De nuevo el restaurante Latino, “cocina popular”, nos trae un paso a paso para preparar una receta tradicional. En esta ocasión, el cómo cocinar un delicioso sudado pereirano hecho de manera artesanal. Es decir, con guadua, a la manera como se trata la comida en este icónico lugar de la ciudad de Pereira. Mejor dicho, esto está como para chuparse los dedos. No deje de ver este paso a paso y también no deje de compartirlo con quien desee, sea en las redes sociales, o por correo electrónico.
En ese grupo de fieles seguidores del “Grande Matecaña” Andrea encontró el amor.
“¿De pronto usted por casualidad ha llegado a pasar para la Florida y ha visto una casita ahí más arriba de la Vidriera del Otún que está a la orilla del río, subiendo a mano izquierda? ¡Esa era la casita de Yeison Alejandro!”
Este joven, muchos años después de “matricularse” en la barra Lobo Sur, aprendió a tocar la trompeta y fue pieza clave de la instrumental de la barra; guardó todas las “colillas” de las entradas a los estadios del país adonde fue a acompañar al Deportivo Pereira; fue el papá de Samuel Alejandro, y durante 15 meses vivió una intensa relación amorosa con Andrea Valencia, quien dos años después aún lo tiene vivo en sus recuerdos.
Andrea y varios de sus amigos no pudieron contener las lágrimas al verlo, de nuevo, en una imagen captada por el profesional Mauricio Cardona, quien expuso su trabajo de fotografía documental “Tierra del Lobo”, en una sala de la Fundación Universitaria del Área Andina, en el marco del proyecto cultural de Pereira “Corto Circuito”.
Desde niña sintió la pasión por el fútbol; bueno, más bien por el Deportivo Pereira, inculcada por su hermano, quien le regaló una camiseta cuando Andrea fue un día a visitarlo en prisión. Él llevaba a la niña a la tribuna de sol del estadio Hernán Ramírez Villegas, y desde los 12 años el sentimiento de esta adolescente por querer estar allí, por ir cada ocho días al estadio empezó a ser tan fuerte como la atracción que le despertaban los “saltarines”, “que me robaban la atención”.
Foto por: Mauricio Cardona
“Hasta que un día, cuando yo ya estaba grandecita, mi hermano me dijo: la voy a llevar a la Sur (tribuna sede de Lobo Sur) para que sienta esa emoción”.
“¿Qué hay de tu hermano?”
“¿Mi hermano?, en el cielo. Cosas de la vida; ya no se encuentra con nosotros, tristemente, pero desde el cielo yo sé que siempre nos cuida”.
Andrea llegó esa noche a la inauguración de la exposición fotográfica a reencontrarse; como los demás “Lobos” que fueron, se puso una prenda amarilla en la que a simple vista se distingue el escudo del Deportivo Pereira, esa institución fundada el 12 de febrero de 1944 (74 años) que nunca ha sido campeona del fútbol colombiano, que siempre se ha caracterizado por el desorden administrativo, que ha descendido en dos oportunidades a la división B (actualmente lleva 7 años en ella), y por tener unos seguidores llamados “Lobo Sur”, quienes intentan – además de apoyar al equipo y exigir mejores actuaciones a directivos y jugadores -, quitarse ese estigma de vándalos que se han ganado, no en vano.
Precisamente otros tópicos de la barra diferentes al conflictivo fueron los que quiso plasmar en su exposición Mauricio Cardona:
“La fotografía documental trasciende el hecho de buscar la foto bonita; debe tener una intención de comunicar, y lo que yo hice fue mostrar la cara que yo veo de Lobo Sur, o sea, la de la alegría, la del sentimiento que despierta el Deportivo Pereira para estos aficionados”
explicó en una entrevista para la página Deporte Risaraldense el fotógrafo Mauricio Cardona.
El fotógrafo Mauricio Cardona. Foto: Orlando Salazar
En ese grupo de fieles seguidores del “Grande Matecaña” Andrea encontró el amor.
“Fue mi primer amor, fue la primera persona que yo llevé a mi casa; estuvimos 15 meses de novios y siempre estaba con él; ahí empezó mi historia con “Yei”; fueron muchos momentos, muchos recuerdos”
dijo.
Hoy tiene 20 años de edad, es guarda de seguridad en el Sena Pereira y estudia, allí mismo, un tecnólogo en salud ocupacional, medio ambiente y calidad.
Quienes pasaron por la exposición se dieron cuenta del fervor con el que los integrantes de Lobo Sur se entregan en cada partido; la lente de Mauricio Cardona permite intuir en las 13 fotografías expuestas los sentimientos que se apoderan de estos jóvenes, que hoy continúan con esa pasión que dio origen en 1999 a la barra “Lobo Sur”, un nombre inspirado de la carátula de un CD de la banda “Monspell”, a su vez del álbum “Wolfheart”, del género musical blackmetal, según documenta la misma barra en su sitio de Internet.
Sin camisa, con una gorra amarilla, cuya visera cae a la espalda; la camiseta del Deportivo Pereira prendida de su cintura y prensada por el resorte de la sudadera aparece en primer plano la figura de Yeison Alejandro Villada Cardona. La imagen lo capta en éxtasis: en su territorio (tribuna sur) y al lado de sus amigos del “parche” le hace fuerza, literalmente, al equipo de fútbol que marcó su corta existencia: 23 años de vida.
Foto por: Mauricio Cardona
La imagen tiene tantas interpretaciones como personas la hayan visto. Solo es necesario agregar que el torso de este “Lobo” tenía tatuado, además de símbolos y leyendas propias de su afición, la de “Marra”, a quien Yeison consideró su papá; era un mecánico amante de las carreras de motos que siempre corría con el número 126; otro ser que fue víctima de las balas.
Frente a esa fotografía de un hincha sudoroso, con escapulario en el pecho, un grito ahogado y la mano derecha alentando a su equipo, Andrea volvió a recordar todo el tiempo que compartió con “Yei”: lo bueno y lo malo.
“En el momento en el que pasaron las cosas estábamos juntos; estábamos abrazados. Yo fui la que lo auxilié; yo fui la que lo llevé al hospital; fui la primera que recibí la amarga noticia”, comentó al detallar aspectos del ataque del sicario que le segó la vida a “Yei”, y que dejó a Lobo Sur sumido en la tristeza por la energía que irradiaba en la barra y por esa manera de transpirar por el Deportivo Pereira.
Su novia cuenta que un disparo ingresó por el hombro izquierdo, y el otro, por la ingle, afectándole la arteria aorta; su deceso se precipitó por la hemorragia interna. “No botó una sola gota de sangre”, dijo Andrea, quien recuerda que “Cacheticolorado”, como ella lo llamaba, le decía mientras lo llevaban en un carro al hospital: “¡Andre, ayúdame!”.
“Yo solo le pedía, “Cachetes”, no se me vaya a ir”.
Andrea Valencia frente a la foto de Yeison. Foto por: Orlando Salazar
Todas las navidades, excepto la última, Yeison las pasaba con sus amigos del “parche” la “Vagancia Kennedy”.
“En ese diciembre de 2015 iba por todas las casas dándole el feliz año a todo el mundo; los vecinos decían: “Villada hace años no pasaba un 31 de diciembre por acá”.
El 2 de enero del nuevo año Yeison se fue para donde “Marra”, porque él le repetía a Andrea que:
“si yo me muero, yo me voy directo donde Marra”.
Sus amigos de Lobo Sur, que ese día de la inauguración de la exposición fotográfica se tomaron la Andina con sus cánticos y sus vestimentas rojiamarillas decían: “sea lo que sea, pase lo que pase, por siempre lo vamos a recordar”.
Cuando los franceses Nicéphore Niépce y Louis Daguerre se ocuparon en perfeccionar la captación de una imagen a través de sus modernas invenciones, a mediados del siglo XIX, lejos estaban de pensar que una fotografía removiera tantos sentimientos.
“Después de que pasó eso es un martirio ir al estadio”, dijo Andrea.
Ya pasó el llamado “Día del Amor y la Amistad”, sin embargo hay quienes creen que este día es y debe ser todos los días. Por eso La Cebra que Habla quiso andar por ahí en la ciudad preguntando cuáles eran los elementos más comprados o adquiridos para ese día (o todos los días) y vaya sorpresa. Esta galería quedó como una muestra del comercio más frecuentado por los pereiranos. ¿Usted qué piensa?
A partir de ese 2 de enero, y durante medio siglo, los pereiranos buscaron en El Fuete el apunte fino
“Hombre de buen humor y mal genio”. Con esa aparente paradoja lo definió su hijo Néstor en una tertulia dedicada a su padre, Néstor Cardona Arcila, con motivo del centenario de su nacimiento.
Con ese nombre fue bautizado en Líbano, Tolima, lugar donde nació el 20 de mayo de 1909 en tiempos de la República Conservadora.
De allí llegó a una Pereira deslumbrada por los prodigios de la tecnología llegada de Estados Unidos y Europa, que se presentaba a los parroquianos como la promesa de un mundo mejor: trenes, cine, gramófonos, radios y automóviles.
Era la aldea cantada y contada por Ricardo Sánchez, Luis Tejada y Luis Carlos González.
Una población que movía a risa en su patetismo por parecer cosmopolita.
Pero era también el lugar donde se agitaban las ideas liberales, traídas al territorio por los guerreros refugiados durante la Guerra de los mil días.
Foto por: Diego Val
Fue el 2 de enero de 1942 cuando apareció el primer número de El Fuete, el periódico fundado por Néstor Cardona Arcila, que a partir de esa fecha sería más conocido con el seudónimo de CAN, una suerte de sabueso dedicado a husmear en las entrañas de un poblado donde los patriarcas y matronas asistían puntuales a misa de doce, para poder dedicarse a pecar tranquilos al caer la tarde.
Un perro implacable, ducho en morder el trasero de los caciques políticos que apacentaban sus votos en parroquias y veredas, agitando las consignas de Alfonso López Pumarejo, Laureano Gómez, Jorge Eliécer Gaitán y Mariano Ospina Pérez.
Desde muy temprano, políticos liberales como Camilo Mejía Duque (“El negro”), Óscar Vélez Marulanda (“Plumón”) y el conservador Jaime Salazar Robledo supieron de sus agudos colmillos.
A partir de ese 2 de enero, y durante medio siglo, los pereiranos buscaron en El Fuete el apunte fino, el apodo oportuno y el guiño mordaz que los mantuvieran en contacto con el quehacer de los políticos, los obispos y los líderes cívicos.
Es decir, con los que mandaban en la parroquia.
Como su nombre lo advertía, El fuete estaba siempre atento a fustigar a los dirigentes cuando se desviaban del camino.
Foto por: Diego Val
No por nada era el termómetro de la vida cotidiana de quienes habitaban ese pueblo de andariegos llegados de otros lugares del país y, a veces, del mundo.
Como otro sabueso, el periodista y profesor Franklin Molano se dedicó durante varios años a husmear el rastro de El fuete, en un trabajo de investigación cuyo fruto es el reportaje perfil titulado Ese es CAN , para más señas.
En esa labor de arqueología periodística, Molano da cuenta del acontecer político, social y económico que alimentó las páginas de El fuete en un poblado que vivía su tránsito hacia ciudad intermedia.
Un pueblo en el que “todos se conocían” y por eso mismo se veían retratados en las páginas de ese periódico en el que no faltaban ilustraciones y fotografías trucadas en las que se exageraban los rasgos de los personajes reseñados.
Allí alentaba el germen de las primeras caricaturas que después serían la impronta del periódico,
Eso, y el hiperbólico lenguaje que siempre caracterizó sus textos, así se tratara de viñetas, noticias y versos o de las gotas satíricas que los lectores aguardaban con la avidez que caracteriza a los humanos cuando se trata de ensañarnos con los defectos físicos o morales del prójimo.
Foto por: Diego Val
Entre 1942 y 1995- año de la muerte de CAN- sucedieron muchas cosas en Pereira, Colombia y el mundo.
El fin de la Segunda Guerra Mundial, la Revolución cubana, la llegada del hombre a la luna, la revolución sexual, el ascenso y caída del dictador Gustavo Rojas Pinilla, el arribo de la televisión, el Frente Nacional, la creación del Departamento de Risaralda y la llegada de un pereirano a la presidencia de la república, entre otros acontecimientos.
Eso, y el advenimiento del narcotráfico como fenómeno que cambió para siempre- y para mal- la historia de Colombia.
Y El fuete se hizo eco de esos hechos, siempre desde la óptica del humor, lo que lo convirtió en constante punto de referencia para quienes querían acercarse a los absurdos del mundo armados de una sonrisa.
De ahí que en otros lugares de Colombia- y a pesar del aislamiento geográfico de las provincias frente al poder central- se reconociera su valor como testigo irónico del acontecer nacional.
Periodistas como Daniel Samper Pizano, artistas de la índole de Beatriz González o caricaturistas del talante de Esteban París o Yayo, reconocen en El Fuete la fuente nutricia de muchos caricaturistas que vieron publicados sus primeros trabajos en las páginas del periódico y encontraron en ellas una manera de ponerse en sintonía con la vida nacional.
Foto por: Diego Val
Tampoco es casual que Mheo y Matador publicaran allí sus trabajos tempranos, muchos años antes de que tuvieran el reconocimiento nacional de que hoy son objeto: CAN siempre tuvo el olfato para captar esa clase de humor que es hija natural de la inteligencia.
De ahí la importancia de este reportaje perfil escrito por Franklin Molano y premiado dentro de la Convocatoria de Estímulos de la Secretaría de Cultura de Pereira en su edición 2018.
En sus bien hilvanadas páginas, y con un soporte gráfico que nos ubica en los distintos grados de evolución formal del periódico, el autor nos muestra que, más allá de lo anecdótico y parroquial, El fuete desempeñó durante medio siglo el papel de lente capaz de mostrarnos, en tonos transfigurados por la risa, a los protagonistas de una historia de dichas y desventuras, haciendo más gozoso nuestro tránsito por el mundo.
Fernández de Oviedo deviene entonces narrador de esos mundos de vegetaciones espesas y hembras ávidas
Gonzalo Fernández de Oviedo, el cronista de la corona, El Dios de las tijeras, libra su última contienda, agoniza en ese borde afilado que separa el ahora de la eternidad. Al frente tiene al Diablo, es decir, lo más temido y temible de sí mismo. Como les sucede- nos sucede- a todos los humanos, cree tocar el cielo cuando lo que ha hecho en realidad es precipitarse en los abismos del infierno.
Fernández de Oviedo, nacido en Madrid en 1478, catorce años antes de la llegada de los españoles a lo que después se llamaría El Nuevo Mundo, aunque sus dioses fueran más antiguos que la misma divinidad de los cristianos, pertenecía a esa urdimbre burocrática surgida al ritmo de los intereses del imperio: militar, colonizador, escritor, administrador.
Para el caso que nos ocupa, su condición de cronista prima sobre todas las demás: es uno de los narradores de Santa María del Diablo, la novela del escritor colombiano Gustavo Arango publicada por ediciones B en noviembre de 2014.
Los protagonistas son de sobra conocidos. Sus majestades los Reyes Católicos y su abigarrada y contradictoria legión de emisarios: Vasco Núñez de Balboa, Juan de la Cosa, Alonso de Ojeda, Francisco Pizarro, Diego de Nicuesa, Pedrarias Dávila, Hernán Cortés.
Imagen extraída de: i.gr-assets.com
El escenario, o mejor, el infierno esSanta María la Antigua del Darién, primera ciudad europea en tierra firme del continente americano.
Hasta ese lugar ubicado frente al mar Caribe, en las proximidades del golfo de Urabá llegan, como arrastradas por un imán, todas las ambiciones humanas descubiertas y por descubrir. Como siempre, más que un metal codiciado, el oro es la metáfora, la fuerza que mueve a clérigos y soldados, a cortesanos y burócratas. No por casualidad la región recibe el nombre de Castilla de Oro.
En ella los conquistadores quisieran ver el hilo que conecte la vieja Europa asolada por las guerras y la escasez con la promesa de riquezas infinitas entrevista en los mitos de los pueblos indígenas y en los relatos de los viajeros.
Fernández de Oviedo deviene entonces narrador de esos mundos de vegetaciones espesas y hembras ávidas, de guerreros implacables y clérigos venales.
Imagen extraída de: cdn.webvanta.com
Su tarea es crear un “océano de tinta” en cuyas aguas los hombres de generaciones venideras puedan verse como en un espejo hecho de voces y fragmentos.
Pero hay otra voz en la novela. Un narrador que cuenta los episodios desde el ahora, como quien alimenta un palimpsesto ya de su suyo intrincado y prolijo.
Siguiéndolo, los lectores de este tiempo- los bebedores de tinta- entendemos o creemos entender las claves del fugaz ascenso y todavía más vertiginoso declive de una sociedad que constituye en realidad un símbolo de la soberbia y las vanaglorias humanas. Es la voz que nos mantiene atados del lado de acá de unos acontecimientos que se antojan simultáneos en los delirios de Fernández de Oviedo.
Aunque a veces el lector sospecha que los relatos son una ilusión del lenguaje. En realidad se trata de dos espejos enfrentados en los que podemos asomarnos a las devastaciones y absurdos de la historia. La de los individuos y de la sociedad toda que se lanza hacia el abismo con la tozudez del que se sabe un mero instrumento.
Al menos eso es lo que se percibe en las páginas finales del libro, cuando el cronista accede a esa lucidez propia de los momentos de ruptura y agonía. Ante sus ojos “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, mientras el Diablo, el espíritu de Santa María, hace sentir su carcajada eterna como colofón de la insensatez humana. En ese punto comprende que la ciudad es también una ilusión, la misma ilusión que se destruye y renace desde el comienzo de los tiempos, porque el cielo no muda su sentencia.
El lector se enfrenta a un recorrido testimonial de quienes vivieron y fueron influenciados por CAN
Por motivo del reciente premio “Estímulos 2018” emitido por la Secretaría de Cultura de Pereira, reproducimos el prólogo de una de los trabajos ganadores. En este caso, el reportaje presentado por el profesor y periodista Franklin Molano Gaona, “Ese es CAN para más señas”, no sin antes mencionar que el programa “Juntos pero no revueltos” de la emisora Ecos 1360 lo entrevistó y resultado de ello es este audio, y también fotos de este autor que hoy tenemos el agrado de publicar.
Bienvenidos.
El CAN y El Fuete en la ciudad de la risa
Entrevista:
Galería
Prólogo
Utilizar el género del reportaje para descubrir al periodista Néstor Cardona Arcila, CAN, es entregarle al lector una mirada a profundidad de la actividad de este periodista y cómo hablan de él las personas que lo rodearon, conocieron, trataron y compartieron. Las voces y los testimonios de quienes acompañaron a CAN conforman un todo y dejan ver al director de El Fuete en su verdadera dimensión.
Entonces, el lector se enfrenta a un recorrido testimonial de quienes vivieron y fueron influenciados por CAN y lo valoran como un periodista que desde su medio impreso ayudó a realizar un periodismo diferente, auténtico y cívico, el cual se escudó en el humor para realizar su trabajo cotidiano.
El primer capítulo:, que lleva como título: Señales de identidad, es un recorrido detallado por los antecedentes históricos de los periódicos en Pereira y una narración de qué hechos sirvieron para la creación de El Fuete. También hay una referencia a los demás medios, sus dueños, los temas más recurrentes y sus tendencias políticas
En el segundo capítulo: las fibras de El Fuete, responde a las influencias que rodearon la pluma de CAN y fueron el alimento continuo para la producción semanal del periódico.
Desde las crónicas cotidianas de Luis Tejada, los versos de Luis Carlos González, los registros de la mano del cronista de la ciudad, Ricardo Sánchez Arenas, la prodigiosa observación de Lisímaco Salazar y los versos bufos, fueron la fuente de donde bebió Cardona Arcila. Sumado a lo anterior, está la dosis de humor, el gracejo bien escrito y los motes a los personajes de la ciudad, que hicieron de CAN uno de los periodistas más reconocidos en buena parte del país.
El tercer capítulo: CAN ladra a nivel nacional, es contar cómo Cardona Arcila logra leerse fuera de la ciudad. El Fuete llegó a las manos de la investigadora y curadora Beatriz González, quien incluyó al periódico en una reseña como uno de los medios de influencia en el país. Luego los caricaturistas Yayo y París ponderan a El Fuete como un medio que sirvió de punto de partida para la creación de nuevos medios, y Juan Lozano lo recuerda como un periódico inteligente y que tenía coraje.
El cuarto capítulo: Aquí nos reímos con la pluma de CAN, aborda los homenajes y reconocimientos, a través de los discursos del ex gobernador Luis Carlos Villegas Echeverry y el ex alcalde Ernesto Zuluaga Ramírez, donde también el lector podrá en encontrar frases y apartes de los textos publicados en El Fuete.
El quinto capítulo: es un coloquio de personajes de carácter nacional que valoran y explican el alcance que tuvo CAN en la ciudad y el país. Surgen las voces de Miguel Álvarez, Gustavo Colorado y los caricaturistas Matador y Mheo, quienes describen el impacto del impreso Al cierre, se encuentran las conclusiones de esta investigación y la valoración de la obra de Cardona Arcila como artífice de El Fuete.
La lectura de este reportaje está acompañada, entre capítulo y capítulo, de fotos de las primeras páginas de El Fuete, así como las portadas más representativas y caricaturas del rostro de CAN, que dejan ver a través de esos trazos, cómo era visto este periodista.
El tren es, para los europeos, sinónimo de cumplimiento, seguridad, relación, posibilidad.
La Estación Central de Berlín (Berlin Hauptbahnhof) es la mayor estación ferroviaria de paso de la Unión Europea, y además la más ecológica (sus cerca de 8.500 ventanas proveen iluminación natural, y cuenta con paneles fotovoltaicos que le ayudan a ahorrar hasta un 50% de la energía que consume). Construida en niveles, en forma de cruceta, cuenta con un diseño contemporáneo en sintonía perfecta con un mundo que se mueve en todas direcciones.
Incluyendo el pasado.
Fue inaugurada en 2006 (el año del Mundial de fútbol en Alemania) y aunque su conclusión fue apresurada, finalmente estuvo lista para ese evento.
De esta premura se derivó el hecho de que su construcción quedara incompleta. Así, los trenes que allí arriban no quedan totalmente cubiertos, como fue el propósito inicial, sino que una buena parte de su longitud arriba expuesta, obligando a los pasajeros a descender en plataformas a cielo abierto.
Foto por: Martha Alzate
Puede decirse que una estación de trenes como esta es un mundo, tan completo y cerrado en sí mismo, que una persona podría pasarse días enteros transitando de un lado a otro de sus instalaciones.
Esta sensación de totalidad entra en aparente contradicción con el propósito mismo del edificio, para ser un lugar de intercambio de miles de pasajeros por día, que entran y salen de allí a toda velocidad.
Sin embargo, algo en su diseño interior remite inevitablemente a la idea de encontrarse en un universo autónomo: en ella es posible encontrar comercios de todo tipo, restaurantes, cafés, grandes sitios de venta de víveres y medicamentos, entre muchas otros productos y servicios.
Su arquitectura es impactante. Destacan la amplitud de las plantas por nivel, la altura de las fachadas en vidrio, y la posibilidad de que las plataformas de llegada y salida de los trenes se encuentren en niveles diferentes, dependiendo de su tipología y destinación (la estación conecta trenes locales al igual que los interregionales y de larga distancia, con el metro de Berlín).
Foto por: Martha Alzate
A pesar de la extensión de sus vidrieras, el lugar va perdiendo luminosidad a medida que corredores y locales se alejan del vacío central, lo que aporta una atmósfera de intimidad, que, no obstante, se interrumpe constantemente por la llegada y salida de máquinas y vagones.
Podría decirse que se parece a una gran iglesia, aunque la evocación más próxima que su arquitectura provoca sería la del salón de una gran vivienda al que, sorpresivamente, ingresan trenes.
La estación central es el punto de llegada y partida desde y hacia una ciudad que fue principio y fin de dos de los momentos más penosos de la historia universal: la primera y segunda guerra mundial. En estos dolorosos episodios, los trenes jugaron un papel decisivo, sobre todo en la segunda guerra.
Fueron el medio de transporte usado para trasladar miles de personas inocentes, que fueron secuestradas y posteriormente torturadas o exterminadas.
Foto por: Martha Alzate
En esos viajes de infamia -hacinados y con las puertas selladas, sin agua y sin paradas, en trayectos que podían durar hasta una semana-, los judíos alentaban la ilusión de “ir hacia algún lugar”, diferente a los que ocupaban en su condición de martirizados.
Hay algo muy profundo que relaciona la confianza en las instituciones con la ilusión de un mejor mañana. El sistema ferroviario europeo hace parte de esa institucionalidad: ha sido pilar del desarrollo del continente desde que sus vehículos se pusieron en marcha.
El tren es, para los europeos, sinónimo de cumplimiento, seguridad, relación, posibilidad.
Europa está conectada de manera muy importante a partir de su sistema ferroviario, y es por esta razón, supongo, que en la mentalidad de los judíos europeos, retenidos contra su voluntad y maltratados en su dignidad humana, el tren todavía significaba una esperanza.
Foto por: Martha Alzate
No sabían, ¿cómo podían saberlo?, que aquellos carros los conducirían directamente hacia un horror más profundo, el acto de eliminación definitivo.
La macabra “Solución final” diseñada por los nazis.
Es y fue la técnica, como orden y cimiento de la modernidad, la que permitió la efectividad del exterminio judío a manos de los nazis, cuya expresión máxima fueron las cámaras de gas, con el transporte férreo como complemento necesario.
La Hauptbahnhof se erigió para reemplazar a las antiguas estaciones terminales (8) que databan del siglo XIX y que resultaron severamente dañadas con la segunda guerra mundial.
Foto por: Martha Alzate
La nueva construcción se ubicó en el lugar que antes ocupaba la estación de Lehrter. En ella, se hace patente esa atmósfera de redención que permea todos los espacios de la ciudad. Diseñada por el arquitecto alemán Meinhard von Gerkan, cumple un propósito que va más allá de reordenar el sistema de transporte ferroviario de la capital alemana.
En realidad es el primer eslabón en un proyecto fuerte de renovación urbana en esta zona, cuya localización es estratégica por su cercanía al Parlamento y al río Spree.
Berlín es una ciudad aún en reconstrucción y en integración. Los vestigios de la catástrofe están presentes en todo su territorio. Pero más allá de un monumento, los restos del muro que durante décadas dividió su geografía, o de una señal que indique la localización de algún hecho relevante relacionado con la guerra, la ciudad misma respira el dolor de la devastación.
La contraparte a esta herida latente es el vigor del desarrollo, el dinamismo de las obras emprendidas para volver a ser, no solo en el sentido de llenar o reemplazar los viejos destrozos, sino en unificar lo que antes fueron dos ciudades con dinámicas opuestas.
Foto por: Martha Alzate
Igual sucede si el punto de visita es la Puerta de Brandeburgo, o si, unos pasos más allá, recorriendo el bulevar que complementa este gran monumento, se ingresa a las instalaciones del emblemático hotel Adlon.
O si se recorren los barrios.
Siempre es posible escuchar en la voz de algún habitante local aludiendo a la imagen de la destrucción. Pero, si el desplazamiento es hacia la Alexander Platz, o en cercanía al río Spree, se pueden ver obras impactantes, como la titánica restauración que se ha emprendido del Palacio de Berlín, o la construcción de viviendas, a partir de grandes conjuntos de edificios, copando y remodelando las antiguas construcciones de la Berlin oriental.
Así que la estación de trenes, en toda su complejidad, en su renovación calculada, de gran factura y belleza arquitectónica, es también un símbolo: la puerta de entrada al espíritu de una ciudad en proceso de restablecimiento y unificación, y cuyas heridas lejos de sanar siguen latiendo, casi al mismo ritmo al que ingresan a ella y la abandonan los trenes en su estación central.
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Dosquebradas era corregimiento de Santa Rosa de Cabal
Camino al trabajo
Al finalizar los años ochenta del siglo XX era posible ver una romería de mujeres subiendo a pie la cuesta de La Popa a eso de las cinco y treinta de la mañana.
Buena parte de ellas eran bonitas y jóvenes. En sus bolsos de mano llevaban portacomidas con el desayuno y el almuerzo: debían cumplir una jornada de trabajo que se extendía de seis de la mañana a dos de la tarde.
Su labor la desempeñaban en las decenas de fábricas de confecciones que a lo largo del tiempo se asentaron en lo que se llamó Zona Industrial de La Popa, dándole de paso a Dosquebradas el calificativo de“Municipio Industrial”.
Hasta que la apertura económica inundó el mercado de productos baratos y un porcentaje elevado de esas fábricas se vieron obligadas a cerrar, dejando en el desempleo a cientos de mujeres, muchas de ellas cabeza de familia.
Lucía Marín se contaba entre las nuevas desempleadas.
Sus padres habían sido expulsados por la violencia al finalizar la década de los cincuenta. Tenían una pequeña finca en Belén de Umbría y una noche de lluvia escaparon con lo que tenían puesto.
Como pudieron, construyeron un rancho de esterilla en lo que hoy es la urbanización Guaduales. Tocaron puertas hasta que se despellejaron los nudillos. Un día alguien les dijo que en Paños Omnes, una empresa recién fundada por franceses, necesitaban gente para trabajar en oficios varios.
Aleida, su madre se enroló como aprendiz en Paños Omnes en 1953, justo cuando el general Gustavo Rojas Pinilla se tomó el poder en Colombia, encabezando una Junta Militar que en principio despertó esperanzas entre la gente, para convertirse después en detonante de nuevos horrores.
Foto por: Martha Alzate
Alejandrino, su padre, solo sabía manejar el machete y el hacha y se dedicó a podar jardines en las casas de las familias pudientes de Pereira.
“En Dosquebradas lo que se dice familias pudientes no había. La ciudad se fue poblando en desorden, a medida que llegaban familias de distintas regiones en busca de trabajo. Yo nací aquí en el año cincuenta y cinco. No había calles. Uno salía hacia la escuela y tenía que caminar en medio de un pantanero durante la temporada de lluvias. Si era verano la polvareda no dejaba respirar. Vivíamos rucios de polvo y enfermos de tos casi todo el tiempo”.
Lucía acaba de regresar de España, país al que viajó en 1997, luego de dos años de buscar trabajo en Pereira, Dosquebradas y Santa Rosa.
“Eso fue una situación muy dura, porque las fábricas cerraban y era mucha la gente que andaba en las mismas, tocando puertas en busca de una oportunidad, pero nada. Con dos hijos pequeños y sin marido tomé la decisión, animada por dos ex compañeras que ya se habían instalado en Gran Canaria, arreglando pisos y trabajando como cocineras en restaurantes. Los niños quedaron bajo el cuidado de mi hermana Edelmira y solo después de cinco años pude llevármelos. Todo anduvo bien hasta que hace diez años las cosas empezaron a volverse malucas en España.
El trabajo se volvió escaso, los salarios bajaron y los nativos comenzaron a mirar feo a los extranjeros. Con mis hijos ya mayores de edad y con su nacionalidad española no tenía que preocuparme: los dos, Julieth y Alberto, tomaron la decisión de quedarse, pues ya tenían sus trabajos y estaban estudiando. Así que aquí estoy, con mi casa propia y mi pequeña empresa de confecciones en la que fabrico camisetas para varios empresarios de Pereira y Cartago”
Muevan las industrias
En los comienzos fueron Comestibles La Rosa y Paños Omnes entre los extranjeros. Dosquebradas era corregimiento de Santa Rosa de Cabal y el municipio creó condiciones tributarias especiales para estimular la llegada de inversionistas.
Así fue como muchos emprendedores hicieron préstamos, compraron tierras y levantaron instalaciones que después dotarían con las máquinas necesarias para producir prendas de vestir.
Las primeras empresas llevaban la estela del apellido familiar a modo de marca: Naranjo, Velásquez, Botero, Cano.
Foto por: Martha Alzate
Después, siguiendo la ruta del consumo, adoptaron marcas más a tono con los tiempos: Nicole, Florance y, años más tarde, Kosta Azul, que ya traía en su lema un tufillo de globalización: Elegance de París.
A medida que se multiplicaban las fábricas, el flujo de inmigrantes aumentaba. Con ellos empezaron a aparecer barrios bautizados con nombres comoOtún, La Capilla, Puerto Nuevo, La Romelia, El Japón y San Fernando.
Eran barriadas obreras en las que el mestizaje se hacía sentir con su variedad de acentos, comidas, músicas y giros del lenguaje.
“Véndame una chuspa de parva y cinco de confites”, decían las señoras cuando hacían sus pedidos en las tiendas fundadas por los inmigrantes que no se enrolaron en las fábricas.
“Póngame otra vez ese disco El provinciano, de Olimpo Cárdenas”,clamaban los borrachos, arrasados por las nostalgias de sus pueblos de origen, cada vez que se acercaban a unos expendios de cerveza y aguardiente donde, además, vendían petróleo y carbón.
De lunes a sábado sus brazos movían las industrias que le dieron prestigio a Dosquebradas.
Los domingos en la tarde peregrinaban hacia el estadio Mora Mora, donde el Deportivo Pereira libró grandes batallas contra equipos de leyenda como Millonarios o Deportivo Cali.
Uno de esos fieles devotos del fútbol es Arcesio Quiceno. Ya anda por los ochenta y cinco años y padeció lo suyo durante el partido en el que Inglaterra eliminó a Colombia en los octavos de final del Mundial de Rusia.
Foto por: Diego Val
Cambio de rol
“Nosotros fuimos corregimiento de Santa Rosa de Cabal hasta el año de 1972, cuando nos convertimos en municipio. En realidad ese fue más un asunto de los políticos que de los habitantes del pueblo. Nosotros andábamos más preocupados por resolver los problemas urgentes: los servicios públicos, la salud, la educación de los hijos, las vías. Aparte de eso, las oportunidades para la recreación eran casi nulas: ni estadio, ni parques, nada.
Durante años nos salvaron los paseos al lago de La Pradera, la visita de los circos y las corridas de toros en la Plaza de la Castellana. Muchos todavía recordamos las faenas de Paco Córdova, nuestro gran torero regional, o las presentaciones de los enanitos toreros que hacían el deleite de toda la familia. O al menos de los que teníamos con qué comprar la boleta.
“El problema es que Dosquebradas siguió creciendo sin organización a la vista. Convertirse en municipio no representó cambios importantes. Todavía hoy seguimos teniendo muchos problemas. Para comprobarlo, basta con recorrer la ruta que parte de Los Pinos, cruza la antigua estación del ferrocarril y pasa al otro lado de la vía a Manizales, donde encontrará barrios como La Mariana, Camilo Torres y Los Alpes.
Si continúa su recorrido acabará topándose con Frailes, El Japón y Santiago Londoño. Al igual que hace medio siglo son lugares habitados por personas que llegaron desplazadas por la violencia o en busca de un trabajo que no han encontrado. Por eso la mayoría vive en la informalidad, trabajando en la construcción o vendiendo aguacates en las calles”.
De la raza calé
Todavía en los años noventa del siglo XX era posible encontrar familias gitanas en el sector de La Pradera, en Dosquebradas. Siguiendo una herencia milenaria, las mujeres se dedicaban a adivinar la suerte y los hombres a la forja de metales y a la crianza de caballos. A veces, cuando se reunían a festejar días claves en la memoria del clan, era posible mecerse al ritmo de una lengua en la que fluían palabras como Alcandi, Alune, Ambró, Altacoya y Alqueru. Las mujeres se llamban Jovanka- una variante romaní de Juana, que quiere decir Yavé es misericordioso– Jofranka, Kavi, Dika y Luminitsa. Por su lado, los hombres se llamaban Gyula, Melalo o Cappi.
Dicen que los primeros gitanos fueron traídos a Cartago por Jorge Robledo en 1545. A Dosquebradas arribaron en los años cincuenta del siglo XX. Allí encontraron lotes baldíos para instalar sus tiendas. Unos cuantos sucumbieron a las tentaciones del sedentarismo y construyeron casas, pero al final no resistieron el tedio y volvieron a sus caminos de siglos. A la hora de partir dejaron un rastro de leyendas que incluyen desde seducciones a damitas de sociedad hasta rapto de niños.
Arcesio Quiceno prefiere conservar en la memoria la imagen de los matrimonios celebrados en el lago de La Pradera, cargados de un ritual donde la música de los violines convocando a la danza creaba un aura que todavía lo conmueve cuando los evoca en medio de algún insomnio. Eso y la devoción por el agua: como todos los pueblos nómadas, los gitanos buscan la orilla de un gran río o de un lago para asentarse. Lo demás llegará a su debido tiempo.
A Santa Rosa o al charco
A través de los años, todos hemos escuchado esa frase que acabó por resumir el espíritu de la osadía a la hora de las grandes determinaciones.
Foto por: Martha Alzate
Pero, como sucede con buena parte de esas sentencias, su origen se pierde en los meandros de la memoria colectiva.
Por ejemplo, en la cultura popular española se les atribuye a los aragoneses una tozudez que los ha llevado a desafiar al mismísimo Dios. De uno de esos retos deriva la expresión “A Zaragoza o al charco”… aunque no existiera charco alguno en el camino a Zaragoza.
En el caso de Dosquebradas sí abundan los charcos. De hecho, la población está asentada sobre un entramado de quebradas y riachuelos que en los inviernos prolongados convierten las tierras en una laguna.
Cuentan los relatos de viajes que durante muchos años los viajeros y mercaderes que pretendían llegar desde Cartago a Santa Rosa de Cabal para tomar la ruta hacia Manizales y Antioquia debían elegir entre dos opciones: aventurarse en la Serranía del Nudo, con riesgo de afrontar deslizamientos de tierra o adentrarse con sus bestias por pantanos donde corrían el peligro de atascarse.
Dicen que los aventureros se santiguaban, se encomendaban a todas las legiones celestiales y pronunciaban el conjuro que acabó por volverse célebre:
“¡A Santa rosa o al charco”!
Entre los primeros colonizadores de este territorio se menciona a Fermín López, quien habría arribado en 1804, seducido por la promesa de tierras baldías y fértiles ubicadas al final de la cuesta que conducía hacia Cartago. Al menos se sabe de su muerte, acaecida en 1840 en un pequeño caserío ubicado en lo hoy es el sector de La Capilla, en Dosquebradas.
Más tarde se registra la llegada de Isaías Colorado Londoño, Bernardo López Pérez, Lilian Palacio de Alzate, Félix Montoya, Antonio Holguín, Eloy Zapata, Colombia López de Holguín, Lino Pastor López, Narcés Ortiz, Jorge Sanín Salazar y Nardo José Castaño.
En ellos se juntaron los caminos de quienes un día partieron de Antioquia y el Estado Soberano del Cauca en busca de fortuna o escapando de las guerras civiles que precedieron o sucedieron las pugnas por la independencia.
Foto por: Martha Alzate
Hoy, las tierras que rodean a Dosquebradas son transitadas por jóvenes ambientalistas y por mochileros llegados de tierras remotas a conocer de primera mano los mensajes marcados en las piedras cercanas al río Otún por los indígenas Quimbaya que habitaron la zona.
Esos pueblos habrían enterrado a la legendaria princesa Yanuba en el sector bautizado con el nombre de La Badea, que durante muchos años fue centro de oración para los feligreses católicos durante la temporada de Semana Santa.
Siguiendo el camino de La Badea, al cruzar el puente sobre el río Otún se alcanza la calle diecinueve de Pereira o Calle de la Fundación, que conectaba a los viajeros con el rio Consota, en cuyas cercanías se encontraba el Salado de Consotá,centro de grandes operaciones comerciales durante los tiempos de la conquista y la colonia.
De allí conectaba con el Camino del Quindío, lo que hizo de Dosquebradas un importante eslabón en las rutas de poblamiento de estos territorios.
En su condición de eslabón, el municipio fue desde sus comienzos un cruce de caminos en el que los rieles del ferrocarril y el puente Mosquera, ubicado a la altura de los barrios San Judas y El Balso constituyeron el punto de intercambio de bienes y personas entre las zonas más dinámicas del centro del país.
Por esas rutas llegaron las industrias que durante medio siglo fueron la impronta de la localidad.
Y de esos lugares partieron los emigrantes que se jugaron la carta de la vieja Europa cuando las cosas se pusieron difíciles.
“¡A España o al charco!” dicen que exclamaron algunos cuando se disponían a abordar el avión.
Estos son algunos de los elementos culturales que componen el patrimonio nacional, cultural y diverso de nuestro país.
Con el lema ‘El Patrimonio define lo que somos, tú haces parte de él’, MinCultura invita a los colombianos a celebrar el Mes del Patrimonio, para la salvaguardia de nuestra cultura tradicional y patrimonial, base del desarrollo económico y social del país. Bienvenidos.
Fotos del patrimonio cultura y arquitectónico de Risaralda
Lo que poseemos en el departamento de Risaralda es invaluable: casas, calles, parques, formas, colores, tradición y cultura. He aquí una muestra de ello. Adelante.