A los españoles que poblaron el valle caucano, la nostalgia cultural, la más poderosa, la del gusto, los llevó a gastar fortunas.
Latino “Cocina popular” se presenta con un nuevo video donde paso a paso muestra una receta traída desde la cultura ribereña. Esta vez, con un plato inspirado en el libro “Fogón de negros” cocina y cultura en una región latinoamericana del escritor Germán Patiño Ossa. he aquí un fragmento del mencionado libro solo para antojar
“Fogón de negros: Provincia de negros y negras, cocina de extramuros, reservorio de nuestras identidades. Historia de cómo se unieron en el país vallecaucano lo crudo, lo cocido y lo podrido a través del sancocho, el plátano, la caña de azúcar, la yuca, el arroz, los dulces, en la novela fundacional colombiana María de Jorge Isaacs”.
Así que sin más, entérate cómo es la preparación y por qué los comensales se chupan los dedos con esta delicia.
Imagen extraída de: “Fogón de negros”. Biblioteca básica de cocinas tradicionales de Colombia.
Prográmese con anticipación para el Festival de Literatura de Pereira
Del 16 al 20 de octubre se vivirá en la capital de Risaralda la quinta versión del FELIPE o Festival de Literatura de Pereira. Un proyecto realizado en conjunto con el Ministerio de Cultura, el Programa Nacional de Concertación Cultural y la Secretaría de Cultura de nuestra ciudad. Prográmese con anticipación. Por eso desde ya publicamos el cartel oficial y la lista de invitados que harán presencia en este importante evento.
De igual manera, La Cebra que Habla se suma al llamado ciudadano para que asistan a las actividades lúdicas y culturales a realizar como talleres, lanzamientos editoriales, conversatorios, conferencias, y más. No se pierda nada de lo que sucederá en la ciudad en materia de literatura y artes.
La llajua es la quintaesencia de la comida popular boliviana, con gran preponderancia en las partes occidental, centro y sur del país. Tan enorme es su influencia que de a poco ha ido conquistando el paladar de la gente oriental o amazónica. Ahora se la ve en la mesa de cualquier restaurante, snacks e incluso puestos de comida callejeros. Dense un paseo, tipo diez de la mañana, por una calle céntrica y si se antojan unas tucumanas (empanadas fritas de carne, papa y arvejas) verán que siempre hay un tarro llajuero para que se sirvan a gusto.
Puede que falte el chimichurri o la salsa golf en el carrito ambulante pero jamás faltará la llajua para sazonar el momento.
De hecho, acorde a los tiempos modernos, las cadenas de comida rápida se han adaptado inevitablemente a las exigencias del público. Ahora todos los pedidos de comida a domicilio (sobre todo hamburguesas, pollo a la broaster, chicharrones, etc.) incluyen su correspondiente bolsita de llajua junto a los sachets de mayonesa, mostaza y kétchup. Claro que para satisfacer pedidos tan numerosos, la llajua es preparada en licuadora u otra maquinilla por razones prácticas. La llajua mejor hecha siempre será la casera, a la manera ancestral, en la superficie plana de un batán.
Llajua elaborada de manera tradicional en batán. Foto por: José Crespo Arteaga.
Hay mil y una formas de elaborarla. La más básica consta de locoto (pimiento picante) y tomate que son molidos juntos y se le añade un poco de sal. Dependiendo del color del locoto la pasta resultante será verde o roja, debe ser de consistencia media, ay de aquellos que le añadan agua para ‘estirar’ la mezcla, se merecerán unos buenos azotes con ramas de ortiga.
Hay quienes emplean hasta las semillas del locoto para acrecentar la fiereza de la salsa que quema la lengua y provoca lagrimeos en los iniciados. Los más experimentados se ponen colorados y algunos sudan a chorros cuando devoran cucharadas enteras de llajua entre bocado y bocado. Vicio doloroso pero placentero al mismo tiempo.
Desafortunadamente, la llajua no se puede guardar para el día siguiente porque el tomate provoca que la mezcla se fermente y el sabor suele agriarse, amén de producir hinchazones y otras molestias estomacales. Tal vez por ello ninguna empresa agroalimentaria ha sacado su versión envasada, porque mercado tendría segurísimo. Los mexicanos tienen tantas salsas picantes en botellines para exportar a todo el mundo, pero nosotros no tenemos ni una que ofrecer. Misterios y entretelones de la ciencia, quizás, o más bien se debe a la pereza nacional.
Suyco o huacataya, la clave de una aromática llajua. Foto por: José Crespo Arteaga.
Decía que la llajua admite variaciones hasta donde alcance la imaginación. El único requisito indispensable es la presencia del locoto (también llamado rocoto en otras partes) como ingrediente central. Es frecuente sumarle cebollita picada para combinar sabores y darle mayor atractivo a la presentación. Pero la versión más popular en la región de los valles se elabora a base de tomate, locoto maduro y suyco, una hierba mágica de un olor tan característico y sabor por demás inigualable.
Otros eligen incluir en la molienda unas hojitas de quilquiña o, en su defecto, cilantro para matizar de otras maneras. El resultado siempre será prometedor porque el aroma nos transportará automáticamente a tiempos inmemoriales, a la cocina sencilla de los antepasados, como si reviviéramos esos momentos familiares a la hora del almuerzo o la cena.
Todavía es más raro utilizar tomate de árbol en vez del tomate común, se obtendrá una llajua de textura más ácida pero indudablemente deliciosa. Como deliciosa es también la llajua de maní tostado que es elaborada exclusivamente para acompañar las noches de anticuchos, un manjar que rompe el corazón. Para los compatriotas que han traspasado fronteras en busca de mejor suerte se tiene la alternativa del locoto en polvo, a modo de amortiguar la nostalgia de la patria a través de la comida.
Un enrollado o escabeche de cerdo no puede quedar huérfano de llajua. Foto por: José Crespo Arteaga.
¿Saben cuál es el vicio más grande?: agarrar un huevo duro que no esté tan cocido, que todavía quema al pelarlo, hacerle un huequito en la punta para añadirle llajua y a continuación devorárselo cual si fuera el más excelso de los postres. La satisfacción suprema subyace en esa sensación ardorosa que recorre los labios y ansiamos una bebida fresca.
Ni qué decir de la papa recién cosechada, que junto a los surcos de los papales era hervida con cáscara en fogones improvisados con piedras: cuando los tubérculos reventaban como si floreciesen de pronto, era la ocasión para agarrar uno y, todavía caliente, coronar su pulpa blanca con llajua, molida al instante por las manos expertas de mujeres campesinas. Carajo, que dan ganas de llorar, y no por el endemoniado picor de la llajua.
Posiblemente, a lo largo de nuestra convulsa historia, la llajua haya estado en medio de revoluciones, conspiraciones, golpes militares y demás follones políticos. Quizá algún caudillo ha padecido sofocones por la rabia de un cocinero compinchado con sus enemigos. Tal vez algún presidente ha abandonado un almuerzo porque no había llajua en la mesa.
La llajua tiene importancia de Estado, señores, y si no entérense de cómo un asesor con ínfulas del ministerio de Comunicación, amenazó no hace mucho a un mesero de un café porque no le trajo la divina y poderosa salsa.La anécdota es verídica aunque suene disparatada.
La llajua es el elemento central de cualquier comida, incluyendo pescado. Foto por: José Crespo Arteaga.
Romero: La comida es realmente muy rica, pero la atención deja mucho que desear, yo no tengo por qué saber que no hacen llajua.
Verónica: ¿Perdón?
Mesero: Sólo te he dicho que no hacemos llajua.
Romero: Pero me has dicho de mala manera.
Mesero: Repito, sólo he dicho que no hacemos llajua.
Romero: Pero los voy a cagar en Facebook.
Mesero: No tengo Facebook, viejo, haz lo que quieras.
Verónica: Discúlpenos, señor, no volverá a pasar; hasta luego.
Romero (dirigiéndose al mesero): Ahora, cállate y haz mi factura. El mesero se calló, no perdió la calma, y se puso a hacer la factura.
Romero: ¡Haz mi factura! ¡Escribí bien! Hazla detallada. Haz mi factura, haz lo que te digo, ahora vas a conocer el poder, ¡yo soy el poder!
Sin embargo, un informe publicado la semana pasada exige pensar en otro factor que es transversal a la situación de abandono: el hambre.
El Día Mundial de la Alimentación se celebra el 16 de octubre de cada año. Fue proclamado en 1979 por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Su finalidad es concientizar a los pueblos del mundo sobre el problema alimentario mundial y fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza.
Así, la dificultad que tiene el Estado colombiano para suplir sus vacíos de poder históricos ha sido tema inevitable de estas páginas todo este año. Sus principales resultados, la violencia contra líderes sociales y el aumento de los cultivos de coca, se han llevado con justas razones los reflectores. Sin embargo, un informe publicado la semana pasada exige pensar en otro factor que es transversal a la situación de abandono: el hambre.
Según un documento publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), aunque en Colombia venimos avanzando en la reducción del hambre, estamos lejos de tener motivos para celebrar. La cifra es preocupante: hay más de tres millones de colombianos en condición de hambre e inseguridad alimentaria.
Por lo tanto, el Día Mundial de la Alimentación es una oportunidad para demostrar nuestro compromiso con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) – Alcanzar la meta del Hambre Cero en 2030. Se trata también de un día para que podamos celebrar los avances realizados hacia la consecución del #HambreCero.
Infografía del hambre en Colombia
Pérdidas y Desperdicio de alimentos en Colombia
Imagen extraída de: DNP
Lo que no comemos: Bogotá| EL TIEMPO | Mayo
Pobreza, cambio climático, guerra, desconocimiento estatal de la cultura de los pueblos y corrupción. Esos son los ingredientes que matan de hambre a muchos colombianos. Fueron los wayu, en la Alta Guajira, quienes dispararon las alarmas. Pero los niños desnutridos y agonizantes no sólo están allá. Guainía, Chocó y Bogotá son otros dos casos críticos. La Unidad de Datos de EL TIEMPO recorrió el desierto, los ríos, la selva y la ciudad, para explorar por qué sus habitantes perdieron la comida que antes brotaba de sus campos.
Esperaré a Luciana de nuevo hasta ese día cuando regrese a sorprenderme con la lluvia y a darme otro beso que me transforme en su príncipe ocasional.
Yo seguía ahí. Al lado la fuente del parque donde posa el mocho Uribe. Mis presagios enlazados al desasosiego y al día cuando regrese Luciana. Por acá rondan ficciones, mujeres bellas y una transexual; vuela una luciérnaga; me alucina una canción yoruba que canta a su movimiento: “agbegbe ati Luciana”, canta al agua y las ranas que croan y me hacen coro desde el otro lado de la fuente tras el brillo de las gotas al caer.
El nivel del agua empezó a subir, borbotea y se desborda en inundación; veo correr niños para nadar en esa corriente inesperada y las manos de una mujer me han izado; me siento levantado hacia la torre del campanario del templo claretiano; floto con mi cola de renacuajo y bailo con las ranas voladoras; me animan las notas de un concierto de campanas con un eco de grillos verdes.
Remolineaba entre días de ausencia sin olvido hasta la hora cuando llegué delirante al Parque del lago Uribe de Pereira donde presentí a Luciana. Hacía meses la había perdido; entre el éxtasis, allí vi a mi ranita saltarina que me llamaba desde el andén; la presagié ahí desde el amanecer porque el color de la luna me filtró la esperanza; percibí su croar acompañado de cantos de grillos durante varias horas y busqué el fluir del agua para calmar esas visiones que me acosan.
Me guiaban mariposas que viajan por un cielo con remolinos de premoniciones; la calle olía a emanaciones de insectos, las termitas, esa casta social que habita entre maderas viejas, se tragaba tejidos de ropa en la casa de una viuda y tras ellas se alertaron las palomas dispuestas a devorarlas y los perros confundidos remarcaban su territorio en los postes del alumbrado.
Foto por: Pereira Hoy
Había ranas precolombinas de tumbaga con diseño de la cultura Quimbaya en una vitrina de almacén; en el reflejo del vidrio los ojos de Luciana me hacían promesas, desperté del letargo onírico.
Me acomodé en el suelo a recoger los pedazos de ese sueño y de la angustia, y ahí, arriba de mí, llegó Luciana. Flotaba entre la tela liviana de algodón de su vestido con leve transparencia. Noté la silueta entre sus piernas y su ropa interior, hermosas bragas y su color de piel, me aturdía otra energía. Comencé a mirar los sapitos pintados en las uñas de sus pies, me seducían, parpadeaban, coqueteaban, me enviaron mensajes con mitos y cuentos de hombres antiguos hechos de barro y vahos de dioses.
Llegó entre una brisa leve desde el agua de la fuente. Luciana tendió su mano para ayudarme a levantar. Su roce suave me sacó de alucinaciones al pararme, ya caía el aguacero de las dos de la tarde. Ahora su presencia no estaba en su cara y su mirada, o su piel blanca mojada. Me llamaba un sapito tatuado en la entrada de sus senos, se henchía provocante con los ritmos de su respiración, y ella me acabó de despertar con uno de esos besos que desencantan a los príncipes que se han transformado en sapos desde el éxtasis de otro beso en un tiempo pasado.
Luciana rompe todo cuanto existe en mí. Todo lo que concurre alrededor de ella se me desordena hacia otro orden existencial donde las angustias se diluyen entre un viento cálido y la brisa. Sus lapsos transcurren con ondulación propia, se enlazan en una serie de encadenamientos que divergen más y en más opciones por ocurrir, porque su tiempo no existe. Cada minuto siento expectativas aleatorias porque ella es su propio sistema dimensional. Siento sus conexiones desde siempre, siglos de siglos y siempre asociada entre laberintos con la lluvia o cuando estoy entre la brisa de una fuente que la hace visible hasta cuando desaparece con los calores del verano.
Foto extraída de: Todo Colección
Me acompañó durante la semana de las lluvias; me enseñó a entender el rock durante el festival del Parque Olaya; tomó cerveza con mis amigos bohemios en La Bodeguita del Lago donde nos reunimos a cantar; bailamos tango y despedidas con un culto antiguo de zonas de tolerancia al caballero Gaucho, aquel cantante que murió con el deseo de ser recordado como maestro carpintero, pero su voz será eterna entre canciones que explican las penas del siglo veinte.
Cuando se afinó el calor de agosto, Luciana cambió sus magnitudes físicas. Ya era una figura vaporosa e irisada que afanosa y al minuto se levantó entre un viento de cometas. Entre la brisa y su levedad sentí su abrazo y un beso que me transformó de nuevo en sapo. Me ubicó en los tiempos míos y quedé encantado entre un roce de anuro volátil que vagará en la dilatación de una espera hasta el día menos pensado. Soy un sapo que no han estrellado en el asfalto y circulo entre su ausencia sin olvido.
Esperaré a Luciana de nuevo hasta ese día cuando regrese a sorprenderme con la lluvia y a darme otro beso que me transforme en su príncipe ocasional. Me dará compañía y se diluirá con otro beso. Ella es mi trastorno bipolar y giro en los bucles relativos de su tiempo. Siento su ausencia y me conforta ese amor fugaz, me ayuda a entender las ansias existenciales, esa antigravedad y cómo mis días son una granularidad de sentires y fluctuaciones míticas, allí giran sapos, ranas, besos de Luciana y cantos de grillos, sin los dolores de la espera por amores que transforman y cantan presencias y ausencias.
Las campanas de la torre en la iglesia claretiana del Parque del lago me entienden, me suenan con tañidos de esperanza que para mi marcan y luego borran sus varios porvenires.
Esta película solo pudo haber sido lograda en Hollywood, pero para sorpresa de muchos, fue creada 100% en China
Ficha técnica
País, año, duración
China, 2018, 12o minutos
Director
Han Yan
Guion
Han Yan (Cómic: Nobuyuki Fukumoto )
Música
Neal Acree, Michael Tuller
Fotografía
Max Da-Yung Wang
Reparto
Yi Feng Li, Zhou Dongyu, Michael Douglas
Productora
Beijing Ruyi Xinxin Film Investment / Beijing Enlight Pictures
Género
Acción. Aventuras. Ciencia ficción | Cómic
Empezaré por resaltar que Animal World (2018) la película estrenada recientemente en China y en Estados Unidos, del joven director Han Yan, fue bien recibida por la crítica, especialmente por el portal especializado Rotten Tomattoes, que la calificó con 7 tomates frescos y 3 podridos, o en números, le apuntaron un 85% de aprobación.
Han Yan, quien no solo dirigió la película sino que también la escribió, se anota un punto con esta última obra ya que su trabajo, centrado en realizar adaptaciones fílmicas para millenials comoDream Breaker (2013) y Go Away Mr. Tumor (2015), le ha valido que Netflix quiera comprar los derechos digitales y legales de este título para su reproducción mundial.
Es así que con Animal World estamos ante la adaptación del manga Kaiji (Tobaku Mokushiroku Kaiji) de Nobuyuki Fukumoto, que no deja de recordarnos otras mixturas del anime oriental (aún no llevadas al cine) como Afro Samurai (2000), Trigun (1995), o Desert Punk (2004), porque se trata de un payaso ninja, o mejor, un vengador ciudadano que busca aplicar justicia, y a su vez divertirse mientras lo hace.
Personaje circense que hace alusión, entre otras cosas, al famoso juego de arcade “Ninja Clowns” creado por Strata en 1991, y que contrario aquel, este es 98% ninja y 2% payaso. Han Yan, quien es un hijo del Atari y el Nintendo, y quizá como un tributo a los clásicos arcades, quiso dejarnos esta pista a los espectadores.
Foto extraída de: kinokot.biz
Después de la presentación inicial donde aparece el “Ninja Clown”, hay tres segundos superlativamente occidentales, (y pido disculpas por el término, pero esto es maravilloso), donde se reproducen, casi que camufladas, escenas de películas norteamericanas como Indiana Jones, The Fight Club, The Matrix, Enemy, The Fifth Element, Spawn y Resident Evil.
Escenas que resalto en esta entrada y que confieso, fue difícil verlas, pues es más sencillo coger un ratón con una escalera que prestar atención a estos detalles, igual como lo hicieron (y siguen haciendo) los críticos con las escenas de “El resplandor” de Stanley Kubric, además, claro, que estos detalles que se dejaron ver, es una omisión lamentable de parte de los críticos, porque ninguno menciona aquello, con lo cual hubieran podido tener material extra para calificar o descalificar este trabajo de Yan.
Ahora bien, con Animal World, las opiniones de los cinevidentes están divididas. Algunos alegan que no es una adaptación real del anime Kaiji Ultimate Survivor; otros, que es un remake chino de Deadpool, al mejor estilo de la casa Marvel; y los más desaforados dicen que es la segunda versión de Black Rain (1989) con efectos especiales; que se trata de Ronald MacDonald matando aliens; y hasta afirman al unísono que no hay duda que el personaje es It, el payaso macabro de Stephen King adaptado al Kung-Fu.
Sea lo que sea, tampoco debemos dejarnos atrapar por la mera introducción o el tráiler, ya que la trama se basa en el joven Zheng Kaisi (Li Yifeng), quien imagina tener como alter ego a un payaso ninja con el cual aniquila monstruos, seres recreados y parecidos a los extraterrestres amorfos que aparecen en Men in Black (2017).
Imagen extraída de: cinemadeinasia
Así, en el mundo de ensueño de este joven y ante el afán de conseguir dinero para formalizar su relación con Liu Qing (Zhou Dongyu) este ingresa presionado a un barco apocalíptico llamado Destiny, manejado por Anderson (Michael Douglas), un mafioso sereno pero maquiavélico que lo controla todo. Una vez allí tiene que jugar a vida o muerte el tradicional Cachipún, Kokepon, o como lo conocemos en occidente: Piedra, papel o tijera.
Una historia hilarante que desde el comienzo ya arroja símbolos que con juicio hay que saber aprehender, (y entender) y por eso me arriesgo a subrayar algunos, como por ejemplo, el payaso que con un par de Katanas, siempre atadas a su espalda, mata a sus enemigos a mansalva, signo del insano liderazgo occidental, o elemento propio de la trama, porque para el clown, de alguna forma, el mundo está lleno de animales codiciosos o es un mero teatro de violencia y rapiña. Idea esbozada en su sonrisa irónica al darle fin a sus adversarios.
Otro símbolo ahí presente es el verso bíblico de Pablo de Tarso a su discípulo Timoteo que el payaso reitera una y otra vez: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”. (4:7). Dando a entender con esto que en la difícil lucha de la vida no es posible continuar sin un asidero o meta espiritual. Sin embargo queda un sinsabor ¿por qué mata y recita letanías paulinas? No lo podremos saber a totalidad, solo asemejar esto a la actitud del esbirro Jules Winnfield (Samuel L. Jackson) en Pulp Fiction de Quentin Tarantino, quien antes de asesinar a los enemigos de su jefe, asesta la frase del profeta Ezequiel 25:17 con parsimonía. Lo que sigue de ahí ya es lo que de Quincey llamaba: una bella obra de arte. En fin.
Imagen extraída de: dramapanda
Y por último, la alegoría del hombre moderno y su amor al dinero. Virtud derivada de la fanática teoría calvinista del trabajo y el animo de lucro que impera en el mundo. Anti-valor, o mejor, deshonestidad creada por la avaricia que se refleja en los pseudo amigos de Zheng Kaisi dentro del barco, quienes desean traicionarlo siempre y cuando se presente la oportunidad y curiosamente, se presenta. Por eso el barco Destiny es el símbolo del capitalismo caníbal, ese que prepara hombres para una sociedad competitiva dejando victimas en el camino y que trastocando valores deja los hombre al garete solo conducidos por la brújula de sus intereses.
Animal World, es una cinta que no tiene moraleja, solo buenas impresiones por la calidad de los gráficos (cosa curiosa para un Made in China), el perfecto manejo de la banda sonora donde incluyen canciones occidentales como La Vie en Rose de Édith Piaf y los buenos diálogos argumentales que se prestan para entender de cabo a rabo de qué va una película aparentemente de un superhéroe, que desemboca en realidad, en una que versa sobre un ser humano como cualquiera, sujeto a pasiones o debilidades.
Los que somos adeptos a este tipo de cine esperamos la segunda parte de lo que hemos visto, porque el final, que termina en un contundente continuará, nos lo promete. Es decir, quedamos pausados esperando la extensión, ya que en toda buena cinta la mejor versión es la siguiente, sino pensemos por ejemplo en The Monkey King (2014), dirigida por Cheang Pou-soi, hecha en China, cuya segunda entrega no defraudó a nadie.
Así que, sin más, recomiendo esta película porque es una curiosa adaptación de un anime japonés, que posee una calidad digital que solo pudo haber sido lograda en Hollywood, pero para sorpresa de muchos, fue creada 100% en China, logrando con esto dejar boquiabierto a los que han pensando que del gigante asiático, llenos de tramas sosias, no puede salir algo original. He aquí una muestra.
Porque detrás de este primer paso consistente en decomisar la dosis mínima se esconde una nueva intentona de penalización.
De entrada, es necesario tener en cuenta que estamos hablando de un país donde, el menos para algunas políticas de gobierno, es más grave traficar con drogas que masacrar y despojar de sus tierras a miles de personas y por eso se extradita a paramilitares y guerrilleros en lugar de juzgarlos y condenarlos por sus crímenes, lo cual ilustra muy bien la catadura moral de un porcentaje bastante alto de sus inquilinos.
Ese mismo país cuyas élites, al menos en buena parte, amasaron sus fortunas con el contrabando, el saqueo de los recursos públicos y la participación soterrada en el tráfico de narcóticos.
Como si fuera poco, un elevado número de alcaldes, gobernadores, congresistas, concejales, diputados y presidentes o aspirantes a serlo han financiados sus campañas con dineros provenientes de esos negocios.
Y aquí es donde surge la paradoja, porque en ese mismo país, o esa “Patria”, como repiten algunos políticos con monomaníaca obstinación, el presidente de la república, a lo mejor aupado por su flamante embajador ante la OEA, un ex procurador general- el mismo al que algunas organizaciones de mujeres acusaron de “ meter el rosario en sus ovarios” en la discusión sobre el aborto- ha emprendido por enésima vez una cruzada para volver a penalizar la dosis personal de drogas, una situación ya juzgada en derecho por la corte en consonancia con esa constitución política de 1991 que sus forjadores definieron como “La brújula para un nuevo país”.
Porque detrás de este primer paso consistente en decomisar la dosis mínima se esconde una nueva intentona de penalización.
Foto extraída de: Revista confabula
¿Qué sucedió entonces? Pues que, para empezar, nunca hubo nuevo país. Todo lo contrario: nuestra historia actual parece una vuelta a los peores momentos de oscuridad.
Hace menos de una década estábamos regidos por un caudillo que alimentaba a punta de encuestas de popularidad su obsesión por el poder, arropado por una cofradía de aduladores que se autoproclamaban filósofos y por una casta corrompida hasta lo más hondo de sus entrañas.
Todo ello soportado en la devoción cuasi religiosa de una masa acrítica que madruga todas las mañanas a extasiarse frente a la pantalla del televisor, que funciona como una auténtica dosis colectiva de estupefacientes donde reinan un animador y un cura que confunden la diversión con la estulticia y la bonhomía con la manipulación de los sentimientos ajenos.
Por eso, lo que gravita sobre la obsesión por prohibir de nuevo la dosis personal no es solo un asunto de moral o de salud pública.
Es algo más sutil y por lo tanto más peligroso, pues apunta en realidad a vulnerar la autonomía del individuo para entregarle a un gobierno la facultad de incidir en sus decisiones más íntimas.
Foto extraída de: magazinelatino
Sucedió cuando el hoy senador y ex presidente les recomendó a los jóvenes guardarse el “gustico” del sexo para el matrimonio.
Aconteció igual cuando se intentó convertir algunos delitos y crímenes de lesa humanidad en pecados, eludiendo con ello las responsabilidades civiles y penales de quienes los cometieron.
El resultado de todo eso es un rebaño incapaz de construir civilidad y democracia, porque estas se forjan a partir del consenso entre sujetos dotados del sentido crítico y la capacidad de reflexión necesarios para tomar decisiones que conjuguen los intereses del individuo y los del colectivo.
Lo contrario es un remedo de sociedad armado con el formato de un dramatizado de televisión, donde una congregación de beatos puede tomar decisiones de Estado y armar un zafarrancho de dimensiones colosales, por algo tan personal e inalienable como fumarse o no un bareto.
En la Berlín dividida por el muro, en la década de los años setenta del siglo anterior, se culminaron algunas remodelaciones
Berlín no es una ciudad majestuosa como París, ni imperial como Londres, ni monárquica como Madrid. Aunque, para ser justos, sus edificios históricos, los que se conservaron en pie después de la guerra, o incluso aquellos que están en plena reconstrucción, no carecen de grandiosidad.
Una ciudad arrasada por las consecuencias de una búsqueda frenética de superar, tal vez, esa condición provinciana, que hoy es uno de sus grandes atractivos, a la luz de lo antiguo y lo nuevo.
Los recientes desarrollos en las zonas devastadas, que hoy empiezan a experimentar un renovado auge, se enfrentan a la lentitud de la reunificación y del proceso dispendioso de intentar dar una idea de conjunto, superar la ciudad “por partes” que es la Berlín transformada por la guerra.
A la par, se incorporan sectores para equipararlos con el resto del territorio -consolidado durante los más de veintiocho años de la separación forzosa-. Se trata de homologar lo que sobrevivió a la guerra con el estilo de los nuevos edificios.
Un ejemplo de este esfuerzo reunificador y de recuperación de la destrucción, es el distrito gubernamental. Aunque puede ser un empeño con un resultado discutible, vale la pena detenerse en esta propuesta urbanística en la que, hurgando, pueden hallarse muchos elementos para comprender la idiosincrasia de la capital alemana.
Lo que un visitante poco informado tiene a la vista son vastas zonas despobladas, copadas en parte por bloques de hormigón que se elevan muy por encima de la escala de lo humano corriente.
El plan urbanístico de esta zona, que buscaba unir simbólicamente la antaño dividida ciudad de Berlín, inicia con el Reichstag o edificio del Congreso.
Foto por: Martha Alzate
La renovación de este pareciera ser un gesto inocuo en la búsqueda de mitigar un incendio que se desató el 27 de febrero de 1933, y que aún hoy sigue humeando: un gélido aliento exhalado desde la cúpula de vidrio del proyecto de la última remodelación, concebido por el arquitecto inglés Norman Foster.
Ese aliento impregna las demás construcciones vítreas del sector, pertenecientes al plan conocido como “Lazo de la Federación”.
Es apasionante seguir los rastros de la historia de la nación alemana y de la ciudad de Berlín, recorriendo las etapas por las que ha pasado este vecindario, y en especial el edificio del Reichstag. Él simboliza la lucha de un mundo naciente, el de la modernidad (con la política deliberativa y representativa, y el intento de instauración de la democracia), contra el autoritarismo feudal de las viejas monarquías, plenas de poder cuando se concibió la idea y se dio inició a las obras.
La cronología de su diseño y posterior elevación, bien podría simbolizar la historia de Alemania, llena de intrigas, desacuerdos y cambios forzados.
En sus instalaciones tuvieron lugar varios eventos que, leídos de corrido, sugieren un hilo conductor, una serie de pistas dejadas al azar que al juntarse muestran una realidad completa.
Su historia inicia con las dificultades para la consecución del terreno donde habría de concretarse el proyecto. Su ubicación fue objeto de innumerables debates, oposiciones y tropiezos.
Posteriormente, se presentaron diversos obstáculos para asignar el diseño arquitectónico, adjudicado finalmente al arquitecto alemán Paul Wallot, después de varios concursos fallidos.
Foto por: Martha Alzate
Una vez adjudicado al ganador, se presentaron numerosas controversias y solicitudes de modificación: el esbozo final distaba muchísimo del concepto arquitectónico original. Tanto que habría sido difícil reconocer en el producto final al proyecto premiado. Las discusiones y reformas más arduas se centraron en la ubicación y materiales de construcción de la cúpula.
El 9 de junio de 1884, al intentar poner la primera piedra, el martillo con el cual el Káiser Guillermo l asestó el golpe, estalló en mil pedazos.
Todo un símbolo, después de todo.
Finalmente, entró en funcionamiento, albergando las tensiones crecientes en la Alemania de entreguerras, hasta que el incendio provocado sirvió de pretexto para el inicio de todos los desafueros que cometieron posteriormente los social-nacionalistas, encabezados por el entonces Canciller Adolf Hitler. De hecho, el “Decreto del Incendio” facultó al entonces Canciller para desconocer todos los derechos civiles.
A partir de ese momento, procedió a encarcelar o dar muerte a sus opositores, haciéndose con las mayorías en el Congreso.
En los tiempos de la guerra el Parlamento se transformó en pabellón ginecológico de caridad, circunstancia que permitió que en su interior se abrieran a la lumbre de la vida muchos berlineses.
Igualmente, durante la invasión de Berlín por parte del ejército soviético, el Reichstag fue considerado como un símbolo del nazismo, y su ocupación se constituyó en un propósito, tanto que es emblemática la imagen del soldado ondeando la bandera de la Unión Soviética sobre sus ruinas (tomada el 2 de mayo de 1945). Esta imagen dio la vuelta al mundo y fue considerada por muchos como símbolo del fin de la Alemania Nazi.
Foto extraída de: sputniknews.com
Asimismo, los miembros del ejército soviético quisieron completar su acto de dominación dejando numerosas inscripciones en las paredes. Como vestigio de su acto de profanación, tatuaron la piel de su víctima. Hoy algunas de estas inscripciones se han conservado, como registros considerados de valor histórico.
En el período de postguerra, en medio del aturdimiento general, en el año de 1954, las autoridades quisieron dinamitar la emblemática cúpula, alegando debilidades estructurales.
No obstante, testaruda, ella se resistió a ocho detonaciones programadas, cediendo tan sólo al último intento.
En la Berlín dividida por el muro, en la década de los años setenta del siglo anterior, se culminaron algunas remodelaciones. Encargadas al arquitecto Paul Baumgarten, en este período se modificó la altura de las torres, se restó fastuosidad a las fachadas (puesto que la decoración exterior había resultado severamente dañada, y también porque se les concedió poco valor histórico, juzgando el estilo arquitectónico anterior como recargado y obsoleto).
Adicionalmente, se ampliaron las áreas de trabajo y se mejoró el interior, pero no se emprendió la reconstrucción de la cúpula.
La austeridad de estas reformas incluía un trasfondo ideológico: asumida como símbolo del nazismo, no era deseable resaltar la construcción excesivamente.
Sin embargo, a comienzo de los años 90, los cambios introducidos por Baumgarten se deshicieron casi por completo.
Foto por: Martha Alzate
Durante la guerra fría el muro discurría adosado a la sección oriental del edificio, y se hizo popular el ascenso a la terraza para contemplar el otro lado de la ciudad. Tras la caída del muro y la reunificación alemana, se acordó trasladar el gobierno de Bonn a Berlín, retornando el Reichstag a sus funciones como sede del poder legislativo.
En este período de unificación se inician nuevamente las controversias, asociadas a la renovación del Reichstag y los sectores aledaños.
En 1993 se convocó un nuevo concurso público. Las obras de restauración fueron adjudicadas al arquitecto inglés Norman Foster. Nuevamente la cúpula volvió a ser objeto de grandes discusiones. Foster no la había contemplado en sus diseños iniciales, pero se vio forzado a modificarlos en un rediseño presentado en 1995. Su esbozo definitivo incluía una cúpula de cristal transitable, que finalmente fue construida, y que se ha convertido en un gran atractivo turístico y símbolo de la ciudad: con sus 47 m de altura, recibe alrededor de 8.000 visitantes por día.
Hasta aquí, la historia del Reichstag, que deja más interrogantes que respuestas.
¿Qué efecto alcanzan sobre el terreno unas construcciones que intentan superar un provincianismo vergonzante, acallar una inconformidad ciudadana, desaparecer de la historia el rastro de una imposición violenta, y ocultar los fuegos subterráneos que aún siguen hirvientes bajo la aparente superficie en calma?
La mente divaga, tratando de comprender cómo se relacionan esos ardores pasados, que hoy parecen superados tan solo exteriormente, con el helado barrio gubernamental.
Este se expresa en edificaciones que pretenden ser distintas pero al final se revelan iguales.
Foto por: Martha Alzate
Allí están, con sus fachadas de doble y triple altura, en las cuales un hombre corriente se aprecia a la escala de un insecto extraviado y agobiado: una mirada atenta podría revelarnos las claves de lo que se mantiene latente.
¿Cómo continuar interpretando la semblanza y el destino de esta nación, a partir del proyecto urbano contiguo al Parlamento, en donde se emplazan los bloques de la Cancillería Federal, el Paul Löbe y el Marie-Elisabeth Lüders, ubicados a lo largo del arco que en ese sector forma el Río Spree?
Particularmente el edificio Paul Löbe, de 200 m de longitud y 120 m de ancho, hace honor a su calificativo de “motor de la República”, porque su arquitectura, efectivamente, se asemeja a una gigantesca máquina, con sus cilindros acristalados, y sus piezas de ingeniería ensambladas y listas para “ponerse en marcha”. }
Diseñado por el arquitecto Stephan Braunfels (quien también diseñó el Marie-Elisabeth Lüders), quiso significar, también, la transparencia de la democracia. No obstante, su monumentalidad sigue recordando la ausencia de poder en el ciudadano corriente, que puede llegar a sentirse desconocido frente al tamaño de la estructura.
Al otro lado del río se alza el edificio Marie-Elisabeth Lüders, concebido como un complemento al Paul Löbe y desarrollado en similar lenguaje arquitectónico. Este alberga la biblioteca, el archivo y la documentación de prensa del Parlamento. Ofrece unas escalinatas a manera de puerto sobre el río Spree, y tal vez este gesto lo acerque mejor a la vivencia de un ciudadano corriente, sin dejar de tener la misma pretensión descomunal que su gemelo.
Entre ellos, un espacio público compuesto de céspedes y, por sectores de árboles bajos con algunas bancas.
Más allá, en dirección a la Estación Central de Berlín, se ven áridos terrenos despoblados, hasta donde no se ha extendido, aún ese urbanismo frío que intenta mitigar los ardores de otras épocas. Allí, continúa evidente la huella de la devastación.
Foto por: Martha Alzate
Después de repasar la historia del sector y ver sus transformaciones durante los años convulsionados que ha vivido la capital alemana, es posible dimensionar la angustia de Hitler ante el provincianismo de esta ciudad.
Esta condición, benévola cuando se trata de habitar en vecindarios que son amables con el ciudadano y propician las relaciones sociales, puede transformar rápidamente sus bondades en terribles azotes, cuando esa misma mentalidad parroquial se muestra en sus facetas tendenciosas, fomentando el enredo, la malversación, y procurando notoriedad a costa de actos o construcciones grandiosas.
Termino esta reflexión invitando a investigar a las figuras históricas que dieron nombre a estos dos últimos inmuebles: Paul Löbe, el último presidente de la República de Weimar, antes de la fatídica segunda guerra, y Marie-Elisabeth Lüders, política, feminista y líder social de la República Alemana.
A lo mejor en su vida y obra puedan rastrearse algunas claves.
Ver galería de fotos completa
Si desea escribirle a la directora del portal web, puede hacerlo comentando directamente en esta entrada al final de la página.
Un cronista deportivo está encargado de informar a través de los diferentes medios todo lo referente al acontecer deportivo
El 12 de octubre de cada año, se celebra en Colombia el Día del Cronista Deportivo, fecha en la que se reconoce y honra la labor de los profesionales de la comunicación en ámbitos deportivos.
Un cronista deportivo está encargado de informar a través de los diferentes medios todo lo referente al acontecer deportivo, ya sea prensa escrita radio y televisión. En Colombia el 12 de octubre los medios de comunicación, instituciones y el Colegio de Periodistas, realizan actividades para celebrar el día.
Así en honor a esos comunicadores, presentamos estos perfiles de dos grandes, entre otros, como lo son:Raúl Faín Binda yJulio Arrastía Bricca.
Y Antonio Caballero siempre encuentra las palabras precisas para mostrarnos la dimensión de nuestra insensatez.
Información Bibliográfica del libro
Título: Historia de Colombia y sus oligarquías.
Autor: Antonio Caballero
Editorial:Editorial Crítica
Género: Historia
Año: 2018
Pág. 432
La imagen es de sobra conocida: Simón Bolívar, libertador de cinco naciones, escurriéndose desnudo desde el balcón de su amante Manuelita Sáenz, en un episodio conocido en la Historia oficial de Colombia con el nombre de “Conspiración Septembrina”.
Nada más tragicómico que una pareja sorprendida en las urgencias del sexo.
Lo que principio es privado se convierte en asunto público y, por lo tanto, susceptible de escarnio.
A desnudar las facetas trágicas y cómicas de nuestra Historia nacional se consagra el escritor Antonio Caballero en las cuatrocientas veinticuatro páginas de su libroHistoria de Colombia y sus oligarquías (1498- 2017), publicado en edición de lujo por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia.
Son quinientos años y dos décadas de malentendidos, a través de los cuales constatamos una y otra vez que nuestra historia nacional da vueltas y se repite con otros ropajes en un perpetuo carrusel del absurdo.
Fue Karl Marx quien anotó que la Historia se vive primero como tragedia y luego en tono de farsa.
Es decir, que incluso los asuntos más serios devienen caricatura a poco que uno descorra el telón.
Foto extraída de: Semana
Aparte de un gran escritor, Antonio Caballero es un excelente dibujante y caricaturista.
Por eso los trece capítulos de su Historia de Colombia están ilustrados con imágenes que nos brindan algunas claves del devenir nacional desde el momento mismo de la llegada de los europeos, hasta estos tiempos en los que la corrupción, la coima, el consumo y el derroche alcanzaron el estatus de religión.
Lo de la religión no es solo una metáfora. De hecho, el libro de Caballero está narrado sobre esas claves.
No por casualidad, el primer capítulo se llama Los dioses y los hombres, al tiempo que el último lleva el título de Los jinetes del Apocalipsis, principio y fin de un relato marcado por la estela de sangre que dejan en la tierra la ambición y el despropósito de los hombres.
Uno a uno, en una suerte de viacrucis redivivo, el autor desgrana los episodios que nos han marcado como habitantes de un territorio que nunca acaba de definirse.
Para empezar, los europeos no descubrieron un continente: tropezaron con él en su búsqueda de una ruta para llegar al país de las especias. Por eso lo llamaron Las indias, plantando el primer eslabón de una interminable cadena de equívocos.
A partir de ese momento, ni América ni Colombia han podido encontrarse.
La conquista de América, según Antonio Caballero Imagen extraída de: Arcadia.
Se han mirado en el espejo de España, de Francia, de Inglaterra primero y de los Estados Unidos después sin descubrirse jamás.
Paso a paso la ácida pluma de Caballero desvela las claves de esa suma de desaciertos. De la búsqueda de El Dorado a los horrores del narcotráfico y el paramilitarismo. De los esclavos secuestrados en África a esa nueva forma de servidumbre llamada globalización. Del sitio de Cartagena a las aberraciones de los políticos contemporáneos.
Y siempre, en medio, una ilusión fallida. Un rosario de engaños urdidos por el poder político y económico: conquistadores, curas, encomenderos, traficantes de esclavos, caudillos, libertadores, políticos, dueños de periódicos.
Y siempre la Patria Bobareeditada una y otra vez en esa obsesión por exterminarnos unos a otros.
La razón puede ser cualquier cosa: una idea, un prejuicio, una bandera, un pedazo de tierra, un color de piel, una mina de oro, un contrato, una ruta para el narcotráfico.
Por ese camino hicimos del crimen una institución.
Las guerras de independencia engendraron otras: las de los estados federales, la de los mil días, la de liberales y conservadores, las de las guerrillas, las de los narcotraficantes, las de los paramilitares, las del ejército y la policía.
La Patria Boba, según Antonio Caballero. Imagen extraída de: Biblioteca Nacional de Colombia.
La Patria boba siempre encuentra la máscara adecuada para cada época.
Y Antonio Caballero siempre encuentra las palabras precisas para mostrarnos la dimensión de nuestra insensatez.
Todos los protagonistas de esas guerras han inventado la manera de justificarse. Por eso el bando al que uno pertenece siembre es el bueno, mientras los demás quedan confinados en el batallón de los malos.
Buenos y malos: otra figura religiosa para simplificar la honda complejidad de nuestros desencuentros.
Los de militaristas y legalistas, representados en la historia oficial por las figuras de Bolívar y Santander.
Los de creyentes religiosos y librepensadores. Los de librecambistas y proteccionistas. Los de campesinos y citadinos.
Siempre hemos tenido una razón a la mano para marcar al vecino con el sello del estigma.
Escéptico como es, Antonio Caballero nos regala en este libro una buena dosis de documentación histórica y de humor bien administrado para ayudarnos a no sucumbir del todo en medio de nuestra interminable saga de penas y olvidos.
“Aunque nos talle, es nuestra historia real” Ricardo de los Ríos
Gustavo Colorado, Marta Alzate desde Burdeos Francia, y Ricardo de los Ríos, historiador, ingeniero eléctrico de la UTP, presidente de la Academia Pereirana de Historia y candidato a magister en la maestría de historia de la UTP, estuvieron hablando un poco sobre la perspectiva del libro “La historia de Colombia y sus oligarquías” de Antonio Caballero y la importancia de conocer los hechos importantes no solo del país, también sobre la ciudad.