Gustavo Bueno, el filosofo decía que el concepto de tolerancia sólo alcanza su forma como reacción de una intolerancia previa –de una intolerancia primaria práctica, más que del concepto de intolerancia. Desde luego, ambos conceptos (tolerancia, intolerancia) se precisan mutuamente. Pero al comenzar por el concepto negativo “in-tolerancia”, se favorece, dado el carácter amorfo, en general, de un concepto negativo y su probable mayor extensión, un entendimiento demasiado amplio, en el sentido de que, cubriendo regiones muy diferentes, las absorbe y las confunde, en virtud de una analogía puramente negativa (por ejemplo), de suerte que se torne incapaz de construir o modular las fronteras interregionales pertinentes, lo que haría del concepto de intolerancia un concepto “blando”.
Entonces aclarado estos dos conceptos, presentamos este especial por el Día Internacional de la Tolerancia que se celebra cada 16 de noviembre alrededor del mundo.
Los movimientos de mis puños no pueden chocar contra el rostro de otra persona sin justificación alguna, libertad y responsabilidad van de la mano.
Por: Luis Christian Rivas
Durante la Segunda Guerra Mundial, Karl Popper escribió “La sociedad abierta y sus enemigos”, donde expuso la “paradoja de la tolerancia” de la siguiente manera:
“La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia.
Con este planteamiento no queremos significar, por ejemplo, que siempre debamos impedir la expresión de concepciones filosóficas intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición sería, por cierto, poco prudente.
Pero debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza, pues bien puede suceder que no estén destinadas a imponérsenos en el plano de los argumentos racionales, sino que, por el contrario, comiencen por acusar a todo razonamiento; así, pueden prohibir a sus adeptos, por ejemplo, que prestan oídos a los razonamientos racionales, acusándolos de engañosos, y que les enseñan a responder a los argumentos mediante el uso de los puños o las armas.
Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes. Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución, de la misma manera que en el caso de la incitación al homicidio, al secuestro o al tráfico de esclavos” (Cap. 7, nota 4).
Imagen extraída de: elpais.com
La sociedad abierta no acepta ningún tipo de poder ilimitado, por eso es un gran alegato en contra del autoritarismo, ni la libertad misma puede ser ilimitada porque trae consigo su degeneración, que es el libertinaje, que es una libertad ilimitada que viola la libertad de otras personas. Por ejemplo, los movimientos de mis puños no pueden chocar contra el rostro de otra persona sin justificación alguna, libertad y responsabilidad van de la mano. De la misma manera, no se puede ser tolerante con los intolerantes.
¿Pero quiénes son los intolerantes? Podemos inferir del escrito de Popper que los intolerantes responden con puños y armas cualquier argumento, hacen uso de la violencia para atacar las ideas contrarias, su principal objetivo no es refutar las ideas mismas, sino destruir al portador de las ideas. Esta concepción es básica y fundamental para tratar de comprender qué se debe o no aceptar en nombre de la tolerancia.
Imagen extraída de: mediashift.org
Por ejemplo, no podríamos llamar intolerante al cristiano, ateo o agnóstico que crítica las causas y consecuencias de la perniciosa ideología de género con argumentos e ideas, menos aún penalizar su conducta calificándola de intolerante, anulando la libertad de expresión y pensamiento por privilegios y discriminación positiva a favor de un sector.
De esta forma no se permite la discusión abierta en orden del margen racional y se tiende a silenciar con medidas punitivas de lo políticamente correcto las posturas contrarias; pero en contrapartida, poco a nada se hace en nombre de la tolerancia y la sociedad abierta, contra ciertas posiciones de un grupo fundamentalista y radical del islamismo que actúa mediante la incitación del homicidio, persecución, secuestro, tráfico de esclavos, usos de armas, terrorismo, violación, etc.
Entonces, la delimitación de la tolerancia está relacionada con la defensa de las ideas de manera racional frente al uso y apelación de la violencia y de las armas para destruir al portador de las ideas contrarias.
Si cada ideología moralista permaneciera en su lugar, con sus conceptos, sin que estos interfirieran ni coartaran la libertad del otro, sería esto justamente la noción de tolerancia.
Por: Fernando Fernández
Leer a Fernando Savater es siempre gran regocijo para el espíritu, además de poderoso aleccionador. En uno de sus artículos, que no hace excepción a esta regla, reza (leer con detenimiento es buena recomendación):
“El exceso moral
Uno de los peores tópicos de la ideología reaccionaria actual es el que postula una grave crisis de valores éticos y toca a rebato para movilizar en su defensa. El diagnóstico es fraudulento, pero valioso sin duda como síntoma… aunque no de una pugna moral sino política. Porque uno de los retos políticos que tienen nuestras democracias es la institucionalización efectiva del pluralismo moral. Este pluralismo es difícil o imposible de asumir por los integristas y fanáticos de toda laya, pero también por quienes no tienen más moral que la rutina tradicional.
Dentro de una sociedad democrática, las opciones morales o religiosas son derechos privados que pueden aspirar a manifestación pública… en convivencia con otras semejantes. Por el contrario, los intransigentes las consideran no derechos sino deberes, cuya imposición es inexcusable para todos so pena de catástrofe de la decencia civilizada. Gran parte de los que más vociferan sobre la crisis de los valores lo que pretenden defender es la comodidad autocomplaciente que les evita cuestionarlos, razonarlos o mantenerlos con esfuerzo propio frente a otros también respetables.”
Singular prédica: Pluralismo moral; himno de libertad; en contraposición al unimoralismo impuesto por décadas y erigido al estadio de verdad absoluta que en el caso religioso y, para reforzar la idea, se presenta como de “inspiración” divina.
Noble causa es: Combatir el esquema maniqueo que tanto daño ha causado a través de siglos y de civilizaciones, en donde unos son los buenos: los creyentes, los unimoralistas iluminados por figuras celestes; y otros los malos: los que se acogen a la razón como eje de sus convicciones, los no-creyentes, los que viven a su manera y defienden ideas libertarias sin obstrucción del albedrío de los demás.
Imagen extraída de: Hipertextual
¿Por qué habría de entristecernos, molestarnos o considerar irrespeto el encuentro de voces disonantes, a veces altisonantes, que miran otro tipo de valores, diferentes de los impuestos por siglos? Al contrario, debería entusiasmar que nuevas formas de expresión irrumpan el desolador marasmo, con sustento racional –por tantos desdeñado–, con igual oportunidad que la plantilla apretada para la que hemos sido por siglos domados.
Sí a la contestación. Sí a nuevas maneras de pensar. Sí a la emancipación de la tradicionalidad de aceptación pasiva que continúa pesando y oprimiendo. Sí a quienes se expresan diferentemente. Sí a la tolerancia.
Si cada ideología moralista permaneciera en su lugar, con sus conceptos, sin que estos interfirieran ni coartaran la libertad del otro, sería esto justamente la noción de tolerancia. En el caso religioso no suele ser así. Por ejemplo, el islam no nos deja neutros cada vez que sus imanes predican terrorismo y envían su saga asesina, pagada con dádivas divinas, sobre Occidente. Esto reprime a tal extremo nuestra libertad, que hasta termina con lo más sagrado que tenemos: nuestras vidas.
Cuando el catolicismo no se contenta con su parcela, una grey de 1.200 millones de fieles, sino que acude a dudosos lobbings en las esferas decisorias del Estado, a sus enseñanzas cuasi-obligatorias en colegios y aún en universidades para ejecutar sus designios; esto coarta nuestra libertad. Wotyla, Ratzinger y Bergoglio, por sólo citar los últimos pontífices, son grandes artífices de esta molesta y deletérea ingerencia. Cada uno en su estilo, pero al final la esencia es la misma, sólo variaciones de forma.
Fotografía extraída de: La Gaceta
Estos personajes han llevado a ultranza la doctrina católica, con imposiciones –acatadas a medias por su propio séquito– de ultramoralismo, de Exceso Moral como dice Savater. Recordemos parte de esta obra, anatemas sobre: el divorcio, las relaciones extraconyugales, el aborto, la contracepción, el condón, la eutanasia, la homosexualidad, las mujeres sacerdotes, la ciencia, todo lo que huela a naturaleza humana y a modernización. Así estos “principios”, ungidos con bálsamos pontificales son adoptados con poco cuestionamiento por nuestras sociedades y por nuestros gobiernos que en teoría son no confesionales, pero que para efectos prácticos están subordinados a Roma, la “infalible”.
Estos personajes no se contentan con sus embajadas celestiales, para un mayor impacto e intromisión en la ética y la política de los pueblos se mediatizaron fuertemente y así se han hecho pasar por adalides del “progreso moral” y sus fundamentalismos en pautas de vida; (auto) erigidos por ello en santos ejemplares. Incomprensible, por decir lo menos. Por encima de todos los agobios que se causen a algunos píos hay que denunciar esto. Decir que queremos y que necesitamos ser humanos y vivir como tales.
Aquí y Ahora. Evidenciar que los más directamente relacionados y comprometidos con estos preceptos, también los incumplen, o ¿quién de la grey católica (y de sus similares) se ciñe a cabalidad a estas ideas mencionadas anteriormente? Pocos o ninguno, cada cual los adapta a su conveniencia. Esto no es el catolicismo al que dicen pertenecer, es otra cosa, es tal vez una secta diferente.
Cuando nuestras libertades se ven afectadas por la injerencia religiosa en Occidente y allende, somos muchos los divergentes, aunque poco nos expresemos porque no tenemos tribuna, porque la crítica es estigmatizada y se le ha asignado cierto tufillo azufrado y satánico. No obstante, nos rebelamos y hemos comprendido que gran tristeza es resignarse a las ataduras que la fuerza de los siglos de presión y “entrenamiento” religioso nos anudó.
Imagen extraída de: lightflow111
Basta de jugar a la inquisición velada con nombres como “doctrina de la fe”, con catecismos, con normas morales, con puestas al “index”, cuando estas atentan intromisoriamente con la política de los Estados. Entristecedor panorama que irrespeta el intelecto neuronado que supone el siglo XXI, a quien se le pide subrepticiamente callar sus denuncias, sus ideas, para no incomodar, en aras de una discutible definición de respeto. El reto humanístico, convivencial y democrático es tolerar las diferentes ideas, aceptar que la verdad absoluta no existe, cada uno allá con su verdad privada.
¿Se debe comprender que “respetar” es callar dejando una vez más que se pronuncien sólo aquellos que a lo largo de siglos nos han enfrascado en una ideología, hoy con sintomatología anacrónica? ¿Debemos enmudecer para no ofender al establishment moral en sus sempiternas e infalibles verdades? No.
Debatir, expresarse y discrepar no es irrespetar, es el principio mismo de la tolerancia, de la indagación de la verdad, de la variabilidad de la moral con el tiempo –de lo que reniegan inapelablemente los pontífices–, del pluralismo ideológico, de la democracia misma y del derecho a la libertad. ¿Es el método de denuncia el que molesta? ¿Cuál se debe emplear entonces? Parecería ser el discreto, el timorato, el que no contradice y que apenas si cuestiona. No, a todos pertenece el derecho, o el deber de expresarnos, sin temor a irrespetos malentendidos.
Disentir, aun en público, no es irrespeto. Respeto rima más con libertad que con silencio.
Entrevista a Fernando Savater. 12/12/2017 - ARABA PRESS - Bilbao, País Vasco
El individualismo liberal es inseparable de la reivindicación moderna de la tolerancia.
Por: Fernando Savater
Casi siempre, las conmemoraciones anuales propuestas por la ONU celebran entidades o virtudes maltratadas por nuestra inclemente historia común: la mujer, el niño, los pueblos indígenas, el medio ambiente… Y ahora, la tolerancia. No habrá ningún año dedicado al dinero o a la guerra, porque estos patronazgos no son primordialmente exhortaciones a la reflexión, sino a la súplica.
Como ocurre con el término autodeterminación cuando lo utilizan los nacionalistas vascos, la tolerancia es un concepto prestigioso e impreciso, en cuya alabanza todo el mundo está vehementemente de acuerdo, pero sobre cuya aplicación casi nunca se dice nada concreto, por lo que cada cual puede emplearlo para arrimar el ascua a su sardina. Sabemos que “hay que ser tolerantes”, pero también que “no debe tolerarse la intolerancia”.
Los ejemplos de intolerancia van desde la actitud represiva de la homosexualidad hasta el racismo; en algunos casos, lo que a unos nos parece intolerancia -la penalización del uso de determinadas drogas, por ejemplo-, a otros les resulta una prohibición razonable; y en contextos especialmente conflictivos un mismo suceso puede ser juzgado desde dos perspectivas diferentes: para unos es intolerancia prohibir el velo islámico a las alumnas musulmanas en centros de enseñanza pública francesa, y para otros, la intolerancia es empeñarse en llevarlo, mientras que hay quien condena por igualmente intolerantes la fatwa de Jomeini contra el blasfemo Salman Rushdie y la mismísima blasfemia de Rushdie contra el venerado Mahoma.
Para rematar este bienintencionado guirigay, recuerdo lo que hace muchos años, siendo yo adolescente, me comentó un sabio benedictino amigo mío (lo crean o no, yo he tenido muy buenos amigos benedictinos):
“La tolerancia es algo hermoso, pero no olvides que cierta intransigencia siempre forma parte de la salud mental”.
Foto extraída de: Smithsonian Magazine
Nunca lo olvido. Algunos de estos equívocos y ambigüedades provienen de la evolución histórica del concepto moderno de tolerancia, que ha pasado de ser una reclamación privada a los poderes públicos hasta convertirse en una exigencia pública a las conductas privadas. Locke o Voltaire solicitaban tolerancia a sus respectivos Gobiernos, es decir, que no proscribieran ni prescribieran ninguna religión concreta a sus súbditos, incluso que les permitieran no tener ninguna. De lo que se trataba, a fin de cuentas, era de alcanzar el logro político característico de la modernidad: el Estado laico, no confesional, bajo cuya imparcial tutela cada cual buscase la salvación de su alma y la prosperidad de sus negocios como mejor le conviniese.
El individualismo liberal es inseparable de la reivindicación moderna de la tolerancia, como lo fue también de la abolición de la esclavitud o de la pena de muerte, y su demanda se orientó en principio a limitar o suprimir la influencia eclesial sobre leyes y autoridades. Es importante recordar este origen cuando hoy los obispos o el Papa hacen oír su voz sobre cuestiones legales y políticas (que ellos llaman “éticas”) y se quejan de las críticas “intolerantes” que suscitan: tienen todo el derecho. del mundo a dar su doctrina, pero, gracias a los que se les enfrentaron durante los últimos 300 años, se ha conquistado también el derecho a denunciar sus incongruencias y a no obedecerles.
La tolerancia nació, pues, como un valor del laicismo: fue un preservativo contra el, celo apostólico. Conserva este sentido clásico en los países teocráticos, como lo son algunos de impronta islámica. Es una muestra patética de indigencia intelectual entretenerse discutiendo si el verdadero islam ordena cometer las atrocidades inquisitoriales que se llevan a cabo en su nombre o no.
Como el cristianismo o el judaísmo, como las demás religiones, el islam mezcla barbaridades crueles, supersticiones absurdas y, conmovedora piedad humana, a partir de arcaicos textos confusos y la voz superpuesta de mil clérigos: lo intolerante no es el islam, sino su poder político, el hecho desventurado de que siga siendo fuente única o principal de legalidad en comunidades cuyo pluralismo asfixia.
Fotografía extraída de: Vos – La Voz
Pero, desde luego, nuestro siglo también ha conocido ejemplos de esta pretensión eclesial de convertirse en referente unánime de sentido de la vida social dentro de movimientos políticos no religiosos: los totalitarismos comunista y nazi, los nacionalismos feroces, el racismo y la xenofobia, incluso el productivismo a ultranza y la santificación excluyente del provecho económico (cuya contrapartida no es el desinterés franciscano, sino intereses igualmente materiales y racionales, aunque de distinto orden).
En los países democráticos y en los que desean llegar a serlo, la tolerancia ya no es solamente una reivindicación hecha por individuos y grupos a los poderes públicos, sino una exigencia de la comunidad a cada uno de sus miembros para que soporten pacíficamente lo que desaprueban en sus conciudadanos. Debe quedar claro que vivir en una democracia actual (y aún más en la futura) equivale a coexistir con lo que no nos gusta, con lo que consideramos erróneo o mezquino, con lo que nos repugna o no conseguimos entender.
La democracia es un concierto discordante, una armonía cacofónica, por lo que exige más laxitud en lo colectivo y mayor madurez responsable en lo personal que ningún Otro sistema político. Lo característico de vivir en democracia es sentir impaciencia y desasosiego; encontrar en lo común un amparo genérico, pero poco consuelo gregario para las inquietudes privadas. De modo que la tentación de identificarse con algo constante, sobre todo cuando la educación no marcha. demasiado bien y la economía tampoco.
En tal situación, la tolerancia no es una edificante aspiración personal, sino una actitud política que debe ser convenientemente instituida. Para ello creo que deben cumplirse una serie de requisitos, de los que apuntaré cuatro.
Imagen extraída de: Project: Girlspire
-El primero pide establecer nítidamente el área en que es operativa la idea de tolerancia. Como queda dicho, este concepto nace como una pro puesta antimonolítica contra la imposición de dogmas en cuestiones ideológicas, espirituales o formas de expresión vital. Su fundamento es que dentro de una comunidad dada se puede ser ciudadano de muchas mane ras y que hay un área de libre disposición existencial amplia sobre la cual las leyes no tienen por qué decidir.
Insisto: la tutela legal ha de impedir el daño directo y no consentido a terceros (a terceros concretos, no a la sociedad o al pueblo) y a los menores, sin inmiscuirse en el supuesto daño que los adultos quieran hacerse voluntariamente a sí mismos o entre sí.
– El segundo exige defenderse contra la intolerancia militante. La tolerancia no es una actitud pasiva, resignada, ni la indiferencia decadente acerca de lo que nos rodea: es luna disposición combativa a favor de la pluralidad social y también de la fuerza de voluntad ciudadana contra el fanatismo (el fanatismo, que no sabe sino exterminar, expulsar o doblegar lo distinto, es “la única fuerza de voluntad de la que son capaces los débiles”, según dictamen de Nietzsche).
Propugnar el derecho a la diferencia exige establecer un derecho común que legitime las diferencias, no la coexistencia disgregadora de una diferencia de derechos que a unos les autorice a ser individuos y a otros (sobre todo, a otras) no les permita más que ser miembros de una comunidad tradicional. La tolerancia es decantarse por un tipo dado de sistema político, no reconocer encogiéndose de hombros que todos tienen su lado bueno y su lado malo.
– En tercer lugar, es preciso distinguir las personas como tales -sujetos libres, ciudadanos- de las ideas o creencias que sostienen y de las costumbres que practican. El respeto debe amparar a las personas, pero no a opiniones o comportamientos, que pueden ser discutidos y criticados, incluso de modo irreverente. El precio de que ideas y costumbres no sean prohibidas es que puedan ser puestas públicamente en solfa. Sentirse herido en sus creencias no da a: nadie derecho a herir al ofensor en su cuerpo mortal, sus bienes o su ciudadanía. Convivir con lo que uno detesta implica aceptar que muchos de los que conviven con nosotros le detesten también a uno… siempre por razones equivocadas, claro está.
– Y el cuartorequisito es el interés por lo que desaprobamos, la curiosidad y aun el esfuerzo por ampliarnos hacia aquello con lo que no estamos de acuerdo. Tras citarle una opinión de Epicuro, el estoico Séneca hace un guiño de excusa a Lucilio: “Acostumbro a pasar al campamento enemigo, no como tránsfuga, sino como explorador (sed tamquam explorator)”. La tolerancia nos permite explorar la diversidad de lo humano y descubrir fuera de nosotros la verdad de nuestra pluralidad íntima, pues toda persona cuerda sabe en su interior que ni todo su cuerpo ni toda su alma están por completo en el mismo bando. Lo dijo así Ortega, en el primero de sus libros: “Esa lucha contra un enemigo a quien se comprende es la verdadera tolerancia”.
Alguna vez se han preguntado ¿qué significa vivir en una sociedad como hombre o mujer negra? O ¿se han cuestionado sus privilegios como hombres o mujeres blanco-mestizos?
Hablando pues en general, dentro del contexto nacional
“Yo sólo quiero ganarme un premio Oscar para verle la cara a todos en Colombia cuando sepan que primero fue un negro el que se lo ganó”,
afirmó Jhonny Hendrix Hinestroza, el director de películas como “Chocó”, “Saudó”, “Laberinto de almas” y a mi juicio, la que puede proyectarse como la más destacada de sus obras, “Candelaria” (2018), una película escrita, dirigida y desarrollada en el contexto del llamado “Período especial en tiempos de paz” a finales del año 1992 en Cuba, después de la caída del muro de Berlín y la decadencia de la Unión Soviética como estructura política en el año 1991.
“Candelaria”, película protagonizada por Verónica Lynn, Alden Knigth , Manuel Viveros, y Víctor Hugo, todos actores de una tragicomedia llena de transgresiones, ternuras y solemnes cuadros de la Cuba en crisis del siglo pasado.
Cabe entonces recordar algunos aspectos importantes que históricamente llevaron a este “Período especial en tiempos de paz” o de transición en Cuba. El primero, que fueron más de 300 millones de rublos, cerca de 5 mil millones de dólares, que la Unión Soviética le proveía a la isla. Dinero transformado en el mercado en azúcar, ganadería y la importación del petróleo y su distribución económica dentro del país.
Foto por: Diego Val
Así, la inestabilidad financiera llegó a tal punto que el sector agricultor y ganadero disminuyó. Estados Unidos embargó económicamente al país con el fin de hacer caer el proyecto socialista y Cuba se declaró entonces en“Período especial en tiempos de paz”. Se sabe también que hubo racionamiento los alimentos, además de los peligrosos cruces en balsas artesanales por el estrecho de La Florida. En palabras de Jhonny Hendrix Hinestroza:
“Hasta las personas de la isla cuentan que si un pariente se moría, vendían los órganos para poder sobrevivir”
“Es algo de lo que los cubanos no quieren hablar”. Afirma.
Es decir, es una realidad innegable de la sociedad cubana, como el director mismo lo manifestó delante de más de 40 espectadores en el auditorio de la Cámara de Comercio de Pereira. Sin embargo, para el mundo esto puede ser una situación de incomodidad del mismo nivel y por supuesto, para nuestro país. Eso de hablar de que un hombre negro gane un premio Oscar de la academia, o más bien, se gane el reconocimiento de nuestras aclamadas élites estéticas que han trabajado por forjar en el mundo del cine un estereotipo de hombre blanco y exitoso.
Así que, es un riesgo hablar de raza en esta reseña, pero la película lo amerita, ya que es una mujer blanca enamorada de un hombre negro. Una pareja interracial que además de ancianos, pertenecen a un régimen socialista y peor aún, hacen películas porno. ¡Esperen! También son pobres, porque están dentro del llamado “Período especial en tiempos de paz. Pensemos: ¿pobres, en un régimen socialista, viejos y además enamorados entre sí como hombre negro y mujer blanca?, suena descabellado.
Foto por: Diego Val
Lo que es particular, por ejemplo, es que Jhonny Hendrix haya decidido no darle tanta música a esta película. Alguien manifestó, dentro del auditorio de la Cámara de Comercio que, a la película le hacía falta música, es decir, que si fue grabada en Cuba tiene que haber música en toda la producción. Pero no sé donde estaba esta espectadora, porque en esencia, casi todas las escenas estuvieron llenas de música: Candelaria cantó al son cubano con sus amigos del bar que siempre frecuentaba y además bailó con su pareja en varias escenas.
Hubo un elemento contundente en la narración de este film, y fue, una cámara de video Handycam video 8 que por cierto, asegura Jhonny Hendrix, fue muy complicado conseguirla. El director, la puso dentro de varias escenas porque fue esa su forma de dejar su huella. Elemento siempre presente bajo la observación discreta de sus personajes, es decir, como una metáfora de la presencia del mismo director.
Pero no es la simple existencia de una cámara, ya que como dijo Jhonny Hendrix, la cámara es el espectador, el voyerista tras el objetivo que con cierto morbo atisba las acciones de los actores.
Foto por: Diego Val
Y esto en consonancia con la sentida frase de Victor Hugo, el protagonista cuando dice:
“Candelita, ¿cuándo dejé de verte?”
Frase que podría interpretarse sin más, gracias a la fortuita presencia de la cámara, es decir, interpretada en calidad de espectador, como Jhonny Hendrix, quisiera que apareciese delante de la audiencia. Así el director le ayuda a Victor Hugo a responder esta pregunta, y a ver estéticamente a Candelita, su musa, como alguien principal en su vida. En otras palabras, parece que es el espectador (la cámara) quien le dice a él, quien le muestra que ella está ahí siempre encendida para él.
Finalizando, reitero, que esta es una película transgresora que enciende crudas verdades históricas y que está llena de sorpresas para los amantes del cine. Sobra decirle a Jhonny Hendrix Hinestroza ¡Ojalá te ganes ese premio Oscar!
Juliana Alzate, campeona nacional de los Juegos Universitarios Nacionales
El 22 de octubre, en la semana de competencias de los Juegos Universitarios realizada en Medellín, la deportista pereirana Juliana Alzate, estudiante de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, obtuvo la medalla de oro en la categoría de Tenis de Campo individual. Una joven de 22 años, estudiante de 9º semestre de ingeniería civil en la misma universidad, que es una figura destacada en el tenis y que alterna su vida entre estudiar, trabajar y su pasión por el deporte. Un merecido premio recibido este año que es motivo de regocijo para todos en la capital risaraldense. Por eso realizamos esta entrevista donde conversamos con ella sobre su nuevo triunfo en las grandes ligas del deporte nacional. Bienvenidos.
¿Cómo quedó campeona y obtuvo la medalla de oro en los Juegos Universitarios Nacionales?
El torneo se realizó en Medellín, en el club El Rodeo. En total fueron 46 niñas de todas las universidades de Colombia. Aunque como antecedente, primero se hizo un clasificatorio por regiones donde gané los partidos de cuadros, para luego pasar a los octavos. Y ahí en los octavos de final triunfé al jugar contra una niña de la Universidad del Rosario de Bogotá.
Foto por: Universidad Pontifica Javeriana
Sin duda un premio merecido ¿Cómo se siente después de esto?
Para mí es muy satisfactorio ganar un torneo de esta magnitud. Lo que deseaba y para lo cual había entrenado duro era para lograr clasificar al mundial de Italia y el Sudamericano de Chile y lo gané. Es una emoción indescriptible. Gracias.
¿ Ya ha clasificado, qué sigue ahora, es decir, cómo es la agenda que se viene?
El mundial se realizará del 19 al 30 de julio en Nápoles, Italia. Para el sudamericano en Chile aún no tenemos fecha pero será en el 2019, y esto es una realidad. Me preparo para ello, entrenando dos y hasta tres horas por semana en las mañanas. Entrego mi máximo esfuerzo porque alterno mi pasión del deporte con el deber diario del trabajo, como todos. Ya había ganado el Sudamericano del año pasado en Colombia, y pues lo ideal es que me gane el de Chile también. Sé que debo entrenar bastante, y como dije, también cumplo con mi trabajo, los deberes de la universidad, pero aclaro, siempre habrá espacios para hacer lo que uno ama, o para lo que siempre me he preparado.
Foto por: Universidad Pontifica Javeriana
¿Qué retos tiene ahora por delante como deportista, estudiante, persona…?
Ahora más que todo estoy dedicada a mi estudio, y trabajo en Geoproe en Bogotá, una empresa de estudio geo-técnicos. Ahí realizo las practicas. El deporte es un complemento muy grande para mí porque es un desestresante para toda la presión que manejo en dos áreas, el trabajo y la Universidad Javeriana. Entonces el tenis es un plus para estar siempre atenta, concentrada y disfrutar todo al máximo. Mi familia ha estado en ese proceso, ellos me acompañan siempre. De igual forma en la universidad me han apoyado mucho.
¿Qué mensaje o consejo daría a los jóvenes pereiranos o a los que están buscando una forma de vida en el deporte?
Les diría que el deporte es lo máximo o lo mejor que alguien puede hacer. Con él uno aprende a quitarse muchos miedos, además de conocer gente interesante. El deporte genera fortaleza para afrontar retos en la vida. Más que todo el tenis, que es el que me ha enseñado todos los días a ser mejor persona. Esto es posible, aunque combinando mi carrera con el trabajo cotidiano.
Todo festival tiene su particular acompañamiento musical. En el caso de las wallunk’as, la voz cantante la llevan las mujeres.
No hay dos sin tres, reza el dicho popular, y al día siguiente del que se han despedido a las almas comienza el festival de la Wallunk’a, un ritual que representa un juego o coqueteo entre la vida y la muerte, expresado a través del vaivén de los columpios.
Para algunos sociólogos y otros estudiosos del ocio humano, es una celebración plagada de simbolismo donde se entremezclan ritos de fertilidad, romance, diversión y erotismo, y cierto diálogo metafísico entre los vivos y los muertos (el columpio es para darles un empujoncito rumbo al cielo), entre otros interesantes hallazgos de reciente data.
Más allá de sus significados ocultos, el caso es que la fiesta se extiende durante todo el mes de noviembre, especialmente los fines de semana y según las costumbres de cada región o pueblo. Es una tradición esencialmente rural que incumbe a los valles cochabambinos, de gran influencia quechua, detalle que se nota en las coplas picarescas que acompañan la celebración.
Foto extraída de: opinion.com.bo
En los últimos años, a título de rescatarla del olvido, pero inevitablemente con afanes comerciales, en las carreteras que comunican a la ciudad de Cochabamba con el resto del país, se suelen armar los columpios con postes de eucalipto junto a las veredas de restaurantes y locales de esparcimiento, donde a tiempo de consumir platos típicos y bebidas como la chicha, los visitantes observan el espectáculo de las cholitas meciéndose en las alturas mientras intentan atrapar con los pies unos “premios” consistentes en baldes u otros recipientes con pequeños productos.
Es en los pueblitos alejados donde todavía se conserva esta tradición en su sencilla esencia. Nada de postes o listones de madera, sino las robustas ramas de venerables ceibos, molles u otros árboles representativos de donde cuelgan columpios hechos con sogas de cuero rústico.
En un travesaño enfrente se colocan canastillos de mimbre rellenados con golosinas, galletas y masitas de Todos Santos, a veces incluso con huevos frescos para que las jóvenes capturen el canastillo con toda delicadeza, destreza que es sumamente aplaudida por la concurrencia.
En el campo, la gente se reúne en torno de señoriales Ceibos o Molles. Foto por: José Crespo Arteaga.
Naturalmente, son varones jóvenes los que se disputan amigablemente por ser los impulsadores del columpio, y entre estos se esconde algún aspirante a ganarse el corazón de la cholita, porque en el campo el romance se desarrolla de manera más cohibida, menos explícita. Elevarla a lo más alto es un modo de expresarle su amor, al tiempo que la sigue con la mirada y el deseo le invade mientras observa sus piernas descubiertas por la falda corta.
El resto del público, ajeno a este juego de seducción, disfruta con el drama de los pies intentando atrapar los canastillos que corren el riesgo de caerse por una mala maniobra. Entretanto, en los alrededores se bebe chicha en abundancia, se come algún asado de cordero, cerdo u otra merienda. Se ríe, se goza, se confraterniza a diestra y siniestra, finalmente es una fiesta de la alegría, como si se pretendiera en el fondo, burlarse de la muerte.
Puede parecer extraño o chocante que poco tiempo después de conmemorar a los difuntos, se vuelva al festejo como si nada, pero es que en la cosmovisión andina, la muerte no tiene una connotancia trágica o de pérdida irreparable, sino que es una etapa más de la vida, en una secuencia cíclica que va y viene, como lo expresa metafóricamente el columpio.
Graffiti escondido en una calle de Cochabamba. Foto por: José Crespo Arteaga
Todo festival tiene su particular acompañamiento musical. En el caso de las wallunk’as, la voz cantante la llevan las mujeres, mayormente de voces muy agudas, acompañadas de músicos que tocan variados instrumentos donde sobresale el acordeón que lleva el ritmo de la melodía. Son grupos que parecen brotar espontáneamente como las setas, únicamente por estas fechas, para luego desaparecer hasta el año siguiente.
Las canciones se caracterizan por su contenido picaresco, erótico y burlón hacia el otro sexo; y la métrica de las letras imita ese vaivén del columpio, expresada a través del estribillo
“Todos Santos manta, ay palomitay (…) por vos, viditay”
que se repite una y otra vez a modo de inicio y cierre de las estrofas, dando lugar a que en el intermedio vuele la imaginación en cuanto a la creación de los versos, pero siempre manteniendo el ritmo.
Actualmente, a través de organismos culturales, se intenta preservar esta tradición a través del Festival de Tiataco, una población cercana a Cochabamba, donde en medio de cierto bosquecillo de acacias nativas se arman los columpios y se instala, a modo de recordatorio, toda la parafernalia que caracteriza a Todos Santos como marco contextual para la celebración. Desde luego, centenares de turistas acuden presurosos para empaparse de ritos ancestrales mientras disparan la cámara a todo lo que se mueva, empezando por los columpios.
Solo hay pausa para el descanso que se suele efectuar con generosos tutumazos de chicha, que es libada con sumo gusto al tiempo que se brinda a la salud de la Pachamama, dándole de beber de manera ritual, regándola, para que nunca falten los frutos, y el ciclo de la vida se renueve con abundancia.
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P.S. He aquí una muestra de la música que caracteriza a esta festividad.
De paso por el municipio de Marsella, en la vereda La Argentina, nos encontramos con Alirio Galeano, un ex-caficultor quien después de haber tomado la decisión de abandonar el campo, haber tenido experiencias como guerrillero en el caquetá y de recobrado su espíritu como agricultor, vuelve a Marsella para cultivar cacao y reconstruir su territorio. Con la idea de emplear a su familia y producir uno de los cacaos más apetecidos de la región.
He aquí una breve galería de lo que fue su tierra y algunas imágenes que muestran sus aspiraciones en la actualidad.
A propósito de la reciente publicación del libro Cuentos Cortos para Esperas Largas (Festival de Literatura de Pereira, FELIPE, 2018)
Gracias a los símbolos somos conscientes de la vida.
Los símbolos nos han permitido abstraer la naturaleza y crear mundos, de los cuales somos dependientes (en lo cultural, lo político, etcétera). Más allá del instinto, nos fue posible conquistar la voluntad, así, cada individuo puede juzgar su accionar y hacerse a un destino o rechazarlo, puede elegir entre vivir y no vivir, para ello es libre y, sin embargo, en el don de esta conciencia, es comprensible el terror que le causa –la impresión primera- lo infinito y la muerte.
De su aliento parten los caminos, las señales, los grafemas, las imágenes a las que se reduce el lenguaje (sistema capaz de explicarse a sí mismo); al ingenio, el cual anticipa relaciones posibles entre las cosas, infiere, reconstruye, enseña, impacta las emociones y la sensibilidad, vence el tiempo y su contingencia, gracias al lenguaje podemos reconocer el misterio de la vida o inventarlo para consuelo de la especie.
Foto: Facebook Felipe 2018
Dichas revelaciones se pueden hallar en los cuentos presentados al concurso, donde, analizados en conjunto, guardan similitudes y falencias que ni los autores mismos se atreverían a sospechar. También resulta sorpresiva para el pre-jurado intuir rutas de análisis que, con seguridad en el transcurrir de las versiones del festival y el concurso, podrían estimular investigaciones a fondo en áreas afines a la literatura y el lenguaje.
Por ejemplo, una gran cantidad de cuentos coinciden con una propaganda desnuda que busca el desenmascaramiento de tipo moral o sociopolítico, con personajes en situaciones psicológicas extremas, por ello, se intuye, el focalizador narrativo común a estos cuentos es la primera persona del singular, el cual se adapta mejor a esta corriente de la conciencia.
Poco común –y asombra- es el uso de la tercera persona y aún más extraño el de la segunda, quizá por la dificultad que implica el dominio de las conjugaciones verbales, es decir, que los héroes de estas historias no son los portadores autónomos de sus propias palabras, estos personajes son incapaces de enfrentarse a su creador, las voces se confunden y complican la evidencia de una conciencia independiente, por el contrario, son los estados de ánimo, los sueños de crisis, la demencia y las obsesiones de toda clase la salida fácil a la creación literaria de muchas de estas propuestas, con seguridad los participantes son en su mayoría jóvenes que se inclinan a la confesión de experiencias iniciáticas –escribir es el acto revelador de la soledad –¡De lo que no pueden hablar: escriben!-.
Foto: Facebook Felipe 2018
En consecuencia, resulta recurrente en un sinnúmero de cuentos la búsqueda, el deseo de conservar un primer amor, su sexo… o la impresión ante el vacío (la palabra “abismo” se repite en un centenar de relatos, al igual que “cigarrillo”, “noche”, “niebla”, “frío”), o el desprecio por las actividades cotidianas o la deificación del sueño, que les permite alterar el tiempo, las circunstancias y los personajes, a riesgo de perder la unidad del relato.
Otros recurren a la parodia, al cliché del “mundo al revés”, en menor cantidad, y llevan el efecto al extremo, lo cual afecta el carácter orgánico, lógico e íntegro de los relatos, que vuelven, de forma atávica, sobre la muerte. Los jóvenes matan sus personajes, son los asesinos y las víctimas, terror que se comprende, sin duda, pues desconocen la “infinita calamidad de la muerte”, para citar unos versos de Cavafis. Otros autores que participaron saben que su dominio requiere una cierta contención del ánimo y una mesura y una sutileza de espíritu que da lugar a la conmoción, la conmoción estética y el recuerdo.
La historia nos introduce en la intimidad de Candelaria y su esposo Víctor Hugo
Ficha técnica
Año, país, duración
2017, Colombia, 87 min.
Director
Jhonny Hendrix Hinestroza
Guion
María Camila Arias, Jhonny Hendrix Hinestroza, Abel Arcos Soto, Carlos Quintela
Fotografía
Soledad Rodríguez
Música
John Ottman
Actores
Manuel Viveros, Alden Knigth, Verónica Lynn, Philipp Hochmair
Co-Producción
Colombia-Argentina-Alemania-Noruega-Cuba
El primer jueves de noviembre se estrenó en Pereira, en el marco del XV Festival de Cine del Sur, la tercera película del colombiano Jhonny Hendrix Hinestroza, que viene de ganar varios premios internacionales, entre ellos el de Mejor Director durante la jornada de los autores en el Festival de Cine de Venecia 2017.
Candelaria es una película del año pasado y paradójicamente fue estrenada en Colombia apenas el 23 de agosto de este año cuando la cinta ya había pasado por los cines de Argentina, Francia, Costa Rica, Alemania y Grecia. Dicen que nadie es profeta en su tierra y tal vez por eso el director prefirió rodar su nueva película en Cuba con una nutrida cooperación internacional.
Candelaria no es su opera prima, pero Jhonny Hendrix la define como su obra más íntima, una película que según él lo sanó y lo hizo otro ser humano que ahora ve el amor de una manera distinta. Hace 6 años, durante el estreno de su primera película en Cuba, le contaron la historia de esta pareja otoñal que pasó dificultades tan duras como vender de su ropa con tal comer algo y tomó la decisión de contar esa historia.
El tema de este filme está cargado de emociones alrededor de un matrimonio interracial de la tercera edad, que concuerda con sus dos películas anteriores, Chocó y Saudó, laberinto de almas pues ambas se mueven dentro de ese mismo formato, narrando la vida de una madre soltera que trabaja en un mina de oro colombiana, o la historia de un médico que ve cómo se repite en su hijo la misma historia humilde de supervivencia que tuvo él.
Imagen extraída de: Fundación Carolina Colombia
Esta vez la trama no transcurre en Colombia sino en la isla de Cuba a principios de los años 90, cuando han pasado más de treinta años de lo que ellos denominan “el bloqueo”. Después de la caída del muro de Berlín y la extinción de la URSS (principal patrocinador de la causa comunista) el embargo se intensifica con la aprobación de la Ley Helms-Burton, lo que agrega elementos extraterritoriales que presionan a otros países para que no establezcan relaciones comerciales con la isla, impactando de manera contundente a la sociedad cubana.
La historia nos introduce en la intimidad de Candelaria y su esposo Víctor Hugo quiénes sumidos en una pesarosa monotonía, con largos racionamientos de luz eléctrica, comiendo lo que pueden y con la extraña compañía de unos pollitos escandalosos que parece que alivian el instinto materno de la protagonista, encuentran placidez en la novedad que les representa la aparición de una cámara de video en sus vidas, el hallazgo produce un renacer de la relación entre los dos y un giro inesperado en el hilo de la historia que ahora veremos en parte a través del nuevo artefacto.
Me impresionó mucho el color de la película que nos lleva a esa época de Cuba, no conozco la isla pero siento que la he vivido a través de las películas, eso nos pasa a los cinéfilos: experimentamos una vida que en parte hemos visto a través de los ojos de otros.
La música es casi incidental, solo suenan 3 canciones durante la película, cantadas por sus protagonistas, al director le parece que la música excesiva en las películas sobre Cuba se ha convertido en un lugar común y no quiso robarle protagonismo a la historia.
Imagen extraída de: static.iris
La música no se echa de menos, en realidad la fuerza interpretativa de Verónica Lynn y Alden Knight es sobrecogedora y logra eclipsarnos a través de unos conmovedores primeros planos que nos hacen sentir como en una íntima obra de teatro. Acerca de esa intimidad Jhonny Hendrix menciona:
“En mis películas los actores siempre tienen que comer, eso los hace humanos y los conecta con el espectador.”
Me encantó lo que el director contó acerca del casting;
“cuando estaba buscando a la protagonista, la tercera actriz a la que entrevisté fue a Verónica y supe desde el comienzo que era Candelaria, aun así le pregunté:
– ¿Te has desnudado antes para una película?
–Nunca, pero siempre hay una primera vez.
– ¿Cantas?
–No, pero como fruta (respondió riéndose).
– ¿Alguna vez has tenido un romance con un negro?
–No, pero no me puedo morir sin hacerlo.
La autenticidad de sus respuestas me ratificaron que era la indicada.”
Para el papel de Víctor Hugo, tenían al actor Jesús Therry que luego de una intensa búsqueda, embrujó al realizador colombiano con su carisma, pero tristemente falleció 15 días antes de comenzar a rodar la película.
“Fue un momento muy duro para el equipo y especialmente para mí que incluso pasé tres días deprimido por la conexión que había logrado con Jesús, el poema que recita Víctor Hugo cuando va en la bicicleta, se lo escribí a él para recordarlo.”
Foto extraída de: WP-art
Tuvo que empezar de nuevo la búsqueda para encontrarle pareja a Candelaria, el hallazgo no pudo haber sido mejor, la química entre Verónica y Alden es excepcional.
En lo que único que creo que se queda un poco corta es en el trasfondo sociopolítico del momento histórico, con algunos subtextos obvios e innecesarios que no aportan a la trama o talvez por eso es tan especial, a pesar de ser una historia de la vida real parece inverosímil, la realidad que supera la ficción.
Esta maravillosa pareja enfrenta estoicamente a su irremediable decadencia física con dignidad y sin ninguna vergüenza por sus cuerpos ahora marchitos, desnudan de manera literal y figurada toda su humanidad, no es simplemente un morboso manejo del tema del sexo en la tercera edad, Hinestroza consigue un equilibrio fantástico entre el humor cáustico y el drama.
Las mejores historias son las más sencillas, sin despliegues técnicos o recursos desbordados, Candelaria nos muestra el poder de una buena idea planteada con inteligencia.