sábado, abril 25, 2026
cero

Berna y su río: La eterna ceremonia del agua

0

Es verano en la ciudad de los osos, en donde el silencio se interrumpe solo por los rumores del agua.  Es la época estival en Berna.


 

Lanzarse al río: ese parece ser el plan de los residentes en la ciudad Suiza de Berna.

Dividida por el caudal del Aar, establece comunicaciones entre sus orillas por copiosos viaductos que dejan ver en lo profundo las formas sinuosas del lecho.

En varios sectores es posible descender hasta sus aguas, y tenderse a recibir el beneficio de la temporada soleada, práctica a modo de medicina para lagartos humanos que, habiendo acumulado demasiado frío en su interior, se disponen a expulsarlo a fuerza de extenderse proyectando el semblante hacia el universo.

En este gesto de entrega, ya sea al agua o al sol, la ciudad también hace lo suyo.

Ella se expone, ofreciéndose armónica, con el rostro de sus fachadas proyectado a la corriente.

 

Foto por: Martha Alzate

 

El Aar es de fuertes caudales. Las aguas se deslizan veloces y por ellas navegan los cuerpos, atados a pequeñas valijas plásticas de cierre hermético en las que, previamente, se han depositado las pertenencias.

Despojarse de las vestimentas hace parte de un ritual que se surte con rapidez y alegría. Es el requisito para dejarse llevar, flotando en la superficie y sumergiendo de vez en cuando la cabeza hasta alcanzar la sensación iniciática del bautismo.

Todo el  ceremonial tiene sin duda un sentido religioso, que va más allá de un dogma particular, y más bien se remonta a la certeza primigenia: saberse parte y en relación con el otro en estado líquido, experiencia del feto en el útero materno, evocada a perpetuidad y perdida para siempre.

Solos o acompañados, el retorno al agua cumple diversas funciones: es una forma de limpieza espiritual y corporal. De contacto profundo con nuestra otra naturaleza, la del animal que necesita refrescarse; y es, también, un gesto cultural en relación con la diversión y el esparcimiento como formas de llenar el tiempo vacío.

Confiados en la fuerza de sus brazos y piernas, resbalan arrastrados por la masa de agua que fluye indiferente. O, se les ve descender en coloridos botes inflables, debajo de las anchas alas de sus sombreros, o resguardados por sombrillas pintorescas que aportan a todo el conjunto un aire que recuerda una famosa “soledad en compañía”: la pintura “Mujer con sombrilla” de Claude Monet.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Brisas similares inspiraron antaño a este y otros pintores, que se dejaron saturar por el espectáculo de la luz y plasmaron estas impresiones en sus dibujos.  Aunque, tal vez hoy se habrían visto inhibidos por la  banalidad del plástico, un detalle inevitable que nos devuelve al tiempo presente y guía las meditaciones en otras direcciones.

No obstante, la observación traza una continuidad entre las soledades de todos los tiempos: la de la emergencia de la individualidad en la modernidad, y ésta: menos romántica, contundente en la plenitud de su pragmatismo, altanera, desafiante, metálica, curtida a fuerza de la repetición sin tregua del exceso de individuación contemporáneo.

Ella es la frontera, invisible pero eficaz, que separa al uno del otro, rasgo acentuado en las sociedades europeas más “desarrolladas”, tributarias del aislamiento en simetría con las bondades de su sistema de convivencia.

Como atenuante a las aflicciones humanas, la transparencia del agua, comparable apenas con el encanto de todo el conglomerado: la exuberancia de los bosques que pueblan los taludes y el nutrido urbanismo que rodea las riveras del Aar.

En estos bordes es posible caminar hasta perderse en la espesura, correr, transitar en bicicleta, realizar improvisadas meriendas, o simplemente descansar apoyando el torso en la superficie ondeante de los pastizales.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Aquí, cerca al puente de Nydeggbrucke, la ciudad ha dispuesto los hábitats en los que conviven varios osos, especie que se considera ligada al nombre de la ciudad (Bär –oso en alemán).

Es posible verlos recorrer los bosquecillos y descender hasta las aguas a tomar un chapuzón.  Un grueso vidrio, a modo de muralla, los separa de los transeúntes.  Mirador permanente que, sin embargo, parece no perturbar su ensimismamiento, estado que solo se disipa al llamado del instinto en busca de la sombra que proyectan los arbustos, de la frescura del agua, o de la comida dispuesta por la mano del hombre.

A lo largo de todo el recorrido, construcciones de diferentes épocas se han instalado con sus ventanales exhibiéndose ante los raudales: una inspección atenta descubrirá escenas íntimas detrás de los cristales o en las terrazas, muy concurridas en verano.

Las márgenes se encuentran densamente pobladas, no obstante, las alturas de los edificios están controladas y se conservan bajas, de tal manera que todos quienes allí habitan están en posibilidad de echar a perder la mirada hacia el horizonte, siguiendo el ritmo y los accidentes del torrente.

En otro sector, las aguas están represadas, y en su caída cantan ruidosas.  Un bloque acristalado parece desplegarse hacia la cascada artificial, permitiendo que los comensales disfruten de la rudeza de los chorros sin salpicarse siquiera.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Al fondo, las antiguas murallas que servían de defensa de la ciudad ante los ataques de invasores llegados por el río.

En este sector  es imposible hacerse uno con la corriente, pues las zambullidas están prohibidas.  Es, más bien, un lugar de contemplación, en donde pueden distinguirse solitarios que, dispuestos en una de las escalinatas que descienden hacia el cauce o tumbados en los extensos muelles, se dedican a la lectura o la meditación.

Al final del tramo, una especie de embarcadero: rampa en piedra que declina hasta perderse en  la corriente. El día de nuestra visita solo encontramos allí animados bañistas que buscaban ingresar al afluente a través de esta hendidura.

El agua y sus misterios. Las ondulaciones del caudal que se extienden hasta la estructura serpenteante de la antigua villa medieval, y se hacen una sola con los rieles del tranvía que conduce por sus ramales a los berneses, cruzando permanentemente su arteria principal, el Aar.

Es verano en la ciudad de los osos, en donde el silencio se interrumpe solo por los rumores del agua.  Es la época estival en Berna, y al caer la tarde el llamado del río nos hace navegantes improvisados.  Hace calor, el sudor nos recorre mientras los adjetivos se desmayan y las palabras se estrechan en un hervir de pensamientos y sensaciones.

 

Foto por: Martha Alzate

 

Quisiera describir con fidelidad toda la belleza que me llega en montonera: un golpe de placer que ha hecho oír a mis ojos y ha colmado de colores mis oídos.

Tal vez las fotos, me digo en busca de consuelo, ayuden a transmitir de manera más eficaz lo que Berna me ha entregado.

Si yo fuera bernesa, medito, estaría, como ellos, hecha de agua, y el Aar sería la mitad de mi universo. 

 

Ver Galería Completa


 

 

 


Si desea escribirle a la directora del portal web, puede hacerlo comentando directamente en esta entrada al final de la página.


Pájaros de Verano: una cuestión de honor

0

El inicio de Pájaros de Verano esta colmado de simbolismos, de colores y hermosos bailes


 

Foto extraída de: Elpais.com.co

 

Ficha técnica

Año, país, duración 2018, Colombia, 125 minutos
Dirección Ciro Guerra y Cristina Gallego
Guion Maria Camila Arias, Jacques Toulemonde
Fotografía David Gallego
Música Leonardo Heiblum
Reparto Carmina Martínez,  José Acosta,  Natalia Reyes,  Jhon Narváez,  Greider Meza, José Vicente Cote,  Juan Bautista Martínez.

 

 

Se estrenó por fin en Colombia Pájaros de Verano la cuarta película de Ciro Guerra y la opera prima de Cristina Gallego, quien había trabajado junto a Ciro como productora en La Sombra del Caminante, Los viajes del Viento y El Abrazo de la Serpiente. Pájaros de Verano abrió, el pasado mayo, la Quincena de Realizadores que es una muestra independiente celebrada en paralelo al Festival de Cannes, creada hace 50 años como acto de solidaridad con los cineastas y productores cuando se canceló el festival debido a las protestas de Mayo del 68.  Esta selección se especializa en la búsqueda de nuevos talentos en la producción de ficción, cortos y documentales independientes.

La primera parte de la película se enfoca  en una tradición que siempre ha existido y aunque ha cambiado con el paso de los años, sigue siendo una práctica de algunas comunidades Wayuu, en la que se prepara a las jovencitas para ser mujeres, encerrándolas el equivalente a 12 lunas, 365 soles y una lluvia, que es como los indígenas de esta región miden el tiempo.  Antes los encierros podían durar hasta 6 años y otros se interrumpían cuando un hombre compraba a la niña, ahora es diferente, puesto que hay opción de que no sea dada en matrimonio sino que decida estudiar una carrera.

Aunque el encierro puede parecer una práctica cruel e innecesaria, para ellos significa enseñarle a la niña Wayuu cuáles son los retos que enfrenta al crecer y darle valor como mujer. Esta tradición está muy bien documentada en La eterna noche de las doce lunas, audiovisual de la directora Colombiana Priscila Padilla, que abrió la sección Documental del Festival Internacional de Cine de Cartagena en 2013.

El inicio de Pájaros de Verano esta colmado de simbolismos, de colores y hermosos bailes en los que todos se mueven en una sincronía que hipnotiza, está en su mayor parte hablada en Wayuunaiki y la mayoría de sus actores son naturales, lo que la hace más rica y misteriosa.  Se desarrolla a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, cuando México disminuyó su producción de marihuana y EE. UU. aumentó el consumo, lo que le abrió el mercado a la “bonanza marimbera” en Colombia.

 

Foto extraída de: Unifrance.org

 

El negocio de la producción se tomó La Guajira y la Sierra Nevada de Santa Marta que, gracias a su clima y ubicación en medio de un impenetrable bosque y cerca al mar, fue la zona ideal para cultivarla.

La ‘cannabis’ sale del país en barcos o en aviones que despegan de pistas ocultas entre los árboles cerca de los cultivos.  Buena parte del dinero proveniente del negocio ilícito entró al país a través del Banco de la República, que en esa época compraba dólares sin preguntar su procedencia en lo que se llamó la “ventanilla siniestra” durante la presidencia de Alfonso López Michelsen.  Cerca de 722 millones de dólares entraron a Colombia por esa vía en el año 77, fue después y a raíz de esto que el ex Presidente Julio César Turbay Ayala pronunció tristemente célebre la frase: “Me propongo reducir la corrupción a sus justas proporciones”.

“Antes de que mis huellas se borren, quiero recordar con mi canción la historia de amor, desolación, riqueza y dolor de una gran familia que se destruyó. Esta es la historia de Raphayet que viene de una línea de guerreros. Él perdió todo cuando era niño y creció entre forasteros, en este lugar donde la familia lo es todo”.

 

Foto extraída de: Twimg.com

 

Con este Jayeechi (narración cantada) inicia y termina la historia de Pájaros de Verano, una reunión de historias narrada como una leyenda antropológica, dividida en cinco episodios o cantos ancestrales y presentada como una tragedia digna del realismo mágico de García Márquez, que luego se transforma con destreza en una poderosa obra que al mejor estilo de los gangsters de los años treinta, nos cuenta la historia de Rapayet Abuchaibe, el protagonista que incursiona en el negocio del narcotráfico buscando dinero para obtener las cabras, vacas y collares que le exigen como dote para casarse con Zaida y que finalmente se deja llevar por la ambición que amenaza sus tradiciones y su familia.

Una de las escenas con más ruido dentro de la película es la que trae la imagen de una casa cúbica y muy blanca que sobresale en medio de un árido desierto de La Guajira, es la arrogancia del dinero fácil con delirios de superioridad.  Esta pérdida de la identidad se define con tres frases que se conectan “si hay familia, hay honor. Si hay honor, hay palabra. Si hay palabra, hay paz”.

Esto me recordó el maravilloso libro de Laura Restrepo, Leopardo al sol publicado en 1993, donde los Barraganes y sus primos los Monsalves protagonizan una guerra guajira que no dio tregua hasta acabar con el último de sus familiares.

Pájaros de Verano es una película visualmente maravillosa y fuerte en su estructura narrativa, con una acertada ambientación de la época y aprovechamiento del hermoso paisaje,  que nos da una inmersión en la cultura Wayuu en muchos sentidos y responde a la intención de sus realizadores de descubrir regiones y culturas desconocidas para el cine de ficción.  Es nuestra realidad y durante la película nos adentramos en su armónica narración y por un momento lo olvidamos y creemos que se trata de una historia lejana, ajena.

Nos traslada a un episodio del pasado pero con problemáticas vigentes en la actualidad y que hacen referencia a nuestra condición humana.  La realidad siempre supera la ficción.

 

Foto extraída de: Eltiempo.digital

Luna de Locos: 12 años respirando poesía

0

Este año tendremos el honor de disfrutar la edición número doce de este festival que año tras año se toma por asalto la ciudad con diversas voces traídas desde los municipios de Risaralda y ciudades de Colombia, pero también desde diversos países


Quienes vivimos en Pereira, alguna vez nos hemos relacionado con la idea de que no hay una oferta variada y atractiva desde lo cultural y hasta hace algunos años sentíamos que a la ciudad le faltaban espacios donde el arte fuera protagonista. Momentos en los que nos deshiciéramos por fin de ese estereotipo del despecho y  rumba traqueta al que nos sentíamos condenados.

Entonces, las semillas que muchas mentes inquietas vinieron sembrando, principalmente desde la esfera universitaria, fueron echando raíces en múltiples espacios de la ciudad para reivindicar el arte en sus infinitas formas, llevándolo desde los recintos académicos y las reuniones de amigos hacia las calles para que la gente del común, que somos casi todos, se topara con la pintura, la música, los libros, el teatro y la poesía.

Fotografía Por: Santiago Ramírez

Una de estas semillas germinadas, convertida hoy en un árbol cada vez más fuerte tiene nombre propio: Luna de Locos. Un proyecto que nace en la Universidad Tecnológica de Pereira y que desafiando los prejuicios salió a las calles, los parques, las plazas, los colegios y demás espacios de la ciudad y sus alrededores para acercar la poesía a la gente sin importar que haya ido o no a la universidad.

Sorprende gratamente ver cómo cada año acumula más asistentes, enamorando por igual al estudiante, el doctor, el transeúnte despistado, el vendedor de dulces y familias enteras que se apropian de los escenarios de su ciudad para salir de la rutina por un rato y disfrutar el arte de la manera más cercana y espontánea, sin encopetados protocolos ni reservas de adminisión, desnudando su verdadera belleza.

Fotografía Por: Santiago Ramírez

Este año tendremos el honor de disfrutar la edición número doce de este festival que año tras año se toma por asalto la ciudad con diversas voces traídas desde los municipios de Risaralda y ciudades de Colombia, pero también desde diversos países. Más de 30 poetas invitados cumplirán la cita desde este martes 28 de agosto hasta el sábado 1 de septiembre de 2018 para hacernos soñar con sus versos, sus historias, sus miradas. Tal y como los taitas en los campos y las selvas narran los mitos de sus ancestros en la tradición oral de los pueblos, este grupo de artistas escritores llegan a evocar el mismo ritual narrando con su propia voz aquello que les conmueve el alma.

Y es que no deja de ser hermoso saber que tendremos artistas que atraviesan el mundo para venir a contarnos su obra. Nos visitarán poetas desde Rumania, Noruega, España, Polonia, Inglaterra y más países sin dejar atrás los poetas latinoamericanos que vienen desde Argentina, México, Panamá, Cuba y por supuesto los colombianos, quienes nos comparten un poco de su vida en la poesía haciendo honor a la idea de que el conocimiento como el arte deben ser libres y accesibles a todas las personas.

Fotografía por: Santiago Ramírez

Dicen que el Festival Luna de Locos no es un encuentro de poetas. Más bien es un festival de poesía, en tanto que la poesía es vivida por quien la lee, escucha y aprecia. Es un festival para la gente que camina por las calles de esta ciudad todos los días, toma tinto y lee la prensa; es un evento para nosotros los incrédulos que por mucho tiempo la pensamos como un lugar ajeno e indiferente a la apreciación artística, y que gracias a los grandes cambios que ha vivido en los últimos años hoy sabemos que Pereira está llena de iniciativas que promueven el arte y la cultura, convencida de que con ellos es posible transformar sociedades enteras; así es como cada año a finales de agosto nuestra ciudad respira poesía en su máxima expresión.

Así que si usted es amante de la poesía, está cordialmente invitado a este bello festival, que sin duda lo sorprenderá con nuevas obras para escuchar y disfrutar; ahora bien, si usted no es amante de la poesía ¡Está igualmente invitadísimo! Venga con su familia y amigos, salga de la rutina, conozca nuevas formas de disfrutar su ciudad porque seguramente se enamorará de este espacio y volverá el próximo año.

Cuando escuches de grandes amores

0

Apasionado  desde muy joven por la obra de Bach, López Jaramillo nos  legó en este breve ensayo un solo a dos manos


 

“ El pecado requiere que se tenga de él una conciencia muy penetrante. Los soldados que ejecutaron a Cristo, por ejemplo, no pecaron. Pues para ellos aquél hombre no era  Dios, sino una víctima de la justicia romana”.

Esa reflexión, limpia y certera en  sus aspectos de forma y fondo, aparece en la página  noventa y seis del libro Cuando escuches de grandes amores, obra póstuma del escritor Eduardo López Jaramillo, publicada por  El Arca  Perdida Editores en febrero de 2015.

Se  trata de un viaje reflexivo y lúcido por la vida, goces y desventuras de  los protagonistas de dos historias de amor que por su talante superlativo han alimentado la imaginería erudita y popular a través de  ensayos, relatos, poemas, canciones, leyendas y películas.

El tortuoso romance entre Abelardo  y Eloísa,  iniciado  en 1115, ha sido profusamente documentado.

 

Foto extraída de: El Diario.

 

Resumiendo, Fulberto, canónigo  de la catedral de París confía al sabio Pedro Abelardo,  poeta, compositor, erudito en lógica, la educación de su sobrina Eloísa. Pronto surge un romance entre los dos. Eloísa queda embarazada y su hijo nace en  1119. Su tío la envía al monasterio de Argenteuil para apartarla de su amante. Los  perseguidores del sabio no le dan tregua. Envidiosos de su elocuencia   y erudición  acaban castigándolo con la castración.

La interpretación más simplista  concluye que  la pena  aplicada al sabio se reduce a un asunto moral. Pero en su ensayo,  Eduardo López Jaramillo nos lleva a otro terreno.  El de Pedro Abelardo  como rebelde. Como  un hombre dotado de  una conciencia crítica capaz de desafiar  al establecimiento y romper sus diques. Y eso no lo perdonan los detentadores del poder en ninguna  época.

Comprendemos así que sus perseguidores lograron cortar  los genitales del genio pero no el hilo de sus pensamientos.

La de  Johan Sebastian Bach y Ana Magdalena fue una  pasión  y devoción en el sentido religioso  de esos vocablos. Eso lo entendió muy bien  Eduardo López Jaramillo, devoto a su vez de la vida y obra de Bach, el compositor alemán  nacido  en 1685 y perteneciente  al período  barroco.

 

Foto extraída de: Portal Literario UTP

 

El escritor navega sin sobresaltos por la obra del músico, apelando al sentido más hondo de la palabra religar, es decir, el hilo capaz de devolvernos la unidad perdida entre el cielo y la tierra, entre lo sagrado y lo profano.

Con esos elementos y siguiendo el vuelo de   Los cuadernos de música para  Ana  Magdalena comprendemos los alcances de la experiencia mística llevada al trance amoroso. Existe un punto en que los anhelos del cuerpo, la mente y el corazón se funden para  transmutarse  en sustancia alquímica, traducida en este  caso en música inspirada – y cuánta pertinencia tiene este vocablo  en el presente caso- en el amor entre Ana Magdalena y el compositor.

Apasionado  desde muy joven por la obra de Bach, López Jaramillo nos  legó en este breve ensayo un solo a dos manos tejido con la concepción que el músico tuvo siempre del amor y de la obra artística como dos  manifestaciones  de la divinidad, es decir,  de lo absoluto.

Los dos, divinidad y absoluto, son conceptos extraños a esta época nuestra gobernada por  el talante fugaz y deleznable de sus obras. De ahí el enorme valor de estos ensayos de  Eduardo López.

 

Foto extraída de: El vuelo de la Lechuza

 

Apelando a los goces y desdichas de Pedro Abelardo y  Eloísa, así como a la sublimación- otro concepto alquímico-  del matrimonio entre Bach y Ana Magdalena  nos devuelve  a unos  periodos de la historia del arte y el pensamiento vitales para  recuperar la capacidad  de separar  el trigo de la cizaña en momentos de confusión. Y lo hace con un título inapelable: Cuando escuches de grandes amores.

19 de agosto: día internacional de la fotografía

0

¿Sabes por qué se celebra el 19 de agosto el Día Internacional de la Fotografía?


Texto extraído de: Okdiario

 

En pleno siglo XXI, es casi imposible encontrar a alguien que jamás haya utilizado una cámara de fotos. Sin embargo, hace apenas 171 años, esta técnica era una fantasía todavía sin explorar. Al menos hasta el 19 de agosto de 1839, que es la razón por la que se celebra el Día Internacional de la Fotografía.

Hoy, hace ya varias décadas, el estado francés adquirió la patente del daguerrotipo, el principal precursor de la fotografía actual. Es considerado el primer procedimiento de la historia dentro del ámbito, desarrollado por el inventor Louis Daguerre.

Este tenía lugar sobre una superficie de plata pulida, que actuaba como un espejo donde reflejar la imagen. El resultado final estaba formado por partículas microscópicas, producidas tras la aleación del mercurio empleado en el revelado y la plata de la cámara. Un proceso de lo más complejo y que presentaba muchos inconvenientes.

 

Foto extraída de: okdiario.com

Tan solo tres años después, este sistema quedó anticuado. El culpable no es otro que Henry Fox Talbot, otro intelectual británico que desarrolló un método muy diferente que todavía se mantiene hasta nuestros días: el calotipo. O lo que es lo mismo, el negativo. Sin embargo, la popularidad del daguerrotipo se mantuvo en alza, ante la calidad del mismo para realizar retratos y fotografías a corta distancia.

Tuvieron que pasar algunas décadas más para que esta técnica entrara de manera global en el mercado, ofreciendo al consumidor la oportunidad de inmortalizar sus propias vivencias. George Eastman, fundador de la compañía Kodak e inventor de la película, inició en 1888 un período de esplendor dentro de la disciplina. La misma que hoy celebra su día conmemorativo. Y es que la fotografía revolucionó por completo la industria tecnológica de la época, en plena expansión. Creando, además, una nueva forma de ver el mundo que nos rodea.

Actualmente, esta experimenta su máxima expresión a través de las redes sociales, donde millones de personas comparten su día a día con el resto de usuarios. La mejor forma de festejar por todo lo alto esta importante fecha de nuestra historia. ¿Te unes a la celebración?

 

Ver galería de fotos seleccionada


Los impuestos en Suiza: un modelo pero no una fórmula

0

Suiza destaca en virtud de dos razones: una tasa impositiva federal (nivel nacional) única y baja; y grandes descuentos en función de si el contribuyente tiene hijos o no.


 

El guía de nuestro tour por Zurich, quien nos acompañó también a navegar en bote por el lago del mismo nombre, hablaba perfecto inglés, pausado y con una dicción acentuada que facilitaba la comprensión de todo lo que iba narrando.

Así, pude comprender su explicación acerca de cómo funciona la tributación en Suiza, tema que surgió a partir de la referencia que hizo a los bajos impuestos que pagan los contribuyentes en la comunidad de la Costa de Oro, una de las riberas del lago más elegantes y pobladas.

Según su narración, los ciudadanos suizos hacen sus aportes en tres niveles bien diferenciados: el nivel federal, al cual van algunos recursos que el Estado retorna encargándose de la defensa nacional, la estructura nacional de transporte, y las políticas públicas generales para todo el país.

El de los cantones (como Zúrich), que tienen autonomía para definir las tarifas, y el de los distritos (dividido a su vez en comunidades),  un nivel que podríamos asimilar al municipal, también con autonomía fiscal.

Los cantones administran los equipamientos y asistencias generales como el transporte regional.  Los distritos y las comunidades proveen los específicos como la educación, la salud, los parques y la recreación, así como el transporte local.

En ese paraje de ensueño, con el viento animando al fondo nuestra conversación, alcancé a comprender que en la autonomía de las comunidades (o municipios) está la base de la competencia por atraer contribuyentes ricos que pueden “negociar” (aunque parece que eso no se hace de manera oficial) la tasa impositiva con la comunidad, para establecerse en ella, lo cual redunda en un resultado de mutuo beneficio: el contribuyente obtiene una mejor tasa de impuestos y los habitantes de esa comunidad recaudan gran cantidad de recursos que son distribuidos en bienestar de toda la colectividad y devueltos en servicios públicos y sociales.

Foto por: Martha Alzate.

La exposición de nuestro guía se extendió hasta mencionar la manera como se eligen los representantes al gobierno de estas comunidades autónomas, y la posibilidad que tienen los residentes de votar cambios en la legislación comunitaria y la tasa impositiva local, entre otras disposiciones.

Todo ello mientras mis ojos se paseaban por las lujosas construcciones que circundan el lago.

La solidez del sistema colectivo y social suizo, por lo menos en lo que puede percibirse en apariencia, parece tan perfecta que, para nosotros, venidos del mundo del caos y del “sálvese quien pueda”, es tan impactante como sospechosa: algo en el fondo de mi repetía  la frase aquélla : “de eso tan bueno no dan tanto”.

Inquieta por conocer mejor cómo funciona el modelo tributario en este país, estuve investigando sobre las cargas fiscales para trabajadores (sobre ingresos laborales de la población empleada), y los impuestos aplicados a las empresas.

Así, llegué al informe “Taxing Wages 2018” de la OCDE (La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico). En él, la entidad elabora un extenso documento comparativo acerca de las tasas impositivas y los aportes a la seguridad social en diferentes países pertenecientes a esta organización.

Dando una mirada rápida a las tablas en las que se compara la situación laboral en términos de ingresos y descuentos (que incluyen aportes fiscales y parafiscales), Suiza destaca en virtud de dos razones: una tasa impositiva federal (nivel nacional) única y baja; y grandes descuentos en función de si el contribuyente tiene hijos o no.

Foto por: Martha Alzate.

Las personas sin hijos en Suiza pagan más impuestos que aquellas que tienen hijos, pues en el balance también se incluyen los beneficios que reciben los padres en relación a la educación, salud y otras garantías generales para la familia.

En el resumen del informe en español, que se puede leer en la página web de la entidad, se lee:

“En 2017, la cuña fiscal más alta –en el salario promedio- para familias con dos hijos en las que solo trabajaba un cónyuge fue en Francia (39,4%). Bélgica, Italia y Suecia tuvieron cuñas fiscales entre 38% y 39%. Nueva Zelanda tuvo la cuña fiscal más baja (6,4%), seguida por Chile (7,0%) y Suiza (9,1%)”.

No obstante, la situación impositiva en el país varía dependiendo de la localización, pues las tasas son diferentes en cada cantón y comunidad.

Podría deducirse, de lo narrado por el ciudadano suizo y de mis lecturas, que la posibilidad de pagar bajos impuestos se basa en dos premisas fundamentales:

1.Una gran cantidad de servicios sociales que se proveen a un nivel muy descentralizado, con un manejo fiscal autónomo que facilita el seguimiento directo de las comunidades a la inversión de los recursos que aportan.

2.La atracción por vía de la negociación de las tasas, de grandes aportantes, quienes, en el balance entre garantías sociales, calidad de vida y tasa impositiva, prefieren asentarse en las comunidades suizas.

Foto por: Martha Alzate.

En mi opinión, un sistema así solo es posible debido a la gran descentralización que lo acompaña. La cercanía de los contribuyentes con la prestación de los servicios sociales esenciales y la posibilidad de modificar las normas, revocándolas o afirmándolas, da un poder a la ciudadanía que promueve la calidad en la prestación de toda la asistencia social y una amplia provisión de espacios e insumos básicos para la convivencia.

Un círculo virtuoso cuyo pilar fundamental son los ojos cercanos de los ciudadanos puestos en los recursos que aportan.

La autonomía territorial, por supuesto, tiene su contraparte imprescindible en una responsabilidad individual muy efectiva: la población está empadronada, y cada acción que afecte o influya en la estabilidad colectiva (por ejemplo, conducir un vehículo) está referenciada a un individuo particular, identificado con su domicilio (actualizado) y todos sus datos.  En caso de cometer alguna infracción es la persona la sancionada, y el reporte se le envía a su domicilio sin necesidad de muchos procedimientos.

Es la ventaja de tener el manejo fiscal localizado en comunidades de tamaño pequeño. Pareciera que así, es posible concretar de mejor forma los postulados básicos de la ciudadanía en función en la distribución equitativa de deberes y derechos ciudadanos.

Estoy lejos de tener una visión “experta” sobre el tema, además porque en el recuerdo de esa tarde de verano en las aguas calmas del lago de Zúrich, las palabras pronunciadas en ese inglés perfecto llegaban a mí suavizadas por la calidez del paisaje. Pero algo me quedó muy claro: es importante comprender el contexto en el que se llevan a cabo disposiciones que, en ocasiones, pretendemos replicar en nuestros países sin ningún tipo de juicio.

En el caso concreto de la reforma tributaria que hoy, lo veo en el twitter, se abre camino de la mano del nuevo gobierno colombiano, no basta solo con reducir los impuestos a las empresas, ni parecería deseable cargar demasiado a la clase trabajadora (además sin tomar en consideración la relación tasa/familia/hijos), para hacer más equitativo el sistema económico y social.

Foto por: Martha Alzate.

La descentralización, en el juicio somero que puedo tener sobre el estatuto tributario suizo, es imprescindible, y base de toda la organización. Sin autonomía, a un nivel muy localizado, no es posible evitar la malversación de los fondos que se recaudan.

Una gran duda que viene a instalarse en la viabilidad de implementar esta o cualquier otra reforma de impuestos en nuestro país: la corrupción imperante hace que, incluso con motivaciones ciertas como la necesidad de cubrir el déficit fiscal o de hacer más amplia y equitativa la base de aportantes, la desconfianza se cierna sobre el contribuyente promedio.

Eso porque el sistema es, también, ferozmente centralista, y no es posible para el ciudadano percibir los resultados efectivos de sus esfuerzos.

Al contrario, ante la precaria calidad de las asistencias sociales básicas y las dificultades para acceder a ellas, los recursos recaudados se escapan por dos grandes agujeros: el robo perpetrado por los agentes políticos e intermediarios de las inversiones,  sumado al alto monto de los subsidios.

Tal vez sería deseable considerar que, en lugar de  regalar recursos a la más pobres, los mismos que llegan a ellos deformados por los vicios de la corrupción (sensiblemente disminuidos en su monto original, o condicionados por los agentes políticos), sería deseable invertir en bienes sociales, de manera eficaz y transparente, pero a un nivel mucho más descentralizado.

De ese modo se garantizaría  el acceso universal a servicios básicos de calidad, se lograría hacer más eficientes los ingresos de las familias, provenientes de su labor o actividad, en el propósito de que todos podamos obtener una mejor calidad de vida y un sistema más justo y equitativo.

Para terminar, habría que considerar que “para vivir como en Suiza” no nos será suficiente copiar a destajo algunas características de su estatuto tributario: su sistema es cerrado, y tiene como pilar fundamental la autonomía y responsabilidad individual de cada ciudadano localizado en un territorio particular. 

 

Ver Galería Completa


 

 


Si desea escribirle a la directora del portal web, puede hacerlo comentando directamente en esta entrada al final de la página.


Balboa: café con azúcar

1

Desde 1978 la vida económica de Balboa transcurre entre azúcar y café


Caminos de piedra

Dicen que por aquí pasó “El invencible”, el caballo del explorador Jean- Baptiste Boussingault, el agricultor, científico y químico francés que llegó a Venezuela en 1922, en compañía del geólogo peruano Mariano Rivero durante las guerras de independencia.

Buscaba una ruta hacia  Santafé de Bogotá cuando se adentró en estas tierras de riscos donde solo los caballos muy  audaces podían  afirmar sus cascos.

Tan empinadas son sus laderas que en tiempos recientes los ingenieros tuvieron que hacer una intervención para construir la plaza principal de Balboa.

Hubo quien dijo, al contemplar el pueblo desde la cima donde se asienta Belálcazar, que el caserío escalonado sobre la loma parecía una máquina de escribir.

Mucho antes del nunca probado paso de  Boussingault, los  indígenas Chápatas, pertenecientes al pueblo de los ansermas,   a su vez ligados a la familia Caribe, ocuparon  las tierras que el cronista Pedro Cieza de  León definiera como ubicadas  a mitad  del camino rocoso que conducía de Caramanta al río La Vieja. Añade el cronista que el algodón, el oro y la sal eran la fuente de subsistencia de  esos pueblos.

Las tumbas encontradas por los primeros colonizadores antioqueños dan cuenta de esos días de  prosperidad.

Y de las guerras por apropiarse de esas riquezas.

Igual que los indígenas, después de cruzar el río Cañaveral, Boussingault acampó en El Alto  del  Rey, sorteó las corrientes de los ríos Totuí  y Sopinga, después bautizado como Risaralda.

Fotograma por: Diego Val.

Era duro transitar esos caminos de piedra. Por eso durante al menos tres siglos los aventureros prefirieron ensayar otras rutas.

Sólo los fugitivos de las guerras civiles se atrevían  a escalar las lomas. Lo agreste del terreno las convertía en refugio seguro.

El hilo de la memoria

El profesor Diego León Franco es descendiente de Leonidas, un hombre que, hastiado del fragor de las balas, escapó  de los campos de batalla de Santander, durante la Guerra de los Mil días.

Seducido por el verbo del general Rafael Uribe Uribe se enroló en uno de sus escuadrones. Muy pronto vio caer, uno a uno a sus compañeros de aventura, un grupo de casi niños que habían convertido los machetes, hasta ese momento sus herramientas de trabajo, en armas mortíferas.

A  sus cincuenta y ocho años Diego León es catedrático  en la Universidad de Caldas. Estudió sociología en un intento por entender el empeño de sus compatriotas en destruirse mutuamente.

Año tras año. Siglo tras siglo.

Contemplando el paisaje desde una de las bancas  del barrio Chipre en Manizales, el hombre va atando los hilos de su memoria, que no tardan en conducirlo a los tiempos de la fundación de Balboa, en un relato escuchado de los labios de  su abuelo Ramón, que a su vez lo había escuchado  en boca de Leonidas  Franco.

“Fue la pura necesidad lo que llevó a los primeros colonos antioqueños a arriesgarse en esas laderas.  Fue allá por el siglo XIX,  en  uno de los picos altos de la oleada colonizadora que alcanzó la parte montañosa del Valle del Cauca y el Tolima.

“Dicen las crónicas que un pacoreño llamado  Miguel Ceballos abrió una fonda a la que bautizó con el nombre de San Roque, el santo de su devoción.

Corría el año 1903, cuando   todavía se sentían los ecos de última guerra. La posada funcionó junto al Alto del  Rey, uno de los lugares donde se afirma la identidad de Balboa. Por lo demás, no deja de ser curioso que nuestro país bautizara  sus pueblos con los nombres de quienes los avasallaron. Conquistadores, reyes. Personajes de esos”.

Fotograma por: Diego Val.

Diego León acaricia su barba blanca y se concentra en los tonos rojizos del atardecer  antes de reiniciar su relato.

“Ese lugar era frecuentado por los hombres de la familia Benjumea, así como por Cesáreo Agudelo, Jacobo Ruíz, Juan de Jesús Ospina y  Jesús Gallego.

“Según los testimonios, en el año 1908 una mujer llamada Leonor Agudelo regaló unas tierras para que se fundara el pueblo. Fue así como nació el poblado de El Carmen, que tiempo después  se convirtió en corregimiento de Santuario. Se le bautizó con el nombre de Alto del Rey.

“Quince años después, en 1923, mediante ordenanza expedida por el gobernador,  se convirtió en municipio de Caldas.

“Para variar, no se les ocurrió una idea mejor que bautizarlo con el nombre de un conquistador. Así ha funcionado nuestra mentalidad de colonizados”.

La marea política

La historia de Balboa como municipio empezó durante la hegemonía conservadora, cruzó la República  Liberal y  al igual que otros municipios de Caldas, se ancló en medio de la marea política conocida con el nombre de  “La Violencia Política”. En el pueblo los más viejos todavía recuerdan que en 1948 los liberales se alzaron en armas y formaron una Junta Revolucionaria Local. Familias enteras que se habían dedicado a sembrar café, maíz, fríjol, yucas y plátanos  huyeron hacia Pereira, Armenia y Manizales, donde ocuparon  tierras  en la periferia, muchas de ellas a la vera  de  las líneas del ferrocarril , plantando así la semilla de barrios enteros.

Diego León lo cuenta así:

“El historiador Alfredo Cardona Tobón, un muy juicioso investigador de la región, recoge el testimonio de una mujer llamada Inés Hurtado, que el 16 de enero de 1950 declaró ante el alcalde  de  Balboa cómo   un domingo mientras estaba sola en la finca Tambores, de propiedad de un señor Pedro Mejía llegaron al menos cuarenta hombres armados, quienes tumbaron puertas y  le prendieron  fuego a la casa.

En este caso los asaltantes eran liberales. Pero en la finca siguiente podía ser al revés”.

Foto extraída de: 4.bp.blogspot.com/

Al son que me pidan

Albeiro se gana la vida interpretando canciones de despecho en distintos pueblos del Eje cafetero. Aunque muchas de ellas son  autoría de Jhonny Rivera, también tiene algunas  composiciones propias. En ellas exorciza  los recuerdos de Marleny, la muchacha que lo desairó cuando era un adolescente, allá por 1978.

“Fue  el año en que empezó a funcionar el Ingenio Risaralda. Lo recuerdo mucho porque aspiraba a trabajar en esa empresa.  En esa época no había tanto problema  para darles empleo a los menores de edad. Quería trabajar allí para proponerle matrimonio a Marleny, la muchacha de la que estaba enamorado  desde mi niñez, cuando la veía pasar hacia la escuela con su uniforme a cuadros. Ya habíamos hablado con el reclutador de personal y teníamos listo todo. Una tarde de sábado me armé de valor y le propuse matrimonio”.

“La respuesta  todavía me tiene frío: Pero si usted es un culicagao. A mí me gustan los hombres  hechos y derechos.

“Después de eso, me conseguí una guitarra prestada y compuse mi primera canción, titulada así: El culicagao:

La muchacha que pretendía hacer mi esposa

/ me llamó culicagao

/ Yo  quería trabajar en el ingenio

/ y  serle fiel hasta que la muerte nos separara

/ pero con las hembras  nunca se sabe

/ y aquí estoy doblao en la cantina

/ sin más amigos que mi botella de  a aguardiente

/ y decidido a quedarme solterón”

¡Pero si eso no rima! Se burlaban mis amigos.

¡Pero es verdad, guevones! Les respondía, y con eso los callaba.

Fotograma por: Diego Val.

Y  cumplió. Desde entonces se hizo hijo  del camino y recorre los pueblos con su sarta de canciones.

“Mis padres querían que yo aprendiera el cultivo del café, pero a mí me llamaba el azúcar, la caña. Como muchos jóvenes de la época, sentía que el Ingenio iba a cambiar nuestras vidas. Ese año de 1978 el Ingenio empezó a moler  ochocientas toneladas de caña al día ¡Ochocientas toneladas! Eso era para hacerse muchas ilusiones, pero las mías se esfumaron con el  desplante de  Marleny. Desde ese día voy por pueblos  y veredas recitando mi consigna: Canto al son que me pidan”.

Azúcar y café

Desde 1978 la vida económica de Balboa transcurre entre azúcar y  café. Como el Ingenio Risaralda está ubicado en su territorio, sus impuestos representan el mayor ingreso fiscal del municipio. Para algunos eso representa una garantía. Otros piensan que esa dependencia vuelve  al pueblo muy vulnerable.

Entre azúcar y café transcurre la vida de Abelardo y Miguel, dos hermanos que cada mañana se suben a sus bicicletas y  pedalean cuesta abajo hacia las plantaciones de caña donde se ganan la vida trabajando como corteros  para empresas contratistas.

Es un trabajo duro. Muy duro. El sol muerde las espaldas como un animal de presa. La pelusa de la caña se adhiere a la piel, provocando una comezón insistente. Las hojas  abren cortes sanguinolentos  en  los brazos y eso atrae a los mosquitos, ávidos de sangre.

Tal vez por eso, los corteros de caña se cuentan entre los mayores jugadores de chance y lotería del país: todos a una  esperan que el azar los libre de ese trabajo para el resto de sus días.

O por una semana al menos: algo es algo.

Por eso  Abelardo y Miguel han decidido unirse para sitiar a la suerte. Con los dígitos de sus fechas de nacimiento juegan cada día dos números.

Creen que un día el destino  se cansará de ese asedio y los premiará con un buen fajo de billetes. Por eso entran a los locales de apuestas con el aire ansioso y expectante de quien ingresa a un templo.

Fotograma por: Diego Val.

Esa ilusión prendida en la piel les da fuerzas para  emprender la cuesta de regreso  a casa. Mientras pedalean hacen  bromas  y juegan a imaginar lo que harán con el billete cuando uno de los dos le pegue al número de la suerte.

Con todo y lo duro de la faena, Abelardo y Miguel prefieren ganarse la vida honradamente, porque no quieren que a su pueblo no vuelvan los días del narco.

Estábamos muy chiquitos

– dicen casi al unísono, turnándose para urdir el relato-

pero recordamos que muchos  niños y jóvenes igual de pobres que nosotros, se metían a  trabajar para los traquetos de la zona.  Al poco tiempo volvían al pueblo montados en severas camionetas y acompañados de tamañas viejas. El problema era que no demoraban mucho en aparecer muertos en algún cañaduzal. Muchos de ellos eran peones de un  mafioso que una vez tuvo un problema con los directivos del Ingenio y para resolverlo  ofreció comprarles ese trapiche. Esas fueron las palabras que utilizó: ese trapiche.”.

Bienvenida esperanza

Luisa y Gabriel pertenecen a la cosecha de muchachos que sucedieron a esa generación perdida por el narcotráfico. Por eso en el pueblo  los ven como una esperanza viviente. Lejos de querer abandonar sus tierras para emigrar a la capital o al exterior, están decididos a demostrar con su ejemplo que no solo se puede sobrevivir en el campo: también es posible  vivir de él con dignidad y con muy buenas condiciones de vida. A sus diecisiete y diecinueve años son beneficiaros  de un programa de formación en horticultura, ofrecido por la Universidad Tecnológica de Pereira.

“Allí aprendemos a conocer  el ciclo completo de las  huertas”, dice Luisa, toda sonrisa ella, mientras Gabriel asiente, al tiempo que revisa las hojas de una planta de pimentón en busca de señales de buena salud.

“Empezamos por comprender que la tierra es un organismo viviente, con sus ciclos bajos y altos. Las plantas en general y las hortalizas en particular son los habitantes de ese organismo.  En esa cadena, los humanos somos los beneficiaros finales. Por eso debemos fijarnos en cada detalla.   Así garantizamos la calidad de los tomates, de  la cebolla, de la zanahoria. Solo así podemos exigir precios justos en los mercados. Con nosotros estudian jóvenes de los municipios de Risaralda y a todos nos une un sentimiento: la esperanza de seguir viviendo en el campo. En nuestro campo.”

Cuando cae la tarde

Al fondo, el cielo se deshace en arreboles.  Desde el balcón que es Balboa se ve a lo lejos el Cristo de   Belálcazar con los brazos abiertos. Abajo, el río Risaralda parte en dos el valle como una navaja que ofrece destellos de plata a quienes contemplan desde lo alto.

Foto por: Diego Val.

La humareda de los cañaduzales se hace una con una nube solitaria. Abelardo y Miguel pedalean cuesta arriba con su alijo de ilusiones a cuestas.

Los dos ignoran que  a lo mejor sus pasos fueron hollados una vez por los cascos de “El invencible”, el caballo que le permitió a  Jean-Baptiste Boussingault alcanzar sano y salvo el otro lado de la montaña.

Portadas de libros pereiranos en la historia 1918-2018 (solo para antojar)

0

Con sus obras, estos autores tributan un amor por la ciudad de Pereira


 

En esta ocasión, por el motivo de los 155 años de la ciudad de Pereira, La Cebra que Habla presenta una galería fotográfica con algunas portadas de libros escritos por pereiranos, o de autores que al menos han tenido influencia u obra en la ciudad. Personas nacidas en la Perla del Otún que son muchas, con obras tan precisas y preciosas, y que con su obra u obras, tributan un amor por lo local, por una ciudad madre.  Ciudadanos reconocidos como Lisímaco Salazar, Anibal Arcila, Ricardo Patiño, Hugo Ángel Jaramillo, Alba Lucia Ángel, y más,  entre los antiguos, y en una nueva generación (o modernos) están personas como  Mauricio Peñaranda, Diego Alexander Vélez, José Hoyos, Alan González, Hugo Oquendo, y muchos, literalmente, muchos otro más.

Con esta pequeña muestra, como dice el titulo, solo “para antojar” queremos hacer ciudad porque en La Cebra que Habla “Somos otras formas de mirarnos”.  Conoce, disfruta y comparte.

 

Bienvenidos


 

El Congal, diáspora y bordado: Entrevista al escritor Guillermo Gamba

0

Nosotros somos una diáspora


 

Entrevistamos al escritor marsellés, Guillermo Gamba. Un hombre dedicado a los negocios y a la cultura literaria desde hace muchos años.  Hijo de Marsella, y por ende de Risaralda, también es hijo (valga la redundancia) del Paisaje Cultural Cafetero. Fue docente y consultor en gestión del desarrollo regional y local, y para los que somos pereiranos, nos quedará fácil saber que en el año 2015 ganó el Concurso Nacional de Novela, Ciudad Pereira con el título “Ritmo, Aroma y tiempo de Palacín”. En la actualidad reside en la ciudad de Cali, donde se encarga de la empresa familiar Productos-Gamba, y donde se dedica a la pintura con una técnica novedosa llamada Tarasia.

 

Bienvenidos


 

Guillermo Gamba con su editor Lizardo Carvajal de Poemía, casa editorial de Cali

 

***


Diego Firmiano:. ¿Cuál fue la idea inicial a la hora de publicar este último libro “El Congal, diáspora y bordado”?

Guillermo Gamba:. Obedece a dos razones. Yo había escrito primer el libro titulado “Dos siglos. Entre casas, poblados, violencia y una ciudad de salsa”, una obra que apenas tuvo 100 libros editados que me dejaron una insatisfacción, ya que en esencia necesitaba repensarme a mí mismo porque nosotros somos hijos de la violencia política. Y esa violencia política de los años 50´s nos golpeó muy duro, tan duro que nos dejó traumas, particularmente a mi familia y a los amigos de mi generación.

Y como uno ha sufrido todas la violencias en Colombia, entonces me dije ¿cuál fue la cultura que nos formó  y si hubiéramos podido superar un poco esos estados de violencia, cómo logramos hacernos personas de bien? Detrás de esa pregunta fue que comencé  a trabajar este nuevo libro.

 

D.F:. Sí, precisamente por ahí va la pregunta, ¿usted nació y creció en Marsella, ahora Risaralda, antes Caldas, una región muy golpeada por la violencia?

G.G:.  Sí, en Marsella, en 1947. Tenía dos años de edad cuando recuerdo la primera experiencia: nos pusieron un taco de dinamita que explotó todo en la casa y  veía caer café por todas partes y a mi padre casi lo matan. Entonces esa fue la primera experiencia que me quedó para toda la vida. Viví  en el pueblo hasta los 16 años. Fue difícil. Nos tocó irnos por la violencia.

 

Foto por: Diego Val.

 

D.F:. Entonces podríamos decir que este nuevo libro es lo que llamaríamos literatura costumbrista, es decir, usted habla de épocas de violencia en el país, del paisaje cultural cafetero y de la historia en general.

G.G:. Sí, tiene lo costumbrista y tiene unos párrafos reflexivos a manera de ensayo. Porque de alguna manera sigo una técnica de mirar cuál fue el contexto del pensamiento universal que movía la vida y la política colombiana y los entornos locales y cómo eso influía en la familia. Entonces con esa técnica de mirar eso, observo de nuevo la cultura y las costumbres que nos hicieron como hombres y ciudadanos.

 

D.F:. Leí el libro y lo veo como una totalidad. Hay un magnífico preludio, pero hay algo curioso que quiero resaltar y es, que el libro empieza en el Quindío y termina por allá en Cali.

G.G:. Sí como no. Porque otra de las estrategias al escribir este libro fue el sentido de que todos nosotros somos una diáspora. Y que es en la diáspora en la cual me rebelo contra ese imaginario que tenemos de la “antioquianidad”, de la cultura paisa y decir que somos paisas.  Cuando me pongo a descifrar cada una de las familias de mi generación y otras que no son de Marsella y la confluencia de Cauca y Antioquia en el siglo XIX y comienzos del XX, veo familias que descienden de europeos: España, Portugal, Italia, Turcos maronitas de oriente. Grupos que fueron llegando a Marsella de diversos lugares del mundo. Entonces en el imaginario y en la historia la gente cree o dicen que son antioqueños, pero esas familias llegaron a Antioquia y como no encontraban lugar, la iglesia los censaba y los redirigían al sur. Esos apellidos que creen que son antioqueños, realmente son de Europa directamente.

En mi libro hablo de esa diáspora. El cómo la ciudad toma esa cultura que fue campesina y la transforma en cultura de ciudad.

 

Foto por: Diego Val.

 

D.F:. Podríamos metaforizar y decir que fue una diáspora, primero física, donde tuvieron que irse y luego usted como escritor transforma eso y convierte eso en una diáspora literal con todo el asunto histórico. Es decir, quien pueda leer este libro puede transportarse a la Marsella o al Congal del siglo pasado. Usted trae de vuelta a los lectores de este libro a esos lugares.

G.G:. Exacto. Y en el trasfondo de eso tengo otra tesis y es que no hemos reconocido que la diáspora es un fenómeno global. Voy a explicarlas así.  La última vez que escribí en La Cebra que Habla, en la nota “Una noche en Puerto Rico” explico como traían la cocaína desde Bolivia, se procesaba acá y se distribuía en New York. Era un negocio oscuro donde la gente se movía con la maleta en todo el mundo. La cocaína es la que más nos ayuda a entender la diáspora colombiana y eso como un fenómeno global.

Lo que no hemos encontrado es un negocio que nos una globalmente, como los judíos u otros pueblos en el mundo. Entonces dejo esa reflexión abierta en el libro, aunque no lo subraye tanto.

 

D.F:. El libro está claro con el tema de la diáspora, específicamente con el tema de lo arrieros, los caminos.  Sin embargo háblenos por favor de El Congal. ¿Ese era el nombre antiguo de Marsella o qué?

G.G:. No, lo que pasa es lo siguiente. En la historia de la región poco se ha estudiado sobre el límite entre Antioquia y Cauca. Dónde llegaba Antioquia que era conservadora y confesional y dónde Cauca. Y, en ese límite, Tomás Cipriano de Mosquera  facilitó la llegada de una serie de familias para  poblar el lugar. Es en ese camino del privilegio, como se llamaba también,  se buscó poblar el territorio y toda esa gente que llegó a esa zona entre Chinchiná y Santa Rosa, o mejor, entre el río San Francisco y el río Chinchiná, se le denominó El Congal. Ese fue de alguna manera como el corredor, el camino.

Después que fraccionaron las veredas, El Congal desapareció. Ese fue el primer territorio poblado: una serie de veredas y casas desperdigadas. Yo entrevisté a muchas personas antiguas y tengo grabaciones, recuerdos y otras cosas que refrendan esto.

 

Foto por: Diego Val.

 

D.F:. Hay un punto en el libro que llama la atención, el subtitulo “La Gambada del Congal”. Muy interesante… muy curioso.

G.G:. La gambada de El Congal es esto. La familia Gamba llegó a Cartago. Francesco Gamba, italiano, llegó al Tolima y los jesuitas querían que él fuera parte de la clase dirigente. Otro de ellos, Nicolás Santiago Gamba, tuvo 13 hijos. Luego tuvieron que irse de Cartago por la guerra de la Independencia. Entonces algunos de los hijos de esa generación, cuando Tomás Cipriano de Mosquera buscó poner gente allí, se radicó en El Congal. Aunque algunos de los hijos de Próspero gamba y otros, se quedaron en Santa Rosa y otros en Marsella. Eso no lo menciona la historia. Porque la historia la escriben los conservadores godos.

 

D.F:. Que valioso este libro porque usted hace un rastreo genealógico de la familia y la historia.

G.G:. Sí porque era necesario mostrar qué era ayer y qué es hoy la región en la historia y también quién era la familia Gamba y quién es hoy. Así  que quién desee investigar sobre este mismo tema, ahí tiene este libro producto de una investigación personal, que contiene documentos, fechas, fotos, recuerdos, todo.

 

Foto por: Diego Val.

 

D.F:. Nos parece un trabajo muy completo por lo histórico, cultural y genealógico. ¿Cómo fue recibido la presentación de esta obra en la ciudad de Cali?

G.G:. En Cali tuvo muy buena recepción. Se presentó en el Instituto de Cultura. Hubo unas ochenta personas. Me fue muy bien con el libro. Fuera de eso hice una presentación en Chinchiná porque ellos se dieron cuenta y porque en esta obra hablo de ese lugar.  Allí también tuve una buena acogida cultural.

 

D.F:. Señor Guillermo Gamba, muchas gracias.

G.G:. Gracias a usted.  

 

Foto por: Diego Val.

Microhistorias de ciudad: Periódico “La Tarde”

0

Capítulo 3: Periódico “La Tarde”


 

El periódico La Tarde fue un medio impreso que inicio sus labores como diario informativo en la ciudad de Pereira en el año de 1975. Este es un breve recuento de su fundación, desarrollo y posterior cierre en el año 2015. Además, el final de este gran periódico, daría origen a un espacio para la investigación en ciencias sociales en la ciudad: El laboratorio de Fuentes Históricas de la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP).

 

Voces entrevistadas


 

Cap 3. Periódico La Tarde de Pereira