lunes, abril 27, 2026
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La biblioteca o de cómo los libros transforman vidas

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Reproducimos esta ponencia de la bibliotecaria Adriana María  Grisales, a propósito de que la biblioteca pública ” León de Greiff”, de Marsella, Risaralda, resultó seleccionada entre las diez mejores del país.

 


Nuestra experiencia en la vereda Beltrán de Marsella


Por : Adriana María  Grisales

 

El que la Biblioteca llegara a Beltrán fue fortuito, más no el deseo de quedarnos allí.

Cuando en el año 2006 pensamos en llevar los libros a todas las veredas de nuestro municipio que, son  treinta y tres, quisimos iniciar con una de las veredas más alejadas y que sentíamos con más carencias, lo cual solo es cierto en parte: las únicas carencias son económicas. Les sobran sueños, entusiasmo y entregan cariño a montones.

 

Caserío de la vereda Beltrán. Foto por: Adriana María Grisales

 

Beltrán está ubicada a 12 kilómetros de la cabecera municipal de Marsella. Se llega por una carretera difícil; la mayoría de las casas son en esterilla y las que hay en material son los antiguos campamentos del ferrocarril. La población vive del cultivo del cacao,  de la recolección de frutas para una empresa de refrescos y de la pesca que realizan en el río Cauca.

Sí, porque esta vereda está ubicada a la orilla del río Cauca, un río que ha significado diversión, alimento y vida para ellos, un río que al pasar por Beltrán hace una curva y crea un recodo al que llaman el remanso y al que cada Mañana Wilson, Carlos, Andrés y muchos otros niños se acercan a buscar los juguetes que el descenso del agua y las empalizadas van dejando  a su paso.

Era su actividad favorita, madrugar y apostar carreras al remanso a ver que les traía el río, hasta que este empezó a arrastrar consigo el rastro de la violencia que ha aquejado al país  y que sin ellos entenderlo también dejaba su oscura sombra en las aguas que antes eran vida.

 

Foto por: Adriana María Grisales

 

Desde el descubrimiento  del primer cadáver los niños de Beltrán no volvieron a dibujar vida, peces, nutrias, mariposas, árboles, ya no le escribían al amor, a la familia, a la escuela.

Sus colores  cambiaron por los  tonos del río triste, la muerte y las aves de rapiña.

Así los encontramos cuando los libros de la biblioteca llegaron por primera vez a su escuela.

 

Sembrando lecturas, la biblioteca al campo. Foto por: Adriana María Grisales

Empezamos a conocernos, nos dicen que no les gustan los libros, que qué pereza la lectura.

Luego entendemos: la profesora tiene muchos textos escolares y sólo un libro de literatura para compartir todos los días.

En cambio, nos cuentan las historias de los muertos que ellos han encontrado. Hablamos con los pescadores y nos cuentan la historia de Beltrán que aunque habíamos escuchado nunca llegamos a dimensionar: ellos, por solidaridad, recogen todos los cadáveres que han sido  arrojados al río durante las masacres de Trujillo, Roldanillo y otras zonas del Norte del Valle y que pasan por Cartago, la Virginia, Estación Pereira.

 

Foto por: Adriana María Grisales

 

Pero son los pescadores de Beltrán quienes los acogen,  porque piensan que en algún lugar, en alguna familia, hay alguien esperando encontrarlos.

Este es el ambiente en el que los niños  crecen por esos días. Rodeados del  hedor de la muerte, con  total desconocimiento del país que los rodea.

Muchos no conocen ni la plaza de Marsella, debido a los pocos recursos económicos de sus familias.

 

Foto por: Adriana María Grisales

 

Cuando uno ha vivido saturado de información por parte de los medios de comunicación y escucha hablar a mañana, tarde y noche de violencia, guerrilla, paramilitares, narcotraficantes, carteles, corrupción, secuestros, masacres, es fácil preguntarse ¿qué pasó, quienes son, quien lo hizo, por qué?

Pero cuando se vive en Beltrán, donde el tren dejó de llegar hace muchos años, el recorrido del jeep willys desde Marsella solo baja los miércoles , la señal de televisión es escasa y ni qué decir de la de internet, la pregunta es otra o quizá no hay preguntas: solo miedo y miedo simplemente a la muerte, a los muertos, porque los niños no saben qué pasa en el resto del país, solo saben que hay otro muerto en el río y ya se han acostumbrado a verlos.

Los niños son curiosos por naturaleza, y aún más cuando se trata de esos  asuntos llamados “de adultos”  que  la sociedad tiende a evitar.

 

Foto por: Adriana María Grisales

 

La muerte la hemos tratado desde las antiguas civilizaciones como tabú  y para nosotros es difícil explicársela a los niños.

No hablar de ella genera en los niños muchas inquietudes y dudas. El temor a lo desconocido es peor que la propia realidad.

Y es que a pesar de ser un hecho ineludible de la vida, tememos enfrentarnos a ella y, por extensión, tendemos a sobreproteger a los más pequeños de la casa, y para los niños es difícil entenderlo.

 

Foto por: Adriana María Grisales

 

Un buen recurso para esto pueden ser los cuentos y los libros infantiles. Historias que contadas por otros puedan ayudarles a comprender el concepto… la distancia que aporta la fantasía resulta básica para ayudarles a entender la pérdida de un ser querido o lo que sucede con las personas que llegan día a día por el río.

Durante 11 años hemos llevado los libros a esta población, y ahora complementándolo con cine, teatro, talleres de pintura y las nuevas tecnologías es la oportunidad de mostrarles, que los ríos traen mucho más que muerte, que los trenes siguen yendo y viniendo en muchos sitios del mundo, que su territorio –más que ser un puerto para la muerte– es un escenario para la esperanza, y que todos los habitantes de esta vereda, sin hacer parte del conflicto, pueden hacer parte de la reparación y del sueño de un mejor país.

Cosas a tener en cuenta para la semana de la movilidad en Pereira

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Semana de la Movilidad, del 24 al 28 de septiembre


Texto: El Diario

Alrededor de 300.000 vehículos circulan diariamente por las calles de Pereira, lo que implica no solo una alta carga de contaminación ambiental y auditiva, sino también un elevado riesgo de accidentalidad. Desde hace ya ocho años, tanto en Pereira como en Dosquebradas, se ha puesto en marcha la estrategia del Día sin Carro y sin Moto, enfocada a incentivar el uso del transporte público y darle un alivio a los pulmones de la ciudad.

El autor de esta iniciativa en el Concejo Municipal fue Norbey Quiceno, con quien evaluamos los alcances, beneficios y los logros de esta jornada que está programada para este martes 25 de septiembre en las tres ciudades que hacen parte del Área Metropolitana.

Estos son algunas cosas que debe tener en cuenta en esta importante semana, que seguro, nos dará una ciudad menos contaminada y más transitada.

 

Foto extraída de: Facebook

 


1. Según la Policía de Tránsito, hablar por el móvil durante la conducción puede aumentar entre 5 y 10 veces la posibilidad de sufrir un accidente de tráfico.

2. Asímismo, aumenta el tiempo de reacción del conductor en 0.71 segundos. Es decir a una velocidad de 80 km por hora se necesitan 16 metros solo para reaccionar.)

3. Cuando se marca, en un teléfono normal esta acción requiere 10 segundos lo que implica que si se circula a 80 km / h se pueden recorrer 220 metros sin la atención que requiere la conducción responsable de un vehículo.

4. Por último, al hablar por celular se dejan de captar hasta el 50 por ciento de las señales de tránsito.

Porque te quiero te aporrio: la otra cara del día del amor y la amistad

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Si el amor a veces es rosa, el rosa concuerda con el negro, ya que sin él sería el signo de lo insípido. ¿Tendría el rosa sin el negro, el valor que loca a la sensibilidad?
Georges Bataille


 

El llamado “Día del amor y la amistad” se celebra en el mundo en diversas fechas. En Colombia el día comercial señalado es el 15 de septiembre. La Cebra que Habla, siguiendo la tendencia,  presentó en esa semana una galería llamada: La Vitrina de Eros. Y ahora publica esta entrada, por así decirla, anti-amor y amistad. Claro, no son textos expuestos ni imágenes que estén en contra de ese evento, sino complementarios, para conocer esa otra cara de la celebración más dulce y romántica del año: el lado de la violencia, la teoría de género, las historias poco conocidas y de pensamientos muchas veces callados tanto por hombres como por mujeres.

Preguntas como ¿qué es el amor? ¿en realidad se trata de sentir mariposas o abejas en el estómago? o ¿somos sugestionados a creer que el amor hay que vivirlo intensamente ese día? y otras preguntas y respuestas en este especial (o anti-especial) preparado para esos lectores curiosos que deseen saber más sobre la otra cara del llamado “Día del amor y la amistad”.

Bienvenidos


 

 

 

 

Porque te quiero te aporrio: a propósito de la violencia en los días de celebración

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Amar sin esperanza debe ser muy triste; pero más triste debe ser vivir sin la esperanza de amar.


 

En el programa radial “Juntos pero no revueltos” de la emisora Ecos 1360, estuvo el psicólogo Guillermo Valencia y Marta Alzate desde Burdeos Francia, conversando sobre el amor, la violencia y otras curiosidades a propósito del llamado “Día del amor y de la amistad”. Reproducimos integralmente esta entrevista para todos los lectores y oyentes de La Cebra que Habla. Entrada publicada dentro de marco del Especial “Porque te quiero te aporrio: la otra cara del día  del amor y la amistad “.

Bienvenidos


 

Foto por: Diego Val

Clic 


 

 

El drama de amor y amistad

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Admitámoslo. Aunque gritemos a los cuatro vientos que la fecha nos es indiferente, hay un corazoncito dentro que espera lo que la mente se empeña en negar.


Texto por:Alejandra Marr

Las fechas para celebrar el amor son una excusa para fantasear idilios. Más allá de ser un día comercial y aparentemente arbitrario en el calendario, aunque digamos no esperar nada debemos admitir que tenemos el corazón ansioso por saber si este año, al fin, aparecerá un Romeo que se deje ver.

Disney, la cultura occidental y, sobre todo para nosotras, Padres e Hijos, nos marcaron fatalmente. Las historias de amor nos fueron enseñadas como luchas que debemos sufrir para conseguir un final feliz y eterno. Y como somos las únicas protagonistas de nuestra vida normal y ordinaria, estamos buscando darle el valor dramático a esta historia que viene siendo un tanto aburrida.

Entonces esperamos alguien que nos sorprenda con una cursilería casual en algún chat o nos invite a tomar algo después de declararnos su evidente amor con un me gusta en nuestros primer post del 2008. Otras, deseamos que nuestro ex aparezca para decirnos que no para de pensarnos porque la vida se le hace cuadritos cuando no estamos ahí.

Entonces en el inconsciente creamos un montón de ‘deberías’ tontos que nos entorpecen cuando de amor se trata. Que él es quien debe buscarte, regalarte flores y chocolates en el día del amor, que debes ser mesurada con lo que demuestras, que te debes hacer desear, que él debe ser detallista y enamorarte todos los días, que debe pagar la primera invitación, recogerte en casa, despertarte con un mensaje lindo, llamarte todos los días y ser mesurado ya que “no queremos hombres intensos o enamoradizos porque nos dejan de gustar”.

Creemos tantas tonterías que terminamos agotadas emocionalmente, frustradas pues en nuestro cuento no hallamos el príncipe que necesitamos para amar. Porque todos son iguales, porque no hay hombres que valgan la pena, porque, definitivamente, están todos cortados con la misma tijera. Somos idealistas y, por consiguiente, masoquistas. Nos creemos fracasadas en el amor cuando en realidad nuestra idea del amor es la que fracasa.

 

 

Ilustración: Las petite @laspetite

 

Y es ahí dónde está el problema de nuestro tan poco anhelado Día del Amor y la Amistad: porque pase lo que pase (y ojalá todo pase a nuestro favor), eso, inconscientemente, nos define. Pensamos que no somos valiosas porque no nos recordaron que nos aman. Que no valemos la pena porque las flores no llegaron. Que no somos importantes porque ni un mensaje por whatsapp recibimos. Entonces se nos rompe el corazón.

Pero ser indiferente está de moda. Culturalmente debemos ser fuertes, bastarnos a nosotras mismas, ser independientes, no necesitar de nadie. ¡Qué va! A veces necesitamos del otro porque es la forma en que nos reafirmamos social y culturalmente, no como mujeres sino como individuos. Y eso es vital, por eso así sea muy adentro siempre esperamos.

Y no está mal hacerlo. Lo que sí es fatal, casi mortal para el amor, es esperar para dar. Entonces, con los pantalones bien puestos, demostremos sin miedo que a veces necesitamos pruebas de cariño y hagámosle sentir a alguien que es nuestro amor en el día del Amor y la Amistad.

NOTA AL HOMBRE LECTOR: Siempre va a ser lindo saber que somos importantes para ustedes. Amor y Amistad es una excusa más para demostrarnos mutuamente lo lindo que es tener, no una media naranja, sino otra completa. Lúzcanse, Romeos

Historia de Amor y de Amistad

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La música me ayudó a la conquista


Texto extraído de: El Heraldo.Co

 

Tenía alrededor de 18 años, era el día del amor y la amistad y para mí era como cualquier sábado. Clases en la universidad hasta medio día, almorzar, hacer la siesta y luego ir a jugar fútbol hasta quedar exhausto. Llegada la noche mis papás se arreglaron para salir a una fiesta y mi hermana hizo lo propio con su novio.

Este pecho se quedó ponchado como todos los fines de semana ya que hasta ese momento tenía pocas amigas y ninguna me daba la hora. Si a eso le sumamos que no tenía un peso en el bolsillo el resultado no podía ser peor.

Siendo aproximadamente las ocho de la noche el hambre me atacó por sorpresa, abrí la nevera y además de luz y agua había un pan viejo, medio litro de leche, dos limones y un queso rancio. Definitivamente la noche no pintaba bien. Con mis tripas retorciéndose recordé las varias caletas que solía tener mi papá para guardar monedas y de inmediato corrí a cada una de ellas.

No recuerdo cuanto reuní pero me alcanzaba justo para comprarme un perro caliente (sencillo por supuesto) y una gaseosa, así que salí raudo al negocio de comidas rápidas de mi amigo Rodolfo a media cuadra de mi casa.

Cuando degustaba mi delicioso manjar me imaginaba a todos mis amigos con sus novias disfrutando de esa noche mientras yo me encontraba en bóxer y camisilla comiendo solo y triste. En ese momento se acercó una vecina recién llegada a la cuadra. Ella tenía aproximadamente 25 o más años, una veterana para mí en todo caso. Era de la guajira y físicamente a pesar de no ser fea lo que recuerdo es que su culo sacaba la cara por ella. Me saludó con una linda sonrisa que no supe corresponder por mi timidez.

Cuando le entregaron su pedido se sentó a mi lado y sin más allá y más acá me buscó conversación. “¿Cómo te llamas?”, “¿cuántos años tienes?”, “¿qué estudias?”, fueron parte de su repertorio de preguntas. De inmediato me dije –esta vieja debe estar más ponchada que yo desde que me está interrogando.

El caso es que me estaba gustando la plática y mi timidez se estaba esfumando, así que de ahí en adelante todo fue risas y cruce de miradas furtivas. Igual tenía claro que no tenía opciones con ella, es decir, ¿qué hace uno con los bolsillos vacíos un día de amor y amistad? Ya me estaba resignando cuando ella me preguntó “¿dónde vives?” y de inmediato recordé que mi casa estaría sola hasta altas horas de la noche.

– ¡Que papayazo!- me dije y agregué –Gracias Dios mío-. Me armé de valor y le dije –vivo a unas casas de aquí, si quieres vamos y nos tomamos algo y escuchamos música-. Creo que no había terminado de decirle cuando ella accedió y se levantó de un brinco.

Caminábamos a mi casa cuando la guajira de nalgas dignas de un cuadro de Aguaslímpias me dijo con voz seductora “tienes un buen cuerpo, ¿haces ejercicio?”. -Hmmm, este huevo quiere sal-, pensé en el acto mientras recordé que en mi casa lo único que había para tomar era un vaso de leche.

 

Imagen extraída de: Pixabay

 

Al entrar a la casa solo encendí una tenue luz para que la oscuridad fuese cómplice de mi aventura. Abrí la alacena y hurra, encontré una botella panchita a medio llenar de Ron Medellín. Si, el único y popular afloja chocho que sumado con los limones en la nevera harían el milagrito de salvarme el día de Cupido.

Quizás esa botella la habían dejado allí mis padres quien sabe hace cuanto tiempo y como ninguna en la familia es amigo del etanol permaneció en ese lugar hasta que cayó en mis manos… y las de mi nueva amiga.

Encendí la radio en la emisora Oro Estero y ahí estaba Joyce Lozano haciéndome compañía como tantas veces y yo enamorado de esa melodiosa voz sin siquiera conocer su rostro. Después de varios tragos me animé a sacarla a bailar una balada romántica, más exactamente “Careless Whisper” de George Michael. Mientras el saxofón sonaba nuestros cuerpos se juntaban de manera fogosa y mi amigo allá abajo respondió en el acto. Ella lo sintió y solo me miró queriendo parecer sonrojada pero la verdad es que parecía estar acostumbrada a ese tipo de situaciones.

A mí no me importaba su currículo ni mucho menos su kilometraje, no me pensaba casar con ella. Yo solo quería pasar una noche de pasión y desenfreno sin un barra en el bolsillo.

La música me ayudó a la conquista, (no se cómo le hacen los jóvenes de hoy en día con el Reguetón y su perreo y zandungueo para acortejar a sus parejas), el caso es que nos besamos sin perder el ritmo de la canción hasta dejar secos nuestros labios. Ya estaba a punto de agarrar tética y “sintonizar otra emisora” cuando de repente sonó el timbre de la casa. –Hijuemadre, llegaron mis papás- me dije con un nudo en la garganta.

Di un brinco y de inmediato tomé el primer libro de la universidad que encontré y le dije a mi amiga –ábrelo y simula que eres una compañera de clases y estamos estudiando-. Obvio que nadie se iba a comer el cuento pero tampoco podía ser tan descarado. Al llegar a la puerta y con mi bóxer como carpa de circo me volvió el alma al cuerpo, era mi amigo Juan Carlos a quien de cariño le llamábamos “el flaco”.

Al verlo le dije –ajá flaco cántala-.

El me respondió –ey, ¿qué estás haciendo?, hazme un dos-.

-Nojoda flaco, tengo algo entre manos en este momento )literalmente), vente otro día y con mucho gusto- añadí con premura para que la comida que me esperaba en mi habitación no se fuese a enfriar.

Pero el insistió, -viejo Anto, tu sabes que los papás de Heidy, mi novia, no gustan de mí y solo la dejan salir hoy con una vecina amiga de ella. Te pido el favor de que salgas con nosotros y tú seas el parejo de su amiga-.

 

Imagen extraída de: Pixabay

 

Su angustia e insistencia junto con el saber cuanto se querían Juan Carlos y Heidy me hizo que empezara a dudar de mi decisión pero de inmediato recordé que estaba más limpio que el jopito del niño Dios así que le di esa excusa a mi amigo, quien ya trabajaba en ese entonces y siempre cargaba con dinero en su billetera por lo que me ripostó argumentando –no te preocupes, yo pago todo-.

Ante esa novedad no tuve otra alternativa que decidirme por sacrificar mi deseo carnal en pro de ayudar a un gran amigo. Ahora el lío era decirle a la guajira que debía irse con el rabo entre las piernas y seguir tan ponchada como cuando llegó a comerse el perro caliente. Cuando entré a mi habitación estaba leyendo el libro de Cálculo de Swokowski como quien hojea la revista Vanidades, al verla le dije –que pena, se me presentó un inconveniente de última hora y debo salir a toda prisa, ¿te parece si culminamos esto mañana a la misma hora?-.

Su mirada me fulminó en el acto, se levantó de la silla y salió como alma que lleva el diablo echando humo por los oídos.

Me di un baño que me bajó algo más que los ánimos y quince minutos después estaba listo para salir. Nos encontramos los cuatro y me presentaron a su amiga Shirley. Tenía un escultural cuerpo y una cara armoniosa pero su ceño fruncido me dio mala espina. Llegamos a la calle 84 y estaba literalmente hasta las tetas. Ah, tetas era lo que tenía yo en mi casa y ahora estoy con una vieja con cara de puño.

Entramos a un sitio que se llamaba “Los Barriles”, el propio barcito para parejas de enamorados donde la oscuridad y la música a alto volumen eran las reinas de la noche. Juan Carlos y Heidi no pararon de darse besos y bailar en esa velada, mientras que Shirley con su chicote de cara me la hacía de cuadritos. A todo lo que le preguntaba intentando entablar una conversación me contestaba con cortantes monosílabos, “si”, “no”, “aja”, “hmm” hicieron colmar mi paciencia y estuve a punto de mandarla a comer excremento humano pero recordé que si ella se iba y llegaba sola a la casa de Heidy, su noviazgo con mi amigo Juan Carlos correría peligro.

Hice de tripas corazón y seguí en mi función de acompañante de cabecera.

La saqué a bailar para ver si así lograba lo que había alcanzado con mi amiga la guajira hacía una hora atrás pero todo fue en vano. No solo me puso policía sino que me montó todo el cuerpo Elite y SWAT al mismo tiempo. Nos sentamos nuevamente y me resigné por completo. De igual manera mi noche había empezado de la peor manera (con hambre, solo y sin cinco centavos) y ya a media noche había comido un delicioso perro caliente, estuve a punto de “anotar” una carrera aunque solo llegué a “segunda base” y ahora me encontraba en un sitio haciéndole el dos a un amigo en la zona pupy del momento en Barranquilla.

Siendo aproximadamente las dos de la mañana mi martirio culminó. Juan Carlos y yo llevamos a nuestras parejas hasta cerca de sus casas. De ahí nos fuimos caminando a nuestros hogares no sin antes mi amigo decirme –viejo Anto, te debo una, muchas gracias-. Ese gesto salido desde su corazón pagó la boleta e hizo que a pesar de la noche fatal que tuve junto a la cara e´puño, me sintiera bien conmigo mismo.

Ese día del amor y la amistad vi el significado real de ambos sentimientos. Si bien hubiese podido pasar una noche de copas una noche loca con la guajira, sabía que sería algo pasajero y sin futuro, en cambio el amor de Juan Carlos y Heidy prometía y mi amistad con en el “flaco” me decía que debía prestarle la ayuda que necesitaba en ese momento.

 

Imagen extraída de: Pixabay

 

De los protagonistas de esta historia, a la guajira efectivamente nunca más la volví a ver. Juan Carlos y Heidy después de múltiples combates por sacar adelante su amor se casaron y hoy tienen un hijo de 10 años que casualmente lleva el mismo nombre que mi hijo. De Shirley lo último que supe era que se la había soltado un tornillo y la habían visto correr desnuda por las calles (¡de la que me salvé!). Juan Carlos y yo a pesar de la distancia y los años sin vernos seguimos siendo buenos amigos y solo basta con cruzar unas palabras para sentir que el uno puede contar con el otro. Yo seguí sin pareja por varios años más hasta que llegó el amor de mi vida, pero esa ya es otra historia.

Deconstruyendo el Amor Romántico

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Una Frida comparte con nosotras su reflexión sobre el amor romántico y las repercusiones negativas que tiene sobre las personas.


Por: Shaila Monasor

 

Hemos crecido con Princelandia: jóvenes sensibles y delicadas que esperan a que su príncipe las rescate; novelas y telenovelas con grandes dramas pasionales; canciones y películas románticas que forman parte del imaginario colectivo, en las que el amor es una fuerza que todo lo supera, que el amor lo vale todo y que sin amor no somos nada. Lo verás cursi, pero son ideas que han calado muy hondo.

Definamos qué es Amor, o más bien, qué nos han enseñado sobre el amor: ¿Amor es dependencia; amor es abnegación; amor es sufrimiento? Definitivamente no. El significado del amor es cultural, algo construido y aprendido a través de diferentes medios; de la educación de nuestros padres, de nuestras amistades, de la religión imperante, de las películas, de los libros, etc. Todo este aprendizaje tiene un marco macro que es la sociedad patriarcal en la que nos ha tocado vivir.

¿Y si buscamos en la Real Academia Española los significados de Amor? :

1. m.Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.

2. m.Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

3. m.Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.

 

Si se une lo subrayado en las 3 definiciones, queda algo así: AMOR, sentimiento que partiendo de nuestra propia insuficiencia, nos completa y entrega a alguien. Aunque de manera algo selectiva, ¿estas definiciones no nos llevan a pensar en un sentimiento de subordinación y de dependencia? ¡Hasta la R.A.E. nos traiciona!

 

Imagen extraída de: Pxhere

 

Abramos el objetivo

Eso que hemos aprendido de que amor es entrega, dependencia y abnegación, es simplemente eso; entrega, dependencia y abnegación. Pero de amor nada. No usemos el término a la ligera, no confundamos, desaprendamos.

 

Desaprendamos

Es difícil vaciar la mochila que llevamos a la espalda, llena de ideas no propias y acumuladas durante nuestra vida, ideas impregnadas de creencias irracionales. El haber aprendido un concepto erróneo sobre el amor nos puede traer muchos problemas en nuestras relaciones, especialmente en la adolescencia cuando somos más vulnerables. De hecho, muchas de nosotras hemos reproducido modelos de relaciones amorosas nada saludables que incluyen tolerancia a los celos, y al control y entrega total. Hemos asumido que amor y celos, amor y control, amor y subordinación… Pueden ir de la mano, que el amor para que sea pasional, debe ser así.

Definir el amor puede ser tarea compleja, pero podemos empezar por descartar lo que no entra en la definición: el machismo. No entra el maltrato, ni físico, ni psicológico, el cual sigue tristemente vigente por mucha más conciencia social que haya. No entra el machismo más criticado, como puede ser el no compartir las tareas domésticas y de cuidado, ni tampoco el machismo más sutil, los llamados micromachismos .
Pasar de un plano a otro no es tan difícil como se cree, la idealización del amor que tenemos en la cabeza asume este tipo de abuso y es el germen de la violencia de género.

Avanzar hacia la igualdad y erradicar la violencia de género incluye acabar con creencias e ideas erróneas sobre el amor: no somos la mitad de nadie, no nos hace falta el amor para sentirnos completas y desarrollarnos, esto genera una idea de dependencia, el mito de la media naranja.

Aunque se haya avanzado en igualdad, el machismo es estructural, está muy asentado y va cambiando de forma para no parecerlo, camuflarse y así mantenerse; no se manifiesta (tanto) públicamente, se ejerce sobre todo de puertas para adentro, en la intimidad de las relaciones de pareja. ¿Quién se atreve a declararse machista hoy en día?

 

Aprendamos

El amor implica una gran responsabilidad hacia ti mismo y hacia los demás, se mezclan conceptos interrelacionados como son la atención, el cuidado, el respeto mutuo, la admiración, la confianza, el afecto, el crecimiento personal, el placer… La suma de ellos y no por separado podría entrar en una definición sobre el amor.

Bell Hooks, feminista afroamericana, en su obra La Claridad del Amor, nos muestra que amar debe ser una acción y no un sentimiento, y ello nos lleva a tomar una responsabilidad, implica una voluntad, no define el amor como algo instintivo o involuntario. El amor implica elección de amar. Hooks se hace eco de la definición de amor de otro autor S. Peck que refleja la idea de amor similar:

“La voluntad de extender nuestro yo con el propósito de alimentar el crecimiento espiritual propio y el de otra persona. El amor es lo que el amor hace, es un acto de voluntad. La voluntad implica elegir. No estamos obligados a amar. Elegimos amar… “

Simone de Beauvoir, autora de referencia nos dice:

“el amor auténtico debería basarse en el reconocimiento recíproco de dos libertades, cada uno de los amantes se viviría como sí mismo y como otro; ninguno renunciaría a su transcendencia, ninguno se mutilaría, ambos desvelarían juntos unos valores y unos fines”.  (El segundo sexo)

Amar no es un proyecto de vida, puede ser una parte importante de nuestro trayecto, un vehículo hacia el autoconocimiento y hacia nuestro desarrollo pero no un fin en sí mismo.

El mito de amor romántico nos ha dejado muchos mensajes con los que todavía convivimos y que anula esta capacidad de elegir, de querer desde la voluntad como seres completos; aumentando nuestras capacidades y no mermándolas, nutriéndonos de una relación saludable desde el respeto y la admiración mutua… En definitiva, aprender a amar, quererse a una misma y ser más libres.

 

Citas:


Bell Hooks. (2000) Claridad: dar palabras al amor. The Women’s Press, Londres, pp. 3-14
Peck, S. M. (1996). Un camino sin huellas: la nueva psicología del amor. Madrid: Salamandra
Beauvoir, S. (1969). El segundo sexo. Buenos Aires, Siglo Veinte

Las esquinas desnudas o la crónica como reinvención de la ciudad

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El cronista va por el mundo desnudando campos y ciudades.


 

Existe un texto de Rizsard Kapucinski, publicado inicialmente en la revista The New Yorker y nunca traducido al castellano, donde el maestro polaco narra, en ese estilo suyo preciso y directo que no renuncia sin embargo a los milagros de la imagen poética, el estado de conciencia de los habitantes de una aldea moribunda en el centro de África.

El recurso es tan sencillo como contundente: para recrear el sopor sin remedio que los carcome, el autor de “El emperador” describe con minuciosidad obsesiva la manera como la búsqueda de un poco de sombra que les garantice una jornada más de vida se convierte en la única actividad diaria de los pobladores de ese caserío sin nombre.

Para conseguirlo se arrastran pegados a las paredes hasta alcanzar el lugar adonde todavía no llega el lenguetazo calcinante del sol.

De ese modo, sus movimientos los convierten en una suerte de reloj viviente, al punto de que para calcular la hora basta con mirar al sitio donde se encuentra instalado el abuelo centenario o la niña que se inicia en los ritos de la fertilidad.

El margen de error puede alcanzar solo un par de minutos.

Idéntico camino, aunque con distintas técnicas y en tiempos y momentos diferentes, han seguido virtuosos del periodismo literario como el norteamericano Gay Talesse para relatar los avatares de la construcción del puente Verrazano en Nueva York; el argentino Martín Caparrós en su aventura de adentrarse en las entrañas de la otra Argentina que nadie nombra; o el colombiano Carlos Sánchez Ocampo en su viaje a los infiernos para relatarnos los pormenores de ese ritual de autodestrucción que es el consumo de bazuco en el casi desaparecido sector de Niquitao en la ciudad de Bello.

En cualquiera de los casos mencionados, aparte del virtuosismo en el manejo del lenguaje, que de entrada le da una dimensión estética a sus propuestas, los autores saben que las posibilidades de la crónica van mucho más allá del inventario de acontecimientos, porque lo suyo es en realidad un intento de desnudar el alma de los seres humanos y con ella la de los tiempos y lugares en los que acontece su aventura vital.

Lo supo Bernal Díaz del Castillo, el cronista de Hernán Cortés, cuando descubrió el carácter indómito de unos pueblos que ofrecían a sus dioses los corazones palpitantes de las doncellas, con el propósito de aplacar una furia milenaria cuyos motivos nadie parecía recordar.

Lo sabía también Pedro Cieza de León, en su tránsito por tierras de Pijaos y Quimbayas, en el momento de comprobar que los guerreros españoles experimentaban una suerte de sagrado pavor ante la sola visión de los guaduales donde los aborígenes parecían volverse invulnerables.

Y lo supo- y de qué manera- Fray Junípero Serra, el hombre que llevó la cruz de los católicos a todo ese territorio entre Florida y California, que hoy forma parte de los Estados Unidos de América, pero que entonces era poco menos que una tierra de nadie habitada a trechos por guerreros que rendían culto a las divinidades del viento y la lluvia y en noches de plenilunio enloquecían de dicha y pavor ante la visión de la piel de cobre de sus mujeres desnudas.

 

Foto extraída de: i1.wp.com

 

Y la desnudez es, en últimas y en sus dos acepciones, el gran leit-motiv de los cronistas.

En la primera de ellas lo que se busca es descorrer el velo que los poderes del mundo arrojan sobre la realidad en su afán de mantenerla bajo control.

Las falacias de los políticos, las trampas de los especuladores, los juegos pirotécnicos de los seductores, la retórica de los clérigos y la venalidad de los jueces son el primer reto para quienes decidieron contar la historia, la propia y la ajena, mediante los recursos que brinda esa especie de criatura de fábula, resultado de un cruce incestuoso entre el periodismo y la literatura.

De ese modo en “Cabeza de turco” el alemán Gunter Walraff consiguió hacer visibles las pesadillas de los inmigrantes turcos en Alemania, contratados por las multinacionales de la industria química y farmacéutica para realizar los peores trabajos, incluso aquellos que significaban un peligro inmediato para sus vidas.

La enumeración agotaría cientos de páginas, pero podemos mencionar aquí al mexicano Sergio González destapando la nauseabunda sentina de abusos y corrupción que se escondía detrás del asesinato selectivo de mujeres en Ciudad Juárez, en un libro que de entrada ostenta un título sobrecogedor: “Huesos en el desierto”.

O al colombiano Germán Castro Caicedo viajando a Fredonia, en Antioquia, para denunciar desde la historia de la bruja Amanda la banalidad, la estulticia y la rapacidad de quienes ejercen el poder en nuestro país, capaces de utilizar helicópteros oficiales para desplazarse hasta un pueblo de la cordillera con el fin de consultar brujos, astrólogos, quirománticos y yerbateros mientras el mundo se desintegra a su alrededor.

Nada de que extrañarse en todo caso: al fin y al cabo durante ocho años estuvimos gobernados por un hombre que tomaba goticas mágicas mientras firmaba alegremente decretos que hipotecaban el destino de sus compatriotas muchos años hacia adelante.

En todos ellos, más allá de las diferencias de estilo y de visiones del mundo, subyace una certeza común, consignada hace años en las lúcidas palabras del pensador Estanislao Zuleta: que en el fondo, toda lucha por la dignidad de los seres humanos es ante todo una lucha contra el poder, en cualquiera de sus manifestaciones: políticas, económicas, familiares, afectivas, sexuales o religiosas.

En esa búsqueda de desnudez la crónica es, también, una propuesta política, como bien lo pudo experimentar en nuestra ciudad el periodista y escritor Juan Miguel Álvarez, quien luego de publicar en la edición digital de la revista Semana un juicioso texto sobre la naturaleza y los actores de la violencia en Pereira y Dosquebradas , vio como su nota desaparecía en menos de dos días, merced a las presiones de los representantes del poder político, económico y policial, convencidos de que el informe representaba un riesgo para sus intereses , confirmando una vez más que al poder, con sobrada razón, nunca le ha gustado la desnudez de la verdad.

Hablemos ahora de la otra acepción de la palabra desnudez: aquella que lleva implícito el estremecimiento erótico, cuya condición natural es la de repetirse siempre como si fuera la primera vez.

 

Miguel Álvarez de los Ríos. Foto extraída de: eje21.com.co

 

De esa clase de desnudez sí que conoce el cronista, pues es imposible llevar a buen término una historia sin desearla con el ahínco, con la desesperada obsesión que nos inspiran algunos cuerpos cuando doblan la esquina.

¿Quién será? ¿Adónde irá? ¿De dónde viene? ¿Qué motivos lo mueven? ¿Con quién va a encontrarse? Son también las preguntas que se hace el contador de historias, aunque se sepa derrotado de antemano, como todo buen enamorado que se respete.

De ahí en adelante deberá estar dispuesto a utilizar todas las herramientas de seducción que estén a su alcance para hilvanar un relato que en principio se entregará a sí mismo y después compartirá con los lectores , en ese ejercicio de voyerismo sobre el que se sustenta la dialéctica escritor- lector : cuéntame lo que viste que, a modo de recompensa , yo te contaré una historia para que me la cuentes, transfigurada.

Es por eso que el contador de historias necesita tiempo, mucho tiempo : al fin y al cabo Cronos es la divinidad que rige su destino y ya sabemos que la única forma de apaciguarla es entregarle cada cierto tiempo, el corazón de una buena historia , como hacían los sacerdotes con las divinidades Aztecas que estremecieron de pavor a Hernán Cortés, hasta el día que tuvo a su alcance la piel trémula de “La Malinche”.

Esa historia debe entregarse con todo y el escenario en el cual acaece: protagonistas, lugares, emociones, música de fondo, pero ante todo con las claves para tratar de entender esos destinos rescatados del olvido por la palabra escrita.

El escritor de crónicas se acerca entonces a los hechos y sus protagonistas con la mezcla de miedo y fascinación que tanto atormenta a los amantes primerizos.

Tendrá que ser cauto y prolijo para no asustar al objeto de su deseo con modales de atarbán de feria, pero a la vez tendrá que armarse de valor para no quedarse paralizado ante las incertidumbres que depara toda fuente de conocimiento.

Y el deseo, ya lo dijo el poeta, es la más incierta de todas.

Hay que ver la dosis de ternura y respeto con la que un escritor como Alberto Salcedo Ramos aborda sus relatos, para entender de qué estamos hablando: se trata de la ternura y el respeto de quien sabe que está invadiendo una parcela de intimidad ajena, pero a la vez está convencido de que esa invasión es necesaria para que esa vida no se diluya en el olvido, que es la materia de que esta hecha la indiferencia.

Indiferencia que no solo nos vuelve insensibles frente a la tragedia del prójimo, si no que nos niega de entrada la posibilidad de reconocernos en el diálogo con él, según se desprende de ese poema de Octavio Paz en el cual se nos recuerda que “para poder ser he de ser otro”.

 

Octavio Paz. Imagen extraída de: cronicaglobal.elespanol.com

 

Porque perdimos esa noción de prójimo asistimos hoy en Colombia a la pesadilla desatada por poderes de toda laya que se escudan detrás de los ejércitos en contienda, con la cínica indiferencia de quien presencia la destrucción de algo que en todo caso no le concierne… hasta que el horror invade la propia casa y a duras penas tenemos tiempo de preguntar ¿Por qué a mí?

Bajo esas dos premisas el cronista va por el mundo desnudando campos y ciudades.

Sobre todo ciudades, que son los lugares donde se concentra hoy la mayor parte de los habitantes del planeta.

En su trashumancia olfatea, interroga, escucha, palpa, mira y lo que encuentra al otro lado es el incesante palpitar de la vida, materializado en pequeños y grandes destinos que al cruzarse dan lugar a la otra Historia, la que tantos insisten en escribir con mayúscula, como si no fuera el resultado del incesante ir y venir de las otras, las de los seres de carne y hueso que intentan aprovechar de la mejor manera el milagro de su breve tránsito sobre la tierra.

Es en ese punto donde descubre que su amor es a la vez erótico y político.

Erótico porque le apasiona acariciar esa sustancia misteriosa de que está hecha la vida y político porque no tarda en descubrir que esa vida vive en permanente riesgo de ser manipulada, estropeada y sobre todo aniquilada por los representantes del poder, que pueden dejarnos apenas con el vacío del cuerpo amado entre las manos.

En esa encrucijada no queda otra salida que narrar la desnudez, para que sea amada por otros en una comunión momentánea, pero también para que tomen conciencia de lo frágil de su condición y de lo expuesta que está a toda clase de peligros.

Así , cuando el cronista nos relata la historia de esos músicos callejeros conocidos como “Los Calimenios” que aquí nada más, a la vuelta de la esquina, se ganaban la vida hace unos años interpretando con instrumentos precarios el cancionero del Chocó profundo, nos está diciendo cosas sobre el carácter impredecible de la belleza que surge en cualquier parte, al tiempo que nos advierte sobre los riesgos que corren esas personas ante la agresividad latente en unas ciudades donde la voluntad excluyente resulta ser el único punto de coincidencia para muchos de sus habitantes.

Pero no se puede hablar de una ciudad en abstracto, así como no se puede amar a una mujer sin desear el cuerpo donde habita. Por eso a esta altura del camino tendremos que hablar de la Pereira intuida y recreada por la palabra de sus cronistas.

La ciudad de la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX tuvo en Ricardo Sánchez el testigo irónico de unos adelantos tecnológicos que cambiaron para siempre la imagen que la aldea tenía de si misma.

 

Imagen extraída de: lasillavacia.com

 

La llegada del teléfono, el cinematógrafo, el automóvil y el fonógrafo, así como el descubrimiento de ritmos musicales importados de Argentina, España, México y Estados Unidos minaron los cimientos sobre los que se asentaba la arrogancia de una comunidad que se sentía el centro del mundo, al recordarle que más allá de los extramuros quedaba el universo.

Más tarde sería Luis Carlos González quien diera cuenta de lo que significó el tránsito de pequeño pueblo a ciudad intermedia que había encontrado en los periódicos, el cine, la radio y más tarde la televisión, una manera distinta de conectarse con un mundo sacudido por la Segunda Guerra Mundial, las libertades sexuales y la Revolución Bolchevique.

“Porque se volvió ciudad/ murió mi pueblo pequeño” se lamentaba el poeta, expresando así el contradictorio estado de ánimo de sus contemporáneos, que se maravillaban con el crecimiento de la ciudad, al tiempo que lloraban la pérdida de los que consideraban los valores verdaderos.

La contraparte serían las crónicas y reportajes de Miguel Álvarez de los Ríos, un hombre que desde su condición de viajero y lector incansable propuso una mirada en perspectiva de las relaciones entre la ciudad y el mundo, ajena a cualquier lamentación y anclada en la búsqueda de un diálogo cultural en el que las ideas políticas y las corrientes artísticas jugaron un papel determinante.

Y entonces llegaron los años setentas, prefigurando la avalancha globalizadora que acabó confinando esos valores al cuarto de los trastos viejos y abrió las puertas a dos fenómenos que cambiaron la historia de la región y del país: el narcotráfico y la violencia como dos caras de una misma manera de ver el mundo basada en el arribismo y el consumo sin límites como único credo posible.

Los templos de esa cosmovisión serían los centros comerciales, los conjuntos residenciales, los estaderos campestres y los rumbiaderos, conectados por una red de avenidas y puentes que todo lo hacen parecer fácil, menos la existencia.

Allí también se hizo necesaria la palabra del cronista para recoger y recomponer los fragmentos esparcidos en múltiples direcciones tras el estallido globalizador, como una manera de proponer una reflexión sobre lo que estaba sucediendo.

Despuntando el año 2008, los habitantes de Pereira nos despertamos con la noticia del incendio de dos caseríos construidos con plásticos y esterilla, bautizados por sus fundadores con nombres tan bucólicos como “La Laguna” y “La Florida”.

Por eso mismo, al principio muchos pensaron que el incendio estaba localizado en el Parque de los Nevados, hasta que un periodista complementó la noticia: los ranchos pertenecían a la comuna de Boston y estaban habitados por familias desplazadas del Chocó

¿Cómo? ¿Hay negros en Pereira? Gritaron, entre sorprendidos y asustados, varios expertos de esos que creen que el mundo cabe en la pantalla del computador, ignorantes de que las llamas estaban sacando a la luz uno de los muchos rostros que al entretejerse nos revelan las múltiples facetas de una ciudad, que como todas, está lejos de ser el territorio uniforme y sin fisuras soñado por quienes conciben el mundo como un gigantesco mercado en el que la gente tiene que limitarse a consumir y desechar, dependiendo de cómo le vaya en el paseo.

 

Foto extraída de: eldiario.com.co

 

Olvidaban de paso un pequeño detalle: que mientras viven, las personas van construyendo lenguajes, códigos, mitos y símbolos que le dan sentido a la existencia y por eso mismo les permiten afirmarse en el mundo y comunicarse con los otros.

Tal vez por eso, y a lo mejor sin ser consciente de ello, una semana después del incendio, un anónimo cronista decidió contar la historia de “Los Calimenios”.

Justicia universal, llaman algunos a eso.

Con su gesto, el autor de la crónica le dio un contexto distinto a la historia de una comunidad expulsada de sus campos por una de las hordas de bárbaros que van por la tierra desplazando, masacrando, despojando y empujando hacia la periferia de las ciudades a legiones enteras de seres humanos , que en su intento por hacerse a un sitio en esos lugares que se les antojan una tierra de promisión, van dejando su huella mientras tratan de reconstruir los lazos de solidaridad que un día les permitieron saberse parte de un destino común.

Algunas de esas personas, las que hacen música y las que perdieron sus ranchos, se reunían en una esquina de la calle 17 con carrera 16 de Pereira, en un sitio conocido como “La gran esquina del chontaduro”.

Allí escuchaban canciones de la orquesta Guayacán o de Joe Arroyo, amenizadas con aguardiente Blanco del Valle, mientras evocaban los atardeceres rumorosos del río Atrato.

A veces, cuando tenían alguna conquista femenina entre manos, se hacían servir una porción doble de jugo de chontaduro afrodisíaco, cuya fórmula secreta está rodeada de tantas precauciones como las establecidas por Coca-Cola para su producto estrella.

En medio de la euforia producida por la música y el aguardiente, uno de ellos contaba que, una semana atrás, a una cuadra de allí habían sido abaleados tres indigentes por un grupo de jóvenes que viajaban a bordo de una camioneta último modelo.

La noticia nunca trascendió a las páginas de los periódicos locales, ni siquiera a las de aquellos que han encontrado en la ascendente oleada de violencia que nos agobia el mercado perfecto para satisfacer sus apetitos, mediante la exacerbación del placer morboso que los humanos experimentamos frente al espectáculo de la desgracia ajena.

Estas esquinas donde pueden coincidir la maravilla y el horror son el escenario natural del cronista, como bien lo demuestra Rubén Blades en esa obra maestra de la crónica cantada titulada “Pedro Navajas”.

De su capacidad para aproximarse a ellas y desnudarlas sin violencias dependerán los alcances de un género que, no sobra insistir en ello, tendrá que encontrar el justo equilibrio entre lo estético, lo ético y lo político, si quiere contribuir de veras e esa reinvención de la ciudad y de la realidad toda, que se antoja indispensable para comprenderla y, por lo tanto, para amarla mejor.

De triunfos y derrotas: la puerta y su cuadriga que han visto la historia pasar por Berlín

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Durante la Segunda Guerra Mundial la cuadriga fue prácticamente destruida, y sólo hasta 1957 pudo ser restaurada


 

La puerta de Brandeburgo es un símbolo de la capital alemana y de la historia de los últimos dos siglos en el país germánico.

Construida como un portal de acceso a Berlín, entre 1788 y 1791, ella vino a sustituir una de las dieciocho puertas que daban acceso a la antigua ciudad amurallada.

Bajo el concepto de propileo, como vestíbulo o antesala a la nueva ciudad, siguiendo el modelo de la puerta de acceso a la Acrópolis de Atenas, la gran estructura conformada por cinco zonas de paso, de las cuales la central es la más grande, está rematada por una escultura en bronce:  un carro romano tirado por cuatro caballos en línea.

La escultura, concebida por el artista alemán  Johann Gottfried Schadow, y en particular su cuadriga, no es ajena al significado que ha sido atribuido al conjunto ya desde tiempos del Imperio romano: la victoria. Este tipo de carros fueron usados por los antiguos generales para ingresar victoriosos a las ciudades conquistadas y sometidas a su voluntad. Al mando de la cuadriga de Berlín se encuentra la diosa griega Irene (o Eirene), aquella que representa la paz y la riqueza.

¡Ay! Si esta deidad pudiera hablar,  nos narraría las peripecias que solo se viven cuando se han acumulado una buena cantidad de años y se ha visto girar la rueda de la historia.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Nos contaría de las profanaciones a las que ha sido sometida su figura, y cómo su mirada ha atestiguado, bajo la sombra de la gran puerta, la pobreza, la ruina y la desgracia moral que trajeron las guerras.

En los primeros tiempos  fue trofeo de guerra reclamado por Napoleón, fruto de su  victoria sobre  Prusia y su conquista de Berlín. El General galo la sustrajo de su lugar original y la condujo a Paris,  no sin antes, encargar al pintor francés Charles Meynier el registro del evento más simbólico de esta gesta: “Entrada de Napoleón a Berlín, 27 de octubre de 1806”.

Esta pintura, que actualmente forma parte de las colecciones consignadas en el Palacio de Versalles, registra el momento en el que el emperador de los franceses cruza victorioso, o más bien penetra la pulcra imagen de la puerta y la corporeidad de la diosa que la corona.

La puerta era vista ya desde aquellos tiempos con una carga simbólica tal, que el solo paso a través de ella venía a refrendar la posesión más sagrada a la que todo poderoso puede aspirar: la del espíritu de un pueblo.

Lastimosamente para Napoleón, su derrocamiento sobrevino antes de que el trofeo lograra refrendar sus conquistas, y la escultura retornó a Berlín en el año 1814.

 

Foto por: Martha Alzate

 

A su regreso fue restaurada, pero, también, fue adornada con los símbolos de los nuevos tiempos: el grupo de diosa y corceles  complementado con un águila y una cruz de hierro, esta última diseñada por Karl Friedrich Schinkel, gran arquitecto del neoclasicismo alemán, a quién se atribuyen numerosos edificios de la Berlín del periodo prusiano.

La Cruz de Hierro fue una condecoración militar del Reino de Prusia, y posteriormente concedida por actos de valentía o por méritos en el mando de tropas. Ella era, originalmente, la cruz negra, símbolo de los Caballeros Teutones, y su diseño ha sido símbolo de las fuerzas armadas alemanas.

Una nueva contrariedad para Irene, al verse obligada a portar como estandarte el símbolo mismo de la guerra.

Pero, este sería apenas el comienzo de sus múltiples tribulaciones.

Irene presenció, impotente, la proclamación de Hitler como canciller de Alemania, y el desfile subsiguiente de los hombres de las camisas pardas del social-nacionalismo alemán en compañía de los miembros del grupo paramilitar S.S., aquellos que habrían de convertirse en la central de inteligencia y terror de la Alemania y la Europa ocupadas por los nazis.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Aquella tarde del 30 de enero de 1933, en un número cercano a 15.000, desfilaron con antorchas, pasando por la puerta que antaño cruzara Napoleón.

Durante la Segunda Guerra Mundial la cuadriga fue prácticamente destruida, y sólo hasta 1957 pudo ser restaurada, en medio de las fuertes tensiones por la división de la ciudad. En esa oportunidad, las autoridades de Berlín Oriental decidieron retirar la cruz y el águila, por considerarlas símbolos del militarismo alemán.

Con la construcción del muro que dividiría a la ciudad, la Puerta de Brandeburgo quedó en “tierra de nadie”, y su acceso fue  sometido a esporádicas autorizaciones emitidas por la República Democrática Alemana.

A partir de la reunificación alemana, la puerta ha sido escenario de numerosos actos simbólicos, y fue punto de encuentro de quienes pudieron cruzar y reunirse de ambos lados de la ciudad dividida, aquella noche del 9 al 10 de noviembre de 1989.

Al grito de ¡El muro está abierto! los berlineses acudieron por miles a los puntos fronterizos, y dada su masiva afluencia, y la desinformación de los guardias, la presión ciudadana hizo insostenibles las restricciones de paso.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Nuevamente, Irene pudo contemplar cómo berlineses, habitantes del este y el oeste, se abrazaban eufóricos después de franquear la división de hormigón que durante cerca de veintiocho años puso un límite, físico y sicológico entre dos franjas de territorio que se identificaron siempre como una sola ciudad y una única nación.

Allí mismo, como punto de encuentro, miles de ciudadanos se dieron cita para iniciar, por sus propios medios,  la demolición del muro de la vergüenza.

A propósito de ese episodio, se pueden encontrar en Internet muchas fotografías del  momento de la caída, con la Puerta de Brandeburgo al fondo.

Asimismo, en uno de los tantos videos que circulan desde entonces, se ve a un habitante de Berlín declarar con  evidente emoción: “No puedo creerlo. Acabo de cruzar  la frontera. No es más que una línea”.

También en aquella “tierra de nadie”, en la llamada “faja de la muerte”, en cercanías a la puerta, Roger Waters, en julio de 1990, impulsó la realización del inolvidable concierto de la Caída del Muro (The Wall, Live in Berlín).

 

Foto por: Martha Alzate

 

¿El objetivo?, conmemorar la unidad de Alemania y de paso refrendar el mensaje antifascista consignado en la mítica película The Wall, basada en el álbum del mismo nombre, cuya realización a cargo de la banda de Waters, Pink Floyd, es uno de los trabajos musicales más aclamados del rock en todos los tiempos.

La Puerta de Brandeburgo y su cuadriga, con Irene alzándose sobre  la composición, han visto pasar el hilo de la historia; han padecido emociones de tristeza, extrañeza, protesta y reconciliación.

Actualmente, la puerta sigue conservando su majestuosidad, más aún con la restauración de las edificaciones circundantes, en el curso de la Avenida Unter den Linden, entre las cuales destaca y se impone la estructura del legendario hotel Adlon Kempinski.

Tal vez Irene espere, paciente, los nuevos acontecimientos de la historia. ¿Qué nuevas vicisitudes tendrá que padecer la deidad de la paz? ¿Será posible que los recientes y álgidos acontecimientos de un fortalecido nacionalismo alemán vengan a inquietar nuevamente su divino sosiego?

Sólo el tiempo lo dirá. Mientras tanto, el significado atribuido a esta diosa, en relación con la riqueza, parece ser el aspecto dominante en los días que corren, y bajo su égida la ciudad se desarrolla, se unifica, y renace cada día.

NOTA: compartimos enlaces a sitios que nos permiten ampliar la perspectiva sobre los asuntos abordados en esta Hoja de Viaje.

 Imágenes de la puerta de Brandenburgo y la caída del muro de Berlín

¿Qué motivó la construcción y la caída del Muro de Berlín?

 

Ver galería de fotos completa


 

 

 


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Verde que te quiero verde

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Bienvenidos a esta muestra fotográfica compilada especialmente para que conozcamos nuestros recursos naturales


 

En esta galería queremos resaltar los verdes paisajes que se pueden apreciar al viajar por los municipios de Risaralda.  Una aventura que todo viajero y amante de la naturaleza debe darse.  Imágenes tomadas por el lente de La Cebra que Habla en una visita a Quinchía, que retrata la diversidad de fauna, flora y orografía de un municipio de Colombia que tiene deslumbrado a los nacionales y a los turistas por la belleza y lo natural de su ambiente.

Bienvenidos a esta muestra fotográfica compilada especialmente para que conozcamos nuestros recursos naturales, porque al cuidar y valorar lo verde, lo ecológico, entonces alcanzamos un grado de humanidad más alto.

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