sábado, mayo 2, 2026
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#CiudadaníActiva: Educar en medios, educar con los medios

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El viernes 14 de agosto a las 10 am. se llevará a cabo el conversatorio sobre la educación para los medios y la educación con los medios de comunicación, orientado a los egresados, estudiantes y docentes de programas de comunicación, medios y educación, con el fin de que conozcan las novedades del Currículo de Alfabetización Mediática e Informacional AMI para profesores, cuya segunda edición se publicará el próximo año en más de diez idiomas para distribuirlo por todo el mundo.

Tradicionalmente los medios y la educación han generado resistencias y también han inspirado procesos innovadores para el desarrollo del pensamiento crítico y de la creatividad en la sociedad contemporánea.

El currículo AMI es una respuesta de la UNESCO para que los docentes de todas las áreas incluyan este recurso en sus cursos o en sus planes de estudio. 

El conversatorio está a cargo de Diego Leandro Marín Ossa docente e investigador vinculado a la Escuela de Español y Comunicación Audiovisual de la Universidad Tecnológica de Pereira quien fue invitado este año por la UNESCO como consultor experto en formación de docentes, medios y educación, para aportar ideas a la actualización del currículo AMI. 

Dichas ideas pueden consultarlas en le siguiente enlace:


Quienes estén interesados en asistir al conversatorio se pueden inscribir en el formulario: https://forms.gle/N5jWA3LZ5f163rzu7

Edumedia-3 Research Group

Grupo y semillero de investigación

Escuela de Español y Comunicación Audiovisual

Facultad de Ciencias de la Educación

Universidad Tecnológica de Pereira

http://edumedia3.co 

Member and partnership of the GAPMIL-UNESCO

https://milunesco.unaoc.org/mil-organizations/edumedia-3/

LA CEBRA QUE RAYA: hacia la reflexión crítica y el ocio creativo

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La agenda que presentamos hoy está muy nutrida de eventos, los dos últimos tienen que ver con, una actividad gestionada desde Medellín y otra desde Pereira con alcance internacional.

Consideramos que ésta es una invitación para que nos acerquemos a las redes y crear conciencia crítica a través del ocio creativo, tan necesario en la cuarentena que cada vez se prolonga más y más de una manera extraña, porque paradójicamente nos piden que nos cuidemos absteniéndonos de salir si no es necesario, mientras siguen abriendo el comercio, quitando las restricciones de pico y cédula y manejando la atmósfera del temor a través de las multas y amonestaciones policiales.

Puede entonces, el dibujo, ser un camino para visibilizar, plasmar y disfrutar otras maneras de mirarnos y otras posibilidades de acercarnos a informaciones que nos saquen de la paranoia colectiva y nos pongan en perspectiva otros mundos.

Ojalá se den la oportunidad de ver cómo acercarse a otros contenidos a través del dibujo:

La Jam de dibujo | 14 de agosto, 4:00 pm | en vivo por Google Meet:  https://meet.google.com/jtk-ieoc-cab    

Se termina la temporada de artistas invitados y se da paso al encuentro para dibujar en colectivo. Si te interesa hacer parte del encuentro conéctate a Meet el viernes.

“Son sesiones para crear y compartir nuestros procesos y proyectos con el resto de asistentes de forma libre. La intención es aprender e inspirarnos con nuestros compañeros en un ambiente de Taller virtual. 

Por eso queremos que vengas a nuestra sesión este viernes, trae los materiales con los que quieras trabajar y si quieres nos cuentas sobre el proyecto en el que estés trabajando.”

Y si quieres ver o repetirte los videos que se grabaron con los 11 artistas que estuvieron invitados, encuéntralos en los perfiles de Facebook e Instagram del evento.

Ilustración de Edwin Morales @artedwin

Las redes de contacto del colectivo son:

FACEBOOK: https://www.facebook.com/jamdedibujocolombia/

INSTAGRAM: https://www.instagram.com/jamdedibujo_/


Urban Sketchers Pereira | Reto de dibujo, enviar trabajos antes del 15 de agosto a las 9:00 pm

El reto de esta semana es dibujar un cementerio.

Les compartimos algunas imágenes del reto pasado para que se animen a participar.

Las redes sociales para estar en contacto con Urban Sketchers Pereira son:

FACEBOOK: https://www.facebook.com/groups/uskpereira/

INSTAGRAM: https://www.instagram.com/usk_pereira/


Convocatoria del colectivo los Inmodernos: pintura de paisaje al aire libre | Enviar trabajos antes del 15 de agosto

Más información en

CORREO: [email protected]

BLOG: https://inmodernos.blogspot.com/2020/08/los-inmodernos-de-lo-habituable-15-de.html?fbclid=IwAR2qMoTr6QD5hcUKZFVo-jX5HzRUZlrMbgeh17EbAlZHfYxsI8ja89Q5VWQ

FACEBOOK: https://web.facebook.com/inmodernos


II Encuentro de Artistas Grabadores | Del 10 de agosto al 25 de septiembre, por redes sociales

“Este es un Encuentro de todos, una excusa para que el grabado tenga el papel protagónico que merece en la plástica contemporánea.”

Cada semana a partir del 10 de agosto, el público encontrará una exposición virtual en Instagram y Facebook, hasta el 25 de septiembre.

Además de la muestra de obra gráfica, el Encuentro tendrá una agenda académica, moderada por la artista plástica de Medellín, Male Correa:

Hacia una historia del arte del grabado en Antioquia”: la primera charla será el sábado 5 de septiembre, a las 3:00 pm., a través de Facebook, participan: los artistas Hernando Guerrero y Federico Londoño, y el docente Jorge Rodríguez de la Universidad de Antioquia.

“El grabado como universo creativo”: la segunda charla será el sábado 19 de septiembre, a las 3:00 pm., se hablará del trabajo en artes digitales de Juan Ernesto Correa, lo que ha hecho con libro de artista Victoria Ortiz (directora ejecutiva del evento) y la experiencia en la lúdica de las artes de Carlos Marín.

PARA TENER EN CUENTA: La comercialización de las obras, en el caso de que un visitante quiera comprar, estará directamente a cargo de los artistas, con el fin de apoyarlos durante estos meses de contingencia. En cada obra publicada estará el correo electrónico del artista, así como el título y la ficha técnica de la pieza.

FACEBOOK: https://web.facebook.com/artistasgrabadores/

INSTAGRAM: https://www.instagram.com/artistasgrabadores/

Correo electrónico para más información: [email protected]


Yo Veo, la fiesta de la palabra y de la imagen en primera persona | Enviar trabajos antes del 15 de agosto

Yo veo es un festival de la imagen y la palabra, un evento en el que se rinde tributo a las diversas formas de representar y de relatar el Yo. Aunque no es exclusivamente de dibujo, lo destacamos en la agenda de esta semana porque tiene relación con la imagen dibujada y quizás alguno quiera participar de este ejercicio que busca la práctica de la libertad de expresión con el propósito de generar un espacio de intercambio reflexivo en relación con la subjetividad, la singularidad y el individualismo.

Dentro de las categorías está:

Categoría Imágenes del Yo: puede ser selfie, fotografía, pintura, dibujo, caricatura, plastilina, video, cine.

Categoría Palabras del Yo: poesía, crónica, diario, memoria, canción, testimonio, entrevista.

Categoría Escenas del Yo: monólogo, performance, coreografía.

Categoría Objetos del Yo: álbum fotográfico, exlibris, camiseta.

Categoría Otras formas del Yo: blog, mapa corporal, tatuaje…

Para más información escribir a [email protected] o al FACEBOOK: https://web.facebook.com/LaFiestaYoVeo/

Hernando López Yepes: cuentos, poemas y ensayos desde las orillas del río Cauca

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Hernando López conversa con la intensa lentitud de quien recita versos nimbados de dolor.


Estos que van conmigo

“Yo, la vida la tomo y la estrecho en mis manos/

La acojo, la defiendo, la peleo; /

en la palabra, en la mujer y el vino/

Que en la vida yo estoy/

y a la vida me entrego”.

Estos versos aparecen en la página dieciocho del libro de poesía  Dos poetas: Hernando López Yepes y Francisco González, publicado en 1990 con prólogo de  José Manuel Crespo.

Al menos en el caso de Hernando López Yepes fue un libro de urgencia: su amiga Miriam Caicedo, oriunda de La Virginia, Risaralda, quien para entonces se  desempeñaba como gerente de Dancoop– una entidad de  economía solidariaquiso rendirle un tributo a su pueblo natal .

Buena lectora, no encontró mejor manera que hacerlo a través  la poesía.

Foto por: Diego Val

Pero había un problema: López Yepes no tenía poemas para un libro y Miriam insistía  en que tenía que ser él

Acostumbrado a una vida de urgencias el hombre se estrenó de poeta: hurgó lo más hondo de su corazón y empezó a enhebrar versos que se dieron al mundo con títulos como Ansiedades,  Oda al odio, Las garras de la paloma, Tartarín en su casa, Muchacha y Canción de los libertinos, para mencionar solo seis.

La materia de esos poemas  le venía  de muy atrás. De los  tiempos de errancia de sus padres por distintos lugares de Risaralda.  Unas veces era la pobreza. Otras la violencia política. Y casi siempre el mordisco de las dos los empujaba a empacar sus pocas pertenencias y a partir en busca de mejor fortuna en esos pueblos de verdes montañas empinadas.

“Vengo  de una familia de campesinos paisas, católicos y liberales. Eso suena  contradictorio, pero así somos los humanos, y sobre todo las personas de estas tierras. Creo incluso que una de las ramas de  mis antepasados venía de conversos, a juzgar por la cantidad de nombres bíblicos  que aparecen  en mi poco ilustre árbol genealógico. Recuerdo en especial a Moisés,  Isaías y Juan de Dios. Pero hay uno que les gana a todos: se llamaba Evangelio ¿Se imagina usted lo duro que debe ser andar por el mundo con ese nombre… digo, con esa cruz a cuestas?

Foto por: Diego Val

Hernando López conversa con la intensa lentitud de quien recita versos nimbados de dolor.  Enfatiza las palabras  y abre largas pausas  a la espera de la reacción de su interlocutor. De vez en cuando cierra los ojos y las imágenes  de la infancia se  le agolpan  en el pecho hasta convertirse en un   manojo de  frases agudas y firmes como anclas que le permiten asirse a un mundo que se fue.

“Nací en 1952 en  la calle  once con carrera novena de Pereira, al lado de las vías del tren que conectaban con Manizales. Todavía éramos parte del Departamento de Caldas y como los pobres nunca han tenido con qué asistir  a espectáculos, los niños de entonces solo teníamos dos opciones: asistir a los entrenamientos de gallos de pelea o ver pasar el  tren para decirles adiós con la mano a los desconocidos.

En una de esas, cuando ya vivíamos en el vecindario de la calle veinticinco, pero siempre cerca de la carrilera, me tocó ver  a un suicida arrojarse al paso del tren. La imagen de ese hombre partido en varios pedazos palpitantes me acompañará hasta el último segundo de mi vida. Siempre lo he visto como una premonición de las muchas violencias que  me ha tocado ver y padecer desde entonces: aunque habitaran una franja de tierra muy estrecha, mis mayores, tíos, padres, abuelos, vivían en constante destierro. 

Eso es algo que hoy me impacta mucho: de tanto padecerla, a los colombianos  se nos ha olvidado el hondo y terrible significado de la palabra desterrar. Des-terrar: arrancar de la tierra en la que se  han anudado las raíces. Supongo  que  de esas experiencias me salieron, redondos y ya maduros, versos como  aquel titulado La muerte no te toca, dedicado a mi padre:

“Vengo a decirte que no has muerto, padre/

y sé que desde abajo me sonríen/

tu tierna carne desgranada en polvo/ y tus ojos disueltos por la lluvia.”

Foto por: Hernando López Yepes

A la vida me entrego

Sin haberlo pensado, Hernando López llegó a la poesía y allí se quedó  “estaqueado en la mitad del patio”, para citar por enésima vez una expresión feliz de Julio  Cortázar. Aunque a veces cree que, en su más amplio sentido, la poesía alentaba en él desde el día en que su hermano lo llevó a presenciar una función de magia en  la escuela Marco Fidel Suárez ,  donde enseñaba el profesor Helí Puerta.

“Al fin y al cabo la poesía es una forma de la magia en su sentido ancestral ¿No? Digo, en su  capacidad  para trastocar a través de las palabras  el orden del mundo  y de instalar en su lugar  un orden ilusorio que al final resulta más firme y contundente que el real. Era la misma magia que había encontrado en la cartilla La alegría de leer, uno de los textos más bellos   que uno pueda tener entre las manos.  Nada más eso de  “Es puerta de la luz un libro abierto. Entra por él” resume  la infinita variedad de prodigios que puede obrar en un ser humano la lectura de un buen libro”.

Con esa certeza decidió convertirse en profesor. Quería compartir su descubrimiento con las nuevas generaciones. Pensaba que, bien acompañados, todos podían cruzar esa “Puerta de luz” . Empezó  en el Instituto Santuario a los dieciocho años.  Dieciocho meses después se vinculó al Liceo Gabriela Mistral, de La Virginia, donde orientó cursos de filosofía y religión. Ese tránsito duró desde el año 1971 hasta 1980, cuando  renunció a la docencia. Fueron nueve años “Fatigando las aulas/ con mis guantes de tiza” según escribiera  el también poeta, novelista, cuentista y ensayista Eduardo López Jaramillo.

“Renuncié a la docencia porque me estaba muriendo de a poco. Hay ambientes que no son para uno. Me sentí incapaz de pasar el resto de mi vida obligando a recibir. Los jóvenes saben ignorar y despreciar. Pensé que si quería seguir allí tenía que  empezar a desarrollar estrategias, mecanismos de defensa. Sentí que debía hacer limitaciones de mí ser en todos los sentidos, empezando por el lenguaje.

“Resumiendo, tendría que volverme un cínico. Y así no podía ser yo”.

Foto por: Diego Val

De modo que decidió ser práctico y abrió un almacén de ropa para niños.  El escritor necesitaba tres cosas: sostener a su familia, educar a los hijos y mucho tiempo para leer y escribir.

Para entonces, su escritura se desplegaba en tres frentes: el ensayo,  la poesía y el cuento.

Regalo para mi hijo

“(…) y luego me llevaste de la mano/

a mirar los tesoros que tenías/

en diminuta  caja de cartón/

Y eran ellos: un grillo, con vocación de músico/

una tímida araña que se fingía muerta/

y allá en el fondo un ser tornasolado/

entre el azul y el verde, cual ovalado cofre:/

un gran escarabajo de fiero mascarón”

Y   Hernando López Yepes les cumplió  a Marleny, su mujer y a  sus hijos Juan Manuel y Violeta.

Foto por: Diego Val

“Durante treinta  y dos años estuve en el comercio sin ser comerciante. Y créame que no me arrepiento. Durante ese tiempo, aparte de sobrevivir con los míos vendiendo ropa para niños,  afirmé mi entrañable relación espiritual con los grandes de la literatura de todos los tiempos. Me refiero a Balzac,  Flaubert, Maupassant, Oscar Wilde, Lin Yutang W.S Maugham, Faulkner y, por encima de todos, el gran Giovanni Papini.”

“Desde luego, también está Gabriel García Márquez. Con su obra tengo una anécdota. Fue don Abelardo, profesor de álgebra en el colegio Bernardo Arias Trujillo, de La Virginia, quien me puso en contacto con  Cien años de Soledad, apenas dos años después de ser publicada. Imagínese: ese gran hombre se las arreglaba  para leer buena literatura en medio de los interrogantes  planteados por las ecuaciones de tercer grado. Esa es la prueba de que el espíritu no tiene fronteras”.

Cuando  viajaba a  Pereira en busca del surtido para su almacén, Hernando López pasaba por la Librería Quimbaya, atendida por Rossina Molina, la última librera que tuvo la ciudad.

“Frecuenté la Librería Quimbaya desde los tiempos en que estaba ubicada en la carrera séptima entre calles dieciséis y diecisiete. Más tarde los visité en la carrera quinta con calle veintiuna, hasta su desaparición. Fue Rossina quien, en esa sede, me recomendó la lectura de El nombre de la rosa.

“Alimentado por esas lecturas y por mis vivencias  personales me sumergí en la escritura de cuentos. Ese es mi ambiente natural. De allí nació un libro que, de entrada, estuvo rodeado de equívocos. Para empezar, el título no lo puse yo. A la hora de ponerlo en la pila bautismal lo bautizaron con el nombre de Así vivimos aquí. Ese fue el primer malentendido, porque me etiquetaron como un escritor costumbrista y sé que no lo soy.  Quería- y creo que lo conseguí- hacer el retrato espiritual de un pueblo, no un cuadro de costumbres sobre La Virginia. Pero qué le hacemos: me pasó igual que a uno de esos  toreros espontáneos de las corralejas que los  tiran borrachos al ruedo.”

Foto por: Diego Val

Ansiedades

“Montado voy a medias en clavileño manso/

Voy caminando lento para yo no sé dónde/

Hastiado de  paisajes, vacías las alforjas/

sin divisa, sin oros, sin brújula ni mapas: /

tres penas llevo al pecho  y en ancas la garrafa”.

Atrincherado en La Virginia, hastiado de paisajes, sin divisa, sin oros, sin brújula ni mapas, el escritor Hernando López ejerce esa otra clase de resistencia que lo mantiene al  margen del poder  cultural que es igual en todas partes: en Pereira, en  París, en Nueva York y en China.

Desde allí pastorea su rebaño de ansiedades.

En ese pueblo mestizo que arde a orillas del río Cauca, donde forjaron su leyenda La Canchelo de Arias  Trujillo y El Caballero Gaucho de todos, López Yepes se levanta cada mañana y se  hace al camino con el mismo empuje que lo llevó a emprender sus estudios de filosofía  y letras en la Universidad Santo Tomás cuando rayaba los cuarenta años.

Foto por: Diego Val

“Es pura terquedad. Y debe tener mucha relación con la vida que les tocó llevar a mis antepasados, que no fueron fundadores de pueblos sino de fincas. Es decir, peones de hacha y machete. Basta con decir  que dos de ellos murieron  aplastados por árboles. Y eso por si sólo resume el talante de su peregrinación. Sospecho que fue esa misma terquedad  la que me llevó a escribir en dos meses los poemas que mi amiga Miriam Caicedo necesitaba para publicar su libro en  agradecimiento a La Virginia. Eso y el hecho de que escribo porque tengo emociones, no solo cerebro”.

Por eso mismo, el  autor se ha dedicado en los últimos años  a escribir ensayos ponencias en los que reflexiona sobre el rol que deben jugar  las bibliotecas públicas en el incierto destino de Colombia. La ética del bibliotecario y Bibliotecas sólidas para sociedades líquidas son dos de esos títulos.

En ellos quiere dejar algo para esa Colombia empeñada en deshacerse en guerras seculares que se remontan a los tiempos  de  la conquista. En 1999, por ejemplo, cuando estaban matando a los jóvenes  de La Virginia, produjo un texto “Para ser leído bajo una tempestad de sangre”, según su propia glosa.

“A  las bibliotecas públicas les asiste  una responsabilidad  esencial en la dignificación de la vida. Por eso no deben ocuparse solamente en  gestionar recursos para renovar colecciones y computadores. Tan importante como eso es renovar los espíritus. Y para eso se necesita pensamiento crítico. Ensayar otras miradas sin perder de vista la belleza. La de la vida y la de lo que se lee y escribe. Esa tarea es urgente en la Colombia de hoy. Por esa razón, estoy atento cada vez que me  invitan a presentar  mis ponencias en distintos lugares del país”.

 

Foto por: Diego Val

Oda al odio

Como si llevaran plantada en el vientre una bandera negra, los cadáveres que bajaron por centenares  por las aguas del río Cauca llevaban siempre a cuestas un gallinazo con las alas desplegadas.

Hernando  López Yepes piensa que esa imagen era un aviso para un país ciego, sordo y mudo que prefirió mirar hacia otra parte

Por eso mismo, hoy  prepara su alijo de papeles  y parte a decir su palabra  desde las orillas del Cauca.

Y, sobre todo, desde las orillas de la vida.

Foto por: Diego Val

La poesía de Hernando López Yepes : EL CAUDAL SILENCIOSO

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                                                              …Aguanta, corazón,

                                                              Que cosa aún más perra

                                                               Antaño soportaste…

                                                                      (Ulises, Odisea)

A veces- algunas veces- no queda una salida distinta a la de plantarle cara al lugar común. Negarse a él sería abrirle la puerta al artificio. Por eso, frente a la poesía de Hernando López Yepes resulta ineludible hablar de un hombre  que habita en el silencio y es habitado por él: toda forma de ruido lo amenaza, lo hiere.

Refugiado en un rumor de  palabras  asidas en pleno vuelo, don Hernando ha cincelado sus poemas a lo largo de los años, atendiendo a la recomendación aquella: sin prisa pero sin pausa. Sabe que la única recompensa es un verso capaz de conmover la inteligencia y el corazón del lector y por eso se consagra a su oficio con la devoción que otros le dedican a amasar una fortuna.

Hernando López Yepes, por Diego Val.

“A mi manera voy/ por camino azaroso/ que no es mía la senda/ de los muertos en vida”, escribe  en una suerte de declaración de principios: es el camino azaroso y no el trillado el que le prodiga al poeta sus mejores recompensas. 

Por esa razón elige la cornisa, el río embravecido, el destino de los réprobos. Sabedor de que el lenguaje es un bosque en el que resulta fácil perderse, desde muy temprano se dio a la tarea de afinar sus sentidos para identificar en el temblor del aire el irrepetible aleteo de la palabra precisa, la que desnuda lo más sublime y lo más terrible de nosotros.

Alérgico a las cofradías donde los egos se rinden culto y se premian unos a otros, el poeta Hernando López se atrincheró en La Virginia, ese pueblo de tierra caliente donde Eros y Marte van por las calles encarnados en la piel firme de las mulatas y en la puntería certera de los pistoleros. El sexo y la violencia son viejos compañeros de viaje. El poeta lo sabe y por eso los conjura desde la palabra.

Para la vida tengo/ la mano abierta/ y la mirada firme/ el corazón altivo/y noble/y fiero/que en la vida yo estoy/ y a la vida me entrego”, se lee en un poema titulado así: A la vida me entrego. Como Holderlin, López Yepes sabe que el poeta asume su destino entregando el corazón “a la tierra grave y doliente”.

Tomada por Diego Val.

En tiempos de penuria, como todos, los versos de este hombre se antojan rocas, cayados en los que apoyarse en un mundo  cuya única divinidad  es el mercado. Quizá por eso deposita toda la confianza en la sabiduría del reino animal, como lo expresa en una elegía a la muerte de su lora: “Mi lora ha muerto / y me he quedado solo/el mundo que me imponen/ clava en mí su lanza/un  poco más arriba del costado.”

Quién sabe. A lo mejor frente a la verborrea impuesta por el mercado de la literatura, nos toque buscar la dosis necesaria de lucidez en la voz primigenia de las aves. Seguir la ruta de Tiresias, el viejo adivino que hablaba la lengua de los pájaros,  resulta un buen consejo.

Desconfiado, como todo hombre lúcido, Hernando López Yepes nos reta en cada uno de sus poemas : “En cuanto a mí /también fui peregrino/adoré pergaminos polvorientos/entre sus páginas/extravié el poema /en los cenáculos de la poesía/escuché voces indigestas de erudición/postrado ante el altar/recibí “el maná de la poética”/después de un tiempo/ y ya curado/ me pregunto: ¿por qué arrancar la pluma/ al  Ave del Paraíso/ para escribir con ella?”.

Bendecir al Ave del Paraíso, aprender de su silenciosa sabiduría es el propósito último de estos poemas agrupados más por el empuje de su ritmo que por una intención temática. A través de su lectura recuperamos, acaso sin que el autor se lo proponga, la esencia de aquella máxima del budismo zen: “No es la flecha la que debe buscar el blanco: es éste último el que debe partir en busca del destino incierto de la flecha”.

Guía práctica de TikTok para emprendedores | entrada 3 de 3

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Finalizamos de la mano de Mel Nogales, este nuevo viaje a los mundos de Internet. En este caso con la aplicación TikTok, que muy rápido pasó de ser un asunto exclusivo de adolescentes a convertirse en todo un universo de música y entretenimiento, pleno de oportunidades para los negocios digitales.

TikTok para empresas

Esta aplicación, aunque en el pasado tuvo polémicas en torno a su seguridad, y aún se debaten aspectos como el contenido sexual producido por ciertos creadores, en un ecosistema plagado de niños menores de 13 años, es una oportunidad para que las marcas se acerquen a este público tan difícil como lo son los Centennials y cautivarlos para incidir en la compra de otros públicos.

@camilagarango

Ay Dios mío!🥴🤤// IG: @camilagarango #aydiosmio

♬ sonido original – elnicomejia

También, porque no está invadido de publicidad como lo pueden estar otras redes sociales y ofrece la posibilidad de sobresalir y convertirte en un personaje y marca destacada.

Consejos de TikTok para empresas

¿Tu marca quiere abrirse un perfil en TikTok, pero no sabe qué pasos dar?

Apúntate estos consejos:

Si no me hiciste caso la semana pasada de abrir el perfil de TikTok, este es el momento.

  • Antes de sumergirte en el mundo del TikTok, familiarizate con la plataforma. Es inevitable y nos sucede a todos, cuando no conocemos muchos acerca de las dinámicas de algo, en este caso una red social y nos aventamos sin precauciones, puede resultar siendo un infortunio.

Ya sabemos que es una aplicación en la que mayormente conviven los Centennials y parte de los Milennials, que tiene muchos videos de humor, tags, playback con canciones que se hacen virales en la App.

Además es entretenimiento de corta duración que constantemente se actualiza.  Que entre más informal te muestres y entre más entretenido sea el contenido y el mensaje, podrás conseguir éxito.  

@juandamc

No los soporto ajhdkfhsja IG: juandam_

♬ sonido original – juandamc

Entonces piensa, ¿cómo se podría integrar tu marca en este tipo de contenidos y dinámicas?

  • Contenido creativo y divertido es la clave. Insisto en el divertimento porque es una premisa que está más que comprobado, luego de interactuar con la plataforma.

Sé espontáneo, muéstrate natural, cercano como un usuario que puede ser asequible, con el cual otros se pueden identificar. No es necesario la sostificación, ¡Diviértete! 

  • Interactúa con los hashtag challenges“. Al igual que otras redes sociales como Instagram, el contenido se categoriza y organiza en #. Acuérdate que hablamos de esto en mis primeras entradas.

En este caso, los challenges son muy populares entre los usuarios, quienes intentan replicar al original o el más popular.

Promueve la generación de contenido y comunidad. Una marca estadounidense, Chipotle, consiguió gran éxito con el hashtag #GuacDance para promocionar su “día del guacamole”. ¡Tú también puedes intentarlo!

Encuentra tu audiencia

  • Contacta influencers o tiktokers que se asemejan a los valores de tu marca. O, apúntate a la oferta publicitaria de TikTok e incluye contenido nativo, adquisiciones de marca o hashtags patrocinados.
  • Investiga las tendencias y los hashtags, los cuales son cruciales dentro de las dinámicas de TikTok, e identifica cuál de ellas la puedes adaptar como contenido.
  • Recrea memes, consejos, tags y minitutoriales que involucren a tu marca o si eres más osado, lanza un reto en donde se invite a comprar tu producto/servicio.

De Youtubers a Tiktokers, una nueva generación

¿Estamos viviendo una transición? O, quizás ¿una emergente ola de nuevos generadores de contenidos tan poderosos como los Youtubers?

Estos interrogantes seguramente serán resueltos pronto, lo que sí es certero es el cambio que están haciendo los desarrolladores de la plataforma, la que en poco permitirá publicidad.

No obstante, su forma de hacerlo estará a cargo exclusivamente de la App. Las marcas podrán pautar con los Tiktokers certificados y con más followers.

Pero la transacción se hará teniendo como intermediario a TikTok, siendo él quien controle y apruebe la publicidad y los pagos.

Conseguir este objetivo es ir en torno a los cambios contemporáneos.  Algunos especialistas en Marketing Digital, sugieren que interactuar con TikTok, es una efectiva forma de encontrarse actualizado a nivel de tendencias.

Esto, debido a que a diferencia de otras plataformas, las tendencias que surgen en TikTok pueden permanecer semanas e incluso meses.

Por otra parte, su enfoque global, pero de compromiso local, otorga resultados positivos por llamarse así de la globalización.

Características que se producen, gracias a que la App tiene diversos nichos. En la sección “Para ti”, ofrece una recomendación de estos nichos según los gustos o prioridades del usuario.

La importancia de los challenges

Como en Youtube, se ha viralizado mucho los challenges, pero la diferencia ostensible radica en que todos pueden replicarlo y volverse protagonistas, sin importar el número de seguidores.

Creando alrededor una comunidad muy fuerte que afianza lazos participativos y de creatividad.

Aunque se hace muy necesario nuevamente mencionar que, muchas veces se ha expuesto la seguridad de la plataforma, que para muchos no es lugar seguro.

Para menores de edad y para cualquier usuario, porque los datos personales están a la deriva y no son muchos los filtros, ni controles para contenido de carga sexual, de violencia y similares.

De todas formas, este tipo de contenido no llama mucho la atención de los usuarios y además tienes la posibilidad de denunciarlo.

Tomando en cuenta, todo lo descrito en este post. ¿Estás considerando crearte un perfil en TikTok? O, ¿Ya tienes uno? 

Por otro lado, ¿quieres implementarlo para tu marca, pero aún tienes dudas? Todo esto y mucho más, déjamelo saber en los comentarios.

¡Estaré atenta!

Dediqué todo mi amor a los animales

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Publicado Por Bethany Groff Dorau en el The New York Times

En una época difícil busqué consuelo en los caballos, las cabras e incluso un osezno. La pandemia actual me condujo de nuevo hasta ellos.

Brian Rea

Cuando todo se fue al carajo, adoptamos ovejas.

Estábamos en el establo, tras cinco años de habernos casado, y yo solo quería que mi esposo pusiera la montura en el bastidor. Nada estaba saliendo bien. Primero, James no entendía por qué yo era dueña de una montura si nunca he tenido un caballo. Además, cuando le gritaba instrucciones “¡No pises la cincha!” y “¿Ves la martingala en alguna parte?”— me miraba como si acabara de ordenar el desayuno en japonés.

Quité la montura, encontré sus accesorios y la puse en su lugar. “Dios mío. Tampoco es neurociencia”, le dije.

“Sabes que siempre he vivido en la ciudad”, respondió. “No tengo idea de qué hablas la mitad del tiempo”.

Después de vivir en una (pequeña) ciudad durante años, acabábamos de mudarnos a mi granja ancestral en la zona rural de Massachusetts. James es cervecero profesional. ¿Qué sabía de las granjas y los animales?.

Resultó que no mucho.

En cualquier matrimonio hay momentos en los que uno mira a su pareja y piensa: “No te conozco en absoluto, ¿o sí?”. A veces eso es encantador, una nueva faceta de lo maravilloso que es tu ser amado. En nuestro caso, me sentí muy traicionada.

Sabía que James no era un campesino. Aun así, es un hombre corpulento de 1,80 metros de altura y una larga barba gris, siempre peinado con una colita de caballo azabache y vestido con botas de trabajo y chaquetas para trabajo pesado. Sus manos son ásperas y su pecho, amplio. Le gusta quitarle las puertas a su Jeep. Todo en él exudaba rudeza y trabajo arduo, y para mí eso siempre ha significado que sabes cómo desenvolverte en el terreno agrícola y con los animales.

Mis padres no eran granjeros al principio. Eran un par de padres jóvenes y asustados que escucharon el llamado del clarín para escapar a las colinas. Mi madre conoció a mi padre en 1970 en un grupo de oración organizado por un colectivo de cristianos renacidos, seguidores de un líder carismático llamado Sam Fife, fundador de un grupo llamado “El movimiento”.

El mensaje del hermano Sam era sencillo: la sociedad occidental era corrupta y se estaba desintegrando. Las mujeres y los niños no sabían cuál era su lugar. Los cristianos en todo el mundo estaban siendo perseguidos, y se pondría mucho peor.

Cuando era niña emigramos a Canadá y continuamos dirigiéndonos al norte hasta llegar a una granja comunitaria en el norte de Columbia Británica llamada Evergreen, que se desprendía de la autopista al final de un camino de tierra en lo profundo del bosque. Después de un recorrido en auto interminable y agitado, las hileras de arbustos de arándanos y fresas de junio anunciaron el inicio de la granja, y luego un campo de papas, y luego el primer vistazo a una larga cabaña de troncos rodeada de remolques blancos.

La veo en mis sueños. Tenía siete años. La primera noche que estuvimos en el Tabernáculo, el edificio central donde orábamos, asistíamos a la escuela, y también cocinábamos y comíamos, una chica rubia que llevaba una falda de mezclilla hizo un comentario incisivo mientras pasaba a mi lado. “Justo lo que necesitamos”, dijo. “Otra citadina superficial”.

Poco después me enteré de que esa chica me había dedicado su mayor insulto, y pasaría los siguientes cinco años tratando de demostrarle que se equivocaba.

La granja había sido fundada por personas que sabían lo que estaban haciendo, pero, para cuando llegamos, estaba poblada de personas bienintencionadas como mis padres, cuyos antecedentes en la ingeniería civil y la música eran útiles para el grupo pero no especialmente relevantes para alimentar a una familia. Las cosechas eran mínimas y los animales muy delgados. Estábamos tratando de vivir tan lejos de la sociedad como fuera posible, y eso implicaba poca comida para las personas e incluso menos para los animales.

Los niños vivíamos con nuestros padres, pero pasábamos los días en grupos gestionados por otros adultos. Pasé uno de mis primeros turnos en el establo donde me aventaron de una patada a un montón de estiércol. Traté de recuperar mi dignidad cargando dos cubetas de leche de cinco galones cada una hasta el separador. La leche salpicaba sobre mis botas y parecía que mis brazos se iban a separar de mis hombros, pero lo logré.

La chica rubia, un año mayor que yo, bronceada y enjuta, trotó tras de mí con sus dos baldes llenos, y me sonrió de manera casi sincera.

Al día siguiente, me subió a un caballo, una robusta yegua pinta, y me dijo que sería una verdadera jinete cuando me hubiera caído de ella cien veces. Mantuve la cuenta. Las caídas de la 34 a la 40 sucedieron en un solo día. Después de cada azotón, cojeaba y me arrastraba de regreso al caballo, mientras mi némesis rubia observaba frente a la cerca. Registré cada caída, nombré las cicatrices resultantes en mis rodillas, frente y espinillas.

La granja era un lugar difícil para los vulnerables. Tuve problemas para reunir la dureza necesaria para sobrevivir no solo los accidentes y las caídas, sino también el abuso sexual y físico. Perdí la poca fe que tenía en Dios y me enfoqué en ser físicamente fuerte, aceptar cualquier reto y subirme a cualquier caballo. Toda la dulzura que tenía la reservé para los animales, cuyo sufrimiento podía aliviar de pequeñas maneras.

Robaba crema de maní de los baldes de la cocina y alimentaba a un osezno cuya madre habíamos asesinado y comido (la imagen de la mamá osa aún me acecha en la actualidad). Les llevaba pan a escondidas a las vacas más flacas y lloraba la muerte de cada pollo, cabra y perro. Escribía sus panegíricos en papel de cuaderno y los ocultaba en una lata de café.

Nos fuimos de Evergreen cuando yo tenía 11 años y regresamos, sin un centavo, a Massachusetts. Estaba enojada y traumatizada, era una niña salvaje. Acepté empleos en establos solo para estar cerca de los animales. Mi vida comenzó un arco lento y ascendente en el que ahora soy voluntaria de organizaciones de rescate de animales y trabajo en una granja histórica.

Aunque soy vegetariana, llegué tarde al vegetarianismo y me muestro moderada en mi activismo. Apenas recuerdo las promesas que les hice a los cadáveres de las cabras desolladas que amaba. La chica rubia ahora es mi amiga en Facebook, y no hablamos de Evergreen.

El asesinato de George Floyd durante una pandemia internacional, con niños en jaulas y personas que no respetan a los enfermos ni a los moribundos, me envió a un lugar en el que no había estado desde los días más oscuros de mi niñez.

La Sociedad de Massachusetts para la Prevención de la Crueldad contra los Animales llamó para preguntar si podía aceptar a tres ovejas flacas en la granja histórica que administro. Les dije que no, pues me preocupaba que los empleados y los voluntarios ya tuvieran demasiado trabajo. Esa tarde, caminé de un lado a otro en la casa, hice un donativo a un grupo de defensa de derechos civiles, leí llamamientos a la justicia cada vez más desesperados en línea y me sumé a ellos.

Esa noche mi esposo llegó a casa después de estar en la cervecería, exhausto y deprimido. Habían despedido a su personal. Estaba dirigiendo la línea de envasado junto con el propietario.

Le conté sobre las ovejas, sobre lo inútil que me sentía.

“Dime qué necesitamos para traerlas aquí”, me dijo.

Al día siguiente buscó “refugio de ovejas” en YouTube y comenzó a construir un túnel alto, un hogar temporal para las ovejas con el fin de que pudiéramos aceptarlas de inmediato y comenzáramos a trabajar en un establo. Llegaron la semana siguiente, tres ovejas flacas, viejas y sin dientes.

Una semana después, recibí una llamada sobre un chivo joven. Lo agregamos al grupo y, en cuestión de días, un pequeño establo llegó en una camioneta. Me deshice de todo mi miedo, mi frustración y mi esperanza, y los usé para levantar postes, acarrear agua, repartir medicamentos y rascar orejas. James se levantaba temprano para picar zanahorias y manzanas para los animales. Les cantaba canciones y ordenó campanas de los Alpes con sus nombres grabados.

En junio, la Sociedad de Massachusetts para la Prevención de la Crueldad contra los Animales llamó de nuevo. Un caballo que se usaba para jalar coches necesitaba para jubilarse. Era enorme —medía 1,80 metros del suelo a los hombros— y necesitaba que lo acomodáramos con alguien que tuviera “experiencia con caballos de tiro”.

Colgué y lloré, pensando en todos los caballos grandes, cansados y de ojos amables de mi infancia, que jalaban arados, remolques y embaladoras y dejaban caer sus cabezas enormes para que yo pudiera frotar sus cuellos sudorosos. James no lo dudó ni un segundo cuando se lo conté.

“Dime qué necesitamos hacer”, dijo, y comenzamos a construir. James estaba sucio y malhumorado: un chico superficial de la ciudad que debía aprender a manejar todas las complejas necesidades humanas y animales que de pronto se habían vuelto su responsabilidad.

El caballo llegó hace unos días: flaco, algo receloso, magnífico. Ya habíamos montado más de cien postes para una cerca y añadido cinco pollos y dos pavos. Esos animales jamás significarán para él lo que significan para mí: el cumplimiento de decenas de promesas llorosas que hice hace décadas.

Para él, este es el cumplimiento de una sola promesa: contar mis cicatrices, preguntarme cómo me las hice y amarme como soy.

Autorretratos en cuarentena: morir cansa

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Fotografías de Rodrigo Grajales

Los días idénticos –pero tan distintos– transcurrían entre el encierro monótono a ratos, angustiante y opresivo las más de las veces. Así cada uno iba a ser esclavo “del sol y de la lluvia”, como dijo Albert Camus en su célebre novela sobre la peste en Orán, y el fotógrafo no se quedaría ajeno a esa profecía (¿o debo referirme a ello más bien como una condena, una fatalidad impuesta por fuerzas aciagas y descomunales sobre las que no hay control posible, fuerzas que sobrepasan incluso al sol y la lluvia?). El fotógrafo, de nuevo encontró en los brillos particulares de un día especialmente soleado o en las sombras que se perfilaban repentinas durante un amanecer tormentoso, las señales minúsculas que conjuran la monotonía del confinamiento.

La monotonía devino pues en gesto repetitivo y luego en exploración detallada de esa repetición: las variantes de un mismo rostro, los encuadres novedosos para el mismo modelo, los exteriores e interiores según el estado de ánimo, las citas literarias caóticas que no parecen llevar orden alguno, regidas por el capricho de ir deshojándose al azar.

El confinamiento, semana a semana más largo e incierto, prometía un fin que acabó convertido en larga sucesión de aplazamientos. Desde el día sesenta de la cuarentena Rodrigo Grajales comenzó a intuir ese final. O mejor: comenzó a determinarlo, a imponerlo según su criterio. Primero lo fijó para el día noventa, después para el día cien, luego lo extendió diez días más. Imaginó autorretratos con corazones de cerdo, con máscaras mortuorias, con flores y velas que evocaban –obvio es decirlo– un funeral. O varios funerales, ya que el final nunca llegó.

“Morir cansa. ¡Cuántas cosas murieron en estos años, y yo con ellas!” podría repetir Grajales, aunque estas palabras no son suyas, sino del Negro, un personaje de la película argentina Sur dirigida por Pino Solanas, un personaje que precisamente está muerto porque es otra víctima más de la dictadura militar. Rodrigo Grajales fue incapaz de matar su propia obra y ahora ese final se percibe remoto, inalcanzable, impredecible. Las fotografías diarias abandonaron ya el confinamiento, con su riguroso blanco y negro ha comenzado a retratarse en las plazas y calles céntricas de la ciudad, en casas abandonadas, en bosques exuberantes, en espejos. El confinamiento ahora es un estado interior.

Pienso en la película Sur y en sus atmósferas desoladas. Recuerdo esa frase porque resume el final aplazado de esta serie fotográfica. La escena transcurre de madrugada por la calle desierta de un arrabal de Buenos Aires, bajo colores sombríos inundados con una luz azul penumbrosa y mortecina, mientras el Negro conversa con Floreal, el sobreviviente, el protagonista de la historia. “Soy el eco del que fui, ¿quién le va a creer a un muerto”? insiste el Negro. ¿Quién puede creerle a la belleza? Morir cansa.