todos los humanos  somos portadores potenciales.

 

El drama en números

En la actualidad, la fórmula  del retroviral cuesta alrededor de ochocientos mil pesos mensuales. Por eso el Estado la considera una enfermedad catastrófica.

Vale decir: catastrófica para sus finanzas.

La Trabajadora social lo tiene claro:

“Por eso si usted se queda sin trabajo y por lo tanto sin EPS váyase directo para el régimen subsidiado. Porque si tiene plata para comprar la fórmula este mes no la tendrá para el siguiente. El problema es de tal magnitud que en los objetivos planteados para el año 2030 se tienen definidas unas metas condensadas en la fórmula 90-90-90, es decir:

Que el 90% de las personas susceptibles de ser portadoras del virus se hagan una prueba que, además, es gratuita.

Que el 90% de las personas diagnosticadas estén recibiendo medicamentos.

Que el 90% de las personas diagnosticadas y estén recibiendo tratamiento no estén contagiando a otras”.

 

Foto por: Diego Val

 

¿Difícil? Desde luego.

Pero  a esta mujer  hincha del Once Caldas y  amante de los fríjoles, pasiones que comparte  con su hijo y su marido, parecen sobrarle energías para asumir el desafío.

Un oficio al filo de la extinción

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Entretanto gira la rueda.


 

Encontrarlos es más difícil que buscar una aguja en un pajar. Ni en los mercados más populosos donde se supone que existen no es fácil dar con su presencia. Son como criaturas míticas de las cuales sólo se sabe de oídas. Tantas veces habré atravesado a pie mi ciudad tras sus pasos invisibles en las aceras. Ni señales, solamente el rastro sonoro de su silbato que se deja oír en alguna parte. ‘Por ahí andan, por ahí andan’, me susurra el viento en contra como queriendo ocultarlos a ojos profanos.

A veces es preciso no buscarlos. Ellos te encontrarán en sitios y momentos inesperados. Es el instante oportuno para cazarlos, atraparlos en el tiempo a través de una fotografía. Porque seguro se extinguirán y se harán recuerdos borrosos como los cacharros inútiles de un museo.

Entretanto gira la rueda que pule filos como pule vidas, desde los utensilios más necesarios hasta los instrumentos más locos. Una tijera para cortar los días en retacitos, un machete para herir el orgullo del monte, un cuchillo para pasar a degüello las circunstancias amargas.

Cabe detenerse ante ese despliegue de ingenio popular al construir tales artilugios, y admirarse de que con objetos simples el mundo también gira. Adaptaciones curiosas de otros artefactos: los ciclos desechados de una bicicleta, los radios inoxidables de una moto, los aceros firmes de una antigua carreta. Girar, rodar, dar vueltas, se dice que es la única forma de engañar al destino. O pretenderlo.

Entretanto gira la rueda. Las cosas giratorias son fascinantes en esta vida, como el instante feliz de un trompo observado por un niño, como la cintura infinita de una muchacha, como el tronco inabarcable de un árbol.

P.S. He aquí la banda sonora de esta evocación

Ver fotos completas


Los muertos aún están vivos en México: el culto a los ancestros

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Especial: Día de los muertos en México.


 

El Día de Muertos es una celebración tradicional mexicana que honra a los muertos. Se celebra principalmente los días 1 y 2 de noviembre, coincidiendo con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos. Es una festividad que se celebra en México y en menor grado en países de América Central, así como en muchas comunidades de los Estados Unidos, donde existe una gran población mexicana. En el 2008 la Unesco declaró la festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de México.

Por ello traemos desde La Cebra que Habla este especial en honor a este día, a ese sentimiento, y como refrendación de este patrimonio cultural que es inherente de todos los latinoamericanos. Todo aquellos que nos sentimos con un destino único en el continente, gracias a la lengua, y a un origen común, mezcla español e indígena.

 

Bienvenidos


 

 


 

 


 

 


 

Todos Santos en Bolivia: ritos y costumbres

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Al domicilio de un “alma nueva”, los vecinos y amigos suelen concurrir con mayor devoción y entusiasmo


 

Hoy, 1 de noviembre, llegan las almas de los difuntos al mundo de los vivos. Lo hacen desde el mediodía para quedarse junto a sus seres queridos, según establece la creencia. En Bolivia la festividad de Todos Santos todavía sigue muy arraigada en los barrios periféricos de las ciudades y, sobre todo, en los pueblos y pequeños poblados del área rural.

Para conmemorar a los muertos, la tradición manda que cada familia doliente instale el Mast’aku o mesa de homenaje, al menos durante los tres primeros años posteriores al fallecimiento. El mast’aku es una suerte de ritual u ofrenda que consiste en la preparación de una mesa donde se tiende toda clase de alimentos: frutas, bebidas, golosinas, galletas, masitas de todo tipo y hasta algunos platos que en vida le gustaban al difunto.

 

T’antawawa y otros elementos. Foto por: José Crespo Arteaga

 

Hay unos elementos simbólicos e infaltables en toda mesa: las t’antawawas o niños de pan que representan al difunto, las escaleras por las que se suponen bajan las almas, y alrededor se ponen los urpus (panecillos) que tienen la forma de serpiente, palomas, sapos, llamitas y otros animalitos que tienen connotancia sagrada en el mundo ancestral andino.

Se completa el decorado con jarrones de flores, banderines,  gallitos y otras figuras de azúcar, cadenas y coronas de papel o plástico de color morado y negro exclusivamente; también se suele añadir ramas de caña de azúcar o de palma verde junto a la cabecera de la mesa para realzar todo el conjunto. En los pueblos se suelen armar mast’akus impresionantes, con todo lujo de detalles, siempre de acuerdo a las posibilidades económicas de los deudos que no escatiman en recursos para homenajear a su familiar especialmente el primer año del duelo.

 

Mast’aku de varios niveles, en una casa de Tarata, pueblo de Cochabamba. Foto por: José Crespo Arteaga

Al domicilio de un “alma nueva”, los vecinos y amigos suelen concurrir con mayor devoción y entusiasmo pues los anfitriones los recibirán con los brazos abiertos, colmándoles de atenciones cual de una fiesta normal se tratara, con la diferencia de que los visitantes deben elevar oraciones por el alma del difunto. A continuación se sirven rondas de chicha y coctelitos de variadas frutas, canapés, masitas y en algunos casos hasta platos de comida.

En algunas casas acostumbran amenizar la velada con presencia de bandas y otros músicos que suelen tocar, naturalmente, las canciones que gustaban al difunto, entre otras.

 

Urpus o panecillos, listos para el horno. Foto por: José Crespo Arteaga

 

Al mediodía del día siguiente, 2 de noviembre, se dice que las almas, después de haber compartido con sus familiares, parten otra vez al más allá hasta el año siguiente. A continuación, la familia traslada la mesa rumbo al cementerio local para que junto al sepulcro o nicho correspondiente, acudan todo tipo de gentes, especialmente grupos de niños, que luego de unos rezos o cánticos serán recompensados con urpus, frutas y golosinas.

En los camposantos pequeños, es todo un espectáculo ver a los chiquillos que con toda alegría rezan a viva voz, infatigablemente, para ir llenando la mochila de panecillos y masitas, cual de un preciado botín se tratara. A medida que las sombras de la noche se acercan, los rezos también se van apagando como suaves murmullos. Es hora de que los muertos descansen en paz, otra vez.

 

Grandes y chicos en pleno rezo. Foto extraída de: Opinión Bolivia

 

La tradición de Todos Santos se acostumbra finalizar en las semanas siguientes, con mayor preponderancia en los valles cochabambinos, con el festival de las Wallunk’as. Pero esa será otra historia.

El origen y la historia de las catrinas

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En la actualidad, esta versión de calavera con flores, aterradora y hermosa a la vez, es una fuente de inspiración en muchas fiestas de disfraces, tanto dentro como fuera de México.


Extraído de: Wsimag

Por: Noelia Tapia

El Día de Muertos de México es una celebración única en el mundo. Se trata de una festividad que mezcla su antepasado azteca con tradiciones cristianas de la influencia colonial española y que hoy se ha convertido en un ritual cargado de color y simbolismo que traspasa fronteras y llega incluso a la moda y otras fiestas populares. Las catrinas, símbolo por excelencia de esta celebración, se han convertido en objeto de culto en numerosos lugares del mundo y sirven como disfraz para celebrar este día en numerosos países, entre ellos España. Se trata de una cara pintada que asemeja una calavera y se decora con flores de vivos colores.

Las calaveras

A diferencia de otros lugares (donde están asociados al miedo) los cráneos tienen un significado positivo en México durante el Día de Muertos, ya que en la cultura maya suponían una especie de renacimiento. De hecho, estos símbolos se venden hoy en día como dulces y también rellenos de chocolate. Las calaveritas de azúcar tienen sus raíces en el tzompantli, un altar utilizado por los pueblos mesoamericanos. Sobre él, se colocaba una hilera de cráneos perforados de quienes habían sido sacrificados en honor a los dioses.

Tras la llegada de los españoles y con la incorporación del Día de todos los Santos en el calendario, se introdujo una técnica para elaborarlos como dulces, el alfeñique, una especie de caramelo o confitura con base en azúcar de caña que forma una pasta moldeable. Los estados que acogieron esta forma gastronómica fueron Guanajuato, Morelos y el Estado de México. En otros lugares como Aguascalientes tiene lugar una de las fiestas más importantes de estos días: el Festival de las Calaveras, que se celebra este año del 28 de octubre al 6 de noviembre.

Además de los desfiles, conciertos, espectáculos y otras numerosas actividades previstas en la ciudad, puedes conocer el Museo Nacional de la Muerte, que guarda una colección de más de 2.000 exhibiciones relacionadas con el tema.

 

Foto extraída de: reconociendomexico.com.mx

Las flores

Las flores también tienen una importancia simbólica. Muchos diseños de las calaveras aparecen rodeados de flores, sobre todo la cempasúchil, una especie de caléndula de color amarillo que se conoce como la flor de los muertos. En la creencia azteca, la caléndula tenía propiedades espirituales porque se pensaba que ayudaba a guiar las almas de los difuntos. En lugares como Tuxtepec, Oaxaca, las flores tienen mucha presencia en sus famosos altares con tapetes de aserrín.

Con precisión milimétrica, comienzan a elaborarse desde días antes para que queden listos las noches del 1 y 2 de noviembre. En Quintana Roo, el Día de Muertos se celebra quitándole el protagonismo al sol y la playa. Allí los niños se encargan de decorar los altares con las flores.

El resultado: la catrina

Con la combinación de las calaveras y las flores se da lugar a este personaje tan característico que es hoy un símbolo en muchas festividades fuera de México: la catrina. En el pasado, la palabra “catrín” definía a un varón elegante y bien vestido, normalmente de la aristocracia, el cual iba acompañado de alguna mujer con las mismas características. La Catrina es una figura femenina con más de 100 años de historia creada por el caricaturista mexicano José Guadalupe Posada. Originalmente se llamó “La Calavera Garbancera” y suponía una burla a los indígenas que se habían enriquecido y menospreciaban sus orígenes y costumbres.

Posteriormente, el muralista Diego Rivera la bautizó como “La Catrina” y le dio gran difusión a este arte. El mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central” es otra obra reconocida, elaborada en esta ocasión por Rivera en 1947, donde se representa a sí mismo con la catrina, junto con Frida Kahlo y José Guadalupe. Actualmente se encuentra en el Museo Mural Diego Rivera en Ciudad de México.

 

Imagen extraída de: cloudfront.ne

 

En la actualidad, esta versión de calavera con flores, aterradora y hermosa a la vez, es una fuente de inspiración en muchas fiestas de disfraces, tanto dentro como fuera de México. Las redes sociales, en particular Instagram, así como los tips de las influencers más seguidas en Internet, han convertido este símbolo en una marca universal de México, cuya mejor forma de disfrutarlo es viajar hasta allí para vivirlo en persona.

 

Ver Catrinas


El culto a los muertos en México, una celebración ancestral

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AROCUTIN, MICHOACAN, 02NOVIEMBRE2013.- La madruga de hoy decenas de personas acudieron al panteón de este poblado para velar a sus difuntos muertos, quienes esperaron toda la noche la llegada de su espíritu. La festividad se termina con una misa con los primeros rayos del sol. En la creencia popular se dice la que las flores de cempazuchitl son como una luz que guía a sus seres queridos, además se les deja ofrendas como pan agua y cruces, los pobladores repiten este ceremonia año con año, la cual es una de las mayores tradiciones mexicanas. FOTO: RASHIDE FRIAS /CUARTOSCURO.COM

La UNESCO ha declarado esta festividad como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.


Por: A/Z

Revista de educación y cultura

 

El Día de Muertos es una celebración que honra a los difuntos el 2 de noviembre, aunque comienza desde el 1 de noviembre y coincide con las celebraciones católicas del Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos. Es una festividad mexicana y centroamericana que se celebra también en muchas comunidades de Estados Unidos, donde existe una gran población latina, e incluso en Brasil, donde se le conoce como Día dos Finados.

Es tan importante y tradicional que en 2003 la UNESCO declaró al Día de Muertos mexicano como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pero ¿cómo comenzó?

Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México son anteriores a la llegada de los españoles. Hay registro de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha, nahua y totonaca. Los rituales que celebran la vida de los ancestros se realizan en estas civilizaciones por lo menos desde hace tres mil años. En la era prehispánica era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento.

El festival, que después se convertiría en el Día de Muertos, era conmemorado el noveno mes del calendario solar mexica, cerca del inicio de agosto, y duraba un mes completo. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la “Dama de la Muerte” (actualmente relacionada con “La Catrina” de José Guadalupe Posada) y esposa de Mictlantecuhtli, “Señor de la Tierra de los Muertos”. Las festividades eran dedicadas a la celebración de los niños y las vidas de parientes fallecidos.

 

Foto extraída de: universia.net.mx

 

A dónde se dirigen los muertos

Para los antiguos mexicanos, la muerte no tenía las connotaciones morales de la religión católica, en la que las ideas de infierno y paraíso sirven para castigar o premiar. Por el contrario, ellos creían que los rumbos destinados a las almas de los muertos estaban determinados por el tipo de muerte que habían tenido y no por su comportamiento en la vida.

De esta forma, las direcciones que podían tomar los muertos eran:

El Tlalocan o paraíso de Tláloc, dios de la lluvia. A este sitio se dirigían aquellos que morían en circunstancias relacionadas con el agua: los ahogados, los que morían por efecto de un rayo, los que morían por enfermedades como la gota o la hidropesía, la sarna o las bubas, así como también los niños sacrificados al dios.

El Tlalocan era un lugar de reposo y de abundancia. Aunque los muertos eran generalmente incinerados, los predestinados a Tláloc eran enterrados, como las semillas, para germinar.

El Omeyocan, paraíso del sol, presidido por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. A este lugar llegaban sólo los muertos en combate, los cautivos que eran sacrificados y las mujeres que morían en el parto. Estas mujeres eran comparadas a los guerreros ya que habían librado una gran batalla, la de parir, y se les enterraba en el patio del palacio, para que acompañarán al sol desde el cenit hasta su ocultamiento por el poniente. Su muerte provocaba tristeza y también alegría, ya que, gracias a su valentía, el sol las llevaba como compañeras. Dentro de la escala de valores mesoamericana, el hecho de habitar el Omeyocan era un privilegio.

El Omeyocan era un lugar de gozo permanente, en el que se festejaba al sol y se le acompañaba con música, cantos y bailes. Los muertos que iban al Omeyocan, después de cuatro años, volvían al mundo, convertidos en aves de plumas multicolores y hermosas.

 

Foto extraída de: diariocorreo.pe

 

Morir en la guerra era considerada la mejor de las muertes por los aztecas. Por incomprensible que parezca, dentro de la muerte había un sentimiento de esperanza, pues ella ofrecía la posibilidad de acompañar al sol en su diario nacimiento y trascender convertido en pájaro.

El Mictlán, destinado a quienes morían de muerte natural. Este lugar era habitado por Mictlantecuhtli y Mictacacíhuatl, señor y señora de la muerte. Era un sitio muy oscuro, sin ventanas, del que ya no era posible salir.

El camino para llegar al Mictlán era muy tortuoso y difícil, pues para llegar a él, las almas debían transitar por distintos lugares durante cuatro años. Luego de este tiempo, las almas llegaban al Chignahuamictlán, lugar donde descansaban o desaparecían las almas de los muertos. Para recorrer este camino, el difunto era enterrado con un perro, el cual le ayudaría a cruzar un río y llegar ante Mictlantecuhtli, a quien debía entregar, como ofrenda, atados de teas y cañas de perfume, algodón (ixcátl), hilos colorados y mantas. Quienes iban al Mictlán recibían, como ofrenda, cuatro flechas y cuatro teas atadas con hilo de algodón.

Los niños tenían un lugar especial llamado Chichihuacuauhco, donde se encontraba un árbol de cuyas ramas goteaba leche, para que se alimentaran. Los niños que llegaban aquí volverían a la tierra cuando se destruyese la raza que la habitaba. De esta forma, de la muerte renacería la vida.

 

Foto extraída de: diariocorreo.pe

 

Ofrendas y fiestas prehispánicas

Los entierros prehispánicos eran acompañados de ofrendas que contenían dos tipos de objetos: los que, en vida, habían sido utilizados por el muerto, y los que podría necesitar en su tránsito al inframundo. De esta forma, era muy variada la elaboración de objetos funerarios: instrumentos musicales de barro, como ocarinas, flautas, timbales y sonajas en forma de calaveras; esculturas que representaban a los dioses mortuorios, cráneos de diversos materiales (piedra, jade, cristal), braseros, incensarios y urnas.

Las fechas en honor de los muertos son y eran muy importantes, tanto, que les dedicaban dos meses. Durante el mes llamado Tlaxochimaco, se llevaba a cabo la celebración denominada Miccailhuitntli o fiesta de los muertitos, alrededor del 16 de julio. Esta fiesta iniciaba cuando se cortaba en el bosque el árbol llamado xócotl, al cual le quitaban la corteza y le ponían flores para adornarlo. En la celebración participaban todos y se hacían ofrendas al árbol durante veinte días.

En el décimo mes del calendario se celebraba la Ueymicailhuitl o fiesta de los muertos grandes. Esta celebración se llevaba a cabo alrededor del 5 de agosto, cuando decían que caía el xócotl. En esta fiesta se realizaban procesiones que concluían con rondas en torno al árbol. Se acostumbraba realizar sacrificios de personas y se hacían grandes comidas.

Después, ponían una figura de bledo en la punta del árbol y danzaban vestidos con plumas preciosas y cascabeles. Al finalizar la fiesta, los jóvenes subían al árbol para quitar la figura, se derribaba el xócotl y terminaba la celebración. En esta fiesta, la gente acostumbraba colocar altares con ofrendas para recordar a sus muertos: el antecedente del actual altar de muertos.

 

Foto extraída de: animalpolitico.com

 

Transformación del ritual

Cuando llegaron a América los españoles, en el siglo XVI, se aterraron por estas prácticas y en un intento de convertir a los nativos del nuevo mundo, las hicieron coincidir con las festividades católicas del Día de Todos los Santos y Todas las Almas. Los españoles combinaron sus costumbres con el festival mesoamericano, creando un sincretismo religioso, dando lugar al actual Día de Muertos. Uno de los estados más representativos de este suceso es Michoacán.

El punto angular de esta tradición es la creencia de que el espíritu de los difuntos regresa del mundo de los muertos a éste, para convivir con sus familiares durante un día, departiendo con ellos, consolándolos y confortándolos ante su pérdida.

Pereira gótica: ficción, acción, horror

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Especial Pereira gótico, de ficción, acción y horror


 

Ya lo decía un escritor “Todos guardamos bajo nuestra piel símbolos de terror gótico” refiriéndose a que cada persona tiene un armazón óseo llamado esqueleto, tiene miradas, gestos, acciones humanas impredecibles.  En este día, conocido mundialmente como “Halloween”, o “Día de los brujitos”, La Cebra que Habla presenta algunos textos de autores literarios que escribieron obras de terror y dejaron una gran influencia en este género, además de algunas galerías fotográficas sobre el tema y más.

 

Bienvenidos


 

 


 

 


 

 


 

 


 

No todos los niños se disfrazan en Halloween

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Welder in a ship-breaking yard, Bombay/Mumbai, India, 1994 Vessels from around the world end up in this Bombay/Mumbai ship-breaking yard to be broken down into scrap. This worker is one of the many that reduce these colossal ships to tons of valuable iron. It is a dirty and dangerous job. Before turning to his next task, this worker's eyes catch McCurry's camera. Magnum Photos, NYC5952, MCS1993006 K030. From the tangle of deconstruction in the shipbreaking yard of Bombay, a young welder stepped forward in 1994 to engage the camera. His eyes, redoubled by the goggles on his forehead, draws our gaze away from the ship's empty hold and we wonder about this young man, whose face we cannot read fully, whose head is protected only by the cloth that covers his mouth. The promise of our gaze meeting, through a photograph, the look of another across time, and vastly different spaces is one of the signature strengths of McCurry's art. Bannon, Anthony. (2005). Steve McCurry. New York: Phaidon Press Inc., 27. National Geographic Magazine. Vol. 188, No. 3, pgs.56-57, March 1995, Bombay: India's Capital of Hope. Phaidon, 55, Portraits, South Southeast, Iconic Images, final book_iconic, iconic photographs Goggles and scarf shield this worker from the choking dust and smoke of the ship breaking yard. Old ships are brought from all over the world to be cut up for scrap metal. National Geographic: John McCarry (March 1995) Bombay: India's Capital of Hope, National Geographic. (vol.187 (3)) pp.42-67 Portraits_Book South Southeast_Book Steve Mccurry_Book Iconic_Book PORTRAITS_book Untold_book retouched_Sonny Fabbri PORTRAITS_APP final print_MACRO final print_Sao Paulo final print_Birmingham

El objetivo de esta selección fotográfica es visibilizar las realidades de muchos de los niños trabajadores alrededor del mundo.


 

Para el último trimestre de octubre-diciembre en el 2017 la tasa de trabajo infantil en Colombia concluyó en 7,3% según estadísticas del DANE. Una dinámica recurrente en nuestro territorio cuyos indicadores están muy fuera de lo que los acuerdos de paz establecían en su momento, definiendo entonces un panorama confuso e incierto para todos los niños y niñas que hoy, un día como el 31 de octubre, saldrán a las calles a trabajar.

En las cabeceras municipales se registró una participación laboral de los niños en 4,4% y en los centros poblados y rurales dispersos, (familias agricultoras, ribereñas u otras en cuyo territorio no hay vías, acueductos, etc.) 14,7%. En el mismo periodo de 2016 estas tasas fueron 5,7% y 13,6%, respectivamente.

Así entonces ellos no sólo están en las calles de nuestra ciudad, sino también en el campo, en las zonas veredales, en los ríos y valles.

Esto no es solo un flagelo nacional pues, el objetivo de esta selección fotográfica es visibilizar las realidades de muchos de los niños trabajadores alrededor del mundo.

 

Galería Completa


Casas de horror en Pereira que te helarán la sangre

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En este especial de Pereira gótica: ficción, acción y horror, presentamos esta galería de lugares olvidados o lúgubres en la ciudad. Casas o edificios que hacen parte de cada uno de nosotros, no solo porque están en una ubicación fija, sino porque también fueron habitados alguna vez por un ser humano,  una familia, o… nadie en ninguno.


 

Cuatro 20.

Ubicada en la Carrera 5ª Número 12-02 en el barrio Bavaria, o Alcázares, esta casa expide un tufo de terror por su aspecto. Las ventanas superiores están abiertas de par en par como si algún espectro quisiera salir, y eso lo refuerza la puerta y las ventanas de la parte baja, tapiadas con ladrillo farol, como impidiendo que salga alguien que yace encerrado allí hace mucho tiempo. Los vecinos la miran con temor, los niños pasan corriendo, los vehículos no omiten mirarla y acelerar al llegar a esa intersección. En fin, una casa que merece el primer lugar de nuestra lista de Casas de horror en Pereira.

Foto por: Diego Val

 

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Jour Pars.

Emplazada en la Calle 26 con Carrera 5ª esquina, en otro tiempo fue una casa propiedad de una familia respetada. Ahora los transeúntes no pueden dejar de imaginar qué pudo haber sucedido con tal familia, pues el aspecto de esta casa es realmente macabro. Solo falta dar una mirada en su interior para entender que nada bueno pudo haber sucedido allí. De igual forma la puerta esta sellada como una tumba. Las personas evitan hablar de tal esquina, y algunos al pasar hasta se persignan.

 

Foto por: Diego Val

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Crudo.

La dirección de esta casa cambia según la mirada. Originalmente está ubicada en la Calle 26 Número 5-56, pero en momentos se invierte la cifra.  Un grafiti predomina, según parece, del dios estival chocoano Tatzitzete, pero no nos atengamos a conjeturas. Recorrer el interior es realmente como para dejar a cualquiera con la piel erizada. El olor predominante son las heces, honrando con este aroma a Beelzebú, el dios de las moscas. Al tomar las fotos observamos sombras, y movimientos extraños de un lado a otro. La puerta está acuñada con un ladrillo, símbolo de la santería u ocultismo o señal de lo que una vez pudo pasar all y que nadie sabe.

 

Foto por: Diego Val

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Generación perdida.

Ubicada en la Calle 25 con 6ª, esta casa no está desocupada, pero su aspecto es de horror. El slogan de generación perdida en la parte frontal quizá hace alusión a esos miles de jóvenes que como Ernest Hemingway han entendido las cosas al revés. Lo sugestivo de este lugar es el enrejado en la parte posterior. ¿Alambre de púa en pleno centro? El diseño arquitectónico deteriorado da una impresión lúgubre, como si alguien hubiera ideado un proyecto de vida hermoso, y de un momento a otro, por esos avatares de la vida, todo llegó a su final. Solo desde el andén del frente se puede apreciar la calavera, y los signos de horror que emanan de esta vivienda.

 

Foto por: Diego Val

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¿Te gustan los retos?

La dirección exacta es Calle 21 Número 14a-29 y 14a-33. La doble nomenclatura ya hace esta casa sumamente misteriosa. En  la parte de arriba se ven cortinas raídas, arañadas, rasgadas, que dan la impresión de que un súcubus o íncubus  habito este espacio en otro tiempo. A primera vista este espacio pasa desapercibido, pero a medida que alguien se acerca puede comprobar que varios elementos están salidos del contexto. Por ejemplo, la puerta está sellada como la tumba del dios Tutankamón y dice, a modo de conjuro, la palabra “Magia”. Un poste de luz divide la casa en dos, y el olor a azufre en los contornos asusta hasta al más desprevenido. Esto último, para no ponernos paranoícos, quizá se debe a que hay un lavadero de carros cerca al lugar y allí usan químicos.

 

Foto por: Diego Val

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La casa de las palmeras.

La nomenclatura de este lugar es Calle 24 Nº 6-21. Es una casa, que creemos, está habitada. Se encuentra construida entre discotecas, parques, y almacenes donde venden aparatos médicos. Es una residencia silente, es decir, no se escucha ninguna actividad o se ve personas entrar o salir.  La gente que pasa por el lugar miran hacia dentro como esperando conocer al dueño de esta emblemática vivienda. Su aspecto no pasa desapercibido. Por un lado, vemos que es una edificación llena de símbolos, por el otro,  se resiste a cualquier intento de adecuarse a los demás espacios. ¿Qué secreto se trae entre paredes los habitantes de esta casa? Mejor, dicho, pasar por acá a las 12 o 1 de la mañana es para decirle a los pies “patitas, para qué las tengo”.

 

Foto por: Diego Val.

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Negro por dentro y negro por fuera.

Esta larga casa franquea dos barrios del centro de la ciudad.  La dirección es Calle 10 número 24-45. Allí predomina el color negro. Hay varias elementos viejos y mugrosos que dan qué pensar: ropa, zapatos, interiores, biberones, gorras. Hay muchos grafitis en su exterior que muestra el cosmos, el averno, el caos universal, la vida y la muerte. Una peculiaridad resalta y es, que las hierbas de su parte superior parecen querer renacer, como el Fenix, de entre las cenizas. La vida no se detiene.  ¿Qué sucedió acá? ¿murió alguien? ¿Fue extinguido el amor de los que una vez habitaron este espacio? ¿Es una propiedad maldita? Así y más. Al pasar cerca, el frío de su espacio se puede sentir. Casi como si un viento polar envolviera a los transeúntes y los llamara a entrar a esa boca abierta y misteriosa.

 

Foto por: Diego Val

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