miércoles, abril 29, 2026
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César Aira: Prins

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Sin embargo, considero que la escritura de esta novela es de una bellísima precisión, que evoca quizás el estilo de la mejor prosa norteamericana.


 

Información Bibliográfica del libro
 

Título: Prins

Autor:  César Aira

Editorial: Random House

Colección: Trazos y Sílabas

Género: Novela

Año: 2018

Pág. 144

 

He vuelto a la lectura de un libro del escritor César Aira (Coronel Pringles, 1949).

Este año, en el mes de abril se publicó Prins (Literatura Random House, 2018) su nueva novela. Volver sobre un texto suyo me ha resultado sumamente excitante, destaco el gusto por su gran capacidad imaginativa. No sin dejar de advertir que sólo he logrado leer once de sus libros, y esto es poco, ya que su extensa obra novelística, teatral y ensayística, ya ronda los 102 títulos.

Asimismo, he escuchado algunos de sus cuentos en audiolibros que circulan en Youtube. La voz en estos audios tiene un acento argentino que me resulta agradable, quien lee es Belén Aguirre de la biblioteca Haroldo Conti. Antes de Prins, lo último que leí fue Ema, la cautiva (Literatura Random House, 2013).

Simultáneamente, hace poco he reproducido algunos de esos audio libros, como el de El ilustre mago (Biblioteca Nacional, 2013) en el que se repite una puesta en abismo de un escritor al que un mago le ofrece poseer cualquier cosa que desee, pero con la única condición de dejar de escribir, pero también de leer y de cualquier acción vinculada con la literatura.

Esta misma dualidad, la de escribir o dejar de hacerlo, se muestra en su cuento La pobreza, donde otra vez, un escritor, parece estar ante el temor de perder su capacidad creativa, si logra deshacerse de la pobreza, quien aparece como un personaje que le está interpelando todo el tiempo.

 

Imagen extraída de: rtve.es

 

Puedo decir que me sigue sorprendiendo y atrayendo la imaginación de corte surrealista, la precisión en la prosa, que busca privilegiar la nitidez de imágenes de tipo cinematográfico, elementos que componen, en cierta medida, parte de la obra airana. Esto es, creo, algo que también marca la escritura de Prins.

Prins está narrada en primera persona, el personaje central es un escritor de novelas góticas desencantado de su producción de libros bet-sellers, a los que considera como mala literatura. Desde las primeras líneas del libro, casi a manera de confesión, el narrador declara lo siguiente:

“Condenado de toda la vida a la laboriosa redacción de novelas góticas, encadenado al gusto decadente de un público inculto… La fatiga se apoderaba de mí… No podía ni siquiera terminar una oración”. (P. 7)

Ese desencanto conlleva a que tome la decisión de convertirse en un consumidor de opio, empleando media hora al día para tal fin. Este último hecho convierte toda la narración sumamente dudosa, pues son los sucesos, las impresiones, las visiones de este narrador tienen una percepción alterada. Pero justo ese desvío le permite tomar distancia y cuestionarse el oficio:

“Nadie sabe con claridad qué es eso de la literatura, qué es lo que hace un escritor; de ahí que lo dejen tranquilo, en el aura que la sociedad le construye, la burbuja hecha a medias de respeto y de asco”. (99).

 

Imagen extraída de: Clarín

 

Mientras el autor de novelas góticas viaja en el autobús 126 conoce a una mujer llamada Alicia. Con ella emprende una relación amorosa. La convierte en su doncella y la lleva a vivir a su castillo. El escritor llega a un lugar llamado La Antigüedad y luego a una casa en la que vive un dealer llamado Ujier, a quien le compra todo el opio que tiene. El opio debe llevarlo el Ujier, pues este se ha comprometido a transportarlo en su camioneta.

Dado que el opio es del tamaño de una lavadora, y que la llave de la casa en la que vive el dealer está en el centro de esa mole de opio, este deberá permanecer con el escritor en el castillo, hasta cuando éste consuma la cantidad de opio suficiente hasta llegar al centro de esa mole, donde está la llave. De forma tal que, el Ujier pueda recuperarla para volver a su casa.

El opio es la evasión y la entrada en el sin sentido del autor. Es descreído de poseer algún talento como escritor, a diferencia, por ejemplo, de Carlos Argentino Daneri, personaje de El Aleph.

El personaje de Prins se siente infortunado, pese al éxito en ventas de sus libros, novelas góticas bet-sellers que él no ha escrito, sino que las ha hecho escribir de sus ghost-writers, pero estos a su vez, no las escribieron, sino que las plagiaron de obras escritas hace doscientos años.

El opio estuvo presente en la vida de los artistas del Romanticismo, y en algunas páginas el autor habla del Romanticismo, de la Realidad, y al final, habla de las Vanguardias. Es así como el escritor hace un rastreo del estado de la literatura. Más aún, cuando se va a vivir al castillo con Alicia y el Ujier, y los ghost-writers acechando amenazantes a su alrededor (pues los ha despedido), vemos cómo la realidad del escritor va tomando la forma de una novela gótica, como una suerte de bovarismo.

 

 

Imagen extraída de: Instagram

 

Así es como se da el artificio narrativo que va hilando la trama. En la Antigüedad los años corren hacia atrás, el tiempo sufre ese efecto. El espacio y el tiempo se expanden a gusto del narrador, lo que distorsiona la forma y el sentido de la narración.

Sin embargo, considero que la escritura de esta novela es de una bellísima precisión, que evoca quizás el estilo de la mejor prosa norteamericana. En tanto que, la atmósfera siniestra en ese castillo, que se expande laberínticamente, sin límites, me recuerda La caída de la Casa Usher de Poe. Gran escritor, fenomenal romántico y delirante opiáceo, quien fuese, por demás, el gran renovador del género gótico.

Advierto que en esta novela se cuentan simultáneamente dos historias: la primera es la historia del escritor de novelas góticas, y de los dos personajes que le acompañan. La segunda historia, es acerca de las concepciones y cuestionamientos que hace el escritor en torno a los usos y valores literarios. En este caso, la narración de la primera historia está en función de la segunda, que podría ser una parte del gran eslabón que recorre la literatura argentina.

Es decir, el tema del escritor que problematiza en torno a su creación. Por ejemplo, en Escritor fracasado Roberto Arlt describe en tono irónico ese dilema:

“¿Qué era mi obra?… ¿Existía o no pasaba de ser una ficción colonial, una de esas pobres realizaciones que la inmensa sandez del terruño endiosa a falta de algo mejor?”

Similar es la inconformidad y rotunda es la sensación de fracaso literario del personaje de Aira.

Pero quizás lo más predominante en Prins sea que la realidad se va transformando en una ficción que va invadiéndolo todo, al tiempo que aparecen disertaciones en torno a teorías, conjeturas y nociones críticas sobre la literatura.

 

Imagen extraída de: El Nuevo Diario.

 

Esto corresponde, en cierto sentido, a una técnica de construcción de ficciones y sentidos, cuyo precursor de esa tradición es Borges. En Aira podemos hallar un constante homenaje a la creación borgeana, aun así, no es este su único referente, aunque tal vez sí uno de los más relevantes en la configuración de su obra. Por supuesto, debo decir que Aira me parece un magnífico escritor.

En Aira conviven, creo, la alta cultura y la cultura popular. Y sus historias con sus personajes parecen ser un pretexto para apuntar a una o a muchas ideas sobre la cultura, el arte y por supuesto, la literatura. En este sentido, convendría evocar aquí sus propias palabras, con el fin de resaltar cierta construcción de su figura literaria:

“Como discípulo de Borges, siempre he estado en ese juego de ver cómo funciona la literatura, cómo funciona lo literario de la literatura.

Por eso no tengo ni voy a tener nunca un público lector: voy a tener lectores que van a irme a buscar a mí específicamente. Por eso no estoy en la mesa de novedades por el color de la tapa de mi libro. Y si me eligen por esto, se van a llevar una desilusión tremenda.

Esta anécdota la conté varias veces y no me hace mucho honor. Una vez caminando por mi barrio un hombre me dijo: “Adiós, Aira”. Lo miré como pensando de dónde era y me dijo: “Usted no me conoce, soy un humilde lector”. Yo me quedé pensando en el adjetivo humilde. El que me lee a mí es un lector de lujo (…)”

Sin duda, Aira ha fundado otro tipo de literatura y, en consecuencia, otro tipo de lectores.

Libres y sin prejuicios, transgresores y con emociones: Queen

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De la vida de Freddie nos quedan estelas, una que otra certeza y más situaciones sin resolver. He ahí lo interesante.


 

Ficha técnica

Año, país, duración 2018, Reino unido, 134 minutos
Director Bryan Singer
Guion Anthony McCarten (Historia: Anthony McCarten, Peter Morgan)
Fotografía Newton Thomas Sigel
Música John Ottman
Actores Rami Malek, Joseph Mazzello, Ben Hardy, Gwilym Lee, Lucy Boynton, Aidan Gillen,Tom Hollander, Mike Myers, Allen Leech, Aaron McCusker, Jess Radomska,Max Bennett, Michelle Duncan, Ace Bhatti, Charlotte Sharland,Ian Jareth Williamson, Dickie Beau, Jesús Gallo, Jessie Vinning
Productora Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; GK Films / New Regency Pictures / Queen Films Ltd. / Tribeca Productions / Regency Enterprises. Distribuida por 20th Century Fox
Género Drama | Biográfico. Música. Años 70. Años 80. Homosexualidad. SIDA

 

Cualquier leyenda del rock además de sus aportes y vehemencias, nos cuenta la relación en pugna con lo establecido. Las bandas y rockeros lo que han hecho es correr fronteras para situarnos en escenarios de catarsis. Basta con escuchar las letras para identificarnos con sus planteamientos y darnos cuenta de la capacidad de convocatoria masiva.

Ver una película sobre un grupo mágico y elocuente, que cada vez que matan renace: Queen, es una experiencia magnífica. También es un alivio, aunque también una angustia, presenciar la vida de Freddie Mercury, porque sus altavoces de conciencia se han extendido.

Es un tanto melancólica y con muchos grados de sublimidad. Han cuestionado la masificación de las canciones y a sus fans o seguidores o cercanos por asuntos del mercado (como si hubiera sólo un lugar para privilegiados).

Queen pertenece a la historia y hoy muchos más la escuchan, y si quiera eso es así, pues descansamos de la fiebre y la epidemia de otros estilos musicales que nos han dominado con lo mínimo y más básico. Algunos cuestionan y critican, cuando en la misma película se encuentran las respuestas: se trata de disfrutar las canciones más que de explicarlas.

No hace falta estar a la altura de las exigencias de los ritmos de la propuesta musical o de los desafíos de un genio, es prepararse para ver. Nos podemos moler en contradicciones sobre el significado, pero cuando suena alguna de esas canciones con las que convivimos, nos atamos a los hilos de su cometa y somos libres escuchándolos.

 

Foto extraída de: denofgeek

 

La película nos conecta con una época, esa misma que se ha propagado y se resiste en desaparecer, una que ha dado con el fenómeno de la contracultura, de propiciar revoluciones de los sentidos, y de enfrentar al orden; fue un momento de humanidad por estrecharnos con la solidaridad.

De hecho, el gancho, resulta un concierto en favor de África, Live aid (en vivo el 13 de de julio de 1985) del que se desprende el reencuentro con la banda y su público, del mismo modo, el espectador goza de un guion redondo, cuya idea es empezar y terminar en el escenario.

En mi idea es apenas justo, porque cada banda y rockero son en la medida que la gente los avivó, les permitió estar entre ellos y tuvieron éxito, han encendido una llama y no se dejan apagar. Las polémicas sobre la vida de Mercury y de aquello que causó escozor, como las tendencias sexuales, la frivolidad con la existencia, las podemos apreciar, aunque no son el centro, sino las canciones y lo que motivan en los públicos.

De la vida de Freddie nos quedan estelas, una que otra certeza y más situaciones sin resolver. He ahí lo interesante.

La historia del Rock es como sus grupos y vocalistas: entre extravagante y de reinvenciones. Sin transgresiones el rock no sería, sin subvertir el orden y transformar no tendría sentido. Freddie, se hizo un lugar en la historia por ser capaz de gestar innovaciones.

 

Foto extraída de: festivalrykten

 

El nombre del filme, es de una de las canciones donde la fuerza de su contenido: una especie de confesión sobre un asesinato (puede ser simbólico o real), más los juegos y experiencias musicales: opera, teatro, intertextualidad literaria, el misterio de su sentido, más la potencia de la voz y los arreglos, dan para gestar un golpe certero.

Seguirá teniendo efectos en el tiempo. Los rapsodas, los aedos, los vocalistas son interpretes y viajan con su discurso, hablan con interlocutores que se desplazan en su propio mundo o generan iniciativas para un despertar. El ensamble o el híbrido resultaron incómodos pero generaron rupturas.

Casi que las letras y las canciones de Queen son una banda sonora de la vida de millares en la aldea global y van tanto de la amistad, el amor, la irreverencia a esos hechos misteriosos y aúlicos del respirar. Se entonan en fiestas, en los encuentros, como en los modos de estar en privado.

Así, Bohemian Rhapsody es un nuevo gesto de reincorporación de héroes de la música, de esos convertidos en leyenda, los juglares de las proclamas de los individuos, de sus odiseas sensoriales, de sus pensamientos en fuga, de su idea de:

“La peor enfermedad es el aburrimiento”.

Estar ahí en los episodios y extramuros de lo que no se escucha ni se contempla cuando se ha producido una canción, o se ha ideado un grupo, es un placer y un gusto enorme por lo que nos hace vibrar y reencantar. Cuando canta esa banda, se remueven conciencias, se alteran las percepciones, hay provocaciones y sugerencias, se invocan situaciones de cada quien y es como si en esas letras cada uno pudiera estar, así sea en una línea, o en lo profundo de las melodías.

 

Foto extraída de: WP

 

El solo hecho de escuchar nos alerta, sin ser expertos. La película nos permite acercarnos a un emblema del rock, sus aflicciones y burlas, sus complejos y desmanes, su capacidad creativa y elocuente, así como de romper reglas en el amor, en el compartir con los demás, en entregarse como un puente para los demás: “Nada importa en realidad cualquiera lo puede ver”, como dice la canción emblema. Son himnos universales, se corean, se portan como:

“We are the champions”, “Don’t stop me now” o “We will we will rock you”.

Con ellos la adaptación se hace añicos y nos ofrecemos un banquete de desorden y se mantiene el enigma al no tener las certezas sobre ciertos hechos, como el de la propia canción insigne.

Queen se quedará. Sus épicas aventuras musicales, su interacción con el público, su cantera de motivaciones para escucharlos seguirá presente. El zapateo, el alzar las manos, el agite y el desborde no fueron para un momento, sino para ser parte de los ecos universales. Así si el rock son un grito de libertad, con Queen, los aullidos nos hacen sentir manada y volver a lo salvaje de las sensaciones.

 

Tráiler


Piratas del Caribe

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Bienvenidos a este especial donde hablaremos de Los Piratas del Caribe, la historia de Cartagena, la lista de los corsarios más famosos, y por supuesto, una banda sonora como un complemento a esta entrada y a este evento registrado en los anales de la historia del Caribe.


Por Destylou

 

En la segunda mitad del siglo XVII, la piratería tuvo su período “estelar”, aunque esta actividad es tan antigua como la navegación. El escenario de los piratas era el Caribe, un mar que por aquel entonces pertenecía, al igual que el conjunto del continente americano, a la corona española.

Al principio, los piratas actuaban en nombre de los países enemigos de España que le disputaban el control sobre un espacio tan importante y grande. Se les llamaba corsarios porque tenían patentes de corso (término italiano que significa “persecución”) ya sí atacaban a navíos y otras posesiones enemigas.

Estos corsarios aumentaron su actividad a principios del siglo XVII, cuando Inglaterra, Francia y Holanda se hicieron fuertes en algunos puntos de América. Algunas islas del Caribe dejaron de ser del dominio español para convertirse en bases desde las que actuaban los piratas. Jamaica es un ejemplo de ello, conquistada por los ingleses en 1655.

Una de estas islas fue donde la piratería alcanzó su mayor florecimiento, hasta dar lugar a la leyenda que después cultivaría la literatura y el cine. Y fue así, al norte de la isla “La Española” (Haití), se encuentra una pequeña isla rocosa llamada Tortuga, se llama así por el aspecto que presenta vista desde lejos. En el siglo XVII, esta isla se convirtió en el refugio de aventureros, sobre todo franceses, que se dedicaban a cazar ganado silvestre allí (por lo que se les llamaba “bucaneros”).

 

Imagen extraída de: Hobbyconsolas

A los franceses se le sumaron otros piratas verdaderos, ingleses y holandeses y todos ellos formaron una asociación muy curiosa, “Los Hermanos de la Costa”, que entre 1630 y 1688 sembraron el terror en las guarniciones y ciudades españolas en toda la costa del Caribe.

Su aspecto era semisalvaje y actuaban con extrema violencia, llegando a todos los extremos. Estos piratas o “filibusteros”, que era como empezaron a llamarlos en aquella época, estaban muy bien organizados, según un modelo que combinaba la igualdad democrática con el fuerte sentido de la disciplina.
Las acciones las decidían en común y en el reparto del botín hacían pocas diferencias de jerarquía, pero una vez en campaña, el jefe ejercía la autoridad absoluta.

Los ataques o acciones más sonadas fueron el ataque contra Maracaibo en 1667 y la destrucción de la ciudad de Panamá tres años después.

En 1697, la paz entre las distintas potencias europeas marcó el inicio del fin de este famoso y peculiar oficio, aunque todavía se dejó sonar en las primeras décadas del siglo XVIII.

 


Textos y Audio


>>>El pirata muestra un orden que no está establecido, pero quizá pronto a establecerse<<<

 

 


Los piratas más famosos de la historia







Banda Sonora


Una de piratas: Joan Manuel Serrat  

La del pirata cojo: Joaquín Sabina

 

Independencia de Cartagena de 1811

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El 11 de noviembre de 1811 con el título de “ Acta de la Independencia de la Provincia de Cartagena de la Nueva Granada”, se firmó en Cartagena, el documento que proclamaba las aspiraciones y reivindicaciones de la sociedad portuaria de la época, que pretendía emanciparse de la Metrópoli Española.


Por: El Mundo.com

Uno de los aspectos centrales de dicha proclama se expresaba de la siguiente forma: «Nosotros, los representantes del buen pueblo de Cartagena de Indias, con su expreso y público consentimiento, poniendo por testigo al Ser Supremo de la rectitud de nuestra causa, declaramos solemnemente, a la faz de todo el mundo, que la Provincia de Cartagena de Indias es desde hoy, de hecho y por derecho Estado libre, soberano e independiente; que se halla absuelto de toda sumisión, vasallaje, obediencia, o todo otro vínculo, de cualquier clase y naturaleza que fuese, que anteriormente lo ligare con la Corona y Gobierno de España y que, como tal Estado libre y absolutamente independiente, puede hacer todo lo que hacen las naciones libres e independientes».

Los hermanos Germán y Gabriel Gutiérrez de Piñeres, junto con la participación de sectores de la población históricamente maltratados por el Virreinato y la Corona decidieron confrontar al Régimen Español, proponiendo la independencia absoluta.

Uno de los apartes de la declaración expresa el rechazo a la dominación en los siguientes términos: “Apartamos con horror de nuestra consideración aquellos trescientos años de vejaciones, de miserias, de sufrimientos de todo género, que acumuló sobre nuestro país la ferocidad de sus conquistadores y mandatarios españoles, cuya historia no podrá leer la posteridad sin admirarse de tan largo sufrimiento; y pasando en silencio, aunque no en olvido, las consecuencias de aquel tiempo tan desgraciado para las Américas”

Los planteamientos ideológicos de la independencia de Cartagena no sólo comprometía el accionar político de sus líderes, sino que involucraba componentes radicales de carácter militar: “Y para mayor firmeza y validez de esta nuestra declaración empeñamos solemnemente nuestras vidas y haciendas, jurando derramar hasta la última gota de nuestra sangre antes que faltar á tan sagrado compromiso”.

Tal como lo señala el profesor Jorge Conde Calderón es importante destacar la participación popular en el proceso de independencia en Cartagena: “fue el pueblo el actor principal y el que, en últimas, le imprimió el sello radical al acontecimiento de independencia absoluta.

Aún más, entre los signatarios de la Constitución del Estado de Cartagena elaborada en 1812, aparecen dirigentes populares como Pedro Romero y Cecilio Rojas. Otro artesano, Pedro Medrano, terminó siendo miembro del Colegio Electoral que reformó la Constitución en 1814, en medio de unas sesiones igual de acaloradas a las de 1811”.

 

Acta de independencia de Cartagena.
Imagen extraída de: Kalipedia

Recordar esta fecha después de más de 190 años y cuando nos aproximamos a su segundo centenario en el 2011 debe generar la necesidad de reconstruir la memoria histórica no sólo de la independencia de Cartagena sino de otros procesos locales como fueron los casos de Santa Fe, Cali, Socorro, Mompox y Tunja, a propósito de indagar sobre los pilares que perfilaron la construcción del Estado – Nación.

Sin embargo, la fecha del 11 de noviembre, poco a poco se ha desdibujado paulatinamente en el imaginario político de la sociedad colombiana, pues al trasladarla al lunes siguiente, el referente que se tiene en el común de la gente del 11 de noviembre es el reinado nacional de la belleza, lo que sin duda opaca la importancia y trascendencia de aquel acontecimiento histórico que abrió las puertas para la emancipación colonial.

Es imperiosa la necesidad de no perder los referentes que moldean la identidad y la memoria de la Nación, para lo cual se requiere resignificar y revalorar acontecimientos como el del 11 de noviembre, para no dar paso al olvido, la indeferencia, el abandono y el descuido, por parte de instituciones públicas y privadas, pues las generaciones del presente y las que están por venir deben conocer el pasado de nuestra sociedad y el valor tan importante que ocupa la memoria en la construcción de identidad.

¿Porqué la importancia de la memoria?. El profesor Gonzalo Sánchez en su texto Guerra, Memoria e Historia define la memoria tanto individual como colectiva como aquella capacidad de conservar y actualizar informaciones pasadas, que mediante el lenguaje escrito o hablado pueden volverse objeto de una acción comunicativa.

Así, la memoria colectiva o memoria social “define el marco de nuestras acciones, es aprendida, heredada y transmitida a través de innumerables mecanismos que le imprimen un sello a nuestro devenir, a tal punto que nuestra memoria termina siendo la representación de nosotros mismos ante los demás. Esto nos permite, en consecuencia, afirmar un primer gran postulado: La memoria es una forma esencial de construcción de las identidades colectivas”.

 

Imagen extraída de: Revista Dinero

Estas identidades sugieren a su vez la diversidad de la memoria social, pues “los diferentes grupos (sociales, nacionales, de género,) construyen de manera diferente sus memorias, sus temporalidades, sus legitimaciones, y a partir de estas le dan también su sentido propio al pasado en función del presente y definen sus aspiraciones identificatorias y futuras. Por ello también, más que generadora de consensos narrativos, míticos o visuales, la memoria es un terreno de disputa, de desestructuración y precomposición de las relaciones de poder. Evocar y silenciar son actos de poder”

Así las cosas, surge la necesidad de indagar por la memoria social que se ha entretejido alrededor de la independencia de Cartagena, teniendo en cuenta la complejidad histórica contenida en ella, es decir, que tipo de representaciones e imaginarios sociales han predominado en la historia política de la independencia nacional. 

Esta memoria social tiene necesariamente un soporte en la historia, pues no se trata de hacer visible el peso de las herencias o en aclarar simplemente el presente a partir del pasado, sino conocer y “reconstruir la manera como los individuos y los grupos han elaborado su comprensión de las situaciones, de enfrentar los rechazos y las adhesiones a partir de los cuales han formulado sus objetivos, de volver a trazar de algún modo la manera como su visión del mundo ha acotado y organizado el campo de sus acciones”.

La reflexión queda planteada, y sólo el tiempo nos dirá si el 11 de noviembre se valora más, en función de la memoria histórica de la Nación o en función de piernas, siliconas, canutillos y lentejuelas.

Benkos Biohó, un héroe olvidado

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Es uno de los héroes que forjó el camino de la Independencia


Por: El Universal

 

Hasta hace poco, el nombre de Benkos Biohó brillaba como una figura mítica que los historiadores soslayaban como si se tratara de una leyenda del siglo XVII.

Se cumplen 397 años de su muerte. En aquel lejano 16 de marzo de 1621, Benkos Biohó fue ahorcado y descuartizado, su ejecución fue ordenada por el gobernador García Girón.

En los años setenta y ochenta, tres estudiosos de los ancestros africanos en América, se ocuparon de Benkos, aclarando que su tránsito por la historia regional tenía su doble dimensión mítica y simbólica de los movimientos de resistencia cultural en América. Fue aludido por la antropóloga Nina de Friedemann, por el novelista e investigador Manuel Zapata Olivella y por el antropólogo Aquiles Escalante.

Indistintamente se nombraba a Benkos con el apellido Biohó o Biojó. Más tarde, con el auge de los estudios y de las organizaciones afrodescendientes, su figura ha cobrado nuevos significados y ha dejado de verse como una figura mítica para reivindicarse como figura histórica. Han transcurrido tres décadas para que Benkos sea recobrado y valorado desde la interdisciplinaridad. Es la mirada integral de científicos sociales, artistas, narradores de ficción, historiadores y gestores culturales, los que han salvado a Benkos del estereotipo del el mito y la leyenda. Su nombre es aludido con recelo y displicencia por ciertos historiadores locales, con tendencia europeizante.

 

Foto extraída de: historiadeafrica

 

La nueva generación de historiadores que confrontó la herencia de los historiadores hispánicos, se dedicó a estudiar a fondo el sentido histórico de Benkos, y han surgido aportes diversos en diversas disciplinas. El aporte del historiador Alfonso Múnera, autor de “El fracaso de la nación”, la novela “Changó el gran putas” (1983), de Manuel Zapata Olivella;

“La ceiba de la memoria” (2007), de Roberto Burgos Cantor que noveliza el período de la esclavitud en Cartagena y recupera la figura de Benkos y Pedro Claver, el trabajo de historia con aportes de recreación ficcional de Antonio Prada Fortul, los enfoques visuales de artistas, la aparición en 1979 del Himno a Palenque en homenaje a Benkos por el grupo Son Palenque, la instauración de un monumento en la plaza de Palenque y una primera aproximación en Cartagena a través de un busto de Benkos a partir del rostro de Nelson Mandela, realizado en el Parque Apolo, por el escultor Alfredo Tatis Benzo, dan cuenta de la necesidad de encontrar un referente histórico a una figura mitificada.

Poco se sabía del Benkos histórico. Hoy se sabe que nació en Guinea Bissau, África Occidental y capturado por el traficante portugués Pedro Gómez Reynel, vendido al comerciante Juan de Palacios y revendido como esclavo al español Alonso del Campo en 1596, tal como lo señala Wikipedia.

Pero su nombre sufrió varios caminos conflictivos que lo hacían invisible o lo deformaban, hasta el punto de que un brazo armado de la guerrilla decidió llevar su nombre. El sector cultural lo salvó del otro estereotipo manipulado y guerrerista. Poco antes de que eso ocurriera, la Semana de la Cultura Popular de Cartagena creó la Medalla al Mérito Comunitario Benkos Biohó, a figuras destacadas de la comunidad.

 

Foto extraída de: TVamediapro

 

Lo recibieron Helenita González, por su trabajo por los derechos de las mujeres en las comunidades y Constanza Cantor, por su devoción y entrega en los hogares infantiles. La medalla estuvo en la casa de la mamá del escritor y aquel nombre: Benkos Biohó empezó a ser motivo de estudio por Burgos Cantor. Aquel hecho aparentemente aislado, conformaba un mapa de sensibilidades alrededor del líder de los cimarrones.

En vísperas del bicentenario de la Independencia de Cartagena, se llega a la conclusión de que no habría Movimiento de los Comuneros, no habría ningún 14 de junio de 1810, ni 20 de julio de 1810 ni 11 de noviembre de 1811, sino existe Benkos Biohó, precursor de la libertad de los africanos esclavizados. A él se le debe la creación del Palenque de San Basilio y a los que palenques que siguieron en la zona de Mahates y Montes de María. Fue la conciencia de la resistencia y la organización de los cimarrones. Su espíritu rebelde y libertario es un legado histórico.

La Alcaldía de Cartagena a través del equipo humano que organiza la evocación y reivindicación de fechas históricas del Bicentenario de la Independencia, ha subrayado en la grandeza de este héroe de nuestra historia.

Ahora no sólo es el himno de Palenque. Es uno de los héroes que forjó el camino de la Independencia. Pero es además, un espíritu que ilumina los nuevos sentidos y destinos de la independencia en esta centuria.

A 29 años de la caída del Muro de Berlín

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Especial


 

El Muro de Berlín (en alemán: Berliner Mauer) fue un muro de seguridad que formó parte de la frontera interalemana desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989. Separaba la zona de la ciudad berlinesa encuadrada en el espacio económico de la República Federal de Alemania (RFA), Berlín Oeste, de la capital de la RDA entre esos años.​ Es el símbolo más conocido de la Guerra Fría y de la división de Alemania.​ Este muro era denominado en la República Democrática Alemana (RDA) como Muro de Protección Antifascista (Antifaschistischer Schutzwall)3​4​ y por parte de los medios de comunicación y parte de la opinión pública occidental como «muro de la vergüenza» (Schandmauer).

Presentamos este especial dentro de la sección de correspondencia: “Hojas de viaje”, conmemorando el importante evento que marcó un antes y después en la historia del mundo.

 

Bienvenidos


 



El Muro de Berlín: más allá de alambradas y ladrillos

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“Piensa que la alambrada sólo es/ un trozo de metal/ algo que nunca puede detener/ sus ansias de volar”.

Canción  “Libre”.

José Luis Armenteros y Pablo Herrero


 

¿Qué es un muro? Se podría responder a este interrogante intentando evacuar el asunto de manera rápida, diciendo que un muro es una línea continua.

Eso era, para muchos de nosotros, el Muro de Berlín: algo intangible, asunto difícil de representar, y menos de comprender en su completa magnitud. 

Este 9 de noviembre se han cumplido veintinueve años de la caída de esa frontera.

Pero, ¿qué era el muro realmente? ¿Fue, como podríamos haberlo figurado, una continuidad de bloques adosados que formaron una masa serpenteante, instalada como fortaleza infranqueable?

El centro de memoria del muro de Berlín, ubicado en la Bernauer Straße, en la esquina de Ackerstraße, es un lugar para la comprensión, incluso más que para preservar el recuerdo de un oprobio.

 

Foto por: Martha Alzate.

 

El complejo conmemorativo de la división de la ciudad, que tuvo lugar a partir del 13 de agosto de 1961, incluye la Capilla de la Reconciliación, un centro de documentación y de visitantes, y una sección de 60 metros de lo que fue aquella estructura fronteriza.

Teniendo la posibilidad de apreciar una  franja intacta del complejo sistema de partición, se abre la posibilidad de intentar comprender lo que pudo  significar para la vida de miles de personas, y lo que sigue representando  hoy en día.

 En el centro de visitantes, ubicado en la esquina que conforman la Gartenstraße y la Bernauer Straße, se   encuentra una exposición que incluye fotografías en gran formato, documentos escritos y testimonios; así como audios de momentos claves relacionados con la guerra fría, la República Federal Alemana, y su contraparte, la República Democrática Alemana, entre otros artículos. 

Desde los niveles superiores del edificio es posible observar mejor la franja.  Ese espacio árido de terreno, aparentemente abandonado, antaño fuertemente custodiado, que incluía torres de vigilancia, era también una zona dispuesta para que transitaran vehículos militares, con  arena usada para marcar las huellas de los potenciales fugitivos, alambradas que aumentaban las defensas, barreras antitanques, y sistemas de disparo automático: a cada costado de la denominada “franja de la muerte” dos porciones de muro, que sellaban la ruptura de una sociedad unida por lazos familiares y culturales.

Las dimensiones de esta área variaban con arreglo a los diferentes sectores de la ciudad.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Pero ella, a mi juicio, representó con mayor fuerza simbólica la profundidad  el distanciamiento y las consecuencias que ello trajo para los alemanes.

Soledad, aridez, vacío, un espacio inhabitado que produce temor. Un campo ansioso de dar muerte, un lugar consagrado a lo inhumano.

Tal vez no sea casualidad que en este sector, al área divisoria le siguiera en ubicación continua un campo santo.

Muchas construcciones, entre ellas numerosas casas de habitación en el sector de Bernauer Straße, se vieron atrapadas en medio de la separación.  Algunas de ellas, cuyas puertas de entrada estaban orientadas a la Alemania Occidental, quedando sus ventanales posteriores sobre la calle de la Alemania Oriental, en los primeros días sirvieron de bisagra para el escape de multitud de ciudadanos. 

Avisadas de esta situación, las autoridades de la  República Democrática Alemana tapiaron las ventanas, obligando a cerca de dos mil habitantes a desalojar sus propiedades. 

 

Foto por: Martha Alzate

 

La Iglesia de la Reconciliación fue otra edificación que resultó retenida en la franja de la muerte: su nombre, toda una metáfora elocuente en virtud del momento que vivía la historia universal y lo que en relación a ella significaba el muro en Berlín.

Como este lugar de reunión religioso quedó totalmente aislado, la capilla, que había sido construida en 1894, fue derribada por las autoridades de la RDA en 1985.

Años más tarde, en el contexto de la reunificación alemana, el terreno fue reintegrado a la iglesia con el fin de destinarlo a usos sagrados.  Allí, el 9 de noviembre del año 2000, en el XI aniversario de la caída del muro, se inauguró una nueva iglesia.  El edificio, de forma ovalada, que fue diseñado por los arquitectos berlineses Sassenroth y Reitermann, se encuentra rodeado por un cerco de láminas. Recuerda en su propuesta estética la desaparecida barrera, aunque sin las densidades de aquella, puesto que el borde de láminas es intermitente y permite una abundante entrada de luz.

Igualmente, la red de transportes urbanos fue suspendida. Muchas de las estaciones subterráneas fueron selladas, y los trenes que continuaban circulando las traspasaban sin poder detenerse.

Con el tiempo tomaron el nombre de “estaciones fantasmas”, pues la desolación se apoderó de ellas y de la población que, impotente, se vio sometida a un obligado desprendimiento.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Cada una de las partes componentes de este conjunto destinado a la memoria -espacio público, iglesia, franja de la muerte, torre de vigilancia, estructura al desnudo del antiguo muro, porción del muro real existente en este sector, centro de documentación y de visitantes-, permite tener una comprensión más completa de lo que  sucedió y el impacto que este acontecimiento tuvo sobre la población.

Actualmente, como si desoyeran los rugidos de la historia, hay quienes persisten en elevar diversas barreras sociales, políticas y raciales.

Incluso algunas físicas como el Muro de Berlín. 

Parece que el oprobio no ha sido asimilado por poblaciones distantes  y desconocedoras de los acontecimientos que han traído consigo las más grandes vergüenzas a la humanidad. 

Aunque no se precisa una ubicación geográfica lejana para que los dolores del pasado queden silenciados y nuevamente renazca el deseo de desconocer al Otro. Encerradas en la comodidad de un mundo desigual, algunas élites de  diversos países consideran al Otro, desigual o diferente, individual o colectivo, como una amenaza que se puede espantar, o por lo menos perder de vista alzando una muralla.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Pero el espacio vacío ineludible que queda tras el intento de alejamiento, a pesar de su apariencia árida y desierta, es fecundo. En él prosperan, aunque lentos y silentes, los brotes de la libertad. 

La franja de terreno que hizo parte constitutiva de la división de Berlín, como espacio simbólico, es fértil para el  pensamiento humano, para la crítica social, y la acción política.

Ojalá en nuestro país pudiéramos adelantar el proyecto de un centro de memoria histórica, elocuente, sin ocultamientos, que nos proporcione la dimensión de la tragedia que hemos vivido, y que nos remita a cuestionar los pasos próximos, teniendo siempre presentes el dolor y la tragedia que hemos causado con nuestros actos pasados. 

En ese propósito un buen ejemplo a seguir es el Gedenkstätte Berliner Mauer  o Memorial Wall of Berlín.

 

Ver galería de fotos completa


 

 

Banda Sonora de esta entrada: Roger Waters: The Wall


https://www.youtube.com/watch?v=OKxt-fOCB1s

 

Banda Sonora de esta entrada: Nino Bravo: Libre

 

 


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Muros en la ciudad y en la mente

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No hay muros más poderosos que los de los prejuicios atizados por los miedos propios.


 

Ladrillos, cemento, alambre de púas, metal. Cazadores de fronteras. Perros y reflectores.

Muros que se levantan 100 años después del final de la Primera Guerra Mundial.

Muros que perduran,  aún después de más de tres décadas de desaparecidos, como el infame muro de Berlín.

Berlín, ciudad-experimento de paz y de aliento contenido. Berlín, ciudad-botín de fuerzas aliadas y luego contrarias. Berlín, la ciudad que por fin lleva más años reunificada que separada. 

Restos de muro coloridos y mil veces fotografiados. La memoria traviesa como un viento de agosto que despeina y eleva cometas. Un fragmento junto al agua, que hace creer que tan solo fue un decorado de teatro. Ese que con sus turistas  cámara en mano, hace olvidar que  hizo estragos en las mentes de los ciudadanos de ambos retazos de país.

Durante 28 años, de manera sistemática, ese meridiano de cemento y hierro, metralletas y patrulleros, ahondó divisiones creando dos países paralelos que se miran aún hoy con recelo.

La “Canciller del Este” es uno de los tantos apelativos para la jefa de gobierno en Alemania.

El muro físico no existe, pero la barrera mental, perdura.

 

Foto: Muro de Berlín en la calle Bernauer. Al frente hierros que sostenían el muro. Atrás una foto ampliada de la emblemática imagen del soldado que en 1961 salta el alambre de púas que marcó territorios y dividió a las dos Alemanias en Oriental y Occidental. Tendrían que pasar 28 años antes de que el muro cayera. Foto por: Juliana González

 

Alguien podría decir que es normal. Que las diferencias regionales existen en todos lados. Que un neoyorquino nunca será igual a un californiano. O que un pastuso y un costeño son diferentes. Lo son y lo serán. Pero no es la geografía de las montañas ni los fenómenos climáticos los que han marcado esas divisiones.

Fue el miedo a que un sistema hubiera llegado a la bancarrota, arrasado por una dinámica económica y social diferente. Si la gente se va, el modelo colapsa. Para eso existen los muros. Para detener las marchas de las caravanas humanas, para contener los flujos migratorios, para no dejar entrar, pero tampoco para no dejar salir.

El muro de Berlín fue, sobre todo, ese tipo de muro: el que no deja salir.

13 de agosto 1961… Un alambre de púas pone final a la salida de alemanes que trabajaban en el lado occidental de la ciudad y vivían en el lado oriental.

Berlín, como ciudad-laboratorio de modelos económicos y sociales.

De un lado la economía de mercado impulsada por Estados Unidos, Francia y Reino Unido, quienes querían un socio comercial fuerte pero reducido en lo militar.

Por el otro lado el modelo socialista, de economía planificada en quinquenios, a semejanza de la Unión Soviética, que temerosa de una Alemania fuerte se había decantado por desmantelar las industrias y darle un carácter más agrario y así más periférico. Alemania debilitada era para los soviéticos una garantía de seguridad.

Cuando la convivencia de los dos modelos probó que uno podría colapsar, se dio inicio a una medida radical: crear barreras físicas.

 

Foto: East Side Gallery cerca del río Spree. Con sus 1,6 kilómetros es un mural vivo que recuerda la división del país. Un destino turístico obligatorio para los amantes de la convulsionada historia del siglo XX. Aquí se aprecia una pintura en el muro sobre la apertura del muro.
Foto por: Juliana González.

 

Y ante la certeza de que un alambre de acero no lograría contener los movimientos de personas de un lado a otro, la Alemania Oriental se puso en la tarea de crear un muro y con él todo un sistema de zonas militarizadas, sembradas de explosivos, alumbradas con reflectores. Un sistema de delaciones y chuzadas. La barrera física era una solución inmediatista.

Pero la mente humana es más compleja y sabe que las voluntades logran saltar barreras. Así que el mismo aparato se dedicó a pulir muros sicológicos más eficaces: espiar a los vecinos, convertir a los alemanes del otro lado del mundo en un nuevo otro.

El muro cementó una identidad maltrecha por el fanatismo de los años del nacionalsocialismo, sumado a los bombardeos y la guerra. Ser alemán a mediados de los años cuarenta no daba muchos réditos. 

Pero no hay muro que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. No fue recobrar la identidad alemana la que logró el milagro. Como tantos otros acontecimientos de la vida, la suerte metió baza, y llegó oportuna en una sociedad de movilizaciones ciudadanas pacíficas.

1989 fue un año de revolución silenciosa en Alemania. Pero sería un desliz televisivo de un funcionario del Politburó, el que ese 9 de noviembre, determinaría el fin del muro.

Los medios repitieron lo que en realidad había sido un gazapo: “apertura inmediata de las fronteras”, aun cuando las mismas permanecían cerradas. La impactante primicia encontró eco en la ciudadanía, que apostada en los puestos fronterizos hizo capitular a los soldados de guardia y a la cúpula. Hambre de ver a los suyos del otro lado. Hambre de desvirtuar mitos, de respirar libertad. Hambre de reconocer a aquellos que hasta hacía tres décadas atrás habían sido de los mismos.

En lugar del infame muro, persiste un esqueleto de hormigón, los souvenirs para los turistas en el kilómetro multicolor y la cicatriz adoquinada que serpentea en el suelo de la capital.

Pero lo cierto, es que aún y a pesar de que el muro se cayó sin violencia física, en la mente de miles de alemanes, persiste la noción de que a fuerza deben coexistir con los otros. Con unos otros inventados a imagen y semejanza de ese miedo humano a la pérdida de privilegios.

 

Foto: Calle de Charlotte en el centro de Berlín. El peatón que pone atención se encuentra con estos adoquines que marcan el espacio, donde una vez estuvo el muro. La inscripción reza „Muro de Berlín 1961-1989″. Foto por: Juliana González

 

El muro que desaparece y en su lugar deja un hueco en la tierra y una estela de “otros” me hace recordar el fin del conflicto en Colombia, donde aún nos negamos a vernos y a reconocernos en esos otros.  Un país donde una parte de su población se atrinchera en sus posiciones para no dejar entrar al otro, mientras otra se abre para dejar salir su curiosidad, y ejercer su derecho de construir ciudadanía, a través de la verdad.

No hay muros más poderosos que los de los prejuicios atizados por los miedos propios.

Razones para visitar Apía, el lugar donde está el corazón del viento

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Ciudad Cebra


 

Esta nueva Ciudad Cebra es una invitación a conocer Apía, ese maravilloso municipio de Risaralda. Y hay varias razones para hacerlo, por un lado, el avistamiento de aves, más de 400 variedades de pájaros, algunos endémicos, y por el otro, el que este lugar sea el Corazón del viento en la región,  ¿Qué espera? Conoce y comparte.

Ver


 

La alegría discreta del barrio El Jardín

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En el barrio el Jardín la gente es así. Confiada y amistosa.


 

Maticas, muchas maticas

Si a mi abuelita Cleo le fuera encomendada la tarea de diseñar un barrio, ese Barrio, sin lugar a dudas, sería El Jardín. En primer lugar, porque las casas están llenas de materas o de helechos. En cualquier espacio vacío dentro o fuera de las viviendas, allí donde parezca que algo falta, hemos de poner una matica. Ese ha sido el criterio de mi abuela para la decoración y parece que para los habitantes del Jardín también.

En los antejardines o a ambos lados de los andenes, la solución será la misma. Poner un matero o sembrar especies de poco tamaño (arbustivas, dirán los conocedores) y adornarlos con piedras en las que hemos de pintar la bandera de Colombia. También serán útiles algunas canicas y pequeños adornos de plástico coloridos y anacrónicos. A veces no parece que las plantas adornaran las casas, sino al revés.

Quien camine por cualquiera de las calles del barrio El Jardín, sentirá el aire limpio. Es un placer perderse por sus senderos laberínticos que pasan entre casas en las que es muy común ver una moto de regular tamaño parqueada al lado de una puerta. Esa puerta, muy probablemente, será de metal y estará pintada de un tono blanco ochentero. Si alargamos la marcha por estos caminos, casi sin darnos cuenta, nos sorprenderá una vegetación frondosa y cerrada que nos hará olvidar por un momento del lugar en el que estamos.

 

Foto por: Edison Fabián Osorio

 

No importa si vamos por la etapa 1 o 2 de este barrio. Encontraremos casas que le encomiendan su seguridad a una reja que podría ser sorteada sin ningún problema por un niño de 6 años. Y entre la reja que invita a no pasar y los portones hay, claro está, más maticas y más helechos.

 

Nuestras vidas pasadas

Caminamos por el jardín segunda etapa. Decidimos hacer nuestro recorrido no por la vía central, la que conduce al Parque del Café (o lo que queda de él), sino por los andenes laterales. Estos están repletos de guaduales y árboles de todos los tipos que alojan en sus copas a pequeños pájaros amarillos que no se atemorizan cuando pasamos cerca de ellos. Cuando termina el recorrido por aquel camino periférico y muy verde, llegamos a una casa en la que hay pájaros enjaulados y varias placas que sirven de homenaje a la misma persona. El Doctor Adalberto Aguirre López. En una de las placas se lee lo siguiente:

“EL VALLE DE LÁGRIMAS.

Libro-novela.

En este lugar, en noviembre de 2013 se terminó de escribir el octavo libro del Doctor Adalberto Aguirre López Médico Psicoterapeuta. Escritor, Periodista, Licenciado, tarjeta profesional No. 613. Conferencista Investigador y descubridor de varias de las reacciones del cerebro humano.”

 

Foto por: Edison Fabián Osorio

 

Creemos que se trata de una placa póstuma. Gritamos ¡bueeeeenas! Y a nuestro encuentro tras una reja muy baja se asoma un hombre sonriente con una suerte de boina en su cabeza. Nos deja pasar como si fuéramos viejos conocido. Sus dos perros lanudos aprovechan la oportunidad para fugarse al matorral más cercano. El hombre trata de retenerlos con un regaño sin éxito. Le preguntamos acerca del doctor Adalberto Aguirre López, a lo que responde complacido: ¡soy yo!

Nos sentamos en una sala de muebles rojos. La casa está llena de trebejos, al mejor estilo del famoso personaje de la Baker Street. Al fondo, puede verse un panel de tela, muy propio de los consultorios antiguos que separa aquel despacho del resto de la casa, se imagina uno que para darle la privacidad necesaria al paciente.

Adalberto Aguirre afirma, siempre sonriente, que ha escrito al menos 8 libros, cuyos temas son los resultados de sus investigaciones acerca de la mente humana y la literatura. Le compramos por 25 mil pesos su último libro El Valle de Lágrimas. Se trata de una novela voluminosa que en su portada tiene un dibujo bastante costumbrista.

 

Foto por: Edison Fabián Osorio

 

– ¿Usted maneja el internet muchacho? me inquirió.

-Si lo hace, basta que ponga mi nombre en Google y allí le saldrá que soy la única persona del mundo con poderes paranormales comprobados. El otro día, una amiga me llamó para que le espantara unas hormigas que lo estaban invadiendo todo. Me planté delante de ellas y les ordené que me trajeran a su reina. Ante mí se presentó una hormiga mucho más grande que las demás. Le ordené que se fuera, que de lo contrario les echaría veneno y así fue. A los pocos días no había ni una sola,

culminó el Doctor Aguirre con toda convicción.

El Doctor también manifestó tener conocimientos avanzados en hipnosis, ser una autoridad en tratamientos contra las adicciones, el bajo rendimiento escolar y en ayudarle a sus pacientes a hacer regresiones a vidas pasadas.

-Yo no creo en la reencarnación,

nos advirtió.

La vida pasada de uno es el papá y la mamá y a su vez el papá y la mamá de ellos, o sea los abuelos de uno y así sucesivamente. Cuando alguno de nuestros ancestros tiene una experiencia traumática podemos heredar las malas sensaciones que vivieron. Pues bien, eso tan maluco, yo se lo puedo quitar.

 

Foto por: Edison Fabián Osorio

 

Una panadería en el Edén

Las noches siempre son tranquilas en la primera etapa del Barrio el Jardín. Las luces acarician el asfalto de las calles por las que desde muy temprano, dejan de pasar los autos y las motos. Solo buses anaranjados atraviesan el barrio con mucha regularidad.

Las chicharras se escuchan desde la panadería de Rafael Galeano que está iluminada por algunos bombillos de luz amarilla. Don Rafael lleva 12 años allí y si usted le compra una de las empanadas que reposa a la intemperie sobre un sartén lleno de aceite o uno de los panes que se ve detrás de la vitrina, él le encimará una buena conversación.

La amabilidad de aquel hombre es la de alguien a quien nunca han robado. En el barrio el Jardín la gente es así. Confiada y amistosa. Don Rafael tiene corte militar y también aquella edad en la que los hombres deciden ponerle una cuerda a las gafas para que, al quitárselas, queden colgadas del cuello.

 

Foto por: Edison Fabián Osorio

 

-Este es un barrio de gente muy longeva,

comenta.

Aquí el aire es muy sabroso y no se ven ladrones ni jóvenes haciendo recocha. Además, la comunidad es muy querida y muy solidaria. Todo el mundo asiste cumplido a las reuniones del barrio en la casa que queda sobre la avenida.

-Este barrio está a esto, comenta Don Rafael mientras junta la yema del dedo pulgar con la del dedo índice, de ser el cielo. Esto es una verraquera por aquí.

Cuando nos fuimos de allí pensamos que Don Rafael podría tener razón. En el  Jardín la gente sufre de felicidad, de un tipo de felicidad que no se ve por las redes sociales. Una felicidad íntima, un regocijo de puerta cerrada que solo experimentan aquellos que venden los últimos panes que les quedan por las noches mientras respiran el aire fresco de aquellas calles verdes o aquellos que, sentados a solas en el estudio de su casa construyen su propia teoría acerca de las vidas pasadas o los increíbles poderes de la mente.

 

Foto por: Edison Fabián Osorio

 

Al interior de aquellas casas llenas de maticas, están los habitantes del barrio el Jardín y su discreta, pero sincera alegría.

 

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