martes, abril 28, 2026
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El lenguaje incluyente como revolución social

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Foto por: Diego Val.

El lenguaje para las personas con discapacidades es una deuda social


 

Juan Diego Salazar Quiroga es el intérprete de lenguaje de señas de la biblioteca pública Ramón Correa Mejía de la ciudad de Pereira. Hablamos con él, en el marco del día internacional de la alfabetización que se celebra a nivel mundial cada 8 de septiembre. Reproducimos esta entrevista porque consideramos que el lenguaje incluyente de la comunidad con capacidades diferentes es sumamente importante a nivel institucional y social.  Bienvenidos.

 


La Cebra que Habla:.  ¿Es un logro que en Pereira se hayan interesado por la alfabetización de las personas con discapacidad?

Juan Diego Salazar:.  Es una deuda social que se ha tenido mucho tiempo de parte del Estado con la población con discapacidad auditiva. La lengua de señas es un idioma. Y tiene el status de cualquier lengua del mundo. Solo que con una modalidad diferente, que es modalidad vocal. Es una lengua que se maneja a través del espacio, la visión y a través de la configuración manual. La lengua de señas son señas individuales. Con alfabeto propio. Es un recurso para referenciar nombres propios como nombres de personas. A través de la lengua de señas se puede dar a conocer la cultura de una comunidad. En este caso la comunidad sorda.

 

Foto por: Diego Val.

 

LCQH:.  ¿A nivel social hay una inclusión con este lenguaje?

J.D.S:.  Es un deber de la sociedad. En la ley estatutaria 1618 del año 2013 se habla del deber de la sociedad. Es decir, allí se avala que hay que estar preparado para cualquier eventualidad para atender a  las personas con discapacidad.  Entonces es muy importante que la comunidad sea consciente y aprenda el lenguaje de señas como si fuera el inglés, el francés o cualquier otro idioma.

 

LCQH:.  Entonces es un deber de las instituciones atender a la población con discapacidad

J.D.S:.  Sí. Primero es muy importante entender que hay una revolución frente a la inclusión. No a la integración. No, eso no logró ningún resultado. La verdadera inclusión es que las personas con discapacidad accedan a lo mismo que accede a cualquier persona sin discapacidad con igualdad de condiciones.

Entonces el Estado a través de todos sus entes territoriales debe garantizar el acceso a todos. Así la ley 1618 habla de “ajustes razonables”, es decir, que persona con discapacidad física acceda con normalidad a todas las instituciones sean privadas o públicas.

En esto tienen mucho que ver las TICs. Por ejemplo una entidad bancaria cuando le presta una asesoría a una persona tiene una tecnología llamada “centro de relevo”. Una plataforma en la que una persona sorda puede acceder a través de la Internet y solicitar un intérprete en línea para que traduzca la información del usuario y se atienda el servicio que la persona requiera.

Entidades como la biblioteca pública Ramón Correa Mejía a través de la Secretaría de Cultura están poniendo un modelo para otras entidades publicas del Estado de tener un interprete de lenguaje de señas en sus espacios .

 

Foto por: Diego Val.

 

LCQH:.  En el Lucy Tejada, en la sala “Conectando Sentidos” y con este modelo que usted menciona, ¿podríamos decir que van más allá?, es decir, no solo alfabetizan sino que también culturizan.

J.D.S:.  Sí. Las primeras semanas de octubre estamos haciendo una invitación a la comunidad en general para que participen en los talleres de lengua de señas. Estos talleres buscan un acercamiento entre la comunidad sorda y la comunidad oyente. También se pretende que la comunidad sorda se abra mucho más y entiendan el proceso de sociabilidad porque hasta ahora se reúnen solo entre ellos. Es interesante no solo romper esos paradigmas que se tiene de la comunidad sorda, sino que también los oyentes pueden pertenecer a esta comunidad lingüística.

 

Foto por: Diego Val.

 

LCQH:.  ¿qué programas de alfabetización para las personas discapacitadas tienen ahora?

J.D.S:.  Actualmente tenemos programas como braille para las personas invidentes, escenografía, y la parte escrita donde se está enseñando y aprendiendo otros idiomas. Con los invidentes hay que entender que esto no es idioma, sino un sistema. Verónica Salazar Sánchez, es la encargada de esos procesos.  También está el intérprete de lenguaje de señas para los que no escuchan. Y para las personas con baja visión hay lupas en forma de mouse para que vean las pantallas, o la revista, o lean un libro.

Para las personas sordas está la zona llamada “centro de relevo”,  que es telefonía accesible para personas con esta discapacidad. Desde allí pueden llamar a cualquier lugar en el país o fuera de el. Un servicio las 24 horas del día para ellos. Además claro, de los cuentos interpretados en lenguas de señas y literatura en general que hay en la sala de la biblioteca pública.

Las personas con discapacidad tienen el deber como ciudadanos colombianos de también aprender, de fortalecerse en sus derechos y deberes, de entender que hay un compendio de normas colombianas que los respalda y que ellos también deben poner su parte en entender que la inclusión es de parte y parte. De ayudar a la sociedad en general en ese tema.

 

Foto por: Diego Val.

 

LCQH:.  Muchas  gracias Juan Diego Salazar. Su proceso de alfabetización es muy importante en Pereira, y para cada persona que está siendo beneficiada con esta forma de lenguaje.

J.D.S:.  Gracias a ustedes

 

 

Ciudad Cebra: Día internacional de la alfabetización


El Olympia Park: entre la arquitectura del espíritu olímpico y los escombros de la guerra

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Recordar la historia a partir de los elementos que la representan, en este caso un edificio, un parque, o un estadio olímpico, puede servirnos también para cuestionarnos sobre fenómenos que se siguen repitiendo.


 

Un día en Munich, destinado a recorrer el Olympia Park -esa extensión de 300  hectáreas al norte de la ciudad-, promete ser una jornada llena de sorpresas.

Alrededor de la estación de Olympiazentrum se encuentra un conjunto de edificios, entre ellos la sede mundial de BMW, un edificio de arquitectura futurista que alberga el concesionario en donde se exhiben los modelos más recientes de automóviles y motocicletas producidos por el fabricante alemán cuyo nombre es BMW Welt.

Además, allí funciona un museo en el que se muestran los diferentes prototipos que se han producido a lo largo de la vida de la marca.

El museo y el concesionario (BMW Welt) constituyen un conjunto fascinante, con volúmenes sinuosos, unidos por un puente de similar arquitectura.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Al igual que los edificios, los automóviles, en el museo o en el concesionario, guardan un gran atractivo para muchos turistas, que consideran esta como una visita imperdible: un lugar de obligada peregrinación para los amantes de los automóviles, que el año anterior sumó medio millón de visitantes.

Ya en el parque olímpico, es fácil perderse por la magnitud de los espacios. El terreno es extenso, y los edificios que componen todo el conjunto conservan un tipo de arquitectura particular, la misma que hizo famoso en todo el mundo al estadio olímpico, construidos todos con ocasión de las Olimpiadas celebradas en la ciudad en el año de 1972.

Hasta la construcción del Allianz Arena en 2005, el estadio del parque olímpico fue la sede del Bayern Munich, equipo que ha tomado interés para nosotros en Colombia,  debido al fichaje de James Rodríguez.

En la parte superior de una de las tribunas laterales los ojos tropiezan con un elemento horizontal en hormigón, suspendido: es la cabina para periodistas. Flotante y discreta, apenas si se muestra como una pieza más en el juego volumétrico de la arquitectura del lugar. Sin destacar excesivamente, sin desentonar, pero con una estética propia que, lejos de ser extraña a pesar de su geometría ortogonal rima con los demás elementos, presenta la apariencia de un centro de mando y control.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Es una especie de disonancia calculada respecto de los demás elementos de la construcción, concebida por su diseñador, el arquitecto alemán Frei Otto.

El movimiento de las cubiertas y sus relaciones con el entorno, así como la disposición interior de la silletería y la misma conformación de las graderías, semejan un templo más que un escenario deportivo. 

Es una sensación mística la que se percibe en presencia de esos volúmenes ondulantes e incluso con el juego de colores usado para separar visualmente a las diferentes áreas.  La cubierta, en términos de su armazón físico, y los materiales que la componen, por un lado, y las graderías, pasillos y campo, por el otro, hacen un todo majestuoso, logrando inmiscuir al observador en sus permanentes movimientos y transmitiendo una sensación de lugar de culto.

Más allá del estadio, que es una pieza de arte estudiada por los arquitectos en las facultades del mundo, el lenguaje arquitectónico se conserva y en él se desarrollan las demás construcciones que hacen parte de todo el grupo concebido para los juegos olímpicos.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Vistos en serie, los edificios se perciben como un solo y gran crustáceo, que se desplaza lento a través de la superficie, a partir de sus extremidades fluctuantes y rematadas en ventosas de diferentes formas y tamaños.

Un artrópodo con una sola y elevada antena, desde cuyos ojos se vigila la ciudad de Múnich. 

El sector es, además, generoso en recorridos peatonales, que lo conectan con el área verde del conglomerado.  En ese recorrido peatonal, el día de nuestra visita estaba dispuesta una feria que incluía ventas de comidas y bebidas, así como juegos y diversiones mecánicas.

La presencia de esta simple feria de barrio, da la idea del significado que tiene el espacio para los locales: a él concurren con sus hijos para pasar la tarde, se acercan a recorrerlo en bicicleta o al trote, en patines, o sencillamente caminando.

 

Foto por: Martha Alzate

 

El espacio central del parque tiene como protagonista un lago. En él es corriente que se presenten espectáculos musicales y, en todo caso, es un lugar de reunión que permite tenderse en sus praderas a departir tranquilamente en una tarde de verano.

El cuerpo de agua se encuentra custodiado por colinas artificiales. Esas elevaciones hacen parte del interior alemán, pues fueron conformadas a partir de los desechos de la guerra: sus entrañas están rellenas con los escombros de las edificaciones destruidas en la segunda guerra mundial.

Pero también  allí alientan las reminiscencias del  nazismo: una metáfora de los destrozos que en este país dejaron sus delirios épicos.

Hoy, recubiertas de verde, parecen morigerar ese turbio pasado, y, no obstante, todo el conjunto lo recuerda. Es imposible acercarse a la Villa Olímpica sin evocar los hechos ocurridos el 5 de septiembre de 1972: el atentado en plenos juegos contra los deportistas judíos, en el cual once integrantes del equipo israelí fueron secuestrados y asesinados por un comando del grupo terrorista Setiembre Negro (en ese entonces una facción de la Organización para la liberación de Palestina).

 

Foto por: Martha Alzate

 

Allí mismo, en esas justas, el tirador colombiano Helmut Bellingrodt ganó la primera medalla olímpica para Colombia en toda su historia (medalla de plata, quedando detrás en el puntaje del soviético Yakov Zhelezniak, quien hizo sólo 4 puntos más que Bellingrodt).

Habían pasado 40 años de participación de delegaciones nacionales en estas competencias sin obtener medalla alguna.

Coincidencialmente,  Bellingrodt era estudiante de arquitectura en su natal Barranquilla.

Seguramente para él, aquel fue un momento iniciático: la obtención de su presea, y la asistencia a unos juegos en los cuales las edificaciones competían ostentando  la estética de su arquitectura, una especie de categoría olímpica especial e inédita.

 

Foto extraída de: eltiempo.com

 

Son hechos que podrían unir la historia de nuestra patria y la de la nación alemana. Pero a la luz de los sucesos recientes en una y otra, relacionados con expresiones de rechazo  a los inmigrantes- en  el caso de Colombia hacia los venezolanos- se teme que otros eventos derivados del odio a los extranjeros vengan a revivir esas similitudes.

La historia parece perderse para los habitantes de uno y otro país. Las tragedias que se desprenden de la exclusión, el rechazo al otro diferente, y la segregación, no han sido bien asimiladas o brotan de esas entrañas repletas  de escombros susceptibles de aflorar ante el menor roce.

Las acciones recientes de los grupos de ultra derecha en Alemania han venido a confirmar el temor ante el resurgimiento de viejas heridas: especialmente las marchas realizadas en Berlín el pasado mayo en contra de Merkel (y su política migratoria) y el Islam; o las que tuvieron lugar en Chemnitz, una población del estado federado alemán de Sajonia, conocida anteriormente como “la ciudad de Karl Marx”. Todo como reacción al asesinato de un hombre, supuestamente cometido por dos refugiados de Irán y Siria.

Ambas marchas fueron lideradas por el partido de Derecha Nacionalista Alternativa para Alemania (AfD).

 

Foto extraída de: eldiario.es

 

En este último evento, los marchantes de ultra derecha se encontraron directamente enfrentados con otros manifestantes, compuestos en su mayoría por miembros del movimiento izquierdista antifascista.

Dada la magnitud del choque, la policía se vio forzada a intervenir para disolver a los marchantes.

Recordar la historia a partir de los elementos que la representan, en este caso un edificio, un parque, o un estadio olímpico, puede servirnos también para cuestionarnos sobre fenómenos que se siguen repitiendo, pese a las tragedias que ocasionaron en el pasado, y sobre los cuales no hemos removido suficientemente las ruinas que dejaron a su paso.

Nota: Para ilustrar mejor sobre lo acontecido en Chemnitz, les compartimos el siguiente enlace. VER.

 

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Si desea escribirle a la directora del portal web, puede hacerlo comentando directamente en esta entrada al final de la página.


 

Diccionario de colombianismos: un compendio de identidad

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Jpeg

Este proyecto ha compilado uno a uno alrededor de 8.000 definiciones y 4.500 ejemplos de cada una de las regiones lingüísticas de Colombia, reflejando la idiosincrasia y las particularidades en el habla y la vida cotidiana de los pueblos.


 

Desde el colegio nos enseñaron que la identidad es ese entramado de rasgos propios de un individuo o comunidad, aquello que los hace diferentes. Pero la cosa se tornó compleja cuando nos hablaron de la identidad latinoamericana ¿Qué cosas nos identifican de cara al mundo si la mayoría de los aspectos que definen nuestra cultura fueron traídos desde otro continente?

Entonces aprendimos que a pesar de esto, los ancestros crearon unos rasgos identitarios propios, los cuales de hecho nos ayudan a diferenciarnos también entre regiones. Aspectos como la gastronomía, la vestimenta, los rituales, la música, entre otros forman parte de ese entramado. De esta forma, en el proceso de descubrir nuestra identidad encontramos que también podemos hacerlo a partir de la palabra.

Pero ¿Cómo construir una identidad con las palabras usando un idioma ajeno? Siendo el español una lengua impuesta en algún momento de nuestra historia, cada comunidad con los años se fue apropiando de ella. Aprendimos a usarla para escribir cartas, contar recuerdos, crear cuentos, soñar, insultar, amar…

Fue gracias al movimiento natural de las costumbres, los viajeros y la curiosidad de los hablantes que el español de Colombia y de Latinoamérica se ha ido alimentando de otras lenguas que llevan consigo sus propios sonidos, formas y construcciones, influyendo fuertemente en la estructura del idioma según las necesidades de quienes lo utilizamos todos los días.

 

Foto por: Santiago Ramírez

 

Tenemos el hermoso ejemplo de las lenguas amerindias que aparecen en el español cuando decimos cacao, chocolate, tomate o papa. Pero los términos heredados de pueblos indígenas que más usamos en Colombia son los quechuismos, que están presentes cuando decimos cancha, chócolo, chontaduro, carpa, minga… En fin, la lista es más larga de lo que imaginamos.

Con todas estas transformaciones lingüísticas, préstamos y adaptaciones fue tomando forma el español de Colombia, cuya gran diversidad ha sido rescatada por muchos investigadores de la lengua, entre ellos don Rufino José Cuervo, filólogo y lexicógrafo colombiano que entre otras cosas dedicó su vida a escribir sobre un curioso fenómeno de la lengua: los dialectos, como en su hermoso libro ‘Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano’.

Don Rufino es uno de los personajes que inspiró la creación del Instituto Caro y Cuervo, entidad gracias a la cual ha visto la luz el Diccionario de colombianismos. Lanzado hace pocos meses en la Feria del Libro de Bogotá, esta obra continúa un arduo proceso de investigación que ya se venía desarrollando en proyectos anteriores como el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, el Nuevo diccionario de colombianismos y el Breve diccionario de colombianismos.

Este nuevo proyecto ha compilado uno a uno alrededor de 8.000 definiciones y 4.500 ejemplos de cada una de las regiones lingüísticas de Colombia, reflejando la idiosincrasia y las particularidades en el habla y la vida cotidiana de los pueblos. El Diccionario de colombianismos es sin duda un recorrido por las esferas de la cultura colombiana registrando sabores, sonidos, oficios, refranes, dichos, entre muchos otros elementos.

 

Foto por: Santiago Ramírez

 

Es fascinante el compromiso con el que asume la tarea de reunir las palabras con las que nos expresamos día a día en todas las regiones del país, reflejando nuestra riqueza lingüística. Por ello en cada página hay por lo menos una palabra que nos hace recordar algo o alguien, como cuando escuchamos a mamá decir ‘Sirirí’ para referirse a algo que se repite con tanta insistencia que molesta y fastidia. O cuando la vecina dice ‘Hijuemil’ para expresar una gran cantidad de algo.

Y si seguimos ojeando encontraremos palabras tan cotidianas como ‘agáchese’ (sustantivo para nombrar un puesto de venta informal o conjunto de puestos donde los artículos se ofrecen en el piso); ‘camello’ para hablar de una tarea dura y poco o nada agradable. O incluso aquellas palabras con una sonoridad tan bella que nos invitan a materializarlas en acciones, haciéndonos entender por qué nos dan ganas de bailar cuando escuchamos ‘Merecumbé’ (baile que mezcla el merengue y la cumbia) o por qué queremos abrazar cuando escuchamos ‘Apapachar’ (consentir, mimar a una persona o a un animal).

Podríamos pensar que diccionarios de la lengua española hay muchos, nada más con los que se hacen en España tenemos para aprender sobre el idioma que nos trajeron junto con su religión, costumbres, enfermedades y prejuicios. Pero conocer de qué manera el idioma se adapta, crece y se transforma para responder a las necesidades comunicativas de quienes lo usamos en esta parte del mundo, es una labor extraordinaria abordada por unos cuantos aventureros que se embarcaron en un proyecto al que todavía no se le conocen las fronteras.

Allí es donde el Diccionario de colombianismos cobra su magia, porque nos muestra de cerca a los colombianos que nos apropiamos tanto de una lengua y le imprimimos tanto sabor, que la convertimos en un tesoro digno de ser estudiado y valorado. La volvimos parte de nuestra identidad.

 

Foto por: Santiago Ramírez

 

De esta manera nos vamos dando cuenta de que esto es lo que somos: la lengua que habitamos y nos habita, la que usamos para halagar y rechazar, para construir y destruir, para enseñar y aprender. Somos la lengua que nos inventamos para nombrar algo que parece innombrable. Somos el país que contamos con nuestras propias palabras.

Qué ver en Netflix: La sociedad literaria y del pastel de cáscara de papa de Guernsey

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Trataré entonces de hacer algunas recomendaciones de títulos para ver en Netflix y empezaré con una de sus películas originales estrenada en agosto pasado


 

 

Imagen extraída de: d.wattpad.com

 

Ficha técnica

 

Año, país, duración Reino Unido, 2018, 123 min
Dirección Mike Newell
Guion Thomas Bezucha, Don Roos (Novela: Annie Barrows, Mary Ann Shaffer)
Música Alexandra Harwood
Actores Lily James, Michiel Huisman, Glen Powell, Jessica Brown Findlay, Matthew Goode, Tom Courtenay, Penelope Wilton y Katherine Parkinson
Fotografía Zac Nicholson

 

Han pasado más de veinte años desde que en 1997 Reed Hastings decidiera fundar Netflix después de tener que pagar una multa de US$40 por no devolver a tiempo el DVD de “Apolo 13” que había rentado en Blockbuster; hoy se acercan a los 120 millones de usuarios en todo el mundo.

A Colombia llegó en 2011 y aunque poco a poco ha mejorado su contenido de películas, en gran parte la clave de su éxito está en sus producciones originales, que está empezando a dar en el clavo después de muchos desaciertos.

Parece increíble que a pesar de que esta plataforma de streaming cuenta con casi 3000 títulos, a veces no encontramos una película que ver, me ha pasado y también me han hecho el comentario o me han pedido una recomendación y debo reconocer que no he tenido la respuesta muy clara, puede ser que me falte explorar la plataforma, de cierta manera aun prefiero ver las películas en cine.

 

Foto extraída de: i0.wp.com

 

Trataré entonces de hacer algunas recomendaciones de títulos para ver en Netflix y empezaré con una de sus películas originales estrenada en este agosto: “La sociedad literaria y del pastel de cáscara de papa de Guernsey”, es la versión cinematográfica del bestseller con el mismo nombre escrito en 2010 por Mary Ann Shaffer, que narra la historia de Juliet Ashton, una escritora de espíritu libre que en busca de un escape a su rutina de lecturas y firma de libros,  se encuentra sorpresivamente con el argumento del que será su próximo libro, en la pequeña isla de Guernsey.

La historia está ambientada en 1946 cuando Londres se recuperaba de la devastadora segunda guerra mundial y nos sumerge en una conmovedora relación epistolar entre la escritora y un desconocido que la descubre por casualidad.  A medida que intercambian cartas, ella va quedando atrapada por estos maravillosos personajes que integran la peculiar sociedad literaria,  a quienes la lectura compartida y el amor por los libros hizo más llevadera la ocupación nazi.

No he leído el libro, pero al parecer se ha convertido en un referente acerca del valor de la literatura como resguardo en tiempos difíciles. Me gustó mucho la pasión que transmite por la lectura y de paso que rescata su tremenda capacidad para unir a personas con gustos, culturas e ideología diferentes.

 

Foto extraída de: image.tmdb.org

 

Inicialmente la película iba a ser dirigida por Kenneth Branagh, y el personaje de Juliet sería interpretado por Kate Winslet. Sin embargo, ambos salieron del proyecto, y a Branagh lo sustituyó Mike Newell, director de Cuatro bodas y un funeral y Donnie Brasco entre otras.

Aunque el tema de la película es un lugar común y desde el tráiler prácticamente sabemos qué va a suceder al final, Newel le da a cada uno de los personajes el espacio suficiente para desplegarse y refleja, con versatilidad, las distintas personalidades permitiéndonos sorprendernos y querer saber que pasará a continuación.  El director consigue crear esa conexión que las novelas epistolares logran entre el lector y los personajes a través de las cartas que deseamos que no terminen.

Es una buena alternativa para disfrutar en familia o solo cuando no encuentras que ver en Netflix, si es que logras memorizar el título.

 

Foto extraída de: image.tmdb.org

 

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De Anónimos a Máquina Triste, la nueva obra narrativa del escritor Alan González

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Novedad literaria en Pereira


 

La Editorial Jirafa Enana prepara el lanzamiento del libro Máquina Triste, del escritor pereirano Alan González, con portada e ilustraciones interiores de Lucy Tejada. Aquí, un adelanto del libro y la invitación a asistir a su lanzamiento el próximo viernes 21 de septiembre en la Librería Roma, Pereira, ubicada en la Calle 21 # 5-35. Cordial invitación.

 

***

La vecina habla con el Diablo, quien limpia las aceras detrás del carro de la basura. De pie, en el marco de la puerta, siento persistir el aire frío de la mañana. ¿Cuántos años? Siete u ocho tendría para entonces, porque recuerdo con extremada exactitud los detalles de la adopción del frespudel. A renglón seguido El Diablo sale disparado y veo que lleva una perra en calor amarrada de una piola, de tal manera que los nudos impidan que se ahorque y que, en medio de los otros perros que se gruñen, parece una oveja… Duda si continuar el camino tras la manada.

Sucede en segundos. Mi señora madre –también atenta– a un metro de distancia, ni parpadea. Le hace una seña al perro, “sssssss… ssssssss…”, y él se detiene en el umbral de un garaje que sirve de taller. Se miran a los ojos. Viene hasta la puerta y menea el muñón que tiene por cola. Sin tocarlo, mi señora madre se cerciora que no lleve ninguna herida, rodeándolo mientras el perro ejecuta un paso doble y se deja contemplar en medio de suplicios. “¡Máaaaaaa…! Sólo está sucio…”.

En efecto, su pelambre se concentra en grumos de grasa y barro, en las patas y las orejas, pero el lomo aún conserva la blancura del cuidado que le prodigaran sus antiguos dueños. “¿De dónde vendrá? Se nota que lo querían. Así se roban estos perros. Llevan una hembra en calor. Pero éntrelo a la casa, ¡no que está bonito! No vaya y se devuelva El Diablo por él”, le dice la vecina acercándose.

 

ALAN GONZÁLEZ SALAZAR (Pereira, 1987…) Libros publicados: Anónimos (Premio Nacional de Novela Ciudad Pereira, 2012) y Noche en tu silencio (Poesía, Ediciones Códice, 2017). Retrato: Jens Garner (2014)

XVIII muestra de comic sin fronteras

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XVIII muestra de comic sin fronteras


 

Presentamos el cartel promocional  del programa de la XVIII MUESTRA DE COMIC SIN FRONTERAS que se realizará en el Eje Cafetero, donde habrá exposiciones, cosplay, bazar gráfico, eventos culturales, dibujo en vivo y por supuesto, la entrega IV Premios Comic Sin Fronteras.  Bienvenidos y todos están invitados desde ahora a disfrutar de este arte cultural que ha inundado la ciudad y el país con creatividad. Así que prográmese ya.

 

 Muestra de Comic


 

Afiche Promocional


Personajes típicos de Pereira

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Personajes de diferentes artes, profesiones y ocasiones


 

En el marco de los 155 años de celebración por la ciudad de Pereira, presentamos algunos personajes típicos de la zona céntrica que se desenvuelven en alguna calle, plaza o puente, mostrando lo mejor de sí.  Cada uno de ellos son ciudad, cada uno ama esta ciudad y por eso se presentan día a día desde sus intervenciones en los espacios públicos y de cara al público que sabe apreciar estas muestras culturales.

Bienvenidos


 

Una fauna para El Blues de la Parranda

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En  El blues de la parranda sus recetas se vuelven canción


 

“Todo hombre es  una historia”, cantaba la banda de rock colombiana Kraken, allá en sus albores.

Paso a paso, a medida que una persona se abre camino por el mundo teje con sus palabras, sus gestos y sus actos una urdimbre que, al  entrelazarse con las de los otros, da lugar a ese relato fascinante que llamamos La vida.

Célebres o anónimos, ricos o pobres, grandes o chicos  los seres humanos se narran a sí mismos y narran a los otros en un coro que no  cesa de crecer con cada nacimiento.

Con cada encuentro.

Canciones, poemas, dibujos, pinturas, fotografías, fábulas y diálogos familiares dan cuenta de esa aventura en la  que cada quien se reinventa a la medida de sus ilusiones y sus carencias.

 

Foto por: Jess Ar

 

Así nacen tanto la literatura escrita como la tradición oral.

Va uno a saber quién fue en principio ese Odiseo elevado a la categoría de héroe por la imaginación de Homero.

Entre otras cosas, es probable que otro alguien haya inventado a este último.

De esa sucesión de incertidumbres y milagros está hecha la vida.

Y de esa materia están hechos los personajes  que  habitan las canciones de El blues de la parranda, la obra musical  nacida de los encuentros gozosos  entre Carlos Elliot, Rubiel Pinillo y Los parranderos de La Florida.

 

Foto por: Jess Ar

 

Imaginen un diálogo entre Tom Sawyer y Cosiaca, el entrañable personaje de nuestra picaresca campesina.

El escenario podría ser una piedra encallada en mitad de las aguas del río Otún.

O una de  esas embarcaciones que siguen surcando el río Mississippi.

Ese es el mundo en el que se mueven las criaturas de El blues de la Parranda.

En una de esas, caminando por la vereda, nos topamos  con el paso inconfundible de Ratón, uno de los inspiradores de  El blues de la parranda. Allí va, con su tumbao de guapo, convocando a la fiesta  y el delirio.

 

Foto por: Jess Ar

 

Sin él, La Florida y el mundo serían un poco más pobres.

Fijémonos en Miguelito, el  viejo sabio portador de las virtudes curativas de las plantas: el paico, la yerbabuena, la mejorana, el culantrón de sabana.  Toda una farmacia ambulante que lleva la buenaventura a los hombres acorralados por los achaques.

En  El blues de la parranda sus recetas se vuelven canción.

Y por aquí cruza, señoras y señores, el mismísimo Chumacera  en persona. Una suerte de caballero andante con sombrero y sin caballo.

Igual que el personaje de Cervantes, Chuma también es- a su manera-  desfacedor de entuertos, defensor de damas y asaltante de alcobas.

 

Foto por: Jess Ar

 

En esta fauna no podía faltar la mula Katrina, ese animal laborioso, valiente y afable como pocos, nacido para cargar el mundo sobre su lomo a lo largo de unos  andurrilaes imposibles.

Caminos como los que llevan  de La Florida a La Laguna del Otún, ese territorio donde nacen las canciones de Rubiel Pinillo, este cultor de nuestra picaresca de arrieros, espantos y  polvos furtivos en mitad del cafetal.

Bienvenidos entonces a la fauna recreada por Rubiel Pinillo y Carlos Elliot para El blues de la parranda, una producción de la Fundación Músicas en Albor, por la difusión de las nuevas músicas latinoamericanas,

Chemnitz o la sordera social

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Chemnitz como un pantano social, donde se desbordan los miedos.


Por: Juliana Gonzalez Ríos

 

Mi recuerdo de Chemnitz, como cualquier recuerdo, es necesariamente injusto. Fuimos en mayo, hace ya más de una década, como parte de un viaje estudiantil, para conocer una zona que requería intervención estatal para fortalecer la economía. Eramos una veintena de estudiantes extranjeros. Y esa pequeña ciudad nos recibió con la extrañeza de los pocos vecinos que se asomaban a ver el paso de esa marcha variopinta.

Chemnitz había albergado a finales del siglo XIX importantes industrias. El escritor alemán Berthold Sigismund la describió como “la Manchester de Sajonia”, en alusión al corolario de la revolución industrial, incluidas sus apestosas chimeneas. Albergó a la nueva esperanza de la industria automotriz, cuando cuatro grandes marcas se unieron para dar vida a Auto-Unión, la madre  del “auto de los cuatro anillos” en los años 30 del siglo pasado.

La industria de máquinas y locomotoras de la ciudad, competía en la década de los sesenta con la industria inglesa. Chemnitz producía los bandeones de la fábrica Concertina. Y esa misma desazón de un tango, es lo que se sentía al estar allí.

 

Foto extraída de: chemnitz-tourismus.de

 

La gran cabeza de Marx

En ese mayo solo vimos calles vacías, locales desnudos con letreros de “se arrienda”, y la gran cabeza de Carlos Marx. No había ni un solo músico callejero, a pesar de la primavera.

Con la división de Alemania, la ciudad fue escogida para rendir tributo al autor de “El Capital”. Un nuevo país, una nueva identidad. Luego caería el muro, y la ciudad recobraría su nombre.

Nuestro profesor nos habló de las altas tasas de desempleo en Sajonia, de los jóvenes que emigraban a otras regiones de Alemania, y de los planes del gobierno para despertar el viejo espíritu emprendedor de la región, para atraer nuevas empresas, incluso internacionales.

Años después, y luego de perseverar, la economía sajona lograría despegar, superaría el PIB de Rumania, pero aún distaría de parecerse a sus hermanas occidentales.

 

Foto extraída de: i0.wp.com/leipglo.com

 

Nos subimos al bus, ansiosos de regresar a Berlín. Y es que para entonces Berlín era una ciudad en construcción, que con desparpajo se vendía como la capital “pobre pero sexy”. Y así entre estudiantes,  vagos,  DJ, artistas,  profesores,  jóvenes empresarios con ideas pero sin plata,  funcionarios públicos y familias, íbamos construyendo vida en Berlín.

Y esa era la diferencia: Chemnitz carecía de esperanza. 

Atrás dejábamos a ese pueblo sajón que ya no era ni Manchester ni Marx. 

 

La máquina de las mentiras

Y no volví a acordarme de aquella ciudad hasta esta semana.

Los infortunios de la violencia quisieron que un carpintero fuera acuchillado durante una riña callejera. Había fiestas en el pueblo y alguna discusión acaloró a los presentes y de repente la historia concluye con un cadáver, que marca el inicio de una seguidilla de manifestaciones rabiosas.

Ese muerto ya no se pertenece ni a si mismo ni a su familia. Es el instrumento del odio de una comunidad bien organizada que se alimenta de teorías conspirativas y que no se siente representada por el estado alemán.

Son alemanes, de nacimiento. Son cristianos de formación. Pero esta mayoría se siente desbordada por la presencia de extranjeros, aunque  estos solo sean el 4% de la población. Una cifra muy por debajo de la media nacional del 11%. Tienen miedo de que esos otros vengan a imponer el islam, los señalan de ser todos criminales y aprovechados del sistema, que a punta de hijos se van a convertir en el 95% de la población.

Sus fuentes de información son las redes sociales, donde los mensajes se multiplican sin filtro, y acusan a la prensa de mentirosa. La misma retórica que puebla los resquicios de nuestra sociedad digital.

 

Foto extraída de: ichef.bbci.co.uk

 

Según científicos sociales de Bielefeld, en Alemania uno de cada cinco habitantes tiene profundas convicciones raciales, nacionalistas y xenófobas. Una minoría radical. Pero a la luz de las revueltas de Chemnitz nos encontramos con una sociedad y un estado que han subvalorado la influencia de los ultraderechistas chovinistas y xenófobos.

En Sajonia hay un peligroso maridaje entre los funcionarios públicos (incluidos algunos miembros de la policía) y el rechazo a los extranjeros. Es el estado en el que el partido “Alianza para Alemania” obtuvo la mayor votación para las legislativas federales. El Estado de las movilizaciones semanales de los “ciudadanos preocupados por la islamización de Alemania”, y de los que ahora “invitan a llorar a los muertos resultantes de la multiculturalidad obligatoria de Alemania”.

Chemnitz como un pantano social, donde se desbordan los miedos.

 

“Quítales los cuchillos o nosotros te quitaremos las instituciones”

En Alemania, su macabro pasado nazi trazó unos límites sociales y legales muy rígidos de lo que se considera una ofensa o un acto de odio. El saludo hitleriano y los símbolos nazis están penalizados en la ley. El libro “Mi lucha” está prohibido. Alemania experimentó, en carne propia, la toma  del poder y del discurso público de los ultraderechistas. Muchas vidas terminaron en los desvaríos de la llamada “solución final”.

Muchos otros encontraron en el exilio una nueva vida.

Y entonces, durante la reconstrucción, Alemania creyó que después de haber sido teatro de guerra en la segunda guerra mundial, la sociedad nunca podría sentir nostalgia por los movimientos nacional socialistas. Pero las ruinas sociales no son un antídoto perenne. Así podemos ser también los humanos: complejos, contradictorios, de memoria corta, y prontos para acusar al diferente.

 

Foto extraída de: helocal.de

 

Y hoy en día, esos hombres y mujeres temerosos por la presencia de extranjeros, en el estado menos heterogéneo de toda Alemania, se organizaron en torno al cadáver del carpintero. Lo convirtieron en símbolo de su lucha, y en mártir de su causa. A través de las redes sociales movilizaron a los hooligans, a los violentos, a los neonazis, al ciudadano preocupado y a la ciudadana furiosa.

Ese 20 por ciento alemán quiere que caiga Merkel, quiere que las revueltas de Chemnitz  les devuelvan su Alemania.

“Germany first”. Por eso en las manifestaciones de esta semana, intentaron “cazar” a los transeúntes que tenían aspecto de extranjeros.  Los racistas y su darwinismo social. Solo les sirven ciertas tonalidades de piel, ciertos colores de pelo, ciertas facciones.

 

“Una cagada de pájaro”

La llegada de la Alianza para Alemania (AFD) al parlamento federal, le otorgó a la escena ultraderechista legitimación y visibilidad. Sus políticos intentan reducir el nazismo a una mera “cagada de pájaro en la historia alemana”.  Justifican las acciones violentas de Chemnitz como ejercicios de ciudadanía comprometida, incluso avivan a la gente a que se tome las calles y busquen justicia, y envían advertencias a los medios de comunicación como: “recuerden que las revoluciones se toman las emisoras y echan a los periodistas a las calles”, tuiteaba por ejemplo el jefe de prensa del AFD.

La llegada al poder de este partido ha transformado poderosamente el lenguaje de los medios de comunicación que replican sus insultos y reproducen sus comentarios incendiarios, en algunos casos sin la distinción entre dar la noticia y convertirse en caja de resonancia.

El  asunto de los refugiados de 2015 se reencauchó para las elecciones federales de 2017. En Alemania hay problemas urgentes, pero de complejas discusiones técnicas que además no son taquilleras en campañas electorales, porque son difíciles de generar disensos: las pensiones, la educación y la salud. Todos quieren, todos prometen. Por eso en discusiones emocionales –propias de las campañas electorales- apenas si tienen espacio para ser discutidos.

 

Foto extraída de: Reuters/Hannibal Hanschke

 

El éxito de este partido, que se refleja en el hecho de ser la mayor fuerza de oposición nacional, y de ganar escaños en los parlamentos regionales, radica en su capacidad de imponer la agenda mediática, a partir de sus dardos verbales. Legitima los sentimientos de ese 20 por ciento de la población que cree firmemente en que los extranjeros se deben marchar porque son criminales y ursurpadores.

Más candela y más fuego para esa hoguera, en la que los miedos humanos ya arden, sin necesidad.

Los políticos y las autoridades nacionales han demostrado poca empatía por las víctimas de los crímenes de odio, cuando son extranjeros. Durante años han subvalorado la amenaza de la derecha, su capacidad de convocatoria y el aparato propagandístico de sus redes sociales.

Y esto me recuerda a uno de mis profesores que nos repetía:

“no tengan miedo del neonazi en la calle, porque ustedes siempre se podrán cambiar de andén. Témanle a los políticos que sin ostentar símbolos ni llevar la cabeza rapada, son capaces de revivir esa agenda, cuando suban al poder”.

Chemnitz, gris y desolado, fue el mechero. Esperemos que no sea tarde para controlar el fuego.

Probando tamales de maíz pelado

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Mi tía había pensado, para el plato fuerte, homenajearnos con unos “tamales”, receta heredada de la rama de su familia.


 

Nada hay como la comida ancestral. Ya habrá ocasión de hablar de lawas, phiris y otras deliciosas querencias que la memoria guarda con inusitada claridad. Dan ganas de volver a los tiempos idos cada vez que un viejo olor es traído por la brisa desde algún fogón de leña o sitio parecido. Si hasta cuando arde la hojarasca el humo pareciera tener sabor.

¿Y dónde se prueba la mejor comida ancestral? En el campo, por supuesto. Así que nos dirigimos para Sipe Sipe el último domingo, a mitad de la mañana, pasando por su coqueta plaza, hoy transformada en otro mercadillo y merendero al paso, lamentablemente como viene ocurriendo con todos los pueblitos vallunos. Pude ver que todavía colgaba un largo cartel en una de las esquinas donde rezaba “X Feria del Pañuelo…”, digo del Buñuelo, que seguramente organizaron semanas atrás. Saber que otra placita histórica había sido engullida por el comercio era como para ponerse a llorar.

Por el pollo, para el almuerzo, habíamos circundado la plaza, y de paso nos aprovisionamos de los gigantes “pasteles” que están llenos de aire y apenas algo de queso en sus paredes. El engaño más grande, sin embargo, sabrosos ni duda cabe. Basta que uno se antoje y los demás pecamos por inercia, aunque sea para amortizar el vacío del estómago. Hablando de antojos, decía a mis acompañantes que deseaba un phiri de aquellos de antaño, sin saber que allí en Sipe Sipe podía encontrarse en un puesto del mercado, tal como me aseguró una de mis primas. Como si su humeante aroma me hubiese llamado de repente, al estar en las proximidades. En otra ocasión será, me dije, para ir en su búsqueda.

Dejamos atrás la población mientras atravesábamos veredas tranquilas donde limoneros estaban en todo su verdor, a pesar del invierno. Seguíamos el camino de tierra, colina arriba, hasta divisar la casita de campo de los tíos, que parecía fundirse junto a un sembradío de cebada como en un cuadro impresionista. El molle de la entrada, en cuanto pusimos pie en tierra, parecía darnos la bienvenida con una ráfaga olorosa de sus resinas.

 

Maíz para tamal. Foto por: José Crespo Arteaga.

 

Los tres perros del hogar, ni se mosqueaban ni agitaban la cola al vernos, como si nos conocieran de toda la vida. No sé si al observarlos tan plácidos y asoleándose recostados en el patio me despertó de nuevo el deseo canino de llevarme algo a la boca, como si mente hubiese olvidado que pocas horas atrás había desayunado con normalidad. O es que el campo aviva el apetito o ya se adivinaba un ají de fideo en la cocina.

Mi tía había pensado, para el plato fuerte, homenajearnos con unos “tamales”, receta heredada de la rama de su familia, ya que en la nuestra no sabíamos de tal manjar y yo jamás había probado alguno. Qué apetitoso se veía de entrada que el maíz cocido iba a ser molido en el batán, de piedra cuadrada bien tallada. Y no era cualquier maíz, sino una variedad selectamente descascarada a la manera tradicional, en paila de cobre y con auténtica ceniza como mejor abrasivo.

Se sabe que hoy, por razones de costo y cantidad, los artesanos pelan el maíz, sumergiéndolo en baños calientes con cal u otros abrasivos industriales. En el sabor del grano cocido se sabe al instante la diferencia, pues es innegable el regusto algo amargo que la ceniza transmite al producto en el proceso del pelado.

Luego ese cocido, mote con gustamos llamar bolivianamente, es idóneo para reforzar ensaladas y guisos como el fricasé de cerdo. En la familia acostumbramos devorárnoslo acompañando las sopas en vez de pan, o a manera de postre con rebanadas de queso. Es que el sutil rastro de la ceniza, es tan subyugante para el paladar que fácilmente puede convertirse en vicio, por lo menos para algunos, con este escribiente a la cabeza. Y que nos dijeran que íbamos a degustar unos tamalitos de tan rico material, nos despertaba la inquietud mínimamente.

 

Bolas de Tamal. Foto por: José Crespo Arteaga.

 

Con una facilidad pasmosa, las manos hábiles de mi tía moldearon la masa resultante, a la que sólo había añadido huevos y algo de sal. En la palma ahuecada, con ritmo artístico, iba formando unas bolas con queso rallado al centro. Para la próxima vez podemos hacer con relleno de carne y ají, cebolla picada y ramitas de quillquiña, me anunció, y yo me juré no faltar al acontecimiento, aunque tenga que atravesar otra vez el horroroso pueblo de Quillacollo, a modo de religioso sacrificio, pensé resignadamente. Ya saben, yo y mi manía de no ir a provincia, con los aires de citadino que me gasto.

Mi prima remató la faena hundiendo los tamales en aceite abundante y muy caliente, previo rebozado en batido de huevo con una pizca de harina. Mientras dábamos fin al primer plato, los tamales reposaban en papel absorbente. Hice los honores correspondientes de hundir el tenedor para tomar un bocado. Aquella explosión de sabor, queso fundido y maíz ‘ceniciento’, aderezada con llajua, desataba la dicha terrenal desde mis adentros. Luego, el patio y unos asientos de piedra a la sombra del molle obraron el milagro de la sobremesa. Hasta que llegó el viento de las cinco, anunciando con su fiero silbar que era hora de regresar.